•· Capítulo 10 ·•

1869 Palabras
• · • · • Absolutamente todo el mundo mantuvo el silencio inicial mientras Sirius estuvo de pie en la puerta, observándome. —¿Entonces? No sé qué decir. De hecho, ni siquiera estoy completamente segura sobre a qué quiere referirse con lo que dijo y con lo que espera de mí. ¿Acaso está molesto porque lo interrumpí y ahora quiere que le endulce el oído? Porque puedo hacer eso. Pero ¿y si quiere que desaparezca de su vista y listo? —Yo... —Quince segundos —me detiene abruptamente. Cierto, está contándome los segundos. —Quería verte. Sirius ríe como si la mejor broma del mundo le hubiese sido contada. Se ríe tanto que puedo ver por el rabillo del ojo a sus guardias alejarse lentamente. Estoy muerta, y si no, pronto lo estaré. —No me mientas. —No lo hago —refuto. —Entonces dime para qué querías verme. Dudo. Supongo que le parece imposible el hecho de que quiera verlo después de todo lo que pasó, y entiendo a la perfección por qué la duda y lo imposible que parece que ahora simplemente quiera verlo. Pronto aquella firmeza y aquel empoderamiento que sentía desaparece de mi cuerpo mientras siento como el tiempo pasa. Sé que la cuenta ha llegado a cero, así que un intento muy cobarde por huir, me giro sobre mis propios pies y emprendo mi huida a través del pasillo. De hecho, lejos de que sea una huida por puro temor y me haya acobardado, eso es lo que debe parecer. Debe creer que le temo y que ese temor se refleje en mis ojos de la manera que él quiere verlo. Así que corro con todas mis fuerzas dándole vida a aquella fantasía en la que yo soy su presa y él un cazador que va a terminar por atraparme. Pienso que al menos lograré llegar a la habitación y así podré pensar fríamente por un par de minutos un plan hasta que Sirius se moleste y venga a buscarme, cuando fuertes pasos resonando detrás de mí hacen que empiece ahora sí a correr en verdad con miedo. Sé que me está persiguiendo y puedo saber que es personalmente él que lo hace porque él es ese tipo de persona a que le gusta encargarse de las cosas con sus propias manos. Teniendo en cuenta diferencias de altura entre Sirius y yo, él no tarda en alcanzarme. Me sujeta por los hombros y me arrincona con brusquedad contra una de las paredes. Quedo justamente entre un pequeño espacio entre la pared y él, aun con sus manos sobre mis hombros, evitando que toque del todo la pared. —Cero —dice mientras respira pesadamente junto a mi oído. Independientemente de si estoy fingiendo o no estar asustada, mis piernas tiemblan por sí solas a causa del temor real que siento. Cuando pensé en este plan no recordaba lo atemorizante que es. —¿Realmente pensaste que podías escapar. —Lo lamento mucho —me disculpo e inevitablemente mi voz tiembla—. No voy a volver a ir a esa habitación, lo prometo. Solo déjame... La mano de Sirius cubre mi boca y me molesta enormemente que me siga tocando como si fuera realmente de su propiedad. De pronto, como si recordara quién soy o tuviera alguna sospecha sobre mis acciones se aparta de mí y pone ambas manos detrás de su espalda, como un niño intentando ocultar algo, y me mira con cierta sospecha. Aprovecho que se ha alejado para empezar a dar pequeños pasos en dirección contraria a su habitación, finalmente logrando correr lejos. Esta vez no lo siento perseguirme y no miro hacia atrás para ver si viene a buscarme, pero debido al reciente asco que sentí es mejor que no lo haya hecho. Logro llegar a la habitación sin toparme con nadie y eso es lo que me preocupa. Tampoco Eliza o Tutele están en la habitación y no las veo por ningún lado. Me siento en el borde de mi cama y muevo las piernas, ansiosa. ¿Dónde podrían estar? Afortunadamente no es como que si estuvieran encerradas en un calabozo por culpa de mi pequeño plan medio fallido, sino más bien estaba descansando en la planta baja debido a que es reglamentario hacerlo cuando la mujer que tienen como encargo cuidar se retira a la habitación de Sirius. Al entrar Tutele me abraza fuertemente con una expresión obvia de alivio en su rostro. —Mira, Eliza, volvió sin un solo rasguño. —Eso veo. Me imagino que ni siquiera abrió la puerta. Es una lástima porque seguramente tenías un plan para ayudarnos con nuestra situación. No puedo evitar sentirme avergonzada porque si bien hui, no conseguí mejorar la situación de ninguna de las tres. La culpa termina por carcomerme por dentro en tiempo récord y termino confesando. —Me escapé. —¿Que? —Sirius abrió la puerta y yo simplemente corrí. Ambas se miran y luego me miran a mí, y sus expresiones son tan alarmantes que no puedo evitar reírme para intentar aligerar el ambiente. —Parecen horrorizadas. Estoy con vida, ¿no? —Pero ¿realmente huyó? — Lamentablemente, así que tendremos que aguantarnos como estamos por un tiempo más. —Nada de eso. Es un alivio que se encuentre bien. Me pongo de pie y paso mis manos por mi cabello levemente enredado por todo el movimiento anterior —huir de Sitius— y camino hacia la ventana un poco frustrada porque mi plan ha funcionado, aunque sé que a la larga debe de funcionar. Pero por el momento me siento mal. Quiero que las cosas funcionen y esto está tomando más tiempo de lo que quiero esperar. —¿Qué tal baño de burbujas? —pregunta Eliza, seguro notando que estoy inquieta. —¿Podemos darnos ese lujo? —Claro. Tomaremos jabón del de nosotras. Seguramente se sentirá mejor luego del baño. —Tranquilas, no gasten su jabón en mí. El silencio de ambas me advierte de que probablemente se hayan quedado viéndose con pena, como suelen hacerlo cada vez que digo algo sumamente realista, pero un suave “clic” justo unos segundos antes me advierte de que probablemente no estemos solas. Así que miro hacia atrás y siento toda la sangre de mi cuerpo bajar a mis pies de golpe, causándome un mareo fuerte. Sirius Cordoban está de pies en mi puerta, en silencio y observándome con cautela. Me mira intensamente por un largo período de tiempo hasta que finalmente se apoya descuidadamente en el marco de la puerta y mira a uno de sus guardias que viene siguiéndole el paso. —Trae jabones, exfoliantes, todo lo que sea necesario para un baño de burbujas decente. Casi se me cae la mandíbula de la impresión. Sirius estaba haciendo algo bueno por mí, aunque conociendo su naturaleza egoísta probablemente tiene una segunda intención. Así que en cuanto su guardia se pierde por el pasillo Eliza y Tutele empiezan a movilizarse hacia el baño, sabiendo que su trabajo ahora es preparar un baño óptimo para mí. En cuanto a Sirius él se queda de pie en la puerta, mirándome. Ya no parece tan atemorizante como antes y eso quizás tenga que ver con el hecho de que no tiene esa mirada fría en los ojos. —Pareces sorprendida. —¿Debería empezar a acostumbrarme a este tipo de tratos ahora? Sirius rie, pero lo hace falsamente, lo que me da una mala sensación al recordar la risa escalofriantemente parecida de su hijo. —¿Por qué haces esto realmente? ¿Por qué de repente parezco importarte? Si las clases de psicología que tomé ese año y medio de carrera no fueron en vano, sé lo que debe estar pensando. Me tomó más de una semana estudiarlo durante todas las noches, pensando en cómo fue su vida, en cómo es su vida actualmente, en cómo es la relación con su hijo, sus esclavas y sus guardias. En cómo le gusta que hagan las cosas, en lo autoritario que es, en los traumas posibles que debe temer y más; y llegué a la conclusión de que le encanta tener el poder de absolutamente todo y no hay nada que estimule más aquel sentimiento que el pensamiento de que está por encima de algo que deseas fuertemente. Y supuse que de alguna manera él me desea por el gran interés que tuvo al ofrecerme ese trato y no matarme en aquel tren. —Si quieres puedes negarte a tomar el baño. Miro hacia mis pies y los muevo ligeramente. Cuando levanto la cabeza me sorprende encontrar a Sirius un paso más cerca. Me asusto. No quiero que se acerque más, me recuerda al monstruo que es y aquel comportamiento grotesco ante sus esclavas sexuales. Afortunadamente, antes de que pueda acercarse más, Tutele sale del baño con una toalla en su hombro y me la muestra, sonriente, pero al notar que aún Sirius sigue en la habitación se detiene abruptamente. Sirius también se detiene abruptamente y se devuelve sin decir una sola palabra. Tutele parece apenada ante la interrupción, pero rápidamente cambio mi expresión a una sonrisa suave para aligerar el ambiente. Antes de que pueda intentar calmarla con palabras, la puerta es tocada dos veces, y cuando ella abre nos llevamos la gran sorpresa de encontrar un carrito lleno de esponjas, cremas y una infinidad de cosas más para la piel y el cabello. —Vaya, esto es mucho. Ni siquiera creo que lo tengan las demás chicas. —¿Te parece? —preguntó, recordando un carrito similar que mantenía siempre en mi baño, lleno de estos suplementos. Al acercarme me sorprende encontrar marcas similares y el mismo aroma que usaba antes en todos los productos: Lavanda fresca. ¿Podría ser esto parte de su necesidad por mantenerme bajo su mandato, o simplemente es una casualidad que sean las mismas marcas y el mismo aroma? —Tenía uno igual cuando vivía con mis padres aquí. —Entonces debiste haber sido muy rica. —Se podría decir. El guardia finalmente se va, dejándonos solas, así que decido dejar el tema atrás y continuar con la idea del baño sin tocar ninguno de los dos temas anteriores. A pesar de, Tutele termina por contárselo a Eliza en un arrebato de emoción. —¿Qué hizo qué? —Estaba acercándose a ella cuando sin querer entré a la habitación y lo espanté. —Demonios, Tutele, debes de tener más cuidado. Ella estaba intentando... —Ya basta, por favor. No era nada de eso. —¿Tú le crees? —No, pero si ella quiere que dejemos el tema así será. Evito suspirar aliviada y mejor me concentro en el agua caliente y la exfoliación que estoy recibiendo. Siento como si por un segundo hubiera vuelto a mi vida anterior. Papá, mamá, la universidad... Una lágrima rueda por mi mejilla antes de darme cuenta y es cuando comprendo que la venganza no me devolverá a mis padres ni mi vida anterior. Pero no importa, porque si yo no tengo nada él tendrá menos que yo y con eso será suficiente. • · • · •
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