Capítulo 8: Realmente juntos, una vez más

2512 Palabras
Cuando Eulalia los vio ingresar en la casona tomados de la mano, prácticamente saltó de la alegría. ¡Estaban juntos otra vez, tal como sabía que sucedería! En su exceso de entusiasmo quiso llevar las cosas de Amanda, esta vez a la habitación principal. Pero a pesar de que apreciaban el apoyo que recibían de una amiga en común, Amanda le aclaró que eso aún no iba a pasar. Le dijo que estaban comenzando otra vez, que seguían divorciados. Que lo que tenían en realidad era un noviazgo renovado y que al menos por el momento permanecería en la habitación de huéspedes. Rodrigo le dijo que debía irse por asuntos importantes que tenía pendiente. Pero le anunció que al día siguiente estaría libre para tener una cita realmente especial. Acamparían en el bosque y disfrutarían de todo un día al aire libre. Algo que a Amanda le pareció una maravillosa idea. El resto de la jornada transcurrió de forma apacible. Lo primero que hizo fue avisar a sus amigas que no podría ir de viaje, cosa que lamentaron, pero que al mismo tiempo festejaron al saber la razón de su cambio de planes. Después aprovechó para ir hasta la caballeriza, ensillar un corcel y salir por el campo a cabalgar. Era algo que adoraba hacer y sintió una profunda paz al hacerlo una vez más. Sólo algo extraño sucedió cuando se bajó durante unos minutos del caballo. Lo hizo para acercarlo al abrevadero para que el animal tomara agua. Estaba cerca de uno de los caminos principales. Allí había un vehículo gris, que extrañamente tenía vidrios polarizados. Así que no pudo ver a sus ocupantes. Se dirigió hacia este coche desconocido para ofrecer su ayuda. Pensó que eran personas perdidas, que podrían necesitar algo de orientación para llegar a su destino. Repentinamente, al tratar de acercarse, el vehículo aceleró y se alejó a toda velocidad hasta llegar a la carretera. Amanda quedó pasmada ante semejante suceso inadvertido. El arranque de ese coche podría haberla herido de gravedad. — ¡Gente loca!— dijo— Se puede aparecer en dónde sea. Al día siguiente se levantaron temprano y salieron con Rodrigo en un Jeep todo terreno. Llevaban una carpa, bolsas de dormir y una canasta con provisiones que Eulalia les preparó gustosa. Casi parecía más feliz que ellos sobre el hermoso día que iban a pasar en la naturaleza. Y la compañía se completó con Bingo, que se veía feliz de emprender una nueva aventura. Encontraron un hermoso lugar cerca del arroyo, bajo una arboleda frondosa. Allí montaron la carpa que era amplia y cómoda y bajo el terreno un poco más abierto dispusieron el espacio para una fogata la cual encendieron al atardecer. Bingo aprovechó para correr y juguetear en la frescura del bosque. Dedicó bastante tiempo a corretear cualquier animalito que llamara su atención. Aunque después de un rato el cansancio le ganó. Tomó un poco de agua para hidratarse y después se quedó dormido. Disfrutaron del día en cada detalle. Se refrescaron en el arroyo y recorrieron el bosque. Amanda, quien había llevado su móvil aprovechó para tomar fotos del paisaje y de ellos juntos, como pareja, siendo felices, sin pensar en lo que pudiera pasar al día siguiente. La noche los encontró bajo un hermoso cielo estrellado y junto a una gloriosa fogata que les daba calor y luz. Tendieron un saco de dormir a un lado y se acostaron uno junto a otro para observar la hermosura de un magnífico firmamento. Entonces comenzaron a comparar formaciones de estrellas y a discutir si algunas eran constelaciones, algo de lo que en realidad ninguno de los dos estaba seguro. Rieron ante la ocurrencia de Rodrigo de bautizarla con nombres apócrifos como “el sartén”, “la manzana” o “esa cosa que parece un círculo”. No eran versados en astronomía pero algo en lo que ambos estaban de acuerdo era en que estaban frente a una visión sublime. De pronto las palabras estaban de más. Nuevamente se estaban besando y acariciando, sin ningún otro testigo más que el cielo azul. Mientras besaba su cuello Rodrigo había desabotonado con destreza la camisa de Amanda para acariciar sus senos. Poco a poco sus dedos traviesos se deslizaron por su vientre, abrieron el cierre de sus pantalones cortos, y se sumergieron por sus pantis de forma juguetona, al tiempo que besaba sus labios palpitantes. Amanda extasiada por sus caricias comenzó a suspirar. Hacer el amor en un lugar al aire libre era una de sus fantasías íntimas más añoradas. Nunca antes habían hecho algo parecido. Pero temió que alguna clase de alimaña les arruinara el momento. —Espera— le susurró, mientras se ponía de pie. —No, por favor, no te vayas— le suplicó él. Amanda le dio la espalda, desplazó su blusa y la dejó caer al suelo. Después cruzó sus manos sobre sus senos desnudos. Se dirigió hacia la carpa y antes de ingresar le dijo. — Se está poniendo muy frío aquí afuera, ven a darme tu calor— tras lo cual ingresó dentro de la tienda. Rodrigo se sintió agradecido con la vida por tener en ese momento a una mujer tan hermosa a su lado, siempre ávida de pasión. La belleza del cielo sencillamente se vio opacada y ya no se comparaba a la visión que ahora esperaba sus caricias en el interior de esa tienda. No perdió el tiempo y fue de inmediato tras ella. *** A la mañana siguiente cuando volvían en el jeep seguían disfrutando de la alegría y felicidad de esa maravillosa jornada. Charlaban y se reían animadamente, al tiempo que se los veía radiantes con un brillo especial que solamente provee la felicidad. Sin embargo esta se vio ensombrecida al aproximarse a la entrada y ver un Mercedes Benz azul estacionado. Ambos se dieron cuenta de que se trataba del vehículo de Octavio López Carranza, el padre de Rodrigo que inesperadamente se había presentado en La Ensoñación. Raramente iba por allí, así que no era muy difícil adivinar que necesitaba algo. Eulalia salió casi de inmediato para recibirlos. — ¡Bienvenidos! ¿Cómo les fue en su campamento romántico?— preguntó primero. — ¡Fue maravilloso!— respondió Amanda muy sonriente. —Sí, la pasamos genial— afirmó él con el mismo entusiasmo. — Me alegra mucho, escuchar eso— dijo sonriente el ama de llaves—Cómo podrás adivinar el Rey está aquí. Quiere hablar contigo Rodrigo, te espera en el despacho. Dice que es urgente. —De acuerdo— respondió él— ¿Vino sólo? — No, no, trajo a su mascota— repuso Eulalia con sorna —… ¡Perdón! Quise decir que la señora Lorena nos ha bendecido también con su visita. Eulalia gozaba de cierta libertad para hacer algunos comentarios un poco audaces, como madrina de Rodrigo y dado que había sido la mejor amiga de su madre. Los hacía en confianza ante el joven heredero que la conocía y de Amanda a la que le tenía mucho afecto. Pero lo hacía con mