¿Cómo es posible que detrás de mí se encuentre él? ¿Qué hace aquí? A pesar de tener a unos hombres hostiles enfrente, unas ganas inmensas de descubrir y ver a la persona que me sujeta por los hombros son tan intensas que vuelvo a intentarlo, por supuesto que en esta ocasión también no iba a tener éxito. Las manos que sutilmente me anclan en esta posición son firmes como el hierro, mi fuerza no puede compararse a la suya. Un sudor frio siento que resbala por el centro de mi espalda. El sujeto delante de nosotros ladea su cabeza de forma muy extraña y le hace señas a los otros dos para que se coloquen a sus laterales. Ellos lo hacen de inmediato, posicionando una de sus manos, bajo el saco, ¿llevan armas? ¿Quiénes rayos son?
Tenía mis sospechas, pero ahora estoy casi cien por ciento segura que ellos son los hombres trajeados que atacaron a ese hombre de camisa blanca en el callejón. Verles parados de forma tan cercana recrea en mi mente la misma imagen que vi ese día, salvo que la persona que tienen acorralada en esta ocasión somos nosotros.
- Muchas personas te buscan, hijo de los Morgan – dijo con voz queda, el hombre de sonrisa torcida – vienes a sacar a la señorita de aprietos. No debes preocuparte, ella está en buenas manos. Nos gusta conversar, nuestra charla iba de maravilla.
¿Es una amenaza? ¿Me está amenazando? ¿Por qué? Paso mis ojos de ellos y me enfoco en las luces del fondo, los de seguridad ya deberían habernos alcanzado. ¿Dónde están? La luz de las linternas se perdió entre la oscuridad de la noche, no soy capaz de ver que ocurrió.
- No esperen ayuda, no la tendrán. Me gustaría charlar, ya que están los dos juntos en el mismo lugar, eso facilita las cosas.
- ¿Quién eres? No veo una razón para que estés haciendo esto – pregunte apretando mis puños – Sigue tu camino y dejemos esto hasta aquí.
- No, señorita. Usted debe dejar de ser tan terca, y él – menciono apuntando a Thomas – no debe inmiscuirse en asuntos que no le corresponden.
- No sé de qué me está hablando – mis nervios estaban a flor de piel, di un ligero paso atrás queriendo ampliar la distancia que había entre nosotros. Termine chocando con Thomas, él reafirmo su agarre y me acaricio los hombros. ¡Está intentando tranquilizarme! Inesperadamente me siento segura al tenerle tan cerca.
El sujeto bufo sonoramente y se lanzó hacia nosotros levantando un arma de fuego entre sus manos, ahogue un jadeo y me voltee de golpe. Mi nariz choco contra el pecho de Thomas, quien me cubrió con uno de sus brazos. Pude escuchar la audaz amenaza proveniente del sonido imperceptible de los pasos tras mi espalda. Abrace sin tregua el torso de Thomas al tiempo de que él delicadamente me movía posicionándome detrás de él.
El momento se volvió un caos desde ese instante, de un rápido movimiento de manos, Thomas logro lanzar el arma de las manos del sujeto, arrojándola unos metros lejos de nosotros. Casi de inmediato se insertaron en una lucha a puño limpio. Los otros dos también se movieron y atacaron a Thomas, a quien solo lograba ver borroso. Cuando alguno de los otros se intentaba acercar a mí, él los alejaba de cualquier forma. Me di cuenta que se estaba llevando unos cuantos golpes por estar protegiéndome. No lo dude más y me gire, tome el largo de mi vestido y lo alce entre mis manos, inste a mis pies a moverse y empecé a correr todo lo que podía por mis tacones.
Tropecé un par de veces, pero seguí corriendo sin parar, de vez en cuando me fije detrás de mí y me percate que la pelea seguía, salvo que dos de los sujetos yacían en el suelo y solo se podía ver tres figuras moviéndose entre la oscuridad. ¿Hay alguien más allí? ¿Le están ayudando? ¡Debo encontrar ayuda! Corrí aún más fuerte que antes, omitiendo el dolor que se estaba instalando en mis pies debido al calzado.
Un sonido agudo y retumbante me hizo detener de golpe, sacudí mi cabeza repetidas veces para alejar el pensamiento que empezaba a alojarse en mi mente. ¿Eso fue un disparo? ¡No estoy segura! Espere un segundo petrificada en mi posición, moví mis labios para gritar, pero nada salió de mi garganta. La sentía tan seca como un desierto. ¡Ay, Dios mío! Un segundo sonido se escuchó, esta vez más cercano. Ya no tengo dudas, esos son disparos. ¿Estará herido? ¿Qué pasara si le matan?
Contemple la idea de volver solo por unos segundos, pero si lo hago también me mataran. No hare nada volviendo. Una lucha interna se instaló en mi cuerpo, la razón me apresuraba a llegar hasta la entrada y pedir ayuda a los múltiples guardias que se encuentran allí. La otra parte de la contienda, me urge a regresar y ayudar a Thomas sin importar que no pueda hacer mucho. Él me salvo sin siquiera conocerme, tengo que ayudarle. Me disponía a regresar sobre mis pasos, cuando una mano me jalo e hizo que corriera nuevamente. Vi con total alivio la espalda de Thomas delante de mí, le seguí sin pronunciar palabra y aguantándome las ganas de detenerme a quitar los tacones.
Me di cuenta tarde que el lugar a donde nos estaba dirigiendo no era hacia la entrada, sino a un costado del hotel. ¡Ahí, no hay nada! Intente detenerle, pero éste no cedió ni un milímetro.
- Oye, espera. Tenemos que ir por seguridad. ¡Tienen armas! ¿Me estas escuchando? – mi voz sonada entrecortada y jadeante, no es que tenga mala condición física, es que no puedo controlar mi respiración desde que escuche los disparos. ¿Estará lastimado? ¡Deberíamos ir a un hospital de inmediato! - ¿Estas bien? ¿Sabes quiénes eran esas personas?
Mis nervios se estaban calmando, lo único que sentía era la irrefutable indiferencia hacia mis preguntas que Thomas me daba.
Visto desde este ángulo tiene mucho parecido a Andrés, imagino que su rostro será similar – más bien idéntico – a él. Por algo son gemelos. ¿Su voz será igual también? Me deje arrastrar por él a un espacio apartado de la luz, vi con asombro una puerta algo escondida al final del muro. Thomas la cruzo sin dudar e hizo que yo lo hiciera igual. Si antes a duras penas lograba ver difumados mis pies, ahora no logro divisar ni una pequeña silueta. La mano sosegada de Thomas es lo que me mantiene en mis cabales, cruzamos pasillos y pasillos. De improvisto llegó hasta mí el sonido característico de las sirenas de los policías, parece que ya se dieron cuenta del altercado que hubo. Aunque eso fue bastante rápido si me lo preguntan.
- ¿A dónde vamos? – pregunte a la silueta callada que caminada impertérrito delante de mí. Silencio es lo único que obtuve nuevamente, ¿acaso pretende ignorar todo lo que digo? - ¿Por qué no me respondes? ¿Llevamos un rato caminando? ¡Me duelen los pies! Necesito sentarme.
Nada, siguió caminando sin intenciones de detenerse, tan callado como una tumba vacía. Me resigne a su hacer y le seguí en silencio a partir de ese momento. Salimos de la creciente oscuridad y nos adentramos en unos pasillos más iluminados, lo dije antes y lo repetiré ahora, este lugar en un bendito laberinto. Al parecer llegamos a nuestro destino, Thomas se detuve de golpe y abrió una puerta, el salón al otro lado lo distinguí enseguida. Me trajo de vuelta a la sala principal. Le vi agradecida mientras una sonrisa se formaba en mi rostro. Sin embargo mi expresión cambio de inmediato, cuando al voltear hacia mí cubrió mis ojos antes de poder al fin verle el rostro. Sentí después un empujón en mi espalda al tiempo que intentaba zafarme de él.
Al instante que cruce la puerta volví a ver, solo para darme cuenta que Thomas se había esfumado en el aire. Corrí e intente abrir nuevamente, más ésta estaba cerrada con llave desde el interior. ¿Acaba de escapar? ¡No lo vi venir! ¿Por qué se está ocultando? Resople cansada y salí de allí, los cuadros y objetos de arte seguían en su lugar, salvo las personas. Todo estaba desierto, bajo un silencio sepulcral que solo se veía interrumpido por el lejano sonido de las sirenas.
Razón no me falto, en la entrada vi algunos coches patrulla y unas ambulancias. Hay varios grupos uniformados caminando de aquí para allá, algunos señores con el traje de guardias que vislumbre al llegar se encuentran siendo atendidos por los paramédicos, eso explicaría porque nunca llegaron hasta nosotros.
- ¿Señorita se encuentra bien? Creímos que ya habíamos desalojado a todas las personas – un joven paramédico me miraba expectante – Venga conmigo, ¿se lastimo?
- No, estoy bien. Me encontraba en una de las salas del fondo, no me di cuenta. ¿Qué ocurrió?
- No están seguros, deshabilitaron a los guardias y atacaron a los oficiales en servicio cercano. Llamaron a emergencias cuando escucharon los disparos, aunque a nosotros nos llamaron antes de eso.
- ¿Quién? – pregunte viendo la situación un poco sospechosa.
- No lo sabemos, fue anónima. Tendré que insistir señorita acompáñeme, por favor. Déjeme revisarla – su voz sonó segura, le vi sin entender y me fije que su mirada estaba posada en mi mano. Baje mi cabeza instantáneamente y puedo jurar que no grite por mantener una imagen tranquila.
Mi mano estaba manchada de sangre, una parte de mi vestido cercana a mi muñeca también estaba manchada, ¿cómo? Yo no me lastime, ¿es de Thomas? ¡Ay, Dios mío! ¡Está herido!
- No… no es mi sangre, me topé con alguien allí adentro. No me di cuenta que estaba herido. Necesito volver a entrar – dije más para mí misma que para la persona que estaba parada junto a mí.
- Lo encontraran, usted no puede volver a entrar.
- ¡Catalina! ¿Dónde te habías metido? – la voz de mi padre llego hasta mis oídos tan grave como un acorde profundo y severo.
- padre, me alegro que estén a salvo. Me quede encerrada en una de las salas hasta ahora. Una lástima que se haya cancelado la subasta – dije con la voz cansada, no fue mi culpa tropezar con esas personas. Además, estoy segura que no me creerán. La única evidencia que pondría como verídica mi historia es la sangre en mi mano.
- Nos vamos inmediatamente, tu madre ya debe estar en casa. Yo estaría allí también de no ser por tu asistente, ella llego alterada diciendo que tú no habías dejado las salas. Ninguno dio contigo – mire sobre su hombro al grupo de hombres trajeados que trabajan para mi padre como su seguridad personal. Me siento un poco mal por ellos, aunque no sea mi intención término perdiéndome de su vista y sin ellos poder dar conmigo.
- ¿Dónde está mi asistente?
- La envíe a su casa, se fue con tu chofer – es bueno saberlo. La llamare tan pronto llegue a mi departamento. Debería hacerlo inmediatamente.
- ¿Me prestas tu móvil, padre? Me gustaría cerciorarme que están bien.
- Lo están. Súbete al auto – como siempre su prominente estrés le hace estar más severo de lo normal. Me sorprende que las miradas de laser que le envía al pobre paramédico no le hayan atravesado.
- Solo si me llevas a mi departamento, no quiero escuchar los constantes gritos de mi madre hoy – le seguí los pasos, pero me detuve cuando el chofer de mi padre nos abrió la puerta.
- No empieces, Catalina. Suficiente por hoy ¿no crees?
- El infortunio de hoy no lo provoque yo. Quiero descansar tranquila, por favor.
- Puedes usar tu antigua habitación para eso, ahora no pongas más excusas y entra al auto – no espero decir más y se metió en los asientos traseros, el señor ya canoso de aspecto gentil, chofer desde que tengo uso de mi razón me miro suplicante mientras sus manos permanecían aferradas a la manilla de ésta manteniéndola abierta para mí.
Ignore las miradas reprobadoras de mi padre y contra todo pronóstico evite la puerta abierta y subí como copiloto, el chofer se adentró en su respectivo asiento y condujo ignorando deliberadamente la sentencia silencia que padre lanzaba en mi contra. No soy una niña pequeña por la que él deba estar vigilándome, el asunto de hace unos minutos no cuenta. Esos hombres llegaron directamente hasta mi por mi nombre, en eso no tengo duda. Esto tiene que ver con las corporaciones, me buscan a mí y a Thomas. La razón hacia Thomas la veo muy clara, casi transparente. Lo que no me cabe en la cabeza es lo que yo tengo que ver en todo esto.
Llegando de nuevo hasta Thomas, ¿qué le habrá sucedido? Contemple mi mano aguantando las ganas de girarme y decirle a mi padre que Thomas estuve en la subasta. Que unos hombres nos atacaron. Pero, ¿cómo se lo digo? Ni siquiera una línea logre cruzar con él, no me permitió ni escuchar su voz, ni ver su cara. Solo sé que es Thomas por las palabras de ese sujeto, asegurándolo y por su parecido a Andrés visto con el traje, eso es todo. Tal vez me esté equivocando y la persona que me ayudo no es él. Si ese es el caso, ¿quién fue? Nada de lo que vi tiene sentido. Podría fácilmente decir que fue un sueño, un delirio del momento estresante que estaba viviendo. Eso sería mentir.
Las calles de la cuidad deslumbran por la cantidad innecesaria de luces que adornan los centros principales de distracción nocturna en las calles, las luces de los restaurantes, clubes y demás sitios resaltan entre los edificios de oficinas que ya han culminado su jornada y los pequeños negocios que cierran sus puertas temprano. La tranquilidad de una noche parece borrar las imágenes de segundos atrás.
Si caigo en cuenta, hay una persona a la que le puedo contar lo que ocurrió. Estoy segura de que querrá escucharlo, espero que este en casa.
- ¿Cómo pudieron permitir algo así? Este evento se esperó durante meses y quedo arruinado. Mañana hablare con las chicas y llegaremos a una conclusión de lo que ocurrió. Acaso puedes creerlo, querida, Tranquila ella está bien. Eduard, se aseguró de ello. Si, se tuvo que quedar, Catalina no aparecía por ningún lado. Llevo esperando una hora sin respuesta. Me pondré histérica y volveré si no los veo aparecer por esa puerta. Puede quedarse, ya acomode una habitación para que descanse. Por supuesto no digas más, ¿mañana? Le diré a Eduard. Sí, estoy demasiado alterada, necesito de esos tés capaces de calmar todo – la incipiente voz de mi madre me alerta de haber llegado desde hace segundos a mi destino.
la imagino pegada al teléfono hablando con una de sus estiradas amigas, ni un en momento como este puede guardar sus comentarios salidos de un programa de televisión. Cabe suponer que propuso una infinidad de ellos a la televisora y que como buena hija y empresaria, negué cada uno de ellos. No podría con la vergüenza si ella saliera constantemente en la pantalla, hablando sin parar de un montón de cosas sin sentido de su vida.
- Oh, acaban de llegar. Te dejo por unos minutos, te llamo después – la señora Fátima colgó el teléfono fijo y corrió literalmente en mi dirección, sus ojos se agrandaron en una mueca de horror cuando diviso la sangre en mi mano. Volteo a ver a mi padre con un clara advertencia en su mi mirada.
La vista de mi padre recayó sobre las manos de mi madre, hasta la hora no se había dado cuenta. Paso sus manos sobre su cabello y se preparó para salir nuevamente.
- Espera un momento padre, esta sangre no es mía. La historia es un poco larga, solo no vayas a buscar un médico – dije antes de que armaran un escándalo sin sentido. Me gire a ver a madre y solté mis manos de las suyas - ¿Roxan se devolvió con ustedes?
- ¿De quién es la sangre? – ignore su pregunta - ¡Respóndeme! Te dije que tenías que ir con nosotros. No nos buscaste en toda la noche y te la pasaste huyendo en cuanto nos veías. Esto es tú culpa, Eduard, debiste educarla con mano dura.
- La señorita Roxan está en la cocina – me informa la amable señora que lleva años al servicio de mis padres.
- La pobre quedo espantada por el ajetreo. Se quedara aquí, ya hable con Denis está completamente de acuerdo. Mande a preparar el cuarto de invitados – madre le narra esos pormenores a mi padre, viéndome iracunda, ¿ahora por qué se enoja?
- Tengo asuntos que revolver, Catalina ya está en la casa y el caos ha pasado.
- Esa es tu forma de encerrarte de nuevo en el despacho, por mí no te distraigas – bueno, es momento de desaparecer de aquí, sus discusiones no son de mi incumbencia, aunque me cause risa la forma en como mi madre le reclama a padre.
Paso por su lado y me encamino hacia la cocina, la señora me sigue en silencio.
- Catalina vuelve aquí – exclamo mi madre elevando en sobre manera el tono de su voz.
- ¡Estoy cansada! Comeré algo y me iré a dormir – le debatí gritándole también.
- ¡No me lo puedo creer! Eduard, ¿A dónde creer que vas?
Sus gritos no cesaran en un buen rato, lo mejor es esconderse de ellos hasta que se detengan o se le enfríe el humor.
Roxan tenía la vista perdida en la encimera, donde relucía un pequeño bocadillo a medio comer. Al escuchar los pasos elevo la mirada pausadamente, al verme se levantó como un rayo de la silla y se lanzó encima de mí aprisionándome entre sus brazos. Deje que hiciera de las suyas y espere pacientemente a que dejara de hacerlo.
- Es un alivio saber que no te ocurrió nada – dije, ella retrocedió un paso. Abrió y cerró su boca constantemente mirando disimuladamente a la señora detrás de nosotras. Entendí su afán, le hice una seña para que me siguiera y esta accedió moviendo descontroladamente su cabeza en afirmación.
Roxan se sujetó de mi brazo todo el trayecto hasta mi vieja habitación, sin darme tiempo a decir algo cerró la puerta con disimulo y se me acerco como si alguien estuviese escuchando o siguiendo nuestros movimientos.
- Hable con Thomas – musito en un susurro – me pidió que no le dijera a nadie que le vi allí, solo a ti.
- ¿Te dijo algo importante? – pregunte susurrando al igual que ella, nos sentamos en la cama como acto reflejo.
- Sí, bueno no. Solo fueron unos minutos. Me separe un segundo de tus padres y él me intercepto. Es igual a Andrés, sentí por un momento que era él – sus ojos brillan de la emoción y la euforia que seguro está sintiendo. Una hermosa sonrisa marca su rostro dándole una expresión muy risueña.
- Yo también le vi, algo así.
- ¿En serio? Me dijo que no hablaría contigo hoy – Roxan ladeo su cabeza en confusión.
- La historia es larga, lo único que sé es que esta herido. Esta sangre en mi mano es de él – confesé viéndola apenada, Roxan retrocedió sin poder respirar. Se sujetó el pecho dejando caer lágrimas por su rostro.
- ¿Qué? ¡No me lo creo! Yo…
De la nada, Roxan cayó desplomada en las sabanas.
- Roxan. ¡Roxan! Respóndeme, Roxan. Rayos de debí decirlo de esa manera.