Capítulo 2- Ella.

2966 Palabras
Logan.  Anoche no fue una de las mejores, mi hermano organizo una de sus fiestas en la casa, todo estaba hecho un desastre, la gente no paraba de beber, bailar y manosearse entre ellos. Eran aproximadamente las dos de la madrugada, yo estaba sentado en uno de los muebles del living observando a cada intruso que desconocía de la fiesta, unos eran amigos de nosotros, pero, la mayor parte de ellos no eran realmente conocidos en general. En fin, mi novia Stella Jones había llegado al punto de sobrepasarse con el alcohol, desde el mueble miraba sus movimientos mientras sostengo un vaso de vidrio con piña colada, ella desde la barra bebía de un solo trago su vodka sin siquiera hacer una pausa. Meneo la cabeza cuando se acerca hasta donde estoy con el poco equilibrio que le quedaba, me levanto dejando el vaso de vidrio en la mesa de centro y la tomo de la mano. —No debiste haber bebido tanto – le dije lo más fuerte que pude, la música reventaba mis tímpanos. Ella esbozo una sonrisa ladina y me guiña un ojo, lo cual le salió más como un tic nervioso – te llevare a tu casa – avisé, jalándola suavemente por el brazo. —Vamos, no seas aburrido y bebe también – me tienta, tratando de que caiga en sus juegos. Me volteo para mirarla. —Stella…—intente decir. Pero me detuvo cuando paso su lengua por el lóbulo de mi oreja para luego morderla. —Bailemos un poco – susurra con voz ronca – últimamente estas muy aburrido, vamos, quiero que hagamos cosas que solo tu y yo sabemos hacer – susurro esta vez cerca de mis labios. Me alejo de ella, su aliento apestaba a vodka. —¿Así pretendes que te perdone Stella? ¿mientras te emborrachas y me seduces? – mascullé, frunciendo mis cejas – te estoy dando una oportunidad para resolver lo nuestro, ¿ahora quieres que suceda lo mismo? —Esa noche estaba borracha y no me encontraba bien – defiende, arrastrando las palabras – si tuve relaciones con ese chico, fue por efecto del alcohol. —No lo digo solo porque me fuiste infiel, sino porque, aparte, estas muy cambiada últimamente y ya no eres la misma chica que me gustaba antes. —¡Hombre, ya! – oigo como mi hermano exclama a mis espaldas, me da unas palmadas en el hombro y toma de su vaso antes de hablar – deja de discutir con ella y llévala al cuarto de huéspedes. —Este no es asunto tuyo Peter – taje, mirándolo sobre mi hombro – nunca paras de meterte en la vida de los demás. —Lo hago porque eres mi hermano, somos una familia…— hiso una pequeña pausa para sonreír con falsedad – por desgracia, así que nos debemos contar todo. —Si. Pero eso no te da el derecho de meterte en lo que haga con mi relación. —¡Como sea! – chasquea la lengua y se da un trago – solo llévala al cuarto, apesta a alcohol. —Igual que tú – dije, agarré por el brazo a Stella y pasé al lado de mi hermano chocando mi hombro con el suyo. Esquive algunas personas de la fiesta, los cuales comenzaron a bailar más descontroladamente, la música había cambiado a una de rock haciendo que los altavoces se muevan con más fuerza. De seguro mi hermano menor no a pegado el ojo en toda la noche. Cuando por fin llego hacia una de las puertas de huéspedes, giro la perilla y Stella entra jalándome de mi camiseta, cerró la puerta de golpe y me retuvo contra la pared dándome un beso. Ella no entendía, no entendía lo mal que me había sentido cuando supe que se había acostado con otro, como el idiota que soy, le di una oportunidad, pero no quería que las cosas fueran como antes, la confianza se gana poco a poco y, lo que ella me había hecho no estaba bien. Yo pensaba hacer las cosas con calma, que ella se ganara mi cariño de nuevo, pero este beso no hacía nada más que alejarme de Stella, mi cariño lo había perdido, intentaba darle una oportunidad, pero me era imposible por como estaba llevando las cosas. Me aparto de ella alejando sus labios de míos, parpadea unas veces, un poco desconcertada. —Te dije que te ganaras mi