Capítulo 11: Escrutándolo todo

3727 Palabras
Al día siguiente, después de que Rodrigo y Bingo se marcharan Amanda decidió buscar ayuda profesional. Además de sus amigas, otra persona que era de gran ayuda para ella era la doctora Sandra Soler, con quien durante varios años de su adolescencia había asistido a terapia para superar el dolor de la separación de sus padres. La llamó de improviso y tuvo suerte de que pudiera atenderla ese mismo día. Amanda necesitaba hablar sobre lo que pasaba en su vida y del nuevo desafío que enfrentaba al tratar de recomponer su relación con Rodrigo. Era una profesional muy atenta, que sabía escuchar y sugerir sabiamente. Se sentía realmente cómoda hablando con ella. — ¿Cómo te sientes al reconectarte con Rodrigo, después de pensar que su relación había terminado?—comentó ella. Amanda necesitó tomarse unos segundos para responder. Sus emociones al respecto eran complejas. — Creo que la mayor parte del tiempo me siento feliz, porque aún siento cosas por él. No lo he podido sacar de mi mente, por más que quiera… Y sin embargo…— hizo otra pausa, no porque no supiera que decir. Por el contrario, podría hablar mucho sobre lo que sentía, pero quería elegir las palabras más adecuadas. — Siempre hay peros en toda situación Amanda, no temas dejarlos salir de tu boca. — Entiendo. — dijo ella. Después, tras recobrar una expresión reflexiva, comentó. — Esta felicidad que siento con frecuencia está empañada por el miedo. Creo que siempre temeré que me sea infiel otra vez. Pero lo peor de todo es que temo que lo haga porque sienta que no soy suficiente para él. — ¿Qué es lo que te hace sentir de esa manera? — Supongo que es por nuestros orígenes. Venimos de ambientes muy diferentes. En un mundo normal no deberíamos habernos conocido. Pero lo hicimos, algo que parece un milagro. O tal vez no, aún no lo sé. Además está todo lo que sucedió desde que nos casamos, hasta el momento de nuestra separación. Después de que nos declarásemos nuestro amor, casi de inmediato comenzamos a vivir juntos. De hecho estuvimos en mi departamento durante al menos cuatro meses. Sabía que él tenía una vida muy distinta a la mía, pero en los primeros tiempos quise cobijarme en la idea de que ese era nuestro lugar perfecto en el mundo. Era el punto de unión de dos vidas diferentes y así me gustaba. Durante el día yo iba a estudiar a la universidad, y a trabajar en el rescate de mascotas. Él se iba a cumplir con sus múltiples obligaciones y ambos regresábamos en la noche a nuestro nidito de amor, con nuestro niño de cuatro patas. Nos decíamos todos los días que nos amábamos. Sin embargo, no habíamos hablado hasta el momento de la seriedad de nuestras intenciones. Yo no esperaba nada, no pensaba en el futuro. Soy una persona que vive el presente. Pero si hay algo que Rodrigo hace siempre es ver hacia delante. Y cuando está muy seguro de algo, nada puede evitar que actúe en consecuencia. Así fue que un día organizó una cena en un restaurante sólo con los amigos más cercanos de los dos. Yo no tenía idea de lo que iba a hacer ni el porqué de tanto preparativo. Alquiló el lugar solo para nosotros, ese día no atendieron a otros comensales. En lo mejor de la noche se subió a un pequeño escenario que había en el lugar y alguien le acercó un micrófono. Entonces me llamó para que subiera con él. Y lo que dijo a continuación quedó grabado en mi memoria para siempre. — Sé que todos se preguntarán por qué han sido invitados a esta cena. Sucede que son nuestros mejores amigos y quería que fuesen testigos de algo muy importante para nosotros. — Después se volvió hacia mí, me miró a los ojos y dijo— Amanda, desde que te conozco has sido mi mayor fuente de felicidad. No hay un día en que no desee estar a tu lado. Siempre tuve la esperanza de encontrar un amor que tuviera significado. Y desde que estás conmigo, tengo la certeza de que lo encontré y que es real contigo. Ahora que estamos juntos necesito ir más allá, además de vivir en delicioso concubinato— eso hizo reír a todos. En cambió yo sentía que el corazón se me iba a detener— Por favor, hazme feliz para siempre. ¡Sé mi esposa! Mis