Lucrecia tenía razón debía concentrarme en cada uno de los dos, en saber cuál me gustaba más y quien podía ser bueno para mí. Pero el problema era la regla que tenía su padre en la casa, de no estar relacionados con sus empleados. —Lo voy a pensar – fuel lo último que le dije a la señora Lucrecia antes de decirle buenas noches. Salgo de la cocina para irme de la casa de los Anderson, ya era un poco tarde y tenía regresar a mi casa. Cuando llego a la sala, Logan estaba acostado en uno de los muebles con la compañía de su perro, cuando nota mi presencia su ceño se frunce con extrañeza. —¿Mi padre no te había dado la tarde libre? —Si, pero regrese de nuevo – conteste al instante – ahora me tengo que ir, que tengas buenas noches – le di la espalda y comienzo a caminar. —¡Espera! – de

