Capítulo 8. Un rostro que jamás volveré a ver.

3397 Palabras
Me encontraba durmiendo muy cómodamente, enrollada entre sabanas muy suaves y mullidas almohadas. El olor era ligeramente diferente a como lo recuerdo, pero no le di importancia. Siempre que la señora de la limpieza se iba y venía otra me costaba mucho hacer que siguieran con productos semejantes, me rendí y deje que hicieran lo que querían. Rodé para quitar el sol de mi rostro. Choque sin querer con algo, sin abrir mis ojos pase mi mano por ello. ¿Qué demonios? Abrí mis ojos al segundo y juro que me mi boca se abrió tanto que después me dolió la mandíbula cuando la cerré. Kley se encontraba plácidamente dormido a mi lado, su brazo descansaba sobre una de las almohadas que me rodeaban. Su semblante lucía relajado y descansado. ¡Me alegra que al menos haya dormido bien! ¿Cómo llegue a la cama? Porque estoy sentada en una cama, envuelta entre una manta gruesa y cálida. Además no siento mis zapatos, y no veo por ningún lado mi chaqueta.  Mi corazón empiezo a latir desenfrenadamente y mi confuso cerebro trato como nunca de formar las piezas en mi cabeza de cómo es que llegue hasta aquí. Veo la ventana y observo sin palabras que es de día, comimos en las horas de la tarde. ¡Tanto dormí! Salí de la cama lo más sigilosamente posible y busque mis zapatos - ¿dónde rayos están? – Ni mis zapatos ni mi chaqueta. Salí hasta la sala y nada. Por un momento cruzo por mi mente salir y dejarlos ahí con tal no importan vivo al lado, ya me comprare otros. Pero, necesito ni celular, la última vez que lo vi estaba en las manos de Kley.  Decidí remover los cojines, levante las cortinas y nada. ¿Fue que escondió todo o qué? Un ruido ahogado llego hasta mis oídos, me gire sobre la punta de los pies y busque con mi mirada la fuente del sonido. Kley se removió, se giró un poco y quedo completamente boca arriba. De inmediato divise dos cuadrados negros debajo de una de las almohadas que Kley estaba aplastando ¡Ahí está mi celular! Me acerque sutilmente y alargue mi mano hasta él. De la nada mi delator celular empezó a sonar, una llamada de Mia lo más probable. Trate de agarrarlo y del impulso caí encima de Kley, tome el celular entre mis manos y trate de pararme lo más rápido posible. Las piernas me tiemblan como nunca, no es la primera vez que amanezco con un hombre. ¿Por qué se siente tan distinto? Tal vez porque ni siquiera sabía que había dormido con él ¡Hace que me sienta como una adolescente de nuevo!  - Entras a mi casa sin mi permiso, aunque no me importo. Después te quedas dormida en mi sofá y por más que te trate de despertarte no pude. Y ahora que yo tuve la gentileza de no dejarte dormir en un lugar tan incómodo como ese. Te me lanzas encima ¿Con que fin haces esto? Harás que sienta que te gusto. Pero, no crees que deberías tener cuidado donde decides dormir tan profundamente. – Kley hablo con una gruesa voz que jamás le había escuchado, en mi intento de huida logro tomar mis brazos y afincarlos en él para que no lograse levantarme.  Retrocedí un poco y me fije que sus ojos estaban aún adormilados, y una sonrisa zagas adornaba su rostro. ¿Por qué la tierra no se ha abierto y me ha tragado aún? Mi respiración se aceleró y pude sentir su pausada respiración a pesar de mi extrema incomodidad. Si tanto le molesta que me quede dormida en su casa. ¿Por qué no suelta? - No te desperté ¿o sí? Solo quería tomar de vuelta mi celular si no te molesta - No me molesta. ¿Por qué no diste la vuelta? Por el otro lado de la cama también habrías llegado – cierto – o es que preferiste estar muy cerca de mí con una muy buena excusa. - Estoy algo apurada, debo contestar esa llamada que me perdí - ¿Novio celoso? – indago soltándome e incorporándose  - No, para nada. Parientes molestos que tienden a importunarme si no les digo que estoy vivita y coleando. - Imagino que sí – un bostezo largo se le escapo ya fuera de la cama. Llevaba puesto otro pijama, es increíble cuantos tiene ¿docenas? - Lindo pijama. Te hace ver más lindo de lo normal - ¿Me estás diciendo lindo? – Pregunto levantándose la camisa un poco. Oh, pero que buena vista, gracias Dios Mío. - Oh, bueno lindo y tierno – respondí con la boca seca. Este se rió abiertamente y se fue al baño.  