Tadeo se quedó mirándome lleno de felicidad, y claro, no era para menos. —Me alegra mucho saber que mi hija se casó con un hombre tan maravilloso. —Solo hago lo que es correcto —respondí, con mi corazón de piedra. —Esta misma tarde tendrán esa cantidad en su cuenta. Tadeo, ahora motivado, miró a la sala. —Señores, seguiremos investigando la causa del ataque, pero por ahora, la reunión terminó. Pueden retirarse. Todos salieron del salón de reuniones, excepto Amy y yo. Ella se quedó viendo los papeles su su padre había dejado sobre la mesa. Amy se acercó a mí. —Bastian, de verdad, gracias por lo que estás haciendo por mi familia. Me acerqué a ella, con mis manos acariciando sus brazos, buscando esa conexión física que también me servía como excusa. —Lo hago porque quiero que entien

