Amanda y Rodrigo iniciaron el día en la suite del hotel. Desayunaron juntos y después él la llevó hasta su departamento. Aún estaban bajo la magia seductora que se había apoderado de ellos la noche anterior. Permanecieron unos minutos en el coche besándose, sin poder sacarse las manos de encima. Desafortunadamente fueron interrumpidos por el móvil de Rodrigo, que comenzó a recibir numerosos mensajes. El más urgente era de su secretaria, que le recordó que tenía una importante reunión en menos de una hora. — Debes irte. — Dijo ella. — Tienes trabajo que hacer. — Agregó, consciente de que era el momento de regresar al mundo real. Él puso su teléfono en el bolsillo de su chaqueta, sonrió y volvió a besarla en los labios. — No, no es cierto. Pienso quedarme aquí todo el día. — Agregó mient