confianza, que lo nuestro se iba arreglar conforme tú te comportaras conmigo y con las personas – expliqué, suelto aire por la nariz – lo que estás haciendo, solo hace que me aleje de ti Stella – ella no dijo nada, solo se quedó observándome – cuando estés sobria, hablamos – dicho eso, salgo de la habitación para volver a mi cuarto y encerarme allí. A la mañana siguiente, me levante estirando mi cuerpo sobre la cama para después darme una ducha, sintiendo las gotas de agua caer sobre mi cuerpo. Cuando termino de ponerme la ropa, salgo de la habitación bajando las escaleras, Stella estaba sentada en el mueble grande en forma de L, su ropa vintage combinaba con su piel y tenía maquillaje puesto, siempre cargaba algo de maquillaje en su bolso. Se veía linda. Su miraba se concentraba en el móvil, se tocaba la cabeza debido a la gran reseca que debe tener, mis pies habían tocado el último escalón y ella levanta la mirada para verme unos segundos, para luego volver a bajarla y concentrarse de nuevo en el celular. —¡Buenos días tortolos! – exclamo con burla mi hermano – ¿Cómo pasaron su noche? —Cállate Peter, la casa está hecha un desastre y todo por tus fiestas. —Relaje hermano, aprende a divertirte – dice, colocándose sus lentes negros. —Stella vamos a desayunar – avise, ignorando a mi hermano. —De acuerdo – murmura levándose del mueble y caminando rumbo a la cocina. —Pero no aquí – ella se detuvo, girando sobre su eje para mirarme ceñuda – iremos a una cafetería – informo, para sacar mis llaves de mi bolsillo. Mi hermano se saca sus lentes y me mira como si estuviera loco. —¿Para qué quieres ir una cafetería? Tenemos comida, no malgastaras dinero en algo que… —Tan solo quiero salir – explique interrumpiendo sus palabras, mire a Stella – ¿Vienes? Ella pareció dudarlo, pero luego asiente con la cabeza tomando su bolso, se despide de mi hermano y llegamos afuera para subir a mi 4x4. Enciendo el motor para llegar hasta la cafetería Coffe California, he oído sobre ella, es una cafetería moderna de cuyos desayunos son muy deliciosos a pesar de que no es una cafetería famosa, tiene sus buenos postres y cafés de todo tipo. Supe de ella porque mi padre pide varias cosas de servicio a domicilio en ese lugar. —¿A qué cafetería vamos? – me pregunta Stella, al cabo de unos minutos de silencio. —Al Coffe California – respondo, mientras muevo mis manos en el volante. Puedo sentir su mirada y como suelta una risa absurda. —¿Es enserio? – mi seriedad y mi silencio se lo confirmaron – no puedo creerlo – murmura para luego cruzarse de brazos, la miré de reojo. —¿Qué tiene de malo? Mucha gente va a ese lugar a desayunar, incluyendo mi padre que pide a Delivery. —¡Como sea! – dice, blanqueando los ojos. Al cabo de unos pocos minutos, habíamos llegado a Coffe California. Apago el motor quietándome el cinturón de seguridad, Stella imita mis movimientos abriendo la puerta de la 4x4. Al bajar observo como ella tiene la cabeza agachada y sus brazos cruzados, no entiendo porque esta tan molesta por venir a una cafetería como esta, ¿Solo porque no es un restaurante cinco estrellas? Que estupidez. Pasamos por una de las puertas donde el sonido de una campanita hace notar nuestra presencia, varias personas voltearon a vernos, no los culpaba. Éramos muy conocidos en USA, sobre todo porque nuestra familia es una de las más conocidas del país. Doy unos pasos y observo a una chica parada tras el mostrador, su cabello es color platino, es delgada y, muy linda tengo que admitir. Me dirijo a una de las mesas junto con Stella para sentarnos, esperando que alguien nos atienda. Mi novia saca su celular del bolso de mano y se entretiene en el con su ceño fruncido. —¿Puedes por favor quitar esa cara? – le pido, un poco fastidiado. —Es que, no lo entiendo, de verdad, no entiendo para que me traes a este cuchitril de cafetería Logan – se quejó – ¡no pienso acompañarte más a ningún otro lugar como este! – me