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1083 Palabras
Alice no estaba dispuesta a esperar a su exesposo. Con un hambre voraz, pidió varias pizzas y se sumergió en su celular, ignorando todo a su alrededor. Mientras devoraba las porciones, los archivos en su teléfono absorbían toda su atención. Ni siquiera se dio cuenta cuando Connor llegó al lugar y se sentó frente a ella. La presencia de Connor era imponente; el tiempo le había hecho bien. “¿Ya llegaste?”, preguntó Alice sin levantar la vista, dejando su celular en la mesa. Cuando finalmente lo hizo, sus miradas se encontraron en un tenso enfrentamiento. “¿Qué quieres? Tengo poco tiempo y mucho trabajo. Sé breve”. Connor, con una expresión que se iba oscureciendo, notó la indiferencia de Alice. Aunque se habían casado a los 18 y divorciado a los 20, el reencuentro después de 18 años parecía congelar el tiempo. “¿Vas a decirme algo o todo esto es solo para que sienta miedo de tu poder?”, preguntó Alice, mirando hacia afuera, donde un grupo de guardaespaldas vigilaban el lugar. Era claro que los Blake no escatimaban en seguridad. “¿Dónde está?”, Connor exigió. Sabía que Alice había llevado algo consigo, algo que le interesaba profundamente, sin importar el sexo del niño que ella se llevó en su momento. “No te preocupes, ya llegará”, respondió Alice con una calma que parecía casi calculada. “¿Es eso todo lo que quieres saber?” “¿Qué más me podría importar de ti?”, replicó Connor con frialdad. Alice no mostró interés y volvió a su celular, desafiando a Connor con su indiferencia. La actitud de Alice solo intensificó la rabia de Connor. A medida que pasaban los minutos, la tensión en el local era palpable. Alice seguía pidiendo comida, mientras Connor lanzaba miradas gélidas a cada empleado que se acercaba, el ambiente cargado de curiosidad y ansiedad. De repente, una voz dulce y casi melodiosa rompió el silencio: “¡Mami…!” Connor se giró para ver a una adolescente correr hacia ellos. Su cabello castaño y sus ojos azules eléctricos delataban su ascendencia. La chica llevaba un ramo de flores, y su llegada parecía congelar el tiempo para Connor. “Melani”, dijo Alice con una sonrisa afectuosa, abrazando a su hija. Para Alice, ella era la encarnación de la inocencia y la felicidad. “¿Quién te dio ese ramo?” “Otro idiota se confesó”, respondió una voz que se unió al momento. Otra adolescente, idéntica a Melani, pero con una actitud desafiante, se acercó. “Hola, Ma… ¿Qué hace este idiota aquí?” Alice suspiró ante el comentario de Melissa. Aunque eran gemelas, sus personalidades eran como el día y la noche. “Melissa, no es forma de hablarle a tu padre.” “¿Por qué lo defiendes? Tata está de acuerdo en que es un idiota”, dijo Melissa mientras se sentaba al otro lado de Alice. Connor observó a sus hijas, su incredulidad evidente. “¿Qué tanto miras?” “Melissa, no es momento para pelear. Es tu padre, y tienes que respetarlo”, dijo Alice con una firmeza que no admitía discusión. A pesar del pasado, nunca enseñó a sus hijas a odiar a su padre. “Lo que pasó entre nosotros no debe afectarlas.” Connor, enfadado, miraba a sus hijas con una mezcla de frustración y desilusión. “No me dejaste conocer a mis hijas durante 18 años. ¿No crees que merezco una explicación?” “¿Una explicación? Te envié correos, fotos, videos… y nunca respondiste”, Alice sacó su celular y mostró una larga lista de correos.“No te prive de nada; tú te privaste a ti mismo.” Connor revisó el nombre del remitente y su expresión se oscureció. Alice tenía razón. Ese era su correo, pero lo había delegado a otra persona, ignorando los mensajes. En ese momento, la puerta se abrió de nuevo y entró un joven que era la viva imagen de Connor. “Perdón por la tardanza. Ma, espero que tu viaje no haya sido agotador.” “No te preocupes, Harry, siéntate”, dijo Alice con una mirada que indicaba que él debía unirse a su padre. Harry, sin embargo, no parecía estar de acuerdo con eso. “¿Le pusiste Harry a nuestro hijo?”, Connor reconoció el nombre de un personaje de sus libros de aventuras sobre magia. “Eso es interesante.” “No te preocupes, no lleva tu apellido. No te hará pasar vergüenza”, respondió Alice, con una sonrisa que desvaneció la expresión de Connor. Melissa y Harry mostraron claramente su desagrado por la presencia de su padre, mientras que Melani estaba visiblemente preocupada. “Eso puede cambiar, y lo sabes”, dijo Connor con un tono desafiante. “Pueden salir fuera. Tu padre y yo necesitamos hablar”, ordenó Alice, su carácter fuerte no se había suavizado con el tiempo. No le importaba el poder de Connor; estaba decidida a mantenerse firme. Los adolescentes, aunque reticentes, abandonaron el local. Los empleados, aunque temerosos, estaban llenos de curiosidad sobre lo que podría suceder a continuación. “Vamos a dejar las cosas claras”, comenzó Alice con voz grave. “Estamos divorciados. Te di la oportunidad de conocer a nuestros hijos, y no la aprovechaste porque estabas obsesionado con tu primer amor.” Connor sonrió con desdén. “¿Quién dijo que estamos divorciados? Para mí, solo tuvimos una discusión. O te mantuve en oculta por la cantidad de enemigos que tengo.” Alice se tensó. “Firmé un documento. Tengo el certificado de divorcio.” “Un certificado falso”, replicó Connor con frialdad. “Esa no es mi firma. No recuerdo haber firmado ningún acuerdo de divorcio. Además, me debes tres hijos, y aún estás en edad para darme más.” “Entonces hablaré con tu secretaria para que me quede embarazada y te dé los hijos que deseas”, Alice respondió con un sarcasmo afilado. “¿Por qué buscar a otra, cuando puedo tenerlos contigo?”, Connor retó, su mirada dura y desafiante. “Puedes ir al registro civil, puedes ir a donde quieras. Aún eres la Señora Blake.” Alice frunció el ceño, consciente de que esta confrontación solo era el comienzo de un conflicto que podría redefinir sus vidas.
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