ojos se llenaron de lágrimas por la emoción, como si fuese una niña. El sacó una pequeña caja de su bolsillo. En su interior había un hermoso anillo que puso en mi dedo. No pude hacer más que asentir con mi cabeza sin poder decir ni una palabra. Después lo abracé y lo besé frente a nuestros amigos. A partir de ahí todo lo que pasó fue vertiginoso. Mis amigas fueron las primeras que estallaron en alegría y se abalanzaron sobre nosotros para felicitarnos. Sobre todo a mí. Después les dejaron lugar a los amigos de Rodrigo quienes brindaron por nosotros. Al día siguiente me presentó a su padre y a su joven esposa Lorena, quienes me recibieron con amabilidad. Y después comenzamos los preparativos para nuestra boda. Les dijimos que queríamos algo sencillo, pero para ese ambiente la idea de algo íntimo era una lista de setecientos cincuenta personas. Y los invitados por mi parte eran apenas diez amistades. ¡Gracias a Dios contrataron a un Wedding Planner! Yo sólo intervine para elegir el vestido de novia y los zapatos. Un día me pidieron que fuera a la mansión. Allí estaba Rodrigo, con su padre y un abogado. Me dijeron que necesitaba que firmara un contrato prenupcial. El abogado me explicó básicamente de que se trataba, aunque era más o menos lo que imaginaba. Rodrigo me dijo que tenía derecho a buscar mi propio abogado o a pedir que cambiaran las condiciones del contrato. ¿Para qué perder tiempo?, le dije. Entonces, sólo tomé un bolígrafo y lo firmé. Noté que su padre Octavio estaba sorprendido y que Rodrigo tenía una expresión relajada. Parecía que se había sacado un peso de los hombros. De repente estaba en mi hermosa boda. Nunca pretendí un casamiento de lujo, pero súbitamente protagonizaba una escena de ensueño que le daría envidia a la misma Cenicienta. Fue maravillosa, pero también abrumadora. Lo que siguió fue la luna de miel, que primero iba a ser de una semana. Pero se convirtió en un viaje de veinte días. Comenzamos en Montecarlo, que es hermosísimo. Yo estaba encantada de conocer un lugar así. Y cuando nombraba algún otro sitio que me gustaría visitar alguna vez el simplemente me preguntaba. ¿Y por qué no vamos ahora? Acto seguido le decía al piloto del avión privado que cambiara de rumbo, y nos dirigíamos hacia allí. Al final estuvimos en Paris, Londres, Ibiza y Roma. Claro que visitar esos sitios era una maravilla. Pero lo mejor es que estábamos juntos y eso era lo que importaba de verdad. Sin embargo todo tiene un fin, y al terminar esos días regresamos para iniciar nuestra nueva vida. De la noche a la mañana vivía en esa enorme mansión y pasaba mucho tiempo con Lorena, la mujer de Octavio, que era sólo un poco mayor que yo. Al principio me entusiasmó relacionarme con ella. Lorena Garrido Herrera es la famosa chica en las r************* , la que habla de belleza y vida sana. ¿Ha escuchado hablar de ella? — Sí, claro. Mi hija la idolatra— respondió la doctora. — Me parecía una persona interesante. Logró hacerse rica con su imagen pública. Se convirtió en un ícono de moda y en una empresaria exitosa. Siempre he admirado a mujeres poderosas que saben abrirse paso en el mundo para tomar su lugar. Pensé que tenía la oportunidad de ser su amiga y de aprender un poco de ella. Y en un principio pareció que así iba a ser. Por fuera era puro cordialidad. Es decir, me invitaba a reuniones para que conociera a sus amistades. También me ayudó a elegir un guardarropa sofisticado para mi nueva vida. Entonces, un día Rodrigo se fue de viaje. Le pregunté si quería que lo acompañase, como esa vez en la que habíamos ido a Venecia. Pero me explicó que tenía que reunirse en Moscú con su padre para tener jornadas de negocios realmente agotadoras, que me iba a aburrir. Así que me quedé. Lo malo es que algo raro estaba sucediendo, porque pasaron unos días en los que ni siquiera me envió un mensaje. Comencé a preocuparme. Cuando se lo comenté a Lorena esta hizo un gesto apático. — No te preocupes, linda— me dijo— los chicos están por ahí haciendo dinero por montones y después, seguramente van a divertirse por ahí. — Es que Rodrigo siempre envía mensajes o me llama. Pero últimamente no ha contestado ni siquiera mis Whatsapps. — ¡Amanda querida! ¡No lo atosigues! Es un hombre de negocios, muy ocupado y presionado. Hay veces en que incluso necesita alejarse de su familia, incluyéndote. ¡Déjalo ser! — ¿Por qué se alejaría de mí? Me miró como si fuera la ingenua más grande del universo. — ¡Por favor, Amanda! ¡Son hombres poderosos! ¡Espaldas plateadas! La monogamia no se les da muy bien. Necesitan variar sus gustos. — ¡Rodrigo no haría eso! Me miró de reojo y se rió sarcásticamente: — De acuerdo, si tú lo dices. — dijo. Después agregó— Por mi parte sé que Octavio hace de las suyas por ahí. Está bien, no tengo problemas con eso. Yo también me divierto por mi parte. Tenemos una relación abierta. — Yo nunca podría tener ese tipo de relación con nadie. — ¿Lo dices de verdad? ¡Querida mía! Si fuese tú lo reconsideraría. Ponerte exigente puede hacerte perder la posición que has ganado. — ¿A qué te refieres con eso? — ¡Hay, Dios! ¿Realmente vas a ponerte así conmigo? ¡Se sincera! Al conocer a Rodrigo te has sacado la lotería. No me digas que no. Yo en tu lugar le aguantaría lo que fuera. Me dejó boquiabierta con lo que dijo. Debí armar un gran pleito y devolverle el insulto, pero no pude. En cambio le respondí de forma muy inocente. — Lo único que espero de Rodrigo es compartir mi vida con él— dije. Después me levanté y me fui. Lo que siguió fue algo que realmente salió mal para mí. Resulta que cada año en el Club Campestre de la Ciudad, se celebraba un evento de beneficencia. Y la familia López Williams era una de las principales encargadas de llevarlo a cabo. De hecho era una tradición que había iniciado con la abuela de Rodrigo. Lorena me explicó que era importante que lo organizásemos, que teníamos que dejar bien a la familia. Siendo las mujeres del clan era nuestro deber el mantener en alto “la bandera del honor”. Incluso me hizo notar que la mayor parte de la responsabilidad era mía, al ser la esposa del heredero de la fortuna. Eso me llenó de mucha ansiedad y me puso bajo una enorme presión. ¡Jamás había hecho algo así! Lorena se ofreció a ayudarme, y a pesar de que tenía dudas sobre ella, no tuve otra alternativa más que aceptar su propuesta. ¡Gran error! Todo terminó en una fiesta desastrosa en la que casi todo falló. Desde arreglos florales que no llegaron porque les habían dado una dirección equivocada, una ambientación musical que era horrible y un menú espantoso. No había que ser detective para deducir que ella me había saboteado. Me tendió una trampa para dejarme mal frente a lo más rancio de la sociedad de esta ciudad. Incluso la escuché hablar pestes de mí frente a otras señoras estiradas, cuando pensaba que no la veía. Les dijo que le daba pena, que era una chica insignificante que obviamente no estaba a la altura de las circunstancias. Les prometió hacerse cargo del evento el siguiente año. Para variar me metí en un problema mayor por mí misma. En un momento un señor importante, un aristócrata inglés de nombre Lord William Cavendish comenzó a darme charla durante un rato. Por amabilidad lo escuchaba pero era exasperante. Lo acompañaba su hija Lady Alice, quien parecía absolutamente aburrida con la fiesta. Aunque por alguna razón parecía haber simpatizado conmigo. Resulta que este señor comenzó a alardear de sus habilidades y aficiones. En un momento sacó su teléfono móvil en dónde comenzó a mostrarme fotografías bestiales, en las que posaba como un ganador. Resulta que era un cazador y estaba orgulloso de sus piezas, varias de ellas especies en peligro de extinción. La vista de leones, jirafas y rinocerontes muertos me horrorizó. Ya no pude mantener mi cara diplomática y lo increpé. — ¡Me parece un acto asesino, matar animales para compensar su sentido de masculinidad! ¡Debería darle vergüenza! Si quiere sentirse más hombre, debería hacer lo que otros señores de su edad, e invitar a salir a mujeres jóvenes. Sería reprensible pero más constructivo que esto. El tipo farfulló algo, un ¿Cómo se atreve? Pero no me quedé para escucharlo. Salí de inmediato de ese lugar y me fui a la mansión. Además del desagrado de todo ese asunto de