dijo, frunciendo el rostro y apretando sus brazos cruzados contra su pecho. Escucho un carraspeo de alguien, la barista estaba frente a nuestra mesa. —Buenos días, bienvenidos a Coffe California, ¿Desean algo para desayunar? – preguntó la barista, mediante sostiene con sus manos una libreta y un bolígrafo. —¿No hay alguien mejor que nos atienda? – soltó Stella, sin ninguna intención de ocultar su fastidio. —Quiero un capuchino y dos sándwiches, por favor – le respondo a la barista con una sonrisa amable, ignorando la pregunta retórica de Stella. Ella asiente con la cabeza y anota mi pedido, miré a Stella – tú, ¿Qué vas querer? – le pregunté, tratando de no parecer molesto. —Un brownie y un café moca – responde a secas, para escribir en su teléfono –, y que sea rápido, no soporto a la gente lenta – añade con desdén. Yo suspiro con pesadez y me alboroto el cabello para echarlo hacia atrás. —No tienes por qué hablar así – dije entre dientes. Stella sin quitar su vista del celular responde: —Yo hablo, como me venga en gana – contestó, frunciendo los labios. —Enseguida les traigo sus pedidos – aviso la barista, cerrando su libreta. La observo mientras se gira sobre sus talones, a pesar de tener el uniforme puesto, debo admitir que esa chica tiene lindo cuerpo. Me daba pena la forma en que había hablado Stella enfrente de ella, esa barista no tiene la culpa de nada para que la tratara así, eso me molesto. La chica había llegado al mostrador, levanta la vista y su mirada se encuentra con la mía. Unos dedos chasquean en mi campo de visión, haciendo que parpadee y vuelva a la realidad. —¿Hello? – Stella retira sus dedos cerca de mi cara, para enarcar una ceja – ¿Qué tanto ves? —Nada – respondo cortante, para mirar hacia otro lado. —¿Por qué respondes así? – refuto. —¿Por qué te comportas como una niña consentida? – respondo con otra pregunta. Ella me observa indignada. —Nosotros hemos sido criados de buena familia y… —¿Entonces piensas que la gente que no tiene mucho dinero, no son de buena familia? – interrumpo sus palabras, comenzando a molestarme más —Yo también he sido criado con padres de dinero, pero eso no quiere decir que me comporte de la manera en la tú lo haces, me parece malo y ridículo, no sabes lo mucho que se esfuerzan las demás personas por tener un trozo de comida en casa. —Quizás no, pero…— la detuve. —Pero nada Stella, no todas las personas son lo que piensas que son – dije. Nos habíamos quedado varios minutos en silencio, sin decir una sola palabra, ella por su parte se mantenía como siempre en el celular, yo por momentos miraba hacia la los ventanales de la cafetería. Al cabo de unos minutos la barista había llegado a nuestra mesa. —Aquí tienen sus pedidos – dijo ella, colocándolos en la mesa. —Muchas gracias – le agradezco, tratando de sonreír. —Estamos a la orden, si necesitan algo o alguna otra cosa se las preparo con gusto – nos hace saber, amablemente. Mi sonrisa se hace más ancha. —Una vez más, gracias por todo, es muy amable de tu parte – le digo con sinceridad. —Ajá, ¿podemos comer ya? – interrumpió Stella. Aprieto mi mandíbula y miro con disculpa a la barista por lo grosera que es mi acompañante. Me apenaba como le estaba hablando, estaba siendo muy grosera con la barista, estaba siendo grosera con una persona que no tenía la culpa de nada. Había traído a Stella a esta cafetería para hablar y desayunar tranquilamente, pero su comportamiento hiso que las cosas cambiaran. Cuando terminamos de desayunar, Stella se levanta de la silla agarrando su plato con la taza de café moca en sus manos, el cual por cierto había hecho una mueca de asco al probarlo. —Me voy a ir, no es necesario que me lleves, Brenda viene a buscarme en su auto – aviso, para darme la espalda y llegar hasta el mostrador – el café moca estaba del asco – le dijo ella a la barista lo suficientemente alto, sin siquiera mirarla. Stella se gira para caminar hasta la puerta de la cafetería, saliendo del lugar, yo me levanto de la silla para hablar con la barista, me sentía avergonzado por lo ocurrido con mi acompañante, era un error haberla traído de buena fe a este lugar pensando que podíamos platicar con calma. Cuando estoy frente al mostrador y delante de la barista, note como sus ojos están un poco cristalizados, como si estuviera a punto de llorar, pero sus lágrimas luchan por no salir, > Pensé. —Disculpa, ¿podrías darme otro sándwich? – le pedí amablemente, tratando de sonreír. Ella asiente con la cabeza. —Con gusto, ¿algo más? – dijo. —Si. Me disculpo por lo que pa…—intente decir. —No te preocupes, tú no tienes la culpa – me interrumpe, restándole importancia – siéntate, en uno momento te llevo tu sándwich – me sonríe, tratando de ocultar su evidente tristeza. —Gracias…— observo el nombre en su delantal y la miro – Verónica. Me doy vuelta y regreso a la mesa para sentarme, saco mi celular mientras espero mi pedido. A los pocos minutos la barista regresa, dejando mi desayuno en la mesa y recoge el otro plato donde le había puesto el brownie a Stella. Le recibo el sándwich.     —¡Muchas gracias! – le respondo sonriente. Luego, me doy cuenta de las letras que habían escritas en mi servilleta, la sostuve entre mis manos con curiosidad – “no hay nada mejor que buen y rico café para quitarse el sueño y los malos ratos” – leo en voz alta y me quedo en silencio manteniendo una sonrisa ladina. —Como vi que te sentías mal por lo ocurrido con la chica, decidí escribirte eso, es mi forma de mostrarte que no debes tener vergüenza por lo que paso, ella es quien debería sentirlo – explico la barista. Yo me quede mirando la nota en la servilleta, analizando lo que me acaba de decir. —Tienes razón – asiento con la cabeza, a los pocos segundos – es muy amable de tu parte darme esta nota, gracias por eso – levanté la mirada y le sonreí amablemente. —De nada. Ella se retira dejándome con mi desayuno, leo una vez más la nota en mis manos, esa chica, Verónica, de alguna forma hiso que mi día no se tornara más pesado, bastante tenía con la noche de ayer y las discusiones con mi novia. Pero, podía adivinar que ella estaba mucho peor que yo, lo notaba en su mirada, de cualquier forma, ella estaba de pie mostrando una sonrisa teniendo un gran peso en sus hombros. Quería agradecerle por ser amable y tener paciencia con Stella, se merecía una buena propina, algo en mi quería ayudarla, presentía que, necesitaba ayuda. Solo…hice lo que mi corazón quiso hacer. Al terminar de comer mi sándwich, espere a que la barista apareciera, pero no la veía por ningún lado, así que llame a otra chica que trabajaba en la cafetería. La joven de pelo borgoña se me acerco hasta la mesa apenas la llame. —Disculpa, ¿puedes darle este dinero a la chica que me atendió, por favor? – ella agarro los $400 dólares con algo de extrañeza – es que desde hace unos minutos no la veo. —¿Cómo? ¿Y te dejo solo? – se preguntó, ladeando un poco la cabeza – que raro, ella no suele hacer eso, debe estar en baño – pensó, en un encogimiento de hombros – pero tranquilo, yo le daré el dinero. —¡Ah! Otra cosa…—le dije, antes de que se fuera, agarre una servilleta limpia de la mesa – ¿Tienes un bolígrafo? —Si, claro – ella saco uno del bolsillo de su delantal. Lo agarre y comienzo a escribir en la servilleta – ¿le darás tu número? Mi amiga estaría encantada– inquirió con una sonrisa. —No – negué con una risa nerviosa, sintiendo las mejillas arder – pondré otra cosa. Le deje en la servilleta: “Gracias por atenderme y ser amable conmigo, te mereces una buena propina de $200, fue un gusto conocerte Verónica, soy Logan, un nuevo cliente que te admira” —Ten – le entrego la servilleta a la chica – tu amiga fue muy amable, por alguna razón quiero darle esa propina, que tengas buenos días y gracias. —Igualmente, Gracias a ti. Agarro mi celular y salgo de la cafetería. 
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