Me quede quieta unos segundos antes de poder reaccionar de nuevo. - Oye, ¿dónde están mis zapatos y mi chaqueta? – grite desde la cocina. Estoy absurdamente incomoda. Él se demoró todo lo que quiso. Una vez salió a la sala, trajo mi chaqueta en sus manos. Y me señalo la puerta. A un lado de esta en una esquina muy discreta se encontraban mis zapatos junto a los de él, debidamente acomodados.  - ¿Dónde escondiste mi chaqueta? – pregunte arrebatándosela de las manos y colocándomela en el acto. - Estuvo colgada en las puertas de mi closet todo este tiempo – respondió sirviéndose un vaso con agua.  - Pues gracias. Yo me voy tengo cosas que hacer. Te agradezco tu hospitalidad, supongo. Lamento causarte tantas molestias – las palabras salían disparadas de mi boca mientras trataba de colocar mis zapatos en mis pies. ¡Esto no podría ser mejor! - Ayer te encontrabas muy cómoda, y hoy te vez muy entusiasmada con irte lo antes posible. ¿Te molesta que hayamos dormido juntos? – Kley estaba a tan solo cuatro pasos de mí con las manos en los bolsillos de su mono. - Dormimos en la misma cama, no juntos. Y no, por supuesto que eso no es un problema para mí. Te devolveré el favor en otro momento. Adiós – agite mi mano sin verle y gire el pomo de la puerta. Casi lloro cuando esta no cedió. - Permíteme ayudarte Kley se aproximó a mi espalda y paso una de sus manos por mi costado, introdujo la llave en la cerradura; y la giro. Su aliento golpeo en mi oído, cómo se le notaba que estaba tratando de evitar reírse como nunca en la vida. Poso su mano en mi espalda y con un ligero empuje me rodo hacia la puerta. Casi arranque a correr hacia mi departamento. - Adiós Clara, nos vemos en los pasillos  Casi no logre escuchar sus palabras antes de estamparme contra la puerta como un huracán, siento como el corazón me retumba en los oídos. Ta n pronto cruzo el umbral de la puerta, alce mis manos al cielo y tuve que reprimir el mayor grito de, de… ni siquiera sabía que era lo que tanto me molestaba de la situación. Hubiera seguido en mi angustioso trance de no ser por la luz parpadeante de mi celular que me avisaba de tener miles de mensajes sin leer y llamadas perdidas.  Tuvo que haber ocurrido algo importante. ¿Se habrá retirado definitivamente Andrés? Desbloquee mi celular y revise la bandeja de entrada. Benjamín y Mia, incluso tenía varios mensajes redirigidos de Madre y Padre. ¿Qué rayos? ¿Qué ocurrió?  Estaba a punto de leerlos cuando la llamada de Mia volvió a interrumpir en la pantalla. La tome al instante, Mia se escuchaba agitada y nerviosa.  - ¿Ya viste las noticias? – me pregunto enredando las palabras  - ¿Mia no acostumbro a ver las noticias cuando estoy aquí y lo sabes - Debes verlas. Justo ahora en el canal informativo. Apresúrate. Tome el control y con el teléfono en altavoz, puse el canal informativo. Mi mundo se detuvo. ¿Qué? ¿En qué momento? Eso, no es posible. Mis ojos no estaban seguros de lo que veían, fuese cierto. Una periodista narraba escuetamente como Andrés Morgan: presidente de la Corporación Alveolo e hijo primogénito de la Familia Morgan. Había muerto. Menciono que los detalles de su muerte no serían compartidos por respeto a la familia y que sentían mucho que un impresionante joven con capacidades sorprendentes para los negocios abandonara este mundo tan drásticamente.   