Hubo un corto silencio, eso me estaba estremeciendo por dentro. —No. No abras la boca para mentir de nuevo, Bastian. No eres el esposo que yo quería. Pensé que eras diferente, que detrás de toda esa fachada había un hombre con la verdad. Mi corazón sintió dolor, un dolor que erizó mi piel, estaba empezando a odiarme por hacerla llorar. —Quizás —añadió Amy, com la voz quebrada por el llanto. —quizás me precipité al casarme contigo. Me quedé inmóvil, mirando la puerta cerrada. Amy dudaba. La verdad, la única cosa que me importaba evitar, estaba saliendo a la luz. —No te arrepientas, Amy —dije, sintiendo terror, la amenaza de perder mi pieza clave era inmensa. —Dame una oportunidad para demostrarte que me equivoqué. Pero ella ya no respondió. Me quedé inmóvil, mirando la puerta cerra

