Capítulo 15. Cómplices

3280 Palabras
Me desperté con una tenue luz en la habitación, las horas habían pasado volando. Me removí entre las sabanas y logre dar con mi celular, el día se fue y con él mi primer día aquí prácticamente. Estire con lentitud mi cuerpo adormilado, alisé mi cabello con mis manos y busque con la mirada a Kley. Le encontré donde le había dejado la noche anterior, seguía tan dormido como yo hace unos segundos atrás.  Salí de la cama sin hacer ruido y me aproximé hasta él, una ligera manta le cubría y una simple almohada se encontraba bajo su cabeza. Su cuerpo relajado se estiraba a lo largo de la longitud del mueble, ¿será cómodo? Toque un borde solo por curiosidad, y sí, es increíblemente cómodo, me conseguiré uno de estos para mi oficina.  Kley se giró aun entre sueños en mi dirección, su cabello desordenado le cubría su frente y parte de sus ojos. Visto de esta manera, tan tranquilo y sereno no podría decir con facilidad que es un poco arrogante y demandante. Su actitud cuando apenas le conocí aun me resulta un misterio y ahora es; sin duda, un enigma. No veo cómo se siente responsable por mí, yo sola me metí en ese problema, la responsabilidad es solo mía.  Me dan ganas de tomarle una fotografía, me gustaría chantajearle después con ella. ¿Me pregunto si se enfadara mucho si lo hago?  ¿A esta distancia como se verán sus ojos?  La vibración del celular en mi mano me sacó del trance en el que me encontraba, con el corazón agitado retrocedí lo más que pude sin llamar la atención de Kley. Para mi suerte éste solo se giró y se acomodó nuevamente. Respire aliviada, lo menos que me agradaría es que despertase y me catalogara de rara – sospecho que ya lo hace – pero, no confirmare sus pensamientos.  Mire la pantalla de mi móvil en silencio, la insistencia de Mia sabiendo que estoy en reposo me dicen que tengo que contestar sí o sí. ¿Ahora el problema es dónde hacer eso? ¿Si me encierro en el baño tal vez pueda? A menos que se levante y decida ir, lo cual sería un problema. Mi departamento es la opción perfecta. ¿Dónde tendrá mis llaves? Vuelvo mi mirada a Kley, de repente el corazón me bombea más rápido y tengo que hacer un esfuerzo sobre humano para no gritar. Él me mira muy tranquilamente desde el mueble, plácidamente sentado con una irrefutable expresión mañanera, a pesar que ya es de noche.  - No te desperté ¿o sí? – indague viéndole aterrada. ¿Le habré despertado por haber estado tan cerca? No lo creo. Pero si es así, ¿qué hago?  - No – menuda respuesta.  - ¿Es todo lo que dirás? Bueno, necesito mis llaves con urgencia. - ¿Para qué? – pregunta cruzándose de brazos.  - Ducharme tal vez, cambiarme de ropa y atender mi trabajo. Soy la que me mantiene y tengo cuentas que pagar – eso es técnicamente cierto, no en el sentido que el espera. Sin embrago, servirá.  - ¿No avisaste?  - No, ayer no pude. Lo hare hoy, tengo que enviar un justificante por mi laptop. Ya, ¿me devuelves mis llaves? – le dije acercándome a él y poniendo mi palma de la mano extendida en su dirección. - Muy bien, iré contigo.  - No empieces con tonterías, Kley. Eso no es necesario.  Kley se empezó a reír pausadamente antes de entregarme las llaves, las llevaba encima y yo con esperanzas de encontrarlas por ahí. Al momento de hacer eso, él afinco su mano en la mía e hizo que retrocediera por el impulso. Desconcertada de su acción eleve mi mirada hasta la suya y, que terrible error. Fue como si quisiese lanzarme un hechizo o algo por el estilo, de la nada su iris se volvió muy atrayente como un precioso atardecer desde el mar.  Una tenue tensión nos rodeó en un parpadeo, imagine que su intención fue percatarse de que cumpliría mi palabra - aunque nunca asegure ni negué nada – de pasar los dos días bajo el mismo techo en resumidas cuentas, no crear esta atmosfera que ahora nos envuelve tan densamente. Hasta el más simple parpadeo obstruye lo que nuestros ojos buscan sin entender, no es la primera vez que me encuentro a esta distancia de en chico, y sin embargo es la primera vez que me confunde y me desequilibra de esta forma.  Sus rasgos son finos, delicados y bien acabados; como un lienzo realizado con extrema paciencia, trazo a trazo. Como una melodía compuesta en interminables días que nunca terminaran de pasar y ésta jamás estará completa, ¿me pregunto por qué me da esa sensación? La imagen de haber algo más que no alcanzo a ver, un cuadro inacabado en un marco roto.  Una sensación de familiaridad se instaló en mi pecho cuando sentí una página pasar en mi mente, el toque de sus dedos en mi piel encendió una chispa perdida en mi memoria. ¿Por qué percibo tanta cercanía y confianza a su lado?  Kley entreabrió sus labios dispuesto a decir algo, más unos golpes en la puerta hicieron que nos alejáramos tan rápido como nos fue posible. Kley miro molesto hacia la entrada antes de dirigirse allí, mientras yo todavía con el corazón en la boca y los nudillos tan blancos de tanto apretar el frio metal de las llaves retrocedía unos pasos más. ¡Eso fue lo más extraño que hasta ahora me ha ocurrido en la vida! - Hola, ¿y Clara? – la voz de Henry se obligó a mirar hacia la entrada. Él no se lograba ver, Kley mantenía medio cerrada la puerta obstruyendo toda buena visibilidad.  - Adentro, ¿necesitas algo? – pregunto Kley con voz cansina. - Yo no, él parece que sí  - ¿Quién es?  - Me dijo que conoce a Clara, que lleva días sin verla. Le comente de su pequeño accidente y quiso verla.  - ¡Que amable! La próxima vez, solo di que esta indispuesta. ¿Vas por la vida preguntando los conocidos de las personas? – la voz de Kley se tornó molesta, de quien están hablando. No puede ser Mia a ella ya la conocen, nadie de mi familia a parte de mi abuelo sabe dónde me encuentro, ¿quién queda? - Yo lo encontré sentado delante de su puerta – apaciguo Henry.  - Oye, yo solo quiero verla. No molestare – esa voz, tengo días sin ir a la plaza o al parque. - ¿Pequeña púa? – pregunte parándome tras Kley y asomándome sobre su hombro - ¿Qué haces aquí?  - Visitarte – responde éste con mirada inocente.  - ¿Lo conoces? – cuestiona Kley mirándome con reproche. - Sí, y no me mires así. No es una mala persona, solo se viste así para parecer llamativo ¿no es así? – me vire hacia pequeña púa quien parecía fuera de balance. No lo culpo, el aún es un poco bajo en comparación con Henry y Kley.  Para no importunarle más empuje suavemente a Kley a un lado, y abrí completamente la puerta. No fue una muy buena idea que digamos, la expresión del pequeño Henry se modificó a un asombro total, llena de preocupación y hasta diría rabia. Miro con rencor a Kley y luego con compasión a mí, eso no lo entendí y le reste importancia. Seguro tiene que ver con los adornos en mi cara y los brazos, no es que intente cubrir el vendaje. - Hubiera preferido que fueras novia hasta de Ray, que de él – menciona señalando a Kley con la barbilla a la vez que metió sus manos en los bolsillos. - No soy su novia – me defendí virando los ojos, porque todos suponen lo mismo.  - Ah. ¿Tengo una oportunidad todavía? – pregunto con ojos saltones. - Tú eres el único que siempre la tendrá - le dije confidente, aunque los otros dos siguieran aquí. - Por eso, es que te quiero – dijo éste sonriendo de oreja a oreja. No pude evitar reír antes sus tonterías, si los chicos hubiesen estado aquí esto habría sido una pequeña guerra – ¿quieres ir a la plaza? Me gustaría pasear contigo un rato. Extraño a mi Lara. - Claro, deja que me cambie – respondí enseguida.  - No – escuche que dijeron al unísono, salvo que en diferente tono. - ¿Qué parte de reposo no entiendes? – vocifero Kley posando su mano en mi hombro. - La parte donde debo quedarme bajo este techo – musite señalando hacia arriba – me dijeron que descansase y recuperara energías, caminar un rato en la plaza no me matara.  Tras decir aquello observe a Kley fruncir sus cejas y achicar sus ojos, ¿lo está pensando o me está analizando a mí? Voltee a ver a pequeña púa y a Henry, éste último movió la cabeza de un lado a otro en señal de negación. ¿No está de acuerdo conmigo? ¿Por qué?  - Lo siento chico. Veras, Clara debe reposar y no saldrá a caminar hasta que se recupere – y yo que pensaba que a Henry le daba igual esta situación. - Y tú, ¿por qué intervienes? No deberías estar haciendo cualquier cosa justo ahora – le dije un poco harta de sus acciones de niñera.  - No, estoy libre.  - Siempre estas libre. - Si no hubiese estado libre no te hubiera podido salvar antes ¿recuerdas? - No tienes que hacerlo ahora. - Como sea, ya es tarde. ¿Eres menor de edad cierto? No deberías andar tan libremente en las calles a altas horas de la noche – dijo Kley tomándome por los hombros y pegándome a su cuerpo. La sensación de su tacto, disparo la velocidad de mis pulsaciones.  - No estoy en las calles y no es tan tarde – se defendió pequeña púa, por su mirada cruzo la incertidumbre de la verdadera amenaza detrás de esas palabras. - Yo opino que sí – menciono Henry posando su mano en su hombro. Estos dos son imposibles. - Oigan, ya basta. No está en la calle – les dije un poco alterada, inmediatamente Kley bajo sus manos de mis hombros a mi cintura, me la rodeo y me atrapo contra sí. Esto es lo más injusto que he vivido.  Voltee a ver a Kley con enojo y desconcierto, él solo me sonrió con clama y me apretó más contra su pecho. Pequeña púa vio la situación, un poco incómodo y hasta diría asustado, me lanzo una sonrisa forzada al tiempo que se zafaba del agarre de Henry y se alejaba hacia el ascensor.  - Vendré después. Adiós, Clara.  - Espera, Henry. Lo siento mucho, ten cuidado de camino a casa.  - Lo tendré.  - Ustedes no pueden comportarse como los adultos que son, confió más en él que en ustedes – esto no es del todo cierto - ¿quieres soltarme?  - Primero te llevare hasta tu departamento – Kley deliberadamente omitió mi pregunta y me empujo a caminar con él pisándome los talones, literalmente. Henry me miro con una mueca graciosa y después se esfumo de mi vista, éste es aún más extraño que Kley y yo juntos. Llegados a mi puerta Kley se detuvo haciéndome detener también a mí, podía sentir su respiración agitar mi cabello. Espere a que me soltase y se fuera, pero no lo hizo, en su lugar apoyo su cabeza en mi hombro y suspiro.  - ¿Planeas que nos quedemos toda la noche aquí? Saca las llaves de una buena vez y abre la puerta - ¡Oh, Dios mío! ¿No puede ser menos arrogante? Por las pintas que tiene cualquiera pensaría que es tímido o reservado. Solo debe abrir la boca y pronunciar unas pocas palabras para que se le caiga la máscara. - Suéltame antes, me estas incomodando. Esto es sobrepasar el límite ¿no crees? - Ya invadiste mi casa, mi cama – no tiene por qué decirlo así, hace que suene mal y en sentido extraño. - Ya lo entendí – saque como rayo mi juego de llaves y abrí de un tirón la cerradura – listo, ahora suelta – ordene con voz agotada, me fastidia tener que repetir siempre lo mismo. - Solo por esta vez – dijo Kley cerca de mi oído, un cosquilleo me recorrió de pies a cabeza. No sé qué clase de juego lleva entre manos, que a mí no me meta.  - Muy gracioso – dije con ironía. Al final me soltó sin pensarlo mucho, tan pronto me sentí con libertad cruce el umbral de mi puerta y la cerré en su cara. Me pone los nervios de punta, no puede volver a su vieja faceta y evitar a todo el mundo; incluida yo. Escuche las ligeras carcajadas de Kley perderse a la distancia, y después el sonido de una puerta al ser cerrada. ¡No pienso volver allí! Antes prefiero encuartelarme aquí.  Afortunadamente conservaba mi móvil entre mis dedos, lo deje sobre la encimera de la cocina y me perdí tras la ducha. El cuerpo me duele un poco donde recibí el impacto de la caída, no quiero ni imaginar que hubiese pasado si Henry no me hubiera ayudado. Tengo que tener más cuidado a partir de ahora. Si pienso con algo de frialdad, el dolor tan fuerte que me mareo esa noche no lo había sentido antes. Podría atribuirlo a mi brazo, pero eso es pasarse de inocente. Sé que la razón fue otra, y que está relacionado con las imagines que en mis sueños vi. Me gustaría poder recordarlas, después de despertar en casa de Kley, los lugares donde antes se encontraban estas fotografías están blancos, como si nunca hubiesen ocurrido, se desvanecieron.  He tratado de recordar aunque sea un poco, pero no hay nada. Es como buscar una imagen en un libro lleno de letras. Genero pequeños destellos de algo, pero se pierden cuando los enfoco con claridad. Si tan solo mis padres fuesen más sinceros conmigo, ya habría recurrido a ellos.  Camine hasta la cocina, entre los mensajes de la editorial de Mia me informo que ya había dejado nuevamente en condiciones mi apartamento: el sofá con la mancha se había ido y se había reemplazado con uno igual, la limpieza se había hecho y la nevera se encontraba a rebosar de comida pre-preparada, gran cantidad de frutas y jugos cítricos.  Tome algunas cosas de la cocina y me dispuse a comerlas mientras llamaba a Mia.  - Jefa, por fin. Temí que después de dejarte en tan extrañas manos, no despertases más – la voz de Mia se escuchaba apresurada, el sonido de las teclas de computadora era la música de fondo habitual en sus llamadas. - Reserva tus comentarios para fuera de los horarios de oficina - Lo haré, no te salvaras de contarme - No creas que estoy tan grave, para no darme cuenta de ciertas cosas. Solo recuerda que en la oficina solo tolero que hables casualmente si no hay mucho trabajo, nada de desliz ¿entendido? – de súbito el sonido de las teclas cesaron y la línea quedo en completo silencio.  No me di cuenta ese mismo día, sino cuando logre reposar y dormir un poco.   - ¿Te diste cuenta? – pregunto desencajada y algo afligida. - Ese mismo día no. Me fije en las fechas de los correos que enviaste esta semana para ponerme al día y me di cuenta de la pequeña, pero muy obvia brecha de horario laboral en la desapareces sin dejar rastro ni excusa.  - Pensé que no recordarías la llamada, te escuche muy cansada a través de la línea. - Lo sé. Por algo soy la jefa, te pediré unas muy claras explicaciones luego. Ahora me gustaría que me digas que tan insistente ha sido mi madre desde el entierro de Andrés.  - Mucho. Se presentó un par de veces en la editorial hecha una furia, interrogo media mañana a Fran sin descanso. Lo dejo ir cuando se dio cuenta que él no sabe nada de tu paradero, ni de cómo haces para escabullirte de su presencia.  - ¿Ha aparecido en mi casa?  - Creo que tiene a alguien vigilándola las veinticuatro horas del día, ten cuidado si planeas ir. De hecho te digo que escuche hablando a las amigas suyas que la acompañan a todas partes, y te diré que piensan que estas gravemente conmocionada por la muerte de Andrés. La señora Fátima les metió en la cabeza que más que un matrimonio concertado iba a ser uno por amor mutuo - ¿qué? ¡Rayos! No puede dejarlo ir y dejar tranquilo el nombre de Andrés. Me molesta que actué de esa manera. Dando falsas esperanzas a todo el mundo, sobre todo si ya no existe razón para ello. - Si vuelve a llamarte o a encontrarse contigo dile que iré a casa pasado mañana. Que le diga a mi padre que debo hablar con él. Igualmente llama tú a la secretaria de Cielo y pásale ese mensaje, por si madre decido no hacerlo.  - Muy bien, ¿algo más?  - Si, necesito preguntarte. ¿Cuánto maquillaje compraste para Clara?  - El habitual. ¿Por qué?  - Necesitare que envíes más, debo taparme de alguna forma los morados en mi rostro y los raspones.  - Ah, me encargare de ello. ¿Preparo un atuendo plenamente cubierto? - Te lo agradecería, de preferencia colores oscuros. Con zapatos ligeros y cómodos.  - Los dejare preparados en tu departamento. ¿Cómo entraras sin ser vista?  - De eso me encargo yo, tú no te preocupes. Mantente en la editorial, no quiero que madre mande a seguirte y termine aquí.  - Le quitas la adrenalina a mi vida.  - ¿Dónde quedo tu profesionalismo? – le pregunte resoplando - En las interminables horas que tengo que soportar, casi en su mayoría extras. - Te subiré el sueldo, lo prometo.  - Más te vale. Corte la llamada sintiéndome un poco acongojada, debería estar ahora mismo en la oficina haciéndome cargo de ella directamente, y no a través de correos y llamadas. Mi padre me impuso llevarla como la nueva presidenta, pero me gusta la nueva forma que le he dado a los números, la revista y a todo el contenido en general. Estar tanto tiempo fuera de ello me hace sentir un poco inútil y alejada.  Estoy a un paso de cumplir lo que pensé y atrincherarme en mi departamento pero, bendita mi suerte a la hora que deje mi valiosa guitarra en la sala de Kley. Para colmo se llevó la acústica. Resignada nuevamente cepille mis dientes y abandone mi departamento.  Me disponía a tocar cuando la puerta se abrió de par en par, dejándome ver a Kley del otro lado. Menos mal que no me había acercado tanto a ésta, sino, hermosa me vería ante mi madre con la nariz también torcida.  - Estaba a punto de ir a derribar tu puerta  - Muévete a un lado – pase deprisa junto a él y busque mi guitarra con la mirada, estaba recostada en una esquina. La sujete con fuerza y me fui directo a su habitación.  Que esté aquí no significa hablarle o dirigirle la mirada, un poco de música me ayudara a despejar mi mente. La sola idea de encarar a madre me revuelve el estómago. ¿Por qué no entiende que a mí no me importa ese gran auge que ella tiene con la sociedad?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR