Capítulo 18. Acciones sin sentido

3469 Palabras
Hasta la fecha, esta mañana ha sido la más agitada que he tenido, eso sin contar la visita a la oficina de Andrés aquella vez. Las ideas que tienen mis padres para mí, no son de mi agrado y no las llevare a cabo. Si llevar a Nuevo Cielo implica una boda forzada, prefiero renunciar. No quiero irme más allá en mis pensamientos, he trabajado cinco largos años de mi vida tras esos muros, brindándole cada minúsculo espacio de mi tiempo como para dejar que otro venga y la arruine. Y esto también incluye la dirección de mi padre. Llegue hasta mi pequeño departamento con los pensamientos cargados y revueltos. Arroje sin gracia y sin fijarme la maleta que llevaba en mis manos a la primera superficie que se me atravesó en la vista, la botella que hasta los momentos no había visto voló por los aires al ser impulsada por mi bolso. Cayo a la madera haciéndose mil trocitos al instante, cubrí mi rostro con mis manos y solté un grito entre ellas desde lo más profundo de mi garganta. - ¡Ah! ¡No puede ser! Un poco más de mala suerte y diré que esto es una conspiración del universo en mi contra – hablar conmigo misma y quejarme en voz alta no es una forma muy sana de sacar mis lamentaciones, pero a quien le importa. Existen peores, me conformare con despotricar de mi vida en la soledad de mi departamento – Los días eran pacíficos, eran. Solo ir al trabajo y volver, tocar la guitarra, correr y dormir. ¿En qué momento se enredó todo? ¡Esto es culpa tuya! – exclame señalando el espejo que tenía al frente de mí. todo lo que tenía que hacer era decirle a padre que metiera sus opiniones, decisiones y habladurías en sus compañías y me dejara a mi Nuevo Cielo en paz. A madre ignorarla y decirle que no me importa un comino que crea que me puede vestir como una muñeca a punto de ser exhibida en una tienda de cristal - ¡No me importa! - Que haría lo que me diera la gana, pero por supuesto que ni siquiera me dejaron ordenar mis pensamientos cuando me soltaron todo como la cosa más natural de este mundo. Como si yo estuviese al tanto de sus ideales y métodos, estando completamente de acuerdo con ellos. En ciertas ocasiones me pregunto que pasara por sus cabezas. ¿Estaban en sus cabales cuando decidieron tener un hijo? ¿Solo habré surgido como un mero accidente? ¡Esto es humillante! Quede como una niña pequeña haciendo rabietas. - ¡No! ¿Por qué demonios me tengo que echar la culpa encima? Fueron ellos a los que le dio por hacer lo que quisieran. ¡Es culpa suya! ¡No, mía! – exclame viendo mi reflejo en el espejo – debería irme a una isla paradisiaca, una que quede bien lejos de aquí. Si es posible en la otra punta del mundo, sin medios de comunicación ni nada por el estilo. Así mi vida se volvería más fácil y tranquila – de tanto divagar y hacer planes descabellados, termine paseando por toda la sala con la vista gacha. Me iré a comparar el primer boleto que salga. No es tan mala la idea. - Podrás hacer tus planes realidad cuando te hayan quitado los puntos. El señor Antonio me especifico que no te dejara hacer grandes esfuerzos con ese brazo hasta que te los quiten, y yo no le pienso llevar la contraria. Tu salida tendrá que esperar. Perdón, Clara – me gire lentamente hacia la voz que escuche tan nítida como si estuviésemos en el mismo lugar. ¿Cómo rayos entraron? - Déjala hacer sus berrinches, no sabes que es su forma de vivir. Te dije que no era necesario entrar para comprobar que sigue con vida y no le paso nada – dijo Kley con las manos en los bolsillos, su rostro era tan escueto como lo habían sido sus palabras. - el ruido espeluznante que escuchamos, fue eso – menciono Henry cruzándose de brazos y señalando con su barbilla el rastro esparcido de mi infortunada suerte – junto con tu desentonado grito propio de una película de terror. ¡Increíble! Estoy sin palabras, no vuelvas a gritar de esa forma, me pusiste los pelos de punta. - No grite tan fuerte, fue solo un pequeño resoplido de fastidio. Pero, eso no importa. ¿Me quieren explicar? – debatí colocando mis manos en las caderas. Pase mi mirada de uno al otro. Henry se veía muy concentrado en las paredes de mi departamento mientras Kley se había arrojado al sofá largo, acomodándose en él. - ¿Explicar qué? – cuestiono Kley entre bostezos. Vaya confianzas las que ha tomado. - ¿Cómo rayos entraron a mi departamento? - Tengo una copia, no confié en ti lo suficiente. Y tengo razón, ¿dónde estabas? ¿Por qué llevas la cara cubierta de maquillaje de esa forma? – dijo de lo más tranquilo ajustando un cojín bajo su cabeza. - Ese no es tu asunto, y te pediré amablemente que me des esa llave inmediatamente. - Solo la tendré para casos de emergencia, ésta no cuenta. - No debiste salir, se supone que aun deberías están recuperándote – Henry camino hasta mí, y puso en mis manos una pequeña bolsa llena con un tacita, rectangular muy bien sellada. - ¿Qué es esto? - Un pequeño detalle de mi parte, para ti. Comer fruta ayuda a tu organismo - ¿es fruta? Abrí el contenedor y, en efecto es fruta. Picada en pequeños cuadritos y cubierta por una ligera capa de miel. - ¡Cómo me alegro que te hayas mudado a este edificio! – exclame jalando su brazo. - Tu bienvenida aun me resulta traumante, menos mal que solo era la superficie de tu excéntrica personalidad. - No he almorzado, ¿tienes comida aquí? – Kley llego caminado junto a nosotros, se asomó sobre mi hombro y me robo uno de los trocitos de fruta – nada mal, ¿Qué comemos? - Oye, deja de hacer eso. ¡Devuélveme mi llave! - Quizás, otro día. Agradece que sea buena persona y no tenga intenciones oscuras contigo. - su relación es tan interesante, ¿cómo se conocieron? – pregunto Henry sentándose en un taburete. - La primera vez que la vi un chispazo cayo entre nosotros, en medio de una increíble melodía ¿no es así, Clara? Un día memorable. - Oh, hablas de ese día. Cuando te orinaste en los pantalones por ser tan gallina, sí, muy memorable – dije de la forma más indiferente posible. - Amor a primera vista ¿eh? Dicen que no son muy duraderos – musito Henry frunciendo ligeramente sus cejas. - Supones que terminaremos y me la podrás quitar, suerte con eso – el tono en la voz de Kley me impresiono un poco, bueno no tanto como sus palabras. Durante un segundo paso su mano por mi hombro y lo apretó ligeramente, seguido se inclinó y me dio un beso en la mejilla. Su acción me paralizo en mi lugar e hizo que mi corazón palpitara agitadamente. Voltee a verle incrédula, más él miraba a Henry fijamente sin soltarme. Después camino hasta la cocina y lanzo a calentar una bandeja que ni sabía estaba ahí. ¿Por qué se comporta como si fuese mi novio? ¿Está loco? ¿Quién le dio el derecho a tocarme? ¿Y por qué rayos me acelero tanto eso? Mire a Henry y le di una sonrisa modesta y avergonzada, ¿ahora me estoy disculpando en su lugar? Perdí la razón, estoy segura. Henry le restó importancia con un ademan y se puso a hablar con Kley de cosas sin relevancia. En serio que no les entiendo, ni un poquito. De formas misteriosas los tres terminamos almorzando en mi departamento, la presencia de los chicos era extraña y nueva. Las únicas comidas que compartí con alguien sin estar obligada por el deber o mi familia, fue con Mia y Benjamín, y son: mi asistente y mi abogado. ¡Ah! Mi vida social es bastante lastimera. No estoy contando en la lista a los chicos de la banda porque con ellos solo comía comida chatarra, sin juicio alguno a pesar de las quejas constantes de Estefan, mi convivencia con ellos se basa