- No tienes que decirme más. Ha sido poco tiempo desde que ocurrió y yo no te estoy ayudando con esto, lo siento mucho – me gustaría hacerle un millón de preguntas: ¿Qué bar fue ese? ¿Acaso es el mismo en el que estuve? ¿Cuál era esa condición? Porque en ningún reporte aparece, no creo que sea lo suficientemente grave; para poder haber asumido el mando de Alveolo. Aunque si lo hubiesen sabido los demás socios, la confianza en él no hubiera existido.
Su padre, el señor Oscar se retiró de la presidencia por razones de origen médico, ¿es posible que sea una condición hereditaria? Cada vez que hablo con Roxan la cabeza se me vuelve un torbellino.
- No pasa nada, hablar de él me ayuda a procesarlo. Además quien mejor que tú para hacerlo. Yo conozco estas cosas triviales y sin sentido de mi hermano, en cambio tú seguro conoces facetas desconocidas. Me encantaría escuchar algunas historias – menciono Roxan aumentando el agarre en mi brazo, no estoy segura de lo que está hablando. ¿Quisiera saber con certeza por qué cree que yo le conozco? Mi madre habrá hecho de las suyas.
- No sé si pueda decirte esas cosas – tengo que desviar el tema de conversación – tu hermano y yo no eran muy conocidos que digamos, aparte de ser socios claro.
- ¡Que modesta eres! En las revistas y entrevistas te muestran como una mujer sin escrúpulos y fría. ¡Eres un amor! No te molestare más con esto, pero hare que me cuentes cosas después. Ya lo veras – dijo Roxan dando un pequeño saltito - Me gustaría encontrar a Thomas – su voz de alegre y escandalosa paso hacer un bloque lejano hundido en el mar.
- Lo harás. Tu padre lo encontrara o él te buscara. ¿Por qué se fue?
- No lo sé, estaba un poco joven cuando ocurrió. Mis padres dejaron de mencionarlo a los meses y cortaron toda comunicación con él. Excepto Andrés, mi madre estaba segura que hablaba regularmente con Thomas, de hecho le escucho un par de veces. Yo nunca me comunique con él, soy una tonta.
- Por supuesto que no, Andrés habrá hablado con él de ti.
- Sí, sé que no quiere hablar con mis padres. Pero, me gustaría que hablara conmigo, necesito a mi hermano.
- Aparecerá cuando menos lo esperes.
- Es curioso la noche en que Andrés fue al bar, él no quería ir. Me lo dijo en la tarde cuando hablamos por teléfono, de hecho me envió una fotografía de lo aburrido que se encontraba allí – eso es, sin duda alguna, muy interesante.
- ¿Tienes una fotografía de esa noche?
- Se ve un poco oscura, pero su cara es todo un poema. Las veces es que me enviaba una fotografía suya, siempre hacia muecas graciosas – era bastante entregado a su familia, sentado en su oficina parecía del tipo que ni siquiera una visita le dan a sus padres y se centran arduamente en estar planamente concentrados en sus asuntos. La forma en cómo él me trato ese día sigue intacta en mi memoria.
- ¿En serio? ¿Puedo verla? – pregunte mirándola con un poco de ansiedad.
- Déjame que la busque, la guarde en la galería de mi celular.
Me retorcí las manos con una desesperación mal disimulada, seguí con lentitud los movimientos de Roxan conteniéndome las ganas de acelerarlos arrancando el objeto de sus manos. La luz de la pantalla ilumino levemente su rostro haciendo relucir mi inquietud.
- Es esta, mira – Roxan me tendió su móvil grácilmente, mire la imagen reflejada en la pantalla con cautela. ¡Ah! Siento que estoy a punto de ver una bomba en persona.
La fotografía como menciono la joven era un poco oscura, pero en ella se veía claramente el rostro de Andrés haciendo una extraña mueca con sus labios. Verle así me causa risa. En el fondo se ve una mesa baja llena de bebidas, las luces tenues del lugar no me permiten diferenciar mucho más. Se ve tan relajado y tranquilo, nadie podría decir que se iría para siempre al día siguiente. Él literalmente reluce, las lejanas luces de neón iluminan su camisa dándole un tono brillante. Su camisa es blanca, supongo que se habrá desligado del saco y la corbata.
Me quede observando fijamente la silueta de Andrés, intentando recordar algo que había creído olvidar. Siento que me sacude una especie de imagen repetitiva en el fondo de mi cabeza que no logro distinguir claramente.
