Estaba durmiendo plácidamente entre las sábanas calentitas y un sonido diferente a la alarma me despertó. Busqué sobre la mesa de noche el celular con los ojos cerrados, tumbé un reloj que dejé allí la noche anterior y luego conseguí el aparato. —¿Hola? —balbuceé con la voz temblorosa y aún apaciguada. —Amor... Feliz cumpleaños, Sirenita mía. —Cielo... Amor, gracias, te adoro. Qué bonito escucharte. —Quería ser el primero... ¿Lo logré? —Sí, eres el primero. —Wuju, ahora voy a arreglarme para buscarte, Nena. —Okii, Cielo. Te espero. Luego de la llamada de Nyx, mis padres entraron a la habitación a felicitarme y hacerme mimos, me dieron abrazos y besos y me cantaron cumpleaños con un ponquecito de red velvet —mi favorito—. Me lo comí en pocos bocados con ellos y me desearon una hermo