en los encuentros de la plaza y una que otra canción. No creo que me vaya tan mal si soy amiga de estos dos. cAepte las absurdas amenazas de salidas de Henry y sus constantes apariciones en mi departamento con algo en sus manos – en su mayoría comida -. Kley también adopto una manera similar de saludarme, solo que él en vez de tocar mi puerta, entraba sin más con la otra llave que no quiso devolverme. Decidí redirigir sus visitas y fastidiarle la existencia cada día de diferentes formas, la mejor de todas ellas aun puedo recordarla… ... Me levante muy temprano con ayuda de la alarma, la noche anterior supe que Kley no había dormido estos últimos dos días por la entrega de algo importante que está preparando. Lave mi rostro para despertarme debidamente y me dirigí hacia su departamento. Me fije que no hubiera nadie por los pasillos y toque la madera muy desesperadamente, dure con mi rutina unos cuantos minutos. Para acelerar el proceso empecé a llamar su nombre sin parar. Kley termino abriendo al cabo de otros pocos minutos más, tenía en su rostro unas marcas muy pronunciadas de la almohada y las sabanas. Su rostro adormilado y molesto a partes iguales me decían que no estaba muy feliz de mi intromisión. Disfrute la sensación de haberle despertado temprano y espere unos cuantos segundos para hablar, parece que mi silencio y la constante mirada que le tengo encima le están fastidiando demasiado. - ¿Qué quieres? – pregunto acercando su rostro al mío. Decidí no ceder y poner una expresión divertida en mi rostro cuando me acerque un paso en su dirección. - No está bien que maltrates tu vista de esa manera. ¡Agradéceme! He venido expresamente a levantarte. ¿No te han dicho que las personas que madrugan, aprovechan mejor su día? Es brillante. De nada – las últimas palabras las dije dándole palmaditas en el torso. Antes de darme media vuelta. - ¿Estas intentando hacer que te odie? Vas por muy buen camino. - Pero, ¿qué estás diciendo? Lo hago por tu bien. - No me ayudes tanto, gracias. - Oye, yo vivo al frente, escucho los golpes en la puerta también – se quejó Henry asomándose por una r*****a – déjenme dormir. Tengan sus peleas de enamorados dentro de sus departamentos. Henry volvió a cerrar la puerta y desapareció de mi vista. ¡Daño colateral! - Ya cumplí mi cometido. Adiós – dije despidiéndome de Kley con un ademan exagerado de mis manos. - Te lo devolveré, Clara. No lo dudes – debatió Kley cerrando la puerta con fuerza. Debería respetar mi espacio, las puertas existen para algo. ¿No puede tocar como las demás personas de este mundo? Intente robarle la llave, pero el muy desgraciado siempre la lleva encima… Como me advirtió, termino vengándose a su manera. Y, ¡vaya manera! ¡Es un idiota! ... El día había sido relativamente tranquilo, resolví algunos pendientes de la compañía por correo y cuando me di de cuenta ya era de noche. Me acosté sin muchas vueltas y pude conciliar el sueño rápidamente. Por las horas de la madrugada y eso lo supe al día siguiente, no esa noche. Me desperté por el peso inusual en mi cama, temiendo que se hubieran metido a mi departamento me gire espantada. Casi se me sale el corazón por la boca al notar una sombra parada atrás de mí, su rodilla se encontraba apoyada en el colchón. Retrocedí asustada y me subí las sabanas hasta la barbilla, la sombra se acostó en la cama con tranquilidad como si fuese su cuarto al que estuviera entrando. Tan paralizada estaba que tarde unos cuantos segundos en darme cuenta por la claridad, que la persona acostada a mi lado, muy acomodada y con una sonrisa de medio lado en su rostro, no era otro que Kley. - ¿Qué demonios estás haciendo? ¡Me mataras de un susto! ¡Creí que me estaban asaltando la casa! – exclame enojada. Kley se partió a reír tras escucharme. Me enfurecí aún más y le di golpes con mis manos. Sus carcajadas no tardaron en aparecer y llenar mi habitación. - te dije que te la devolvería, no te asustes tanto que aún no le he hecho. - Colarte en mi casa quién sabe a qué hora y darme un susto de muerte, no te basta. - Esa no era mi idea principal, fue divertido lo admito. - ¿Entonces? - Planeaba dormir contigo. - ¿Perdón? ¡No! – advertí lanzándole una almohada - Si - No - Si - ¡NO! ¡Ya basta! Mañana será un día largo y no estas ayudando. - No exageres, ¿qué es una noche? - No, ya te dije no. Te… Oye no. ¿Qué haces? ¡Suéltame! - No me dejaste dormir, pues bien yo tampoco te dejare dormir. Kley me sujeto por la cintura atrayéndome hacia su cuerpo y aprisionándome con sus brazos, me removí entre ellos intentando soltarme, más su fuerza me lo impidió. Termino enredando sus piernas con las mías y dejándome un poco inmóvil y sin energías para poder levantarme. - Yo dormiré, tu haz lo mismo. Si puedes, claro. - ¡Eres un idiota! Siempre lo supe, pero ahora lo confirmo. Este se rió de mi arrebato de palabrotas que solté sin parar después de perder la paciencia, logre darme vuelta y poner mis manos en su pecho para empujarme, no logre moverle ni un milímetro. Resople cansada y le mire atentamente sus ojos, se veían bastante relajados. ¿Tan débil soy? Le di una mirada iracunda y le pellizque una mejilla, Kley sujeto mi mano, aflojando el agarre que yacía en mi cintura. Nos quedamos un rato inmóviles sin saber muy bien que decir, mi corazón se aceleró un poco más, pero no debido a mis constantes forcejeos. Sino por el calor que mi cuerpo estaba empezando a sentir, me gire y le di la espalda en un segundo. Busque una almohada y la abrace alejando todos esos pensamientos de mi mente, forcé a mi mente a contar ovejitas y a hacerme olvidar el tacto de Kley en mi cuerpo. No sé cuantos minutos pasaron, imagino que muchos. Kley se quedó dormido sobre mi cuello, la respiración pausada que dejaba un rastro de cosquillas bajo mi cabello me lo dijo. Resople agotada y quise con todas mis fuerzas que la mañana llegara pronto… Y con total pronostico del muy idiota no pude dormir absolutamente nada, aparte del vestido que ocultara la venda en mi brazo y algunos verdugones que no han desaparecido, tendré que elaborar un maquillaje aún más sofisticado para ocultar las ojeras tan pronunciadas que me dejo la noche. Lo hice con total medida. Mia se presentó en mi departamento unos minutos antes con Fran, ella llevaba un vestido de gala discreto, pero efectivo para la ocasión. Me subí junto a ella en el asiento trasero del auto y Fran dio rumbo al lugar donde se llevaría a cabo la subasta. Las llamadas entrantes y fastidiosas de mi madre me informaron que ya se encontraba allí y le molestaba que aún no hubiese hecho mi llegada. Cruce en el camino algunas palabras con Mia, la mayoría sin mayor importancia. Solo me asegure de advertirle esquivar al señor Vicente en todo momento. Estoy segura que estará al tanto de quienes son mis ayudantes principales en la oficina. El hotel anfitrión de la ostentosa subasta era digno de presenciar. Las paredes de cristal ornamentadas para la ocasión y el sonido de los flashes tan pronto cruce por la entrada me dieron la señal para ser completamente la hija de los Bellmore. Con aire altivo me acerque a saludar a algunas de las personas congregadas cerca de mí, deje que unas cuantas cámaras tomaran sus fotos y seguí mi camino al centro de la recepción, donde se encontraban los bocadillos y un mini bar muy sofisticado para la ocasión. Pase de todo ello y me dedique a observar las obras expuestas en cada rincón de la enorme sala, Mia se perdió entre la multitud y me dejo tal cual como se lo pedí. Estar detrás de mí