Capítulo 12. Sólo, es complicado

3304 Palabras
Plante con fuerza mis pies en el suelo y enfoque todo lo que pude mi vista en los dos sujetos. Trate de ocultar el temblor que sacudía mis manos, más eso me fue imposible. Con torpeza me desplace de costado dando pasos ligeramente cortos, intentaba buscar una forma de poder correr sin que pudieran llegar a mí y, así escapar. Mi cuerpo seguía igual de pesado y mi vista cada vez más borrosa.  - Ya basta de juegos muñeca, deja de bailar – escupió uno de ellos dando un paso en mi dirección, retrocedí por instinto y sin darme cuenta choque contra un poste, me fui de lado y si me sujete de él con fuerza. - Me las pagaran par de imbéciles – dije ganando un poco de confianza en mi voz. ¿Qué tan difícil puede ser utilizar el poste para huir? ¡Ellos están ebrios!  - No pienses en escapar. ¡No lo lograras! Una figura llego corriendo a mí lado y empujo con fuerza al sujeto que intentaba agarrarme del brazo. Éste cayó al pavimento con un sonoro quejido, se incorporó de inmediato y se colocó al lado del otro hombre, el cual ya era una mancha difusa para mis ojos. La persona que había llegado corriendo se colocó delante de mí y enfrento a los otros. ¿Me está ayudando? Logre distinguir una espalda ancha antes de caer de rodillas, sujetándome a duras penas del frío metal.  No logre ver mucho de eso después, mi cuerpo se sentía demasiado débil y mi cabeza hecho un mar de líos y confusiones que no lograba ni yo misma entender. Trate de ponerme de pie, pero no lo conseguí. Escuche ruidos de una pelea, palabras que no logre comprender y quejidos de dolor, también unas cuantas maldiciones y el sonido característico de patadas. Clave mis uñas en el poste y me aferre a él con un nudo en el estómago. Pasados unos minutos escuche los pasos y carreras apresuradas de alguien, ¿qué ocurrió?   Vi con miedo como una figura que creo masculina se acercó a mí y se arrodillo a mi lado. - Clara ¿estás bien? – esa voz, ¿Dónde la he escuchado antes? – ¡estás sangrando! Debo llevarte a urgencias. ¿Urgencia? ¿Hospital? ¡No! Esa palabra fue más que suficiente para enviarme una nueva oleada de adrenalina por mi cuerpo, si llego hasta una clínica en estas condiciones involucraran a la policía sin dudarlo. Clara es un nombre falso, si la prensa se entera de esto no que quiero imaginar los problemas que me darán.  No, no, no. No puedo ir a ningún centro médico. Tengo que ir a mi departamento. Mi vista clavada hasta el momento en el suelo se elevó y logre - con mucho asombro - distinguir los rasgos tan característicos de Henry, el idiota de mi vecino con el que no había cruzado muchas palabras y a quién le di un sonoro golpe en la canilla.  - ¿Henry? ¿Cómo? – pregunte abriendo mucho mis ojos, relaje el agarre al metal y respire tranquila, ¿en qué momento comencé a hiperventilar? Sentí como mi alma regreso a mi cuerpo. Desde el incidente con el idiota del tatuaje, le pedí a Benjamín y a Mia que revisaran todos los antecedentes de los inquilinos del edificio, entre ellos Kley y después Henry; ambos limpios afortunadamente.  - Eso no importa Clara, estas sangrando y estas demasiado pálida.  - No, estoy bien, solo me maree un poco. El corte que tengo es inofensivo. ¿Qué paso con los sujetos ebrios? – pregunte esto último con un hilo de voz. - Me encargue de ellos – dijo muy tranquilo. - ¿Cómo que te encargaste de ellos?  - Los golpee un poco y salieron huyendo. - Ah, ¿estás bien? – pregunte elevando mi mano en su dirección – Tienes un golpe en la mejilla.  - Estoy bien. Tú eres la que pareces a punto de morir. - ¿En serio? Y yo que creí que estaba lista para una pasarela – una sonrisa se le escapó de sus labios, sigo de humor para bromas - ¡Estoy bien! – enfatice esto último. - No lo creo – menciono escrutándome con la mirada. - Podrías llevarme hasta mi departamento. Necesito con urgencia una ducha – estoy llena de tierra, hasta mi suéter que es de color claro se ve marrón. ¡Tengo que comprar más vendas de camino para allá! Este estúpido corte, que sabrá Dios cómo me lo hice, me dejo sin reservas. - Una ducha, es el menor de tus problemas. Déjame ver ese brazo – Henry hablo con voz firme, baje el cierre de mi suéter con dificultad, y me quite el lado de éste donde tenía el brazo lastimado – Ves, no es tan grave, es superficial. - Era superficial, eso necesita sutura – escuche un largo suspiro por su parte mientras revisaba muy concentrado la herida. - ¿Sutura? No, con una venda basta - ¿cómo demonios me voy yo a suturar el brazo? - No, Clara. Necesitas sutura y posiblemente antibióticos. Te ves muy mal, ¿logras verme con claridad? – pregunto tomándome suavemente por los hombros. - ¿Con que tanta claridad quieres que te vea? – debatí escondiendo mis ojos, si supiera que desde que me di cuenta que es él, me siento peor. Es como si toda la energía que tome en el momento por el susto se esté desvaneciendo.  - No me digas que estas apunto de desmayarte? – pregunto alarmado - ¿Qué? ¡No! Solo ayúdame a ponerme en pie y a llegar hasta mi departamento ¿quieres? Por favor. - Clara te llevare a un hospital, no te ves bien. - ¡No! Mira sé que ya me ayudaste, pero por favor llévame hasta mi departamento – Henry se había puesto en pie y yo seguía abrazada al poste. - Clara… - por favor, Henry. No puedo ir a ningún hospital  - ¿Estas metida en alguna clase de problemas?  - ¡No! Solo, es complicado. Estaré bien, lo prometo – no sé qué tan bien porque ya no logro verle con facilidad. De hecho dudo de ser capaz de levantarme de aquí sin ayuda.  - está bien te llevare a tu departamento – no se veía convencido, pero eso me tranquiliza, al menos está accediendo. - Gracias  - Ven, te ayudare a levantarte – Henry se volvió a hincar a mi lado y me sujeto por los hombros alejándome del metal.  Sentir su delicado toque hizo que de la nada quisiera dormir, mi cuerpo ya no me respondía como yo quería y la pesadez en mis parpados me alcanzó. Ya no me quedaban fuerzas.  - Clara, ¿qué te pasa? ¡No te duermas! ¡Clara! – Henry hablaba muy rápido, pero yo no lograba hacer lo que él me pedía. Sus manos me sujetaron con mayor fuerza y me alzaron en volandas.  - No me lleves al hospital – fue lo último que pude decir antes de zambullirme en la oscuridad.  Desperté sintiéndome mucho mejor, el brazo ya no me dolía – al menos no tanto – y mi mente se encontraba tan clara con el agua. Mire a mí alrededor y un atisbo de incertidumbre paso por mis ojos ¿dónde estaba? Me incorpore como rayo y distinguí aún más estupefacta que antes que era la habitación de Kley, las únicas dos veces que había estado en ella me fueron más que suficientes para no olvidarla. ¿Cómo llegue aquí?  Revise mi ropa con recelo y vi aliviada que es la misma que llevaba antes, excepto por la venda en mi brazo que lucía tan pulcra y limpia en comparación con mi demás aspecto. Me iba a levantar cuando un tirón me detuvo, una vía, tenía puesta una vía de suero en mi brazo. ¿Cómo es eso posible?  Contemple escéptica la bolsa con el líquido transparente antes de escuchar como mi estómago rugía, ¡tengo hambre! Todo lo ocurrido antes con Kley y luego en la calle me hicieron olvidar que llevaba casi todo un día sin probar bocado.  - ¡Despertaste! Me alegro – gire mi rostro y me encontré con el rostro desaminado de Kley. - ¿Cómo llegue hasta aquí? – esa es una duda de la cual quería tener respuesta. Kley miro la venda en mi brazo con atención y después desvió la mirada a su ventana.  - Te trajo el nuevo vecino ¿Henry? Creo que así es como se llama. No encontró las llaves de tu departamento, yo iba de salida cuando los vi. Él tenía que buscar a alguien, así que te dejo aquí. - Sí, ese es su nombre. ¿Por qué tengo puesta una vía? – indagué levantando el brazo - Estabas muy deshidratada y habías perdido algo de sangre, tu herida era más profunda de lo que aparentaba - ¿en serio? No parecía  - Gracias – dije tan apenada como me sentía, estaba ensuciando su cama. Después de haberle gritado en vez de escucharle. - No, está bien – la forma en como estaba hablando me decía que quería decirme algo más.  - ¿Tú me la pusiste? La vía, me refiero. - No, Henry trajo alguien minutos después de acostarte en la cama. Un doctor te reviso y coció tu herida. Te coloco la vía y unos antibióticos cada cierta hora. Ahora que lo pienso debería estar por llegar – Henry busco a alguien para que me atendiera aquí, no tendré como devolverle este favor. - ¿Quién? – ¿por qué no me ve a la cara? - El doctor, y Henry – ah, un segundo… - ¿Cuánto dormí? - alrededor de veintiséis horas, un poco más de un día - ¿tanto? Ay, no. Me intente levantar quitando la aguja en mi brazo. Kley apenas me vio llego hasta mí y me detuvo, sujeto mis manos y se sentó a mi lado. ¿Y ahora por qué actúa así? - ¡No hagas eso! Necesitas hidratarte – me reprendió mirándome con la mirada hecha un tempano de hielo. Igual le ignore, si sigo aquí nunca comeré.  - Lo que me recuerda que tengo hambre, podrías ayudarme a quitarme esto. Tengo que hacer algunas llamadas. - No creo que esas llamadas sean más importantes que tu salud. - No lo son, pero necesito hacerlas. Mi amiga me llamo ayer y yo no conteste. Estoy segura que vendrá hasta aquí alterada sino la detengo antes – explique moviendo agitada mis manos. - ¿Una chica; de cabello castaño, ojos oscuros y rostro sobrio? – pregunto Kley al cabo de mi explicación, parecía recordar algo. - sí, ¿Cómo sabes eso? – no es que se asemeje mucho a la apariencia externa de Mia, pero no se me ocurre otra persona con rasgos similares a esa descripción. - esa persona casi derriba tu puerta tocando sin parar, tuve que salir a ver qué ocurría. Le dije que estabas aquí, ella entro a verte y después de unos minutos se fue. Dijo que vendría hoy – sí que le he causado problemas. Y en definitiva era Mia. Lo más probable es que me odie en este momento. - ¿Te menciono algo más? – pregunte alarmada, Mia tiende a perder los estribos y soltar la lengua cuando se altera o estresa. - No, solo entro te vio, grito, refunfuño un rato y se fue – ay, no puede ser. - Lamento mucho los problemas que te he causado ¿en serio? No era mi intención. - Yo… - Ya quítame la aguja del brazo, necesito con urgencia un baño y comida – la naturaleza me llama. - Deberías esperar que venga el señor de antes – se paró y se encamino a la puerta. Lo vi salir por ella frotando su rostro. Me odia, eso está claro. ¡Debería irme! ¡Muero de hambre!  Suspire cansada llevando mis manos a mi estómago. Por un segundo considere la idea de volverme a recostar y esperar paciente lo que sea. Pero Mia ya había estado aquí, y sin saber qué demonios estaba ocurriendo, si va a volver hoy necesito explicarle que ocurrió. Solo espero que no le haya dicho nada a Ben o a mis padres; lo último seria mi condena. Sin dudarlo tome la vía y tire de ella.  ¡Oh, Jesús! ¡Quién diría que duele como el mismísimo infierno sacar la aguja sin saber cómo! Mordí mi lengua para no gritar y la deje sobre la sabana. Me pare tambaleándome un poco, cuando la habitación dejo de darme vueltas me encamine hacia la puerta de salida.  - Espera un momento, Clara. ¿Qué estás haciendo? ¿A dónde vas? – casi tome el pomo de la puerta, me gire lentamente y allí se encontraba Kley con una olla en las manos. ¡Que cuadro! Digno de recordar. - Voy a mi departamento, necesito mi teléfono y saquear mi cocina – el olor que desprende esa olla me está haciendo dudar, muy seriamente, ¿y si me quedo? No, no. Debo darles señales de vida a Mia, estoy descuidando mis responsabilidades. El me observo, vio sus manos y empezó a mirar a sus lados y a mí consecutivamente. ¿Acaso se está quemando? ¿Por qué no la suelta? La olla está echando el típico vaporcito cuando está bien caliente, ¡ay, Dios! Me acerque con cautela a la puerta y señale la encimera con mi dedo. - Colócala detrás de ti, eso podría dejarte una marca si sigues sujetándola – solo esperare el momento idóneo. - Ni se te ocurra hacer lo que estás pensando – me acuso - No estoy pensando en nada, pero de verdad necesito devolver algunas llamadas.  - No te creo, más te vale que te claves ahí mismo y no avances más – su rostro se contorsiono de repente y una exclamación de dolor se escapó de sus labios, movió sus manos alrededor de la pequeña olla y me miro desesperado. ¡Ah! ¡No puede ser!  - ¿Te estas quemando? ¿En serio? Solo voltéate y ve a la encimera, no es tan difícil – ya la cosa era más graciosa que preocupante. - Como crees eso, el calor no me afecta.  - Pues que bueno. Ahora demuéstralo en tu rostro, lo arrugas un poco más y serás toda una pasa. - Esta conversación se está alargando mucho – hasta me da pena, su cara se está poniendo ligeramente roja. - Esa es una excelente observación, deberías encargarte de eso. Que tengas un espléndido día. Adiós. – cogí el pomo de la puerta dispuesta a girarlo cuando escuche un quejido muy agudo, la curiosidad pudo más conmigo y me gire. Kley se encontraba de espaldas a mí, se veía severamente agitado.   - Oye, ¿estás bien? ¿Tus super poderes no funcionaron? – deje escapar una risa, seguía sin voltear – no seas tonto, nos vemos otro día. Recuerda colocarte una compresa fría en esas manos. - No, mis poderes no funcionaron, tal vez necesite una operación. ¡Será tu responsabilidad! – Kley hablo con voz dura, mientras me veía por sobre su hombro. - ¿Perdón? ¿Es mi culpa que no la soltaras? No digas tonterías – sé que está jugando, pero que no se le vayan los cables. Esta vez sí tome el pomo de la puerta y la gire, la empuje con mi peso para salir y lo hice, por una fracción de segundo, pero lo hice. Kley llego a mi lado a la carrera me encerró contra la puerta y tomo también el pomo de ésta, tiro de él y volvió a cerrar la puerta llevándome con ella. ¡Rayos! Casi lo logre. No entiendo que le ocurre, llevo más de un día fastidiándole la existencia; debería dejarme en paz y, así también se deshace de mí. ¿Quién le entiende? Yo, no. Juraría que vi por el rabillo de mi preciado ojito la silueta de unas personas cerca del ascensor, espero que los chismosos de por aquí no le den importancia a esto. - Si es porque deje echa un asco tu cama, no te preocupes. Te lo compensare. Comprare sabanas nuevas, lo prometo – continué de espaldas a él. Una de sus manos se quedó en el pomo de la puerta encima de la mía y la otra a un costado de mi cabeza, literalmente me tenía atrapada. - ¿Crees qué es por eso? – pregunto respirando cerca de mi coronilla.  - ¿Y por qué iba a ser? ¿No me digas que Henry me dejo en mi departamento y tú me secuestraste? ¡Soy pobre! Y violenta cuando tengo hambre ¿recuerdas? Te dejaré sin descendencia, no lo dudes.  - ¿Podrías conmigo? – pregunto irónico. Para luego soltar un par de carcajadas bastante largas. El sonido de su risa retumbo en mis oídos y, sentí como mi corazón se agito por un segundo. - No creas que no me gusta alegrar tu miserable día, pero me gusta al igual que a ti que no invadan mi espacio personal, ¿podrías? – dije volteando a verle, cuando sonríe se ve impresionantemente joven. En todo ese tiempo sus risas no cesaron.  Cuando se apaciguo su buen humor, bajo su rostro y me miro.  - Tú fuiste la primera que no supo respetar eso – dijo con voz ronca. Ni el maratón más largo o la montaña más grande que había súbito hasta la fecha me habían robado tan rápido el aliento. Cerca, su rostro se encontraba demasiado cerca del mío.  - Ya recapacite, ahora tu hazlo y aléjate – estábamos para ese punto completamente enfrentados.  Kley retiro su mano de la mía y se la llevo a la cabeza, reacomodo su cabello y miro hacia el techo. Vi mi escape tan al alcance que reaccione tan rápido como pudo mi cuerpo y me moví a un costado. El giro su rostro en mi dirección y puso una sonrisa de medio lado. Volteo completamente en mi dirección y se me quedo mirando fijamente.  - ¿Te pongo nerviosa? – pregunto con voz suave. - Deberías tomar tus medicinas y dejar de alucinar, no te hace bien. - No puedo dejar de hacerlo, tú me las robaste ¿recuerdas? Devuélvelas y dejare de hacerlo. Sin embargo, podrías dejar de tomarlas y alucinar también – ya me enrede con sus palabras. Lo único de lo que estoy segura es que se está burlando de mí. - Déjate de tonterías y déjame pasar. Quiero ir a mi departamento. - Omitiré el hecho de que no quisiste responder a mi pregunta e iré contigo. - Sabes que es al lado, no es necesario que vengas.  - No importa. Ya has estado en mi departamento varias veces, lo justo es que vaya también al tuyo.  - No fueron tantas veces unas ¿dos? ¿O, tres? Nada más, mira que eres exasperante – le empuje a un lado y antes de que pudiera detenerme fui a abrir de nuevo.  Escuche voces cercanas, muy cercanas. Sin poder reaccionar a tiempo vi como la puerta se abría de pronto, retrocedí por la impresión y me tropecé. Kley me atajo en el acto. Sus brazos me sujetaron por la cintura y me aprisiono contra su pecho. No logre decir nada y le vi sorprendida por su acción, él también parecía anonadado por la situación en la nos hayamos de repente.  - Interrumpimos algo, quizás deberíamos volver más tarde. - Necesito cambiar sus vendas y revisarla, el próximo antibiótico le toca en unos minutos.  - No queda de otra entonces – dijo Henry, tosiendo al final de la frase.
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