Un Refugio Bajo las Estrellas Leonid no soltó a Viviana hasta que estuvo completamente seguro de que no quedaba ninguna amenaza en las inmediaciones. Su cuerpo seguía tenso, como un resorte a punto de estallar, mientras sus ojos recorrían el bosque con una mirada calculadora. Finalmente, cuando el silencio volvió a envolverlos, habló. —Tenemos que movernos. No sabemos si hay más —dijo en un tono bajo, pero firme. Viviana asintió, todavía aferrada a su mano. Su confianza en él era absoluta, pero el miedo aún la mantenía al borde de la histeria. Leonid notó su nerviosismo y, con un movimiento suave, levantó su barbilla para mirarla a los ojos. —No voy a dejar que nada te pase. Confía en mí. —Confío en ti, Leonid —respondió ella con un susurro. La forma en que lo dijo hizo que algo en s