Durante la presentación no me fije en el público que teníamos, uno que otro vistazo fue lo único que les di, antes de finalizar la noche. No quería toparme con alguien a quien conociera, por eso evite todo el contacto con ellos. Pausando el temblor que sacudió mis manos, le devolví el móvil a Roxan, ella me estaba hablando muy emocionada de algo que no lograba escuchar por más que quisiese. ¿Debo parar? ¡Estoy en un evento público! ¡Debo parar!
Apreté con fuerza las palmas de mis manos y me obligue a fijarme en las palabras que salían despedidas de los labios de Roxan.
- ¿No crees que es una locura? Nunca entendí por qué lo hizo – ¿Qué? ¿Qué estaba diciendo? Sus ojos puestos en mí me afirman que yo soy el centro de su conversación.
- Perdón, no estoy en todos mis sentidos justo ahora.
- No quieres reconocerlo, está bien. Eras la única causante de los disparates que pocas veces hizo.
- ¿Quién?
- Tu sabes quién. Mira por allá están tus padres, ¿nos acercamos?
- Ve tú, yo debo buscar a mi asistente. Necesito hablar con ella antes del próximo preludio.
- Búscame antes de irte, estaré en la sala de subastas. Nos vemos luego.
- Lo haré, no te pierdas de la vista de mi padre. ¿Entendido?
- No soy una niña pequeña – rezongó Roxan poniendo una expresión de fastidio.
- Ya lo sé. Pero no te separes de ellos por el resto de la noche.
- Solo porque me lo dices tú, te hare caso.
Antes de chocarme con mis padres, camine hasta el salón lateral. Me perdí entre el murmullo de las personas, camine fingiendo contemplar la próxima exposición de las obras que no serían subastadas. Todas expuestas entre largos pasillos que parecían no tener fin. La esquina de la fotografía me mostro la prueba irrefutable de que estuve bajo el mismo techo que Andrés el día antes de su muerte. Como Clara me subí al escenario en el club, el mismo de la reunión de socios. Ahora que lo pienso debieron ser jóvenes en su mayoría. La reunión seguro estaba dirigida a los hijos de las grandes familias, los futuros herederos de las corporaciones, entre ellos Andrés que ya la tenía bajo su poder.
No quiero pensar lo obvio, pero ¿cuánta es la posibilidad de que Andrés sea uno de los hombres que estaban en el callejón esa noche? Me parece que ninguna, no es esa clase de persona. Me perdí entre mis pensamientos, divagando sin parar sobre las múltiples posibilidades de haber sabido esto antes. ¡Qué casualidad más extraña!
Camine y seguí pensando en esa noche, dando miles de vueltas sin llegar al final de nada. Decidí pasearme por todas las salas, ver a las personas y escuchar sus estrafalarias conversaciones es mejor que comerme la cabeza con todo esto. Mis ojos recorrieron cada pareja o grupo expectante en las salas con sus vistas clavadas en las pinturas, esculturas y tallados esparcidos en cada rincón del lugar. Sin darme cuenta llegue hasta el mini bar del salón principal. Me acerque hasta él y llame con un delicado gesto al hombre detrás de la barra.
- Sírveme agua con gas, Agrega dos cubos de hielo – pedí sin mucha palabrería
- ¿No le gustaría un trago más a su medida, señorita Bellmore? – ¿me conoce? Eso es nuevo. Gire en su dirección con fingida modestia y plante mi mano en la madera.
- Me gustaría lo que ya pedí y no escuchar voces a mi alrededor.
- Lamento mi comportamiento.
- Por supuesto que sí, encárgate inmediatamente de eso ¿quieres?
- Inmediatamente.
Normalmente le diría un por favor y gracias, más el tono que utilizo cuando pronuncio mi nombre no me gusto para nada. Es esa clase de hombre que creen que pueden hacer caer a cualquiera y pasan encima de los principios morales en ello. Tengo la suficiente experiencia al lado de mi madre para distinguirlos solo con pocas palabras y la forma de observar que tienen. No me creo muy lista, pero evitare problemas absurdos salidos del ego mediocre de una persona sin una vida.
Veo de refilón como una copa se desliza en mi dirección y se detiene a escasos centímetros de mi mano, en el acto devolví mirada a la barra. Allí esta lo que pedí, hermosamente colocado sobre una delicada servilleta. No lo hizo él que se acaba de ir, de eso estoy segura. Eleve mi mirada y busque con mis ojos al responsable de ello y vi como un hombre de muchos años encima inclinaba su cabeza sutilmente en mi dirección. El impoluto delantal que se cernía a su cintura me dijo que el lleva años bajo ese oficio, pude leer claramente en su iris la disculpa silenciosa que me ofreció. Se nota que está cubriendo la falla del hombre que me hablo, le reste importancia a ello con un gesto y procedí a refrescar mi garganta.
Gire sobre mis talones y contemple el salón con cansancio, ya va siendo hora de que me marche. Suficientes personas ya me vieron. Madre no puede decir que fui una completa inmadura. Deje con delicadeza la copa sobre la barra y me marche pausadamente, caminare en una cuantas exhibiciones y saldré por la puerta sin problemas.
- ¿Qué hace una mujer tan bella sin acompañante? – pregunto una voz a mis espaldas. ¡Rayos! Estuve a punto de librarme. Coloque una sonrisa flamante en mi rostro y me voltee aguantando las ganas de correr al auto.
- Tiempo sin verte, ¿sigues igual de casanova?
- Solo frente a las mujeres como tú.
- Ese no deberías considerarlo un alago. ¿Viniste solo? El mundo podría acabarse mañana.
- Para nada. Ella se encuentra retocando su maquillaje, no logre contener mi apetito.
- ¡Qué desfachatez! Tienes una gran línea de hoteles, no me digas que ninguna de esas habitaciones satisface tu gusto.
- No lo veas de esa forma, es más emocionante en sitios como este.
- No pienso contradecir tus palaras, por mi puedes pensar y hacer lo que quieras – de todas las personas con la que pude encontrar. Tuvo que ser él. Mi madre intento hacer que nos volviésemos amigos, su familia lidera una de las cadenas de hoteles más prestigiosas de la ciudad. Además mi padre posee negocios con el suyo desde hace unos años.
- Me importa tu opinión. Bueno, eso no es cierto. Has evadido mis constantes invitaciones, ¿ahora que eres la presidenta de una compañía no saludas a tus viejos amigos? – la sonrisa torcida de su boca, me indico lo divertida que le resultaba esta conversación a él.
- Estoy ocupada, igual tú. No quería desviar tu atención.
- Tú siempre puedes distraerme, Catalina – muy bien, es momento de detenerle.
- Tu acompañante debe haber culminado su visita al espejo, te dejo para que la busques – me di media vuelta y camine decidida a cualquier parte que me sacara de la atención de él.
- Espera un poco, apenas empezamos a conversar. Volver con ella no me importa, ya tengo lo que quería.
- Habla de esas cosas con tus amigos, ellos te entenderán mejor que yo. Hasta luego.
- Te puedo acompañar el resto de la noche, no me gustaría que todos esos ojos que te siguen, eviten que pueda ver en todo su esplendor tu belleza - ¿Y ahora, qué está diciendo? ¡La paciencia la tengo revuelta!
- Hablemos después.
- Es una persona difícil de conseguir. Sabía que la suerte estaría de mi lado hoy y me la encontraría aquí. Buenas Noches, señorita Bellmore me complace al fin dar con usted- ¿es una broma? Matare a Michael cuando tenga la oportunidad.
- Solo han sido unos cuantos días desde la reunión. Los acontecimientos posteriores a ella han sido algo caóticos – la figura altiva y tosca de Vicente Ciril me devolvió una sonrisa tan falsa como la mía. A mi lado Michael se veía poco interesado en el nuevo personaje que entro de improvisto en nuestra conversación.
- ¿Te importaría si te la robo un minuto? – indago Ciril mirando en la dirección de Michael. El aludido me miro con impaciencia y asintió en silencio. Se retiró de mi vista sin pensarlo y se perdió entre los pasillos. Michael era mejor compañía que el hombre que ahora tengo justo al frente.
- Me gustaría refrescar el tema de discusión que tuvimos la última vez, el plan que le ofrecí y sus resultados son perfectos. Estaría satisfecho si pudiera contar con su total apoyo. Los grandes negocios son estrechos como su garantía del éxito, le aseguro que en mis manos estarán más que resueltos.
- No dudo de sus palabras. Pero, me gustaría seguir con la actual dirección un tiempo más. Los resultados que ahora tiene me son satisfactorios, no veo la necesidad de alterarlos.
- No me haga pasar por los puntos nuevamente.
- Eso no es necesario, recuerdo la reunión como si hubiese sido ayer. Pero, mi opinión no difiere de esa ocasión. Si me disculpa, aun me quedan obras que contemplar.
- Por supuesto. Nos veremos otro día.
