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1774 Palabras
—   ¡¿Qué demonios está pasando en este lugar?! La voz incomparable de Félix se dejó escuchar y presté atención a lo que iba a comentar al respecto. Según lo que dijera, definitivamente me daría cuenta si era cierto que “estaba enamorado” de Lisa. —   Señor Félix… —El hombre de voz gruesa apareció y comenzó a comentarle sobre la situación. —   ¿Qué? —   Su esposa se dirigió hacia mi oficina hablando de algunos rumores sobre la mujer que vive en esta habitación. Que había estado hablando en los baños que quería colaborar con algunos periodistas sobre lo que estaba sucediendo en la villa. —   ¿Qué? ¿Lisa? Ella no haría eso… —   Nosotros vinimos a revisar y… —   ¿Por eso todo está en este estado? —La pregunta se escuchó lenta y con rabia. —   Si señor. —   ¡Ahora arreglen todo antes que llegue ella! ¿Encontraron algo? —   Na-nada. —   ¡Mierda! ¡Chloe! La mujer se quedó en el baño y cerró con seguro la puerta. También le tenía miedo a él. ¿Entonces por qué peleaba por seguir con Félix? Tal vez estaba siendo amenazada o algo por el estilo. No podían existir más razones para que ella se comportara de esa manera si no era por miedo, ahora que ella había tenido ese accionar. Unos pasos rápidos se escucharon dirigiéndose a la puerta del baño y nuevamente cerré los ojos, tratando de contenerme. Había tenido que aguantar cuando ese hombre había acosado a Lisa, y no quería volver a hacer. Si él se comportaba nuevamente de esa manera, no quería volver a quedarme allí sin hacer nada. —   ¡Chloe! Abre. —   N-no… Las lágrimas de miedo de esa mujer me hicieron apretar los puños y tragué saliva, sintiéndome débil. Necesitaba saber por qué los dos se comportaban de la manera que lo hacían. Por qué ella respondía de esa manera a algo que había sido inventado por ella y si él era abusivo con Chloe. Un grito ahogado se escuchó fuera del baño y luego la voz de Lisa, entrecortada. —   ¿Qué- qué ha pasado? Inmediatamente Félix escuchó a mi amiga, se fue del baño y se dirigió hacia donde ella se encontraba. —   Lisa, lo lamento mucho. Fue un malentendido. —   ¿Qué están haciendo todos ustedes aquí? —   Nada, j***r. Lo lamentamos. Vamos a cambiarte a otra habitación. ¿Qué dices? —   No. ¡Yo quiero mi habitación! Las lágrimas de Lisa hicieron que mis ojos se humedecieran y escuchar los pequeños gemidos y sollozos de Chloe, lograron hacerme llorar. No quería que nadie tuviera que pasar por ningún tipo de dolor. No quería que ellas pagaran por errores de otras personas y si Chloe se estaba comportando de esa manera, tal vez estaba siendo obligada por alguien más. Al escuchar la manera en la que había reaccionado, era imposible verla como la persona que quería hacerse parecer frente a todos los demás. Ella estaba escondiendo mucho dolor. Como Lisa y como yo. Unos murmullos que no pude escuchar se escucharon y suspiré, haciendo que el metal hiciera un ruido algo extraño y volví a contener el aire al escuchar que, por ese ruido, Chloe había dejado de sollozar. —   ¿Qué? Su cuerpo se levantó del suelo y yo intenté moverme más lejos de la r*****a para que ni siquiera mi cabello pudiese asomarse, cosa que hizo que nuevamente sonara el metal. —   ¿Una rata? —Susurró la mujer y decidí intentar algo, antes de ser descubierta. Puse mis dientes de arriba pegados a mi labio inferior y traté de soltar suaves chillidos como si de un ratón tratara, intentando persuadirla de que así era. Sin tiempo de espera, la mujer soltó un chillido y volvió a gritar. —   ¡Rata! Abrió la puerta con rapidez y salió del lugar, sin espera. —   ¡Hay una rata en el baño! ¡Arriba! —   Deja de idioteces, vete a tu habitación —Félix la calló. —   En serio… —   ¡No me importa! ¡Vete, j***r! Chloe se mantuvo en silencio y luego, supuse que se había ido. Cuando me sentí aliviada, solté un suspiro, y lo que se escuchó las próximas horas, fueron a varias personas intentando limpiar y organizar la habitación de Lisa por orden de Félix. —   Muchas gracias por organizar todo, Félix. —   No te preocupes, fue culpa de Chloe. —   No puedo creer que ella quiera hacerme daño… Félix tosió—. Lo lamento. No vuelve a suceder. —   ¿Está todo bien? —   Si… solo tengo algo de gripe. ¿Ya fuiste a vacunarte? —   Si señor. —   Bueno, ya no te va a dar gripe tampoco —rió el hombre y poco después se despidió, cerrando la nueva puerta detrás de él. Apenas el lugar quedó en silencio, Lisa soltó un grito y corrió hacia el baño. —   ¿Joy? —Susurró—. Ya se fueron. —   ¿En serio? —   ¡Si! Traje lo que me pediste. Algo incómoda, le di un golpe a la rejilla de la ventilación y la abrí. Solté un gimoteo mientras comenzaba a voltearme en mi lugar y luego, me deslicé fuera del metal para caer dentro del baño. Toda la ropa estaba sucia por haber estado entrando y saliendo de la ventilación e hice una cara de disgusto por ello. Necesitaría, aunque fuera limpiar un poco la ventilación en esa parte para no pasar por lo mismo otra vez. —   Escuché cómo hacías el sonido de ratón —sonrió—. Le pedí a Félix que la sacara de mi habitación. Por eso no escuchó tus sonidos o se hubiera asomado. Salieron algo… alto. —   Lo lamento —murmuré apenada y luego sonreí—. Bueno, ¿cómo te fue hoy? —   Bien. No hago mucho de todos modos. —   ¿En serio? —   Si. Félix me cambió de lugar de trabajo. Ahora solo debo cuadrar su calendario. Hoy mismo terminé lo del mes. —   ¿Hablas en serio? —   Si. Nada más y gano el doble. —   j***r —sonreí, dándole ánimos—. Deberás gastarme algo cuando salgamos de aquí. —   Eso espero. Lisa era una persona muy risueña y de alguna manera, no quería que perdiera ello. Aunque había tenido que pasar por mucho y la pérdida de su padre, ella continuaba siendo así. Feliz. Tal vez por eso había llamado la atención de Félix también. No había muchas personas conocidas que se comportaran de la misma manera que ella y me alegra que todavía existiera. —   Te traje algo —sonrió y abrió su pequeña mochila, sacando algunos dulces—. Estuvieron regalando en la cafetería y pedí varios porque tenía mucho apetito. —   ¿De verdad? Hace mucho no como nada de dulce… —   Deberías probarlos. Son deliciosos. Asentí y abrí el primer paquete. El idioma era el natal y no conocía muy bien lo que decía. Poco a poco comenzaba a entender más palabras, pero claramente aún se me dificultaba. Nunca había estudiado el idioma y el hecho de tener que aprenderlo de golpe, era complicado más no imposible. El paquete era rojo con azul y traté de recordar si los había visto en algún otro lugar, pero nunca lo había hecho. Decidí probar un pequeño bocado y mis párpados se abrieron, dejando ver mis ojos como platos, ante lo delicioso que había sido. —   ¡Dios santo! Lisa soltó una suave risa y asintió varias veces. —   ¡Come! ¡Come! Es mi dulce favorito en este lugar. Decidí terminar de un solo bocado el que me había dado a probar y luego comerme otro y luego otro. Hacía mucho tiempo no probaba algo de ese sabor y sentía como me llevaba a mi niñez. Junto a mis padres en la casa que, para ese tiempo, tenían lejos de nuestra ciudad natal y a la cual íbamos cada vez que salía de vacaciones. Mis padres eran investigadores de ciencias humanas y por la misma razón habíamos tenido el privilegio de pasar todas mis vacaciones juntos. Mi madre un poco más alejada de mi padre, pero el amor de parte de ellos dos había sido igual. Recordaba como una vez mi madre me había dicho que al parecer estaba embarazada pero que aún no lo sabían con certeza. Yo había estado muy feliz y ella me había regalado algunos dulces por la esperanza y felicidad que le generaba ello ya que, para poder quedar embarazada de mí, había tenido que pasar por varios procesos y tratamientos médicos, lo que hacía que, si ella estaba embarazada nuevamente sin necesidad de ninguno de esos métodos, era solamente un milagro. Lastimosamente mi madre había tenido algunas citas con su médico de cabecera y luego ecografías, pero todo había sido una falsa alarma. Su útero no tenía nada y ella tenía su corazón roto. Mi abuela le había regañado luego de verla llorar por el hecho de ilusionarse sin cerciorarse y mientras me terminaba de comer el último dulce que me había llevado Lisa, caía en cuenta en lo poco empática que había sido mi abuela con ella en aquel momento de tanto dolor. Después de ello, mi madre cambió completamente con nosotros y tuvo que ir con un psicólogo por más de un año, hasta que éste le había dado de alta por su recuperación, pero al final, nada volvió a ser lo mismo. Solamente el amor que mi padre tenía por ella. —   ¿Te gustaron? —   Si, si —sonreí, intentando olvidar todo lo que se me había venido a la cabeza—. Me recordó a mi madre. —   Tenías una buena relación con ella, por lo que veo. —   Algo así —me encogí de hombros—. Soy más cercana a mi padre, a decir verdad. —   Yo también lo era —sonrió nuevamente de medio lado y luego se encogió de hombros—. Igual no importa. Ahora nos tenemos las dos, ¿no? Como hermanas. —   Si eso quieres, así va a ser —toqué su cabello y lo acomodé—. No deberías estar tanto tiempo junto a Félix. Intenta alejarte las veces que puedas de él. —   Eso es lo que intento hacer todo el tiempo, pero algunas veces se me dificulta. —   ¿Por qué? —   Bueno… —tocó su cabeza—… él pasó su escritorio de trabajo a mi oficina. Ni siquiera está cómodo porque el lugar es pequeño. —   ¿Y por qué no pasó el tuyo para la de él? —   Dijo que era prohibido.
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