la fiesta, sentía algo raro. Necesitaba ir con Rodrigo, sin importar cómo. Sabía que estaba en Moscú y que se iba a hospedar en una suite, en un importante hotel internacional. Así que hice mis maletas, tomé un avión y realicé un viaje prolongado y muy agotador. No me importaba, ¡Quería verlo! Al llegar no tuve que hacer más que identificarme como su esposa y me hicieron pasar a la habitación doble de lujo que estaba a su nombre. Mi sorpresa fue que no se encontraba allí. Lo esperé unas horas pero no apareció. Le envié numerosos w******p pero no me respondió. Pregunté en la recepción si sabían en dónde podía encontrarlo. De forma extraoficial un botones me comentó que por las noches se iba a un club nocturno, que probablemente lo hallaría allí. No podía imaginarlo en ese lugar, me dio miedo pensarlo. Sin embargo me dirigí hasta allí para ver que ocurría. Pude hacerme entender en inglés y logré llegar al sitio. Al ingresar tuve una sensación de escalofríos, de alguna forma presentí lo que iba a pasar. Ingresé en el club nocturno. Era distinguido, pero al mismo tiempo muy oscuro. Había personas elegantes en plan licencioso, bebiendo en la barra o en las mesas. Sonaba una música entre electrónica y sensual, había luces de neón y en un escenario bailaba una chica muy bonita con el cuerpo pintado de forma artística con alguna clase de pintura luminiscente. En el lugar había tarimas de menor tamaño en la que otras mujeres ornamentadas de la misma forma bailaban de sugestivamente. La sensación de miedo aumentó. ¿Qué era ese lugar? La idea de que fuese un prostíbulo de alta categoría pasó por mi mente. Empecé a temer por mi seguridad. Una camarera se me acercó y me dijo algo pero no la entendí. Traté de decirle en inglés que buscaba a Rodrigo, pero no hubo caso, no me pudo comprender. Me arrimé a la barra y pude hablar con el cantinero que sabía un poco de español. Me dijo que allí va mucha gente, que si fuese habitué del lugar lo recordaría. Comenzaba a sentirme un poco más tranquila, era una falsa alarma. ¡No estaba allí! Pero entonces, noté algo en una de las mesas. Me llamó la atención que había una jovencita bailando de forma sensual. Tenía un vestido de noche divino y se la veía muy melosa y cariñosa con un sujeto. Al principio no lo distinguí bien, pero repentinamente una de las luces giratorias me permitió reconocer sus facciones. Mi corazón se heló cuando vi claramente a Rodrigo. Estaba mirando embelesado a esa muchacha rubia, delgada y llamativa. La tomaba de la mano y de la cintura y la besaba alternativamente. De inmediato comenzaron a retumbar en mi cabeza las hirientes palabras de Lorena. ¡Son hombres poderosos! ¡Espaldas plateadas! La monogamia no se les da muy bien. Me acerqué y me senté en una mesa cercana. Debí hacerle un escándalo mayúsculo pero no pude. En parte porque tenía miedo en ese lugar. Pero por otro lado me sentía paralizada, como privada de sentir algo. Quería que me viera, que lo que siguiera fuese su responsabilidad. En un momento se puso de pie, tal vez iba a buscar algún trago a la barra. Casi al mismo tiempo me levanté de mi asiento para que pudiera verme. Creo que en el último segundo esperaba descubrir la posibilidad de que me hubiera equivocado, de que lo hubiese confundido con un sujeto parecido. Pero, ¡era él! Se quedó paralizado al verme, nunca había visto sus órbitas más abiertas. No iba a quedarme a escuchar sus excusas. Creo que le dirigí una mueca sarcástica, di media vuelta y me fui. Ni siquiera me siguió para decir nada. Me subí al taxi tan sola como cuando llegué, mientras estallaba en un sollozo cargado de rabia dentro del vehículo. Llegué al hotel y allí estallé en una tormenta de furia. No recuerdo bien lo que hice, pero sé que rompí cosas. De hecho arrojé vasos de whisky contra una pared espejada. Fueron cuatro, creo. Cuando menos lo esperaba él se apareció. Me dijo cosas ridículas como que todo eso tenía una explicación, pero que no podía decirme nada en ese momento. Además parecía muy enojado porque me presenté ahí sin avisar, me dijo que fue algo estúpido. Le recordé que de nada hubiese servido que no había respondido