Realmente me iba a marchar, pero al bajar las escaleras, vi el despacho que era de mi padre, no pude evitar entrar. Ver ese espacio ya tan solitario me hizo sentir absurdamente correcto en lo que hacía. Ya mi venganza había iniciado, ahora solo me queda continuar con la ejecución de mi plan. Saqué mi móvil del bolsillo y marqué el teléfono codificado que usaba únicamente para hablar con Edward. —¿Edward? —mi voz era dura, sin rastro de la ternura que había mostrado a Amy. —Sí, dime. Supongo que la luna de miel ha terminado, por tu tono— Me contestó con voz tranquila y profesional. —Si,ya la luna de miel terminó y el acceso es total. Me quedaré en la mansión. Es la cobertura perfecta. El plan se acelera. —¿Estás seguro? Es una movida arriesgada, especialmente ahora que... —Edward no

