Capítulo 10: Perdóname

2404 Palabras
Cuando Amanda regresó a su apartamento estaba realmente furiosa. Tenía que hablar con alguien o sentía que iba a explotar. Afortunadamente sus amigas estaban ahí para ella, incluso desde el bungaló que daba a una playa hermosa, en dónde estaban vacacionando. Ni bien les envió mensajes contándoles la razón de su angustia, no tardaron en organizar una videollamada para escucharla y aconsejarla sobre lo que estaba pasando. Miranda, Sonia y Morena eran sus amigas más cercanas. Prácticamente habían sido testigos del nacimiento y el ocaso de su historia de amor con Rodrigo. Y gracias al afecto que le tenían deseaban que todo funcionara de mil maravillas para ella. Morena que era la más impulsiva fue la primera en opinar, ni bien Amanda terminó de contarles lo que sucedió. — Amiga, no puedes dejar que te haga sufrir otra vez— dijo— Si las cosas no funcionan deberías terminar con él, pero para siempre. Es claro que no es confiable. — Si, pero él le prometió que la relación iba a funcionar esta vez. Amanda, deberías darle la oportunidad de demostrarlo. Aún no han pasado ni tres días desde que decidieron volver a estar juntos. Yo creo que Rodrigo realmente te ama, y tú lo amas a él— comentó Sonia, siempre más sentimental y sensible. — ¡Pueden hacer que funcione! — Lo que más me molesta es que ya está sacando lo peor de mí, chicas. Terminé actuando como una novia celosa. — Dijo Amanda— ¡Detesto actuar como una novia celosa! ¡Yo no soy así! — ¡Puede ser! — Afirmó Morena— ¡Pero es porque te ha dado razones! Aún está el “incidente” que causó su separación. ¡Lo viste con otra! Yo jamás podría regresar con alguien que me haya engañado. ¿Cómo harás para volver a confiar en él? Miranda que era la más equilibrada de las tres, se tomó su tiempo antes de decir lo que pensaba. — Amiga, lo que tratas de hacer es increíblemente valiente y algo en lo que muy pocas parejas tienen éxito. Estás tratando de recuperar una relación rota. Debes afrontar el hecho de que corres el riesgo de salir lastimada una vez más. Pero, ya que te has dado a esta tarea, tienes que ser audaz e ir hasta las últimas consecuencias. ¿No lo crees?— Amanda asintió con la cabeza. — Tendrás que tomar la decisión de perdonarlo por lo que hizo y él te deberá demostrar que realmente tienen que estar juntos. Y para lograr llegar a buen puerto deben hablar mucho, ser profundamente honestos. ¡Incluso pelear! ¡Eso es sano! Pero no te cierres, habla con él, discutan, lleguen a un acuerdo. — concluyó. — ¡Sí! — Agregó Sonia— Confía en lo que sientes por él. — Y si no funciona, sigue con tu vida. Cuando volvamos, ¡nos iremos de fiesta para ayudarte a olvidarlo!— agregó Morena siempre alegre y deseosa de divertirse. — ¡Gracias, chicas! Hablar con ustedes siempre hace la diferencia en mi vida. ¡Las quiero! — ¡Y nosotras a ti!— dijeron prácticamente a coro, antes de cerrar la comunicación. En tanto, la noche llegó en la mansión López Williams. Rodrigo se encontraba en su habitación descansando después de un día agitado. Le había costado conciliar el sueño, porque su mente cavilaba constantemente sobre el mejor modo de hacer las paces con Amanda. Sobre todo, quería hablarle sobre algo que sucedió por la tarde al regresar a la oficina. Gladys se presentó nuevamente en su despacho. Fue durante las últimas horas, cuando prácticamente no había nadie en el edificio. Quería consultarle otros detalles por el proyecto que estaba desarrollando. Fue entonces que comprendió que Amanda tenía algo de razón en lo que le dijo. La mujer volvió a extender el plano sobre el escritorio, pero en esta ocasión lo hizo parándose particularmente cerca de él. Y por supuesto la hablaba con cierta confianza que comenzó a incomodarlo. Por alguna razón se inclinaba hacia él, y también le tocaba el hombro tratando de hacer contacto físico ocasional. — Completa los detalles de los que ya hemos hablado y pronto estaremos listos para pasar a la siguiente etapa— comentó él durante la conversación. — ¡Magnífico!— dijo ella— ¡Comenzaré a trabajar en esto de inmediato!