En la pantalla mostraban una fotografía de él, vestido con el habitual traje formal diario como todo un ejecutivo. Una sonrisa sincera adornaba sus facciones. El corazón se me estrujo y retrocedí hasta caer sentada en el sillón, lleve las manos a mi boca y reprimí las lágrimas que amenazaron con salir de mis ojos.  Una vez, solo le había visto una vez en persona, solo converse una vez con él. Pero, la infinidad de información que Mia me pasaba y las constantes observaciones de mi madre e incluso de mi padre hacia el me hicieron sentir como si le conocía de siempre. Por eso tuve el valor de enfrentarle en su oficina antes de la junta, sentí que una amistad verdadera se formaría entre nosotros.  Respire profundamente y trate de tranquilizarme. Mi abuelo me dijo justo ayer que Andrés ya no sería capaz de llevar la presidencia de Alveolo, me advirtió que ahora el que tomara el mando se convertiría en aliado o enemigo. Él sabía que esto lo informarían hoy, es decir, que murió antes y que hasta ahora es que informan de su muerte. No me lo puedo creer.  ¿Cómo murió? ¿Fue de alguna enfermedad? Estaba joven, y no le vi ninguna condición visible. ¡La presidencia! ¿Quién iba a asumir el cargo? Si él era el hijo primogénito y el único varón capaz de hacerlo y se ha ido, los demás socios deberán poner a alguien más a cargo que no sea de apellido Morgan. Es posible que los lazos entre nuestras familias se vean gravemente comprometidos. ¡Mi padre! ¿Por ello me estaba llamando?  - Señorita Catalina, el señor Bellmore ha insistido en llamarla desde tempranas horas. Le dije que usted seguía durmiendo. Sin embargo, su madre no deja de llamar tanto a la oficina como a su departamento – Mia sigue en el altavoz. - Encárgate de los asuntos en la editorial. No te preocupes me comunicare con mi padre inmediatamente.  Corte la llamada con Mia y me apresure a salir del edificio. Tome un taxi apresurada y llegue corriendo hasta mi departamento. Encontré mi celular en su lugar habitual y sin perder ni un segundo marque el número de mi padre. La primera llamada me mando directo al buzón, masajee mis sienes y espere un momento. Lo llame una segunda vez y es esta si me contesto.  - Catalina hasta que por fin me respondes. Escucha con atención. Sin Andrés en la presidencia las cosas se complicaran, es posible que no coloquen a nadie inmediatamente. La memoria de Andrés será respetada y Oscar Morgan tomara de nuevo la presidencia pese a su estado de salud. Sabes bien Que su condición le hace vulnerable. Le ayudare, mientras no permitas que el tercer socio de la televisora tome el control al ver los lazos de los Morgan débiles ¿entiendes?  - Entiendo padre, estaré al pendiente. Cualquier eventualidad me comunicare contigo.  - te necesito en la subasta, sin excusas Catalina. No importa la discusión con tu madre debes estar allí.  - Estaré allí.  - Y yo que tenía la idea de casarte con Andrés – le escuche suspirar – era el mejor candidato para ti.  - Padre no digas eso ahora, respeta su muerte. Corte la llamada, después de eso sentí que mi mente quedo en blanco. Si Oscar Morgan sume por el momento la presidencia me da tiempo suficiente para prepararme. Vicente Ciril no le quitara el control a la editorial. Unos golpes en la entrada me alertaron. Mia apareció minutos después frente de mí. Tenía una bolsa de comida en la mano y un café en la otra. Me entrego todo y puso en la mesa una montaña de documentos. Ser la jefa es terriblemente cansado.  