El Límite de la Razón El sonido de sus propios latidos era ensordecedor, rebotando en sus oídos como tambores que anunciaban el final. Viviana retrocedió un paso, con la mirada fija en la figura que avanzaba hacia ella desde las sombras. La casa abandonada parecía más fría, más oscura que nunca, como si las paredes mismas conspiraran para cerrar cualquier vía de escape. La rosa que él sostenía en su mano temblaba levemente, como si estuviera viva. El cuchillo, brillante y afilado, era una extensión de él, amenazante y mortal. Pero sus ojos, o lo que sea que se ocultara tras la máscara, parecían fijarse solo en ella. Viviana sentía que su mente se estaba quebrando entre el miedo y algo más. Algo oscuro y profundo que no lograba entender. —No tengas miedo, Viviana —su voz era suave, casi