— entonces, tomó los planos y se dirigió hasta la puerta. Antes de salir se volteó hacia él y le dirigió una sonrisita claramente insinuante. — ¿Sabes, Rodrigo? Me gustaría invitarte unos tragos. Quiero compartir contigo algunas de mis ideas. ¡Conozco un lugar magnífico muy cerca de aquí! De inmediato se dio cuenta de que había mucho más en su propuesta que hablar sobre el trabajo. Todo indicaba que lo más precavido era declinar la invitación ya que estar a solas con esa mujer podía derivar en una situación incómoda. — ¡Qué gentil eres, Gladys! Pero me temo que lo dejaremos para otra ocasión. Tengo un compromiso. — ¡Qué pena! Tenía tanto que contarte. — No obstante, puedes hacer sugerencias en la siguiente reunión. Ya sabes, trabajamos de manera creativa por lo que siempre podrás hacer propuestas y exponer lo que sea que tengas en mente. — Pero, es que realmente quisiera que nos reunamos tú y yo. Aquí en la oficina no hay privacidad… En ese momento sonó su teléfono móvil, lo que afortunadamente lo ayudó poner distancia con ella. Era Miguel Rosales, un gran amigo. No obstante, se encargó de sonar formal al hablarle, como si se tratase de algo serio e importante. — Si, por supuesto. Espere un minuto— dijo. Después se volvió hacia la joven arquitecta. — Te veo en la siguiente reunión. ¡Gracias, Gladys!— dijo, tras lo cual la mujer no pudo hacer más que retirarse. Entonces se percató de que tal vez debía ser precavido con la relación que mantenía con algunas mujeres en su vida diaria. No renunciaría a ser carismático, pero no cabía duda de que prestaría atención a situaciones que podrían derivar en escenarios problemáticos. Ya en la mansión, había logrado dormir por unas horas, cuando algo lo despertó. No sólo a él sino a toda persona presente en la mansión. Un sonido agudo y un tanto chirriante invadió prácticamente todo el lugar. De repente la alarma de seguridad se había activado. Era extraño, eso rara vez sucedía. Pronto recibió una llamada del operador del servicio de monitoreo a su teléfono móvil. Le confirmó que se había activado un sensor instalado en el jardín debido un peso menor de unos cincuenta kilos. Rodrigo fue hasta un armario en dónde había una Tablet, que tenía instalada una aplicación conectada a las cámaras de seguridad de toda la mansión. Cómo lo sospechó, pudo comprobar que conocía al responsable del suceso. Se trataba de Bingo, quien estaba ladrando en el frente de la casa. Revisó rápidamente las otras cámaras y no detectó nada fuera de lo común. Se dirigió hasta un panel en un pasillo a la derecha. Abrió una tapa que descubrió una botonera. Rápidamente ingresó un código, que hizo que el ruido infernal cesara. El operador estaba aún al teléfono esperando que confirmara que todo estaba bien. Rodrigo le dio una palabra de seguridad y de este modo el incidente se dio por terminado. El mayordomo se levantó a ver lo que sucedía pero Rodrigo lo tranquilizó de inmediato y le indicó que podía volver a la cama. Después salió al jardín para buscar a su perro. — ¡Bingo, amigo!— lo llamó, pero el perro no respondía. Se acercó a dónde estaba para tomarlo del collar. Repentinamente el coche al que le ladraba se puso en marcha y desapareció. — ¡Eso demuestra que te has hecho un perro campesino! ¡No puedes hacer escándalo solamente por un vehículo! ¡Vamos adentro! El canino decidió tomarse un tiempo para olisquear el césped y hacer sus necesidades. Rodrigo decidió esperarlo y tomarse un minuto para ver el cielo nocturno. Era una vista inundada por las luces de neón de la ciudad, en el que las estrellas lucían lejanas y un tanto difusas. Se veía bien, pero no se comparaba con esa cúpula hermosa de la que había disfrutado con Amanda como colofón de uno de los mejores días de su vida. Miró su móvil y confirmó que eran las tres de la mañana. Se dio cuenta que necesitaba verla o no podría descansar. Bingo se sentó a su lado y lo miró con atención. — ¿Extrañas a mamá? Sí, yo también. ¿Qué te parece si vamos a saludarla? Y así fue como en pocos minutos se vistió y se dirigió en su coche hacia el departamento de Amanda. Y Bingo estaba a su lado, siempre feliz de seguir a su dueño a dónde sea que este lo llevara. Después de hablar con sus amigas Amanda pasó el resto del día en el departamento. Bebió una copa de vino y miró películas por streaming para pasar el tiempo. Por la noche sus pensamientos habían girado en forma persistente en torno al problema que la aquejaba. La charla que había tenido con las muchachas la había ayudado a ver las cosas de forma un poco más optimista. Se dijo que si ya había llegado hasta ese punto, podía recorrer el resto del camino. Se sintió mal por haber abandonado a Rodrigo en el restaurante. Ese no era un comportamiento digno de ella. Por eso decidió que iría nuevamente hasta la empresa y que hablaría con él. También quería arreglar las cosas. Así fue cómo se sintió