Me informo que la familia no permitió a ninguna persona desconocida en el último adiós a su hijo ni en el entierro. Solo las familias más cercanas podían estar allí. Pase todo el día en el departamento y en la oficina trate de deshacerme de la mayoría del papeleo que tenía pendiente. Al día siguiente me presente con mis padres y mi abuelo en casa de los Morgan. El ambiente oscuro y las ropas negras, hicieron real la muerte de Andrés. Sentada en un banco cercano a su fotografía su madre, la señora Denis, se encontraba desconsolada envuelta en un mar de lágrimas y lamentos. Su fiel esposo sentado a su lado trataba de brindarle el mayor apoyo posible. En su rostro también se notaba la profunda tristeza que le embargo. Su tez pálida y las pronunciadas ojeras que adornaban su rostro me decían que no soportaría mucho estar al frente de Alveolo. Mire a su alrededor y vi con claridad las miradas suspicaces de cada jefe de familia que quería pelear por las acciones de la compañía. La sólida presencia tanto de mi padre como de mi abuelo, desviaba un poco la atención hostil del señor Morgan y su esposa. ¿Es que acaso estas personas no pueden esperar unos días para presentar su presión? ¡Es injustificada su falta de tacto! El día termino y el entierro del cuerpo de Andrés era un hecho, los lamentos de su madre fueron en aumento y estos no cesaron en ningún segundo. Los señores Morgan se retiraron de la escena por el bien de la señora Denis, mis padres se fueron con ellos para brindarles su apoyo y sinceras palabras.  Me quede frente a su tumba sola, las personas se retiraron rápidamente después de sus padres. No alcance a conocerlo lo suficiente, solo sabía que era un gran hijo y un excelente socio. Por un segundo inalcanzable pude sentir una confianza única cuando hablamos en su oficina, cuando sin ningún tapujo decidió confiar en mí y yo en él. Estando en esa junta me di cuenta de las nefastas intenciones – ocultas y rastreras – de Vicente Ciril. Saber que contaba con todo el apoyo de Alveolo me tranquilizo y me dio la firmeza para rechazar en definitiva una amistad comercial confiable con Ciril; más allá del simple acuerdo entre las compañías, fue apresurado de mi parte, más quise estar del lado sincero y fuerte de dicha asociación. Ahogue un suspiro y pose mi mano en mi rostro, mire alrededor sin fijarme en ningún lugar específico.  - ¿Cómo es posible que unos días atrás estabas vivo y ahora estas muerto? ¿Por qué te fuiste tan de repente Andrés? – dije en tono apagado. Me sorprendía como yo misma le estaba reclamando a su tumba dejarme con semejante problema. Es injusto pero no pude, no pensar en eso. Un llanto ahogado me hizo virar mi rostro, una joven sostenía un pañuelo en su rostro y un ramo de flores destrozado en la otra mano. Su cuerpo temblaba incesantemente a cada segundo. Me quite de en medio y ella cayo arrodillada frente a la tumba de Andrés. Sus rodillas recibieron todo el impacto de su cuerpo, como acto reflejo estire mis brazos para ayudarla. Tan pronto los alargue, así de rápido los devolví a mis costados. Di media vuelta y quise caminar lejos, alejarme del dolor perforante que estaba desgarrando el cuerpo de la joven, además de que no sé quién es. No me apetecía estar en medio de su dolor, interrumpir su duelo. Seguro era alguien realmente importante en la vida de ella.  Un grito desgargante me paralizo en mi sitio, me gire y vi con asombro como la joven me miraba y trataba por todos los medios contener su llanto para poder pronunciar palabra. Hice amago de decirle algo, no obstante cerré mi boca de forma hermética y me forcé a no decir algo. No quería despreciar lo que sentía y llegar a decir algo que la lastimara más. Ella ausente de mis pensamientos alargo una mano y se aferró al vuelo de mi falda, me agache a su lado y la levante. Se agarró a mis brazos y empezó a sollozar de nuevo, divise una banca no muy lejos de allí, camine cargando su peso e hice que se sentara.  No dije nada, solo deje que llorara todo lo que fuese necesario. Mis ojos ausentes de ello viajaron por los alrededor del cementerio y se detuvieron confusos en el ramo de flores destrozadas que yacía abandonado en el frío suelo. Pétalo a pétalo se iba despedazando, como los años de una vida que ya no se iluminara.  Los temblores cesaron y como una joven respetuosa se irguió dudosa, clavo sus ojos rojos en mí y me escudriño con clara muestra de confusión. Se pasó el pañito por la nariz y me tendió un amago de sonrisa.   - Debes extrañarle mucho – dijo con la voz rasposa y ahogada por las lágrimas que había derramado – lamento no haberte conocido antes para poder afrontar esto juntas, como hermanas.  - Yo no… - Sé que te amaba mucho y lamento que le hayas perdido – se tomó un momento para reprimir el nuevo llanto que se avecinaba y suspiro pesadamente. Mientras yo seguía en pleno estado de confusión y casi shock. - Respira calmadamente y trata de serenarte. Si sigues así te podrías desmayar – no entendía nada, pero si se desvanecía en la banca. ¿Cómo la llevaría hasta el auto yo sola? - Lo sé, debo ser fuerte. Yo me encontraba en un viaje con mis amigos cuando recibí la noticia de mis padres. Tome el primer vuelo disponible de vuelta. Y cuando por fin logro llegar él ya está enterrado, me siento como una estúpida, no debí dejarle solo. - No es tu culpa, las cosas solo ocurren. No tenemos forma de prevenirlas. El seguro te amaba y estoy segura que tú a él también.  - Sí, yo le amo. Pero, jamás me perdonare dejarle solo con los problemas en la corporación – un segundo, ¿en la corporación? El cabello, los ojos, la postura y el hecho de que en los informes nunca mencionaron ninguna relación de Andrés importante; al menos en el ámbito amoroso – si, Mia llegaba a ser de temer con sus investigaciones -. Entonces, la chica sentada al lado mío es la otra Morgan mencionada; su hermana Roxan. La pequeña Roxan, ahora persona en plena evolución de su carrera en el mundo del espectáculo.  - ¿Eres la hermana de Andrés? – pregunte despacio sopesando mi pregunta - Sí, ¿él no te hablo de mí? – musito poniendo una cara aún más triste de la que ya tenía. ¿Por qué Andrés me hablaría de su hermana en una reunión de trabajo?  - No mucho – decidí mentir. Ni siquiera sé de qué está hablando. - Es extraño, él te mencionaba en cada ocasión que tenía. Creí que hablaría con su novia de mí, me siento un poco traicionada – soltó con una ligera risa. Un segundo… ¿Qué? ¿Novia? ¿Yo? Tanto llanto ya la está haciendo alucinar. - ¿Yo, su novia? – pregunte irónicamente meneando mi cabeza a los lados – éramos solo socios. - Amorosos, lo sé – dijo picándome el ojo. Aún seguían rojos y un poco hinchados - No, para nada. Creo que estas confundida. - Hasta planeaban casarse ¿no es así? Mi madre estaba muy emocionada pensando en la boda – dicho eso se arrojó encima de mí y me abrazo casi dejándome sin aire en los pulmones. Aunque no es muy probable que quedara aire allí. Esto es un error ¿verdad? Porque en mis veintisiete años de vida jamás había visto en persona a Andrés. La única vez que compartimos el mismo aire fue por negocios. La cabeza me está dando millones de vueltas, mis ojos sin mi permiso se dirigen a las flores esparcidas por el viento mientras siento las caricias de Roxan en mi espalda dándome ¿consuelo? ¿Por qué me está consolando? ¿Qué rayos pasa? ¡Se tiene que estar equivocando de persona!     
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