Si me pidiesen rememorar los buenos tiempos en mi niñez, diría sin vacilar que es algo caótico y difuso. Los buenos recuerdos al lado de mis padres son inexistentes: mi padre no es malo, el estar al frente de una importante compañía y llevarla tras la sombra de mi abuelo lo hizo encerrarse en los negocios los primeros años. Antes de que la abuela falleciera, el abuelo tenía bajo estricto régimen a mi padre; poco le dejaba respirar. Con mi madre las cosas fueron más irrelevantes, su salida precipitada del hospital y posterior recuperación apresurada tras mi nacimiento, le dejaron en claro a mi abuela que le gustaba más pasearse por las tiendas y los clubes de sociedad que estar al pendiente de su hija recién nacida.
Para resumirlo, los primeros años de mi vida crecí y me críe técnicamente con mis abuelos, y digo abuelos, porque para esos años mi abuelo si balanceaba bien su vida entre los negocios y la familia. Al menos para mis primeros años.
Los siguientes estuvieron llenos de maestros, tutelas y cenas de las que no quería participar. Siempre cenaba solo con la abuela antes de eso, conversando de su última aventura y de cómo se conocieron ella y el abuelo. ¡Me gustaba escuchar esa historia de ella! Pasar de esas tardes amenas a unas reuniones con personas chillonas que hablaban hasta por los codos de cosas sin la más mínima importancia para mí, era sofocante.
Tras la muerte de mi abuela me sujete con fuerza al amor que crecía en mí desde un año atrás por la música, decidí prestar toda mi atención a las notas que escuchaba tan finas y disonantes en la sala de música de casa. El instructor que tuve me enseño a ver las páginas de las partituras como un maravilloso libro, aprendí día tras día sin cansarme ni enfurecerme. Me fascinaba ver como las notas en una línea se convertían en una bella melodía bajo mis manos. A veces creo que el tiempo no ha avanzado nada, que somos una simple ilusión de un futuro remoto y casi inexistente. Las notas danzantes de una música lejana.
Las cuerdas de la guitarra se resienten a mi tacto, deslice mis dedos por cada una de ellas, marcando el tono con mi otra mano ya adolorida. Las yemas de mis dedos se hunden sin pensar en los trastes de la guitarra, buscar una melodía que me guste y quedarme en ella es complicado, prefiero saltar de una a otra en un parpadeo. Siempre busco una con la que identificarme en el momento, si la encuentro – eso casi nunca ocurre – la toco innumerables veces hasta la llegada del alba.
El concierto con los chicos me trajo de nuevo la sensación de volar por una noche, lástima que con todo lo que ha ocurrido recientemente no pueda reunirme con ellos más a menudo.
- Nunca te escuche tocar antes, ¿cómo es posible? Vivimos literalmente divididos por una pared – menciono Kley. Por mis manos paso un ápice de duda que tan pronto surgió tan pronto se esfumo. Seguí tocando, esta vez una melodía más calmada y rara de escuchar - ¿planeas evitarme? ¿No hablarme? No eres para nada educada.
- ¿Por qué debería ser educada contigo? – pregunte quedándome de espaldas a él.
- Tienes razón, no lo seas, me provocaras molestias. Toca de forma más silenciosa algunos queremos descansar y necesitamos trabajar.
De súbito me detuve, con gusto tomaría el estuche de mi guitarra y se lo arrojaría sin dudarlo. Apreté mis labios mirando hacia la ventana de su cuarto, ¿qué estarán tocando los chicos en la plaza?
- Mañana y ya ¿no? – quiero aclarar mis dudas.
- Sí – su voz se escuchó muy cerca, creí que se había marchado del cuarto.
- Bien, dormiré ahora. A menos que quieras tu cama devuelta, en ese caso yo podría dormir donde tú dormiste hoy temprano – me gire hasta encararlo. Él solo me observaba con expresión neutra y sosegada, pero callado. Muy callado.
- puedes quedarte con la cama – respondió al final.
- ¿Y el cuarto? También me lo puedo quedar
- ¿No comprendo tu pregunta?
- Olvídalo, solo la cama, ya entendí. ¿Te irás o te quedaras ahí parado toda la noche? – pregunte haciendo que éste parpadeara repetidas veces y mirara en otra dirección.
- ¿Puedo preguntarte algo? – dijo de repente mirando por la ventana. No sé qué espera ver, la pared de ladrillos de afuera no se transformará mágicamente frente a sus ojos.
- ¿Qué quieres preguntarme?
- Tomare eso como un sí. ¿Te escapaste de algún lugar? ¿Tú casa? ¿Tu familia? ¿Un novio? - ¿Qué demonios está pensando? ¿Esa imagen le doy? La de una fugitiva, sé que no está muy alejada de la realidad, pero tan poco es para que exagere, aunque él no lo sepa.
- ¿Es necesario que te conteste?
- ¿Por qué no quieres hacerlo?
- No te incumbe. Yo no te estoy preguntando nada de tu vida.
- Si Henry no hubiese conseguido a alguien que te revisase aquí, hubieras estado en serios problemas. ¿Cómo pensabas curarte? – lo estaba planeando cuando me desmaye.
- Con vendas y medicamentos – esa fue una muy absurda respuesta, ¿a qué vienen tantas preguntas?
- Ya veo cómo fue que acabaste en tal mal estado. Si tienes algún desacuerdo con tu familia deberías intentar solucionarlo.
- No necesito un terapeuta, ni nadie que me diga que hacer. No tengo desacuerdos con mi familia que tenga que enmendar, solo me gusta tener mi independencia.
- Tu independencia terminara pasándote factura – musito con sus ojos en los míos.
- Kley se había sentado en el borde de la cama a un lado de dónde yo me encontraba, lo único que brindaba una barrera entre nosotros era mi guitarra. ¿Por qué me está sermoneando? ¿Quién es él para hacerlo?
- ¿Te ha pasado factura a ti? – ataque sin escrúpulo alguno.
- Ya sabes que sí – respondió quitándome la guitarra de las manos y llevándosela hasta su regazo.
- Lamento eso, no quería…
- No importa.
- ¿Sabes tocar? – pregunte señalando mi guitarra.
- No, nunca aprendí. Mis intereses se encontraban en otro lado.
- En reparar cosas? – aun no olvido el caótico día que le conocí.
- Aunque lo hago, no. Trabajo desde aquí en sistemas de programación.
- ¿En serio? – unas clases de actuación me vendrían bien, es difícil disimular que no sabes de que está hablando cuando ya me sé su historial de vida. Estando en la oficina no tendría ningún inconveniente, pero en los zapatos de Clara es más difícil retener lo que pienso y la forma en como lo digo.
- Suenas incrédula, ¿no me crees?
- Te creo, llevo años viviendo en este edificio y nunca te había visto antes.
- Eso no es posible, me mude hace dos años aquí y vivimos al lado.
- Ilógico, lo sé – dije riéndome de la situación, claro está que lo había visto con anterioridad desde lejos, en algunas ocasiones. Él caminaba siempre con la vista gacha, me sorprende que no haya tenido algún accidente hasta la fecha. No le voy a decir eso, quedaría como acosadora.
- ¿Por qué te volviste más ruidosa de la noche a la mañana? – me pregunto levantando sus cejas.
- ¿Tú, por qué saliste más? – le devolví en tono cómplice. Kley se rió por un momento antes de negar con la cabeza y verme con suspicacia.
- No responderé a eso – zanjo parándose de la cama.
- ¿Estas huyendo?
- Te dejo descansar. Hasta mañana.
- Mira que llegas a ser aguafiestas. Ten una agradable pesadilla – le dije suprimiendo las ganas de arrebatarle mi guitarra de las manos y seguir tocando hasta el amanecer. Dormí todo el día será difícil conciliar el sueño.
Igualmente.
Me recosté en las sabanas, colocando las almohadas como una barrera hacia la puerta. Subí las sabanas hasta mi cuello y me apretuje para dormir. El aire templado de la noche le daba a las sabanas una sensación ligera y agradable, como una suave caricia. Di unas cuantas vueltas hasta quedarme viendo el techo del cuarto. La poca luz que se filtraba por la ventana iluminaba una parte de éste, líneas trasversales desde su máxima claridad hasta estar desaparecidas en la oscuridad del cuarto. Me recuerdan un poco a casa, al silencio pacífico y solitario que siempre se respiraba en ella.
Giro una vez de vuelta a mi posición inicial con vista hacia la puerta, desde ahí puedo ver como Kley escribe rápidamente en su laptop apoyada en sus piernas. Seguro está trabajando. Me le quedo observando todo un buen rato; es mejor que dar vueltas sin razón en la cama. Apoye con calma mi cara en una de las almohadas y la acomode de tal manera que me permita tener una visión muy completa de él.
Pasados unos largos minutos se giró ligeramente hacia mí, seguro quería comprobar que estuviese en el quinto sueño. Abrió ligeramente sus ojos y se inclinó un poco hacia adelante para ver mejor, inmediatamente cerré mis ojos y fingí estar dormida. Un ligero silencio transcurrió, antes de escuchar nuevamente el sonido pausado de las teclas al ser presionadas. Abrí de nuevo mis ojos y repetí la misma acción de antes.
- Deberías estar durmiendo. Cerrar los ojos después de que te vi no me engañara – dijo deteniéndose, elevo su mirada de la luz de la pantalla y la clavo en mí. Estoy segura que no logra distinguirme adecuadamente – Clara, Clara…
- Estoy dormida, si me sigues llamando me voy a despertar.
- ¡Duérmete ya!
- No tengo sueño, llevo prácticamente durmiendo dos días seguidos. Estoy acostumbrada a dormir poco, esto descontrola un poco mi horario.
- Ni pienses en salir a esta hora, no lo permitiré.
- se me cruzo por la cabeza, pero no lo hare. Cumpliré lo que me dijo el doctor.
- ¿Me seguirás observando? – pregunto escribiendo nuevamente.
- Es lo más posible, al menos hasta que me duerma.
- ¿Tan interesante soy?
- Eres lo único que se mueve, que es capaz de darme sueño. No te sientas especial ni nada por el estilo.
- Pues, gracias – volvió sus ojos a mí y cerro de súbito la laptop, se levantó del mueble y camino decidido en mi dirección.
- ¿Qué haces? – pregunte atónita ante su repentina acción.
- Te hago compañía para que te duermas más rápido y dejes de distraerme.
- ¿Te estoy distrayendo? ¡Por favor! – dije bufando - ¿Me contaras un cuento? – pregunte luego haciéndole burla.
- No. Me acostare contigo.
¿Qué? ¡Si hubiera estado comiendo ya estaría muerta! La sangre se me subió hasta las mejillas en un instante, me incorpore de golpe y le vi horrorizada.
- ¡Ni se te ocurra! – exclame cruzando mis brazos en forma de equis frente a mi rostro sonrosado. Kley estallo en carcajadas mientras me rodaba a mí hacia un lado para poder subirse a la cama.
Con mis pies obstaculice su hacer, él resoplo entre las risas y me miro muy fijamente mientras tomaba con sus manos mis tobillos.
- No seas mal pensada, cuando dije acostarme contigo me refería a compartir el área de la cama para hacerte compañía, no para algo más. Pero, si sigues comportándote así y poniendo esa expresión en tu rostro creeré que me éstas tentando.
- ¡No lo estoy haciendo! Ve a seguir lo que sea que estabas haciendo, no necesito que me hagas compañía.
- Tu sugeriste que sí.
- Me malinterpretaste, suéltame ¿quieres?
- Si te haces a un lado y me dejas un espacio para acostarme.
Sus ojos apenas visibles por la luz no me dejaban lugar a dudas, pero no quería ceder. Sus palabras inocentes muy mal dichas por su parte me ofuscaron en sobremanera no puedo tenerle cerca justo ahora. Entreabrí mis labios para exclamar nuevamente que ni se le ocurriese subirse, más la sensación de sus dedos subir desde mis tobillos por mi piel me obligo a alejarme como un resorte, me fui hacia un lado dejándole vía libre para que se acostara. Kley se rió ante mi acción y se acomodó a mi lado quitándome una de las almohadas.
- No seas paranoica y recuéstate, debo volver a trabajar en un rato. No me quedare mucho solo hasta que te duermas – sonó tan seguro de sus palabras que le termine haciendo caso y me volví a acomodar en mi lado de la cama.
- Te diré de nuevo que no es necesario.
- Después de conocerte, he llegado a la conclusión de que es más fácil tratarte cuando estas desmayada o profundamente dormida.
- Cierra la boca y vete
- No lo hare, es mi cuarto. Solo cierra los ojos y veras como en unos segundos te quedas dormida.
Suspire derrotada y cerré mis ojos abrazando la almohada que me quedo, me acomode dándole la espalda y acurrucándome en mi lugar. No lo escuche hablar más, solo sentía el peso de su cuerpo inclinar ligeramente el colchón en su dirección. Mi respiración acelerada se apaciguo poco a poco y el calor que empezaba a sentir se esfumo. Me pegue más hacia la almohada y deje que el sueño me arrastrase. Kley tenía razón en algo solo tenía que cerrar mis ojos y quedaría dormida en un segundo, lo que él no sabe, es que eso fue posible porque tengo la certeza de tenerle cerca de mí.
Antes de caer profundamente dormida me di cuenta de que Kley acomodó mi manta y me coloco su almohada bajo mi cabello.
El día siguiente trascurrió normal, Kley se hizo cargo de todo inclusive me ayudo a cambiar la venda en mi brazo. Al caer la noche me despedí de él y le dije que la deuda conmigo ya la había saldado y que no se preocupara, picarle se va a convertir en mi nuevo pasatiempo preferido.
Sin preámbulos llego el día de la visita a casa de mis padres. Busque el maquillaje que Mia me envió y oculte mi aspecto capa tras capa, deje el pequeño departamento pareciendo la Clara de siempre y no a la que habían atacado. Llegue sin sospechas a un lugar donde solía dejar ropa para casos de emergencia y, haciendo uso nuevamente del maquillaje y la ropa adecuada me vestí como suelo presentarme para estar en la editorial, con un abrigo cubrí mis brazos y con ello la venda. Llame a Fran y le dije que me recogiera en el mismo hotel donde solía dejarme cuando me iba a el pequeño departamento directamente.
Llegue sin ver nada sospechoso a mi alrededor. Según, Mia, mi madre tiene a alguien vigilando mi departamento día y noche, aunque entre tantas personas es difícil saber quién es. Cambie como un rayo mi ropa por la preparada por mi asistente, un perfecto conjunto que cubre todo mi cuerpo de forma segura y que está en tiendas para no levantar sospechas de mi madre. Con el maquillaje me basto para borrar todo rastro morado de mi cara.
La casa de mis padres, es la casa que solía ser de mis abuelos. Mi abuelo se las dejo y se fue a vivir para una mansión cercana a la playa. Mi antigua casa quedo como una propiedad – vacía - más, pero con dueños. Y yo me fui a un departamento por mi propia salud mental.
La señora que se encarga de la casa me abrió la puerta al instante de mi llegada, mi madre le habrá dado órdenes estrictas. Pase hasta la sala y observe todo tal cual lo vi la última vez que estuve allí, es bueno saber que a madre no le ha dado un repentino ataque por quedar modificar hasta las cortinas de la casa: la primera vez que ocurrió mando a demoler un ala entera y a reconstruirla en una semana, en pocas palabras un gran y absoluto caos.
- Cumpliste tu palabra – dijo la señora Fátima apareciendo desde el despacho de padre, ¿estará allí o le estará esperando?
- Dije que vendría y aquí estoy. Te agradecería que dejaras de divulgar mentiras entre tus amigas, no me gusta ser la que corrige a la gente cuando habla.
- Oh, cariño tranquilízate. Es solo una forma de darle nuestro apoyo a Denis, ella quería que su hijo fuese feliz a tu lado. Estoy segura que se siente complacida al saber que estás deshecha por la muerte de su hijo.
- Y todo gracias a ti.
- Para eso estoy. Tú padre y Oscar han estado en reunión tras reunión, me dijo que vendría unos minutos a hablar contigo de algo.
- Aún no ha llegado – murmuro más para mí que para ella.
- No. ¿Por qué no nos sentamos y me cuentas que has estado haciendo todo este tiempo? No has estado ni en la editorial, ni el departamento. Y no quiero enterarme de que estas de nuevo practicando las atrocidades esas al igual que mi suegra – sus últimas palabras salieron casi entre dientes.
- Solo me fui unos días para respirar lejos del foco de las cámaras.
- Si haces una entrevista sería impresionante el apoyo que ganara tu padre con la Corporación Alveolo, ¿qué me dices?
- Pasare de ella.
- Está bien. Tomemos algo de té, cariño. La sala estoy a punto de modificarla, tengo en mente unas ideas que me dijo una señora muy amable en el club. Ay, pero olvide su nombre, no es tan importante para recordarlo.
- Prefiero esperar a padre en su despacho.
- No digas cosas sin sentido, que harás ahí sola en vez de hablar con tu madre. Tengo el vestido ideal en mente para la noche de la subasta, estoy segura que te encantara. Es uno de los diseños más cotizados, ni siquiera ha visto las tiendas.
- Te agradezco madre, pero prefiero vestirme con algo que yo elija personalmente – esta vez debo vestirme yo sin importar qué. No lograre quitarme los puntos para esa fecha.
- ¡Cómo puedes decir eso! Pase meses planeando tu atuendo, los planes se me arruinaron con la muerte de Andrés. Sin embrago, pienso dar una buena cara en la subasta y tú, tendrás que lucirte. Ya que no estas comprometida, tendremos que buscar más candidatos. ¡No puedes irte como tú quieras o gustes!
- No exageres, es solo otra subasta más. ¿Qué más da?
- Fátima no importunes tanto a nuestra hija, y no digas tonterías. La unión con la Familia Morgan debe llevarse a cabo, no será prometida de nadie más – la gruesa voz característica de mi padre me hizo girarme en su dirección, más la forma de sus palabras me detuvieron de saludarle.
¿Cómo que la unión con los Morgan debe llevarse a cabo? Andrés está muerto.
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