Me aleje con pasos presurosos de las garras de Vicente Ciril, perece que no se piensa rendir con sus artimañas. La muerte de Andrés solo hace que sea más insistente respecto al tema, ya debe estar al tanto de que conozco la división de las acciones. Si no hubiésemos estado rodeados de personas, estoy segura que se hubiese lanzado a mi yugular. No sé a quién pretende engañar con esa sonrisa y esas palabras.
De tanto huir de mis padres, luego de Michael y ahora de Ciril, me termine desviando de las salas principales. Las personas has dejado de transitar a mi lado y los pasillos a mis costados se encentran sumamente desiertos, ni siquiera me fije por donde fue que camine para llegar hasta aquí. Contemple ambos lados decidiendo hacia dónde dirigirme, si la música fuese un poco más alta me guiaría con facilidad. Elegí un especio al azar y me encamine en esa dirección, los pasos cortos que daba me permitían apreciar el decorado de esta abandonada ala. Las salas de exposición representan un estilo moderno y sofisticado, se podría decir que están en la vanguardia, salvo por algunas pinturas y esculturas clásicas que contrastan con el entorno. Mientras que aquí en este espacio apartado, hay un estilo clásico, sutilmente disfrazado con toques recios y actuales. ¿Me pregunto quién sería la persona que decoro este lugar? Difiere con el resto del hotel muy sobriamente.
Me están empezando a dar escalofríos. Tome la primera vuelta y logre divisar una ventana, camine como una histérica hacia ella y me asome sin dilatación. Logre ver a través de ésta que me encontraba al otro lado del hotel, vi las luces de la entrada después de unos árboles pequeños que cubrían la entrada. Baje mi vista y alcance a ver una puerta al final de la sección donde me encuentro. Lo único malo de ese plan es que tendría que salir y caminar por los jardines tarseros para llegar hasta donde podría llamar a Fran. Es eso o caminar entre el laberinto de pasillos que atravesé para llegar hasta este.
Eso es peor, lo mejor será salir y dar la vuelta por el exterior.
Recorrí lo más rápido que pude la distancia desde esa ventana hasta la puerta que alcancé a ver. El aire frio de la noche me golpeo inmediatamente después de dejar el edificio, respire hondo tres veces y me digne a caminar. Visto desde este ángulo y a estas funestas horas, el hotel se ve gigante y abandonado, sé que toda la atención recae en la subasta, pero Dios esto esta desolado.
- ¿No cree que está lejos de la fiesta, señorita? – una voz a mis espaldas interrumpió mis pasos, frene al instante intentando darle una cara al portador. Nada, no reconozco ese tono, ni esa voz.
- ¿Quién eres? – pregunte girando hasta quedar de frente a este. ¡No! No puede ser, ese rostro. ¿No es el hombre que vi la noche en el club? El que giro cuando sin querer golpee la lata. ¿Qué hace aquí?
- Una persona que podría ayudarla a llegar nuevamente ante sus padres.
- No le conozco, y le pediré amablemente que me deje sola y siga su camino.
- Usted no parece entender mis verdaderas intenciones, permítame explicarme – sus palabras no habían sido terminadas de pronunciar cuando unos sujetos aparecieron de súbito a mis costados, retrocedí perpleja ante la situación.
- Le pediré nuevamente que se marche – el corazón podía sentirlo en mis oídos, y un ligero temblor en mis piernas. ¿Son los mismos que golpearon al hombre en el callejón? ¡Esto es malo!
- Una niña como usted no debería estar al mando de cosas tan importantes. Debería ceder su espacio a alguien más competente - ¿Qué? ¿de qué rayos está hablando?
- ¡Deténganse! Ustedes los que están ahí – un grito llego desde un punto lejano, las luces de linternas llegaron a mí como pequeños faros de esperanza. Lástima que mi temor solo aumento cuando uno de los sujetos que apareció sorpresivamente me cortó el paso por la espalda y el que estaba hablando se acercaba a paso rápido hasta mí.
Ahogue un grito sin poder respirar. De repente el sujeto que estaba detrás de mí cayó a un costado golpeando sus rodillas contra el pavimento, abrí mis ojos con la sorpresa y trate de girarme, más unas manos posadas en mis hombros me lo impidieron.
El hombre frente a mi achico sus ojos y cerro sus puños sin poder creer lo que estaba frente a él.
- Thomas Morgan, por fin das la cara – expreso el hombre dando un paso más.
¿Dijo Thomas? ¿La persona a mi espalda es Thomas?