tranquila por haber tomado una decisión y logró conciliar el sueño. Entonces su mente se sumergió en una pesadilla de la que no podía despertar. Influida por los hechos del día anterior se vio así misma en el mismo restaurante junto a Rodrigo. Estaban sentados a la mesa tomados de las manos y se miraban fijamente a los ojos. Ella abrió la boca y trató de decir algo pero por alguna razón no salían sonidos, solamente burbujas. Se llevó las manos a la garganta tratando de entender lo que sucedía, para lo cual soltó las de Rodrigo. En ese momento algo realmente extraño sucedió. De repente el lugar se convirtió en un túnel y algo tomó a Rodrigo y lo arrastró hasta el final. Amanda emitió un grito y corrió por el corredor tratando de alcanzarlo. Él estiró las manos hacia ella en un intento de alcanzarla también, al tiempo que ella corría con todas sus fuerzas con la intención de sujetarlo. Estiraba sus manos tanto como podía, de alguna forma sabía que todo dependía de que tan sólo tocara sus dedos o lo perdería para siempre. Siguió corriendo, corriendo con todas sus fuerzas, decidida a lograrlo. Y sin embargo no podía, sus dedos estaban cerca pero le resultaba imposible aferrarlo de ninguna forma. Finalmente el túnel se terminó en un inconmensurable espacio abierto, y llegó a un borde en el que tuvo que detenerse, sólo para ver cómo él se alejaba en el infinito, sin que pudiera hacer nada para evitarlo… Así fue cómo de pronto se despertó, agitada y con una profunda sensación de miedo. Le costaba respirar y estaba angustiada, como si realmente hubiera perdido a Rodrigo por una fatalidad. En ese momento el sonido de una campanilla salió de su teléfono móvil. Le tomó unos minutos disipar el aturdimiento que le había provocado la pesadilla. Pero finalmente estiró la mano para ver quién era. Había llegado un mensaje escrito de Rodrigo. — Amanda, tenemos que hablar. —decía — Si, lo sé. Mañana iré nuevamente a tu oficina si estás de acuerdo. — le respondió ella. — No. Necesito que hablemos ahora. — insistió él. — Es tarde, espera a mañana. — repuso Amanda — No puedo, estoy afuera. Asómate a la ventana. El edificio estaba ubicado en una zona céntrica de la ciudad, en una cortada relativamente tranquila. Su departamento estaba en el primer piso, por lo que al asomarse por el balcón tenía una buena vista de lo que sucedía en la calle. Amanda se sorprendió al ver su coche estacionado en el frente. Rodrigo estaba fuera y a su lado se encontraba Bingo. En pocos minutos ya había llegado al exterior y cruzado la calle hacia dónde él se encontraba, con una sonrisa en los labios. — ¡Viniste! — Sé que es un poco loco, perdona que lo haga a estas horas, pero no podía esperar hasta mañana… — Ella no le permitió terminar, porque lo abrazó de inmediato. Se presionó fuertemente contra su pecho como si quisiera fundirse con él. Aunque sólo tuvo una pesadilla, se reconfortó en ese sentimiento de saber que estaba ahí, que no lo había perdido. Levantó la vista para encontrar esos ojos azules que tanto adoraba. Y no esperó ni un segundo más para besarlo, prendiéndose de sus labios con la misma pasión que habían experimentado siempre. Al separarse fue Rodrigo quien habló. — Amanda, ¡perdóname! Tendría que haber dicho algo más para presentarte y darte tu lugar. Hay algo en lo que tienes razón, soy un tonto. A veces no digo todo lo que debo o lo que pienso y sé que eso no es bueno. — No, ¡perdóname tú a mí! No debí haberme ido de esa forma. Tenías razón. ¡No hay por qué explicar qué relación tenemos! Lo único que me interesa es que estemos juntos. ¡Los demás no existen! Volvieron a besarse una vez más, durante varios minutos para reír después como tontos. Bingo también exigió la atención de Amanda, quien se sintió muy feliz de verlo una vez más. El frío repentinamente la incomodó, al haber salido vestida solamente con un camisón y una bata. Los tres ingresaron en el departamento y sólo se dedicaron a pasar el tiempo, juntos una vez más. Ella preparó café y charlaron de cosas intrascendentes, bromearon y rieron. Finalmente tan sólo se fueron a dormir a la habitación. Esta vez no hubo ninguna clase de expresión apasionada, no fue necesario. Sólo se quedaron dormidos uno junto al otro, abrazados sintiendo su calor mutuo. A los pies de la cama el perro también había logrado relajarse. Y de este modo, ese día que parecía haber terminado mal, finalmente tuvo el mejor de los cierres.
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