Su cara me había hecho palidecer, mi corazón comenzó a latir con fuerza hasta casi escucharlo, la mirada de preocupación me la había contagiado de una forma que me faltaba el aire. Se supone que hoy, yo era quien le iba a pedir unos minutos para hablar para que me diera un adelanto, ¿Por qué quiere hablar conmigo? De pronto mis manos sudaban y mis piernas las sentía como gelatina del modo en que me quería caer, pero me sostuve desde donde estaba y exhalé con fuerza para llegar hasta su oficina. Una vez delante de ella, toque unas dos veces con los nudillos de mis dedos, mi jefe abrió la puerta haciendo un ademán con su mano para invitarme a pasar, entre y él cerró la puerta, su rostro estaba serio y cabizbajo, se pasó la mano por su cabello y rodea su escritorio para sentarse.
—Seré franco contigo, Verónica – hablo al fin, rompiendo el silencio.
—Está bien, usted dirá – dije, teniendo miedo de lo que me fuera a decir.
—Habrá reducción de personal en la cafería – confesó – por lo tanto, lamento decirte que, a partir de mañana, ya no trabajarás aquí.
Siento como mi mundo gira al revés, siento como las nubes ya no son blancas sino grises, siento como mi corazón se detuvo y en como mis ojos se tornan oscuros, sentir esta punzada hace que me maree de una forma casi cruel, hoy definitivamente no era mi día. No. Era mi peor día, olvide como podía respirar con normalidad, me sentía completamente devasta y una completa fracasada, ¿Qué voy a hacer si no tengo trabajo? ¿Cómo ayudaré a mi madre y a mi hermana?
—Mañana te daré el ultimo pago, lamento que las cosas sean así, pero estoy en algunos problemas – añade luego de mi silencio – Verónica, agradezco el tiempo que permaneciste aquí, espero y puedas entender.
Mi cuerpo estaba quieto y mirando algún punto en el suelo, no lo podía creer, solo me dedique a sentir con la cabeza pensando en mi familia.
—Gracias – susurre, para darme vuelta y salir de su oficina.
Llego hasta el mostrador cerrando los ojos y apretando mis puños a los costados, una voz femenina me hizo abrir los ojos de golpe, esa voz no la quería oír más, de hecho, quería descargar mi furia con esa persona. La pelirroja había dejado su taza con el plato sobre el mostrador haciendo un ruido que por poco casi los rompe.
—El café moca estaba del asco – respondió alejándose del mostrador sin siquiera mirarme. Tenía unas ganas inmensas de gritarle, pero me aguante, no quería hacer un escándalo.
—Malagradecida – murmuré, observando como salía de la cafetería. Vi como el muchacho se levantó de la mesa, pero en vez de dirigirse hacia la salida se acercó a mí, al mostrador, tratando de sonreír. Me enderece acodándome el delantal, una vez estaba en frente de mi note sus ojos avellana, eran muy lindos. Igual que él.
—Disculpa, ¿podrías darme otro sándwich? – me pidió, con su voz amable. Asiento con la cabeza.
—Con gusto, ¿algo más? – dije, intentando en no pensar en la noticia que me acaba de dar mi jefe.
—Si. Me disculpo por lo que pa…—intento decir.
—No te preocupes, tú no tienes la culpa – le interrumpo, restándole importancia – siéntate, en uno momento te llevo tu sándwich – le sonreí, tratando de ocultar mi tristeza.
—Gracias…— él observo el nombre en mi delantal y me miro sonriente – Verónica.
Siento que una corriente pasa por mi espina dorsal en cuanto dijo mi nombre. Comienzo a preparar su sándwich tratando de no mirarlo, pero me era imposible. Una idea se cruza por mi cabeza, agarré una servilleta y con mi bolígrafo le escribí: “No hay nada mejor que un buen y rico café para quitarse el sueño y los malos ratos”. Deje la servilleta por debajo del plato cuando se lo pongo en la mesa. Recojo el otro plato donde le había puesto el brownie a la pelirroja. El muchacho me recibe el sándwich.
—¡Muchas gracias! – me respondió, sonriente. Luego se dio cuenta de las letras que había escrito en su servilleta – “no hay nada mejor que buen y rico café para quitarse el sueño y los malos ratos” – leyó en voz alta y se quedó en silencio manteniendo una sonrisa ladina.
—Como vi que te sentías mal por lo ocurrido con la chica, decidí escribirte eso, es mi forma de mostrarte que no debes tener vergüenza por lo que paso, ella es quien debería sentirlo – expliqué. El muchacho se quedó mirando la nota en la servilleta.
—Tienes razón – asintió con la cabeza – es muy amable de tu parte darme esta nota, gracias por eso – levantó su mirada y me sonríe.
—De nada.
Me giro sobre mi eje y camino directo a los baños de los empleados, me encierro en el para soltar toda mi tristeza, suelto todas las lágrimas que estaba aguantando durante estos pocos minutos. Pensé en mi madre, en Andrea, en como haré para llevar algo de comida a la casa sin tener absolutamente nada de dinero, mi jefe me pagará mañana, ¿Qué vamos a comer al medio día? ¿Qué vamos a cenar esta noche? Más de una vez, tuvimos que dejar de comer para pagar las demás deudas, era un encierro el sentirse de esta forma. Mis lagrimas se deslizan por mi mejilla, no podía seguir dentro del baño, debía seguir con mi trabajo, así que retire las ultimas lágrimas para salir. Al hacerlo, busco con la mirada a mi cliente, no estaba, no lo veía por ningún lado. Blair se acerca hasta donde estoy y me sonríe para extenderme un dinero.
—Toma, el chico que habías atendido en la mesa me pidió que te diera el dinero y…— me entrego una servilleta, junto con otro dinero – esto.
La servilleta decía:
“Gracias por atenderme y ser amable conmigo, te mereces una buena propina de $400, fue un gusto conocerte Verónica, soy Logan, un nuevo cliente que te admira”
Logan, me había salvado con ese dinero.