toda la noche solo la hará sentir incomoda y cohibida, no creo que tenga la práctica necesaria para aguantar tantas miradas encima de ella. Me gustaría que ganara experiencia de esta clase de eventos. Divise a mis padres entre un grupo de personas amplio, de inmediato me escabullí entre un pequeño grupo de damas y fui hasta la sección de pinturas. Las ojee tranquilamente pasando mi mirada por cada línea de ella, me detuve en una que logro captar mi atención. Poseía colores tan disonantes como una bella canción, ¿me pregunto cuanto costara llevarla a mi departamento? - ¡Aquí estas! Creí que no vendrías, vi a tus padres, pero no a ti – un brazo delgado se había enganchado al mío, desequilibrándome un poco, la voz un poco chillona de Roxan respondió al instante mi interrogante. Me gire hacia ella con parsimonia y le sonríe. - Oh. Llegue por separado. Me agrada ver que estas mejor – Roxan me regalo un pequeño puchero antes de mostrar una tímida sonrisa. - No puedo llorar por siempre, me rompe el corazón ver a mamá hacerlo. Y mi papá está sumamente preocupado y ocupado, no puedo llorar por siempre. - Eso es un hecho. ¿La señora Denis asistió? – pregunte bajando el tono de mi voz. - No, decidió descansar en casa con mi padre. Vine sola con una amiga, la señora Fátima fue muy amable en traerme – que gentileza de su parte. - Es una pena, quería saludarla. - Eres muy mala, no tengo tu número, ni manera de comunicarme contigo. Fui a casa de tus padres un par de veces para encontrarte. - Vivo por mi cuenta en un departamento. Lamento eso, te lo hare llegar después con mi asistente. - ¿Te gustan las pinturas? Eso es una novedad, mi hermano me comento que eres más de las personas que les gusta ver los paisajes en persona, que en lienzos - ¿cómo sabia eso? Es un dato bastante exacto, que a mi madre le gusta ignorar. - Sí, eso es verdad. Está en particular llamo mi atención. - Es interesante. Nunca he comprendido el arte, lo siento. Una plática trivial y suave se extendió sobre nosotras, Roxan es una persona muy amena. ¿Sera un inconveniente hacerle esa pregunta en estas circunstancias? No creo que ella sepa algo, pero me incomoda no conocer la causa. Fue asombrosamente repentino y sin razón. Afinque mis pasos y logre dirigirnos a una zona un poco desierta de la sala, tome un poco de aire y voltee a verla con un poco de seriedad. - Roxan, ¿puedo hacerte una pregunta? – el tono de voz la hizo arrugar su entrecerró y c******e a un costado para lograr verme con mayor atención mi cara. - Por supuesto, pregúntame lo que sea. - ¿Cómo murió Andrés? Es una duda que he tenido por un largo tiempo – Roxan instintivamente apretó los labios para apaciguar sus emociones y así evitar las lágrimas. - Perdóname, no debí preguntar. - No, está bien. La verdad es que no se mucho. Mis padres no me lo han querido decir, Andrés poseía una pequeña condición médica que no le permitía aventurarse o hacer cosas muy arriesgadas. Mis padres siempre lo han tenido bajo vigilancia desde cierta edad, esto es irrelevante – dijo soltando una pequeña risa - Lo único que les escuche decir en una ocasión es que estaban realmente enojados con él por haber asistido a una reunión entre socios fuera de las oficinas. En un bar, al día siguiente murió. Eso es todo lo que sé. ¿En un bar? ¿Reunión de socios? No suena a algo muy común que digamos, ¿se habrá pasado con la bebida? Pero, para morir ¿qué demonios habrá ingerido? Un momento, si hago cálculos mentales, la muerte de Andrés se notificó un día después de ésta. Yo toque con los chicos en un club elegante para gente adinerada en la ciudad esa misma noche, creo. No pudimos haber estado en el mismo espacio él y yo antes de su muerte ¿o sí?
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