a mis mensajes. Y en algún momento lo abofeteé y lo empujé contra una pared. También le grité que lo odiaba y que nunca debí haberme convertido en su esposa. Recuerdo que me tomó de una mano exigiéndome que me calmara y me dijo que debía irme de inmediato, que no podía quedarme allí. El descarado quería que me fuera a pesar de que eso significaba el fin de nuestra relación. Y por supuesto eso mismo fue lo que hice. De inmediato tomé el siguiente avión de regreso. No quería permanecer ni un minuto más con él, sentía que si lo tenía otra vez frente a mí, lo mataría. Así que tomé mis valijas y esperé en el mismo aeropuerto durante horas hasta el momento de tomar mi vuelo. Lo siguiente que recuerdo es que arribé a la mansión y al llegar tuve un altercado con Lorena, quien trató de aleccionarme por el incidente con Lord Cavendish. Le dije que no iba a disculparme con ese señor, que se merecía cada palabra que salió de mi boca. Le exigí que me dejara en paz que me iba de ahí para siempre. Al escuchar eso, pareció más que complacida y se alejó de mí. A continuación armé una pequeña valija con cosas básicas y me quedé por un tiempo con mi amiga Morena. Había rentado mi departamento, por lo que no pude volver a vivir ahí de inmediato. En ese único momento sólo pude refugiarme en mis amigas quienes estuvieron allí cuando yo no podía hacer más que llorar. Pasaron dos semanas y no supe nada de él. Repentinamente me llamó a mi móvil y me dijo que quería hablar. Me negué rotundamente a hacerlo. Le dije que quería separarme en buenos términos. Pero que sólo lo vería en la oficina del abogado para pactar el divorcio lo antes posible. Y así lo hicimos, de hecho nos reunimos en las oficinas del mismo letrado que me había presentado el contrato prenupcial. En una reunión a la que acudimos los dos, comenzó a detallar los “beneficios compensatorios” por mi tiempo como esposa de Rodrigo. Como era de esperarse era una suma generosa de dinero y una casa que pasaría a ser mía. Entonces ni siquiera me acordaba del bendito prenupcial. Y al escucharlo me di cuenta que se me estaba asignando un valor, como ex esposa trofeo del heredero López Williams. Nunca permitiría que se me definiera por algo así. De inmediato le dije que no quería nada de eso, que renunciaba a cualquiera de esos bienes, que lo único que deseaba era que el matrimonio llegara a su fin de inmediato. Recuerdo la mirada de asombro de Rodrigo, creo que realmente no se esperaba eso. El abogado dijo que aun así la disolución legal tomaría varios meses, que debía esperar. Lo acepté de buen grado. Al salir de ahí Rodrigo se acercó a mí y me dijo que quería hablar conmigo. Le respondí que no iba a hacerlo. Que sólo me reuniría con él para discutir cualquier asunto relacionado con nuestra separación. Recuerdo haberme sentido orgullosa de habérselo dicho con calma, sin la ira con la que le había hablado en el hotel. Así fue como transcurrió un año. En ese tiempo presenté mi tesis para terminar mi carrera y tuve una exitosa entrevista en el periódico El Informante, en dónde me contrataron de inmediato. Eso me ayudó a sentirme en contacto con mi esencia, con la persona que realmente deseaba ser. Sentí que estaba realizando mis sueños y eso era genial. Mi ira contra Rodrigo comenzó a disiparse. Pensé incluso en reunirme con él y despedirme sin rencores, que debía dejar todo eso atrás pero con paz en el corazón. Un día el abogado me llamó para que fuese al estudio a firmar los papeles. Me sorprendió que Rodrigo no estuviera allí. El mismo letrado me dijo que no había podido acercarse hasta el lugar, que estaba en la hacienda La Ensoñación. Me explicó que con gusto los firmaría si yo misma los llevaba hasta allí. Aseguró que era la única condición que tenía para concluir con el trámite. Me dije ¿por qué no? Así que los llevé. No tenía ni idea que ese encuentro nos reconectaría, que volvería a estar loca por él. Pero nada es tan fácil, ¿verdad? Ahora quiero estar a su lado, pero tengo miedo. Y no sé cómo continuar. Si estos sentimientos empeoran estoy segura de que me paralizaré.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR