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1687 Palabras
Entre Fernando y Natalia me llevan al medico, al parecer fue solo un golpe superficial el que me hice en la cafetería, no me queda de otra tendré que aceptar la oferta de Jason... Mi cafetería se perderá si no lo hago. Mi mano está vendada al igual que mis costillas, pero asisto a donde cite al señor perfección, tomo del licuado de chocolate que pedí ya que sólo me alcanzara para eso en este lugar. ¿Tenía que decirle que donde él quisiera? Entra con ese aire de superioridad que me parece atractivo en mi futuro esposo. Lleva unas gafas de sol que lo hacen ver realmente atractivo, lleva un traje n***o de seda, una corbata de lino fino en color rojo sangre. Dios, este es el diablo en persona. —Buen día—saluda y se quita sus gafas. De verdad parece el dueño del mal. Se sienta frente a mí y sonríe de manera sincera. _Dime de que quieres... —¿Qué van a ordenar?—nos dice la chica de cabello rubio y cuerpo de plástico. —Yo ya pedí, gracias—le digo mostrando la malteada—. No sé que desee... Mi... —Una traza de café para mí y para mi prometida un pastel de zarzamora—la chica asiente y se retira con el nuevo... ¿Me dijo prometida?—pareces sorprendida de mis palabras. —Me llamaste prometida—digo en tono bajo. —Eso es lo que eres—ladea una sonrisa. Estoy por responder cuando la mesera trae nuestro pedido, me deja el pastel y luego baja el café de Jason, se va no sin antes medio matarme con la mirada... Leyó las revistas la niña. Sabe leer. Contrólate maldita subconsciente. —No he aceptado—a eso vienes. —No me hubieras llamado de...—tomo el papel con la mano que no tengo vendada y desdoblo el papel. "Llámame: 323-345-3254" ¿Y la zorra soy yo? Hago puño mi mano haciendo bola el papel. —¿Qué decía el papel?-cínico. —Nada y acepto tu propuesta—espero no arrepentirme. —Buena elección—toma su celular y marca un número—. Amanda, paga lo que se debe de la cafetería de Sara por favor y de pasó ve haciendo la reservación en Italia, junto con la boda privada que te pedí. Cuelga y me sonríe de una manera que me causa escalofríos. —Será una boda privada sólo tus amigos, familia y los míos—dice de manera relajada—. Tú escoges la fecha. Me tomo el batido de chocolate y dejo el pastel que él pidió con los ojos me apunta que debo de comérmelo, no soy alérgica es solo que no me gusta tanto la zarzamora. Pruebo un bocado y es lo que necesito para perderme en su rico sabor agridulce. Me termino el pastel me queda un grumito en la comisura de los labios que él me quita con una servilleta, sus ojos se topan con mis labios por un momento, los remojo porque parece que me dará un beso en cualquier momento. Pero no lo hace. Se levanta dejando un billete de cien en la mesa y se va si decir ni una sola palabra. Después de estar ahí viendo a quien podía invitar y la respuesta está en la cafetería y en la casa de mi hermana. Me levanto de la silla y me voy del lugar. Odio ir en taxi pero no puedo manejar así que voy en un taxi lleno de pelusa y esas cosas desagradables. Me deja en la dirección de mi hermana, camino a la puerta para encontrarme a Natalia llorando y a Fernando mirando a la nada mientras que Frida, su hija está jugando en el sillón. —¿Qué les sucede?—mi hermana se levanta al escuchar mi voz. —Me violaron—dice mi hermana abrazándome con fuerza—. Me tocaron sin mi consentimiento... Me aferro a ella como sino hubiera un mañana. Ya le llamaron a la policía y arrestaron a quien le hizo esto a mi hermana, resulta que fue su maldito jefe... La acompañé a hacerse los análisis que necesitaba. La ropa rasgada se la llevaron los policías al igual que la declaración de mi hermana y la de Fernando ya que él fue por ella. Estamos en la estación de policía dando los últimos informes cuando escucho que me llaman al darme la vuelta no me creo que sea él, no le dije que yo estaba aquí. Me abraza y no dudo en envolver mis manos en su cintura. —¿No tienes nada?—me pregunta después de separarnos. —No... ¿Cómo supiste que estaba aquí?—me sonríe de una manera dulce. —Escuche que estabas aquí—una persona se acerca, el cabello n***o combina con la piel morena oscura. —No pensé que fueras a llegar tan rápido—dice en tono de burla. Jason pone un brazo en mis hombros y mira en dirección al moreno. —Me dices cómo es que un abogado termino aquí—se burla Jason. —Soy abogado y tengo más clientes además de ti—ambos se saludan—. Supongo que ella es Sara. —Sara, él es Mario Dagueti uno de mis amigos más importantes. Nos saludamos cordialmente y parece un chico amable. —Un placer conocerte Sara—me sonrojo un poco por el tono en que me llamo. Mi teléfono suena y al ver que es de la casa hogar en la que Noa vive no dudó en contestar. —Con permiso—me hago a un lado para atender la llamada. —Sara, ¿Noa no está contigo?—más problemas. —No. —Gracias... —¿Qué sucede con Noa?—suspira del otro lado de la línea—. ¿Morgan? —Lleno una mochila y se fue... ¿Sara?—algo en mí se fracturó. —¡Sara! (-) ((Jason)) La oscuridad y el dolor van de la mano, por alguna maldita razón me preocupa Sara, hace dos horas que estamos en el hospital tanto su hermana, su cuñado y yo, estamos esperando a que Sara se recupere. Al parecer ya no pudo con los problemas que su persona tiene y le provocó que la presión se le bajará hasta los suelos al grado de casi fallecer. Su hermana llora y llora en los brazos de su marido... Se repite mil veces que ella no sabría vivir sin su hermana menor. Un joven de unos quince años aparece en el piso y va directo a la hermana de Sara. —¿Dónde está mi madre?—giro mi cabeza al chico de cabello n***o. —¿Dónde estabas Noa?—tanto Fernando cómo Natalia revisan al chico por si no tienen algo. —Fui a la biblioteca... Pero me quedé dormido—dice el chico con algo de pena—¿Dónde está mi mamá? —Mi hermana te ha dicho que no la llames así—el chico rueda los ojos y saca un documento de la mochila y se los da—. Noa... —Todavía no lo es... Sé que se lo negaron pero... Me trata como su hijo así que es mi madre quiera o no. —Siéntate aquí—le dice Fernando. El chico lo hace y por su expresión ha estado llorando. Debí dejar que Mario me hablará más de la vida personal de Sara. Fernando me tiende los papeles que Noa llevaba en la mochila, los leo y si es una carta de petición para una adopción, tiene el nombre de Sara en la parte de la persona que desea adoptar y también el nombre de Noa. Entre Fernando y yo los revisamos y el contrato si fue negado hace como tres años. Miró a Noa y la curiosidad me pica de porque termino en ese orfanato teniendo cinco años de edad. —Noa, ¿Puedes venir por favor?—el chico asiente y se levanta de la silla en la que estaba casi dormido. —¿Quién es usted?—me pregunta antes de sentarse. —Soy el novio de Sara—el chico baja la cabeza algo triste. —Ya estuvo que no me...—suspira y se sienta a mi lado. —¿Puedo hacerte una pregunta?—asiente sin mirarme—. ¿Por qué terminaste en ese orfanato? —Mmm... ¿Para qué quiere saber?—ahora si me mira. —Me interesa saber cómo es que un bello niño de cinco años termino en un orfanato hace diez años. No debí usar ese tono con él. —Bien... Mi madre y padre—suspira el recuerdo le duele y no lo culpo—. Iban a ir a una convención de fotografía, se inscribieron en el concurso que abrieron y para eso debían de viajar al lugar en el que se llevaría acabo el concurso... Me dejaron con mis abuelos y ellos se fueron en la camioneta del abuelo dejando la moto de mi padre... A los dos días le marcaron a mi abuela, respondí ya que ella no podía, era la voz de un oficial de Nueva York... Mis padres fallecieron de un accidente de auto, un autobús los arrojo de un barranco... Ya nunca los volví a ver... Mis abuelos fallecieron después de enterrar a su único hijo. —¿Y tus abuelos de parte de tu mamá?—suspira y niega. —Prefirieron verme en un orfanato por ser hijo de mi padre—baja la cabeza triste. Ya no le pregunto nada más, se recuesta en la silla para que al final termine recargado en mi hombro, lo dejo por qué tengo otras cosas en que pensar. Mi prometida esta en un hospital luchando por su vida, una chico que perdió a su familia está junto a mí, y los dos estamos en la espera de no perder nuestra única oportunidad de cambiar nuestras vidas. Esa oportunidad lucha por su vida a unos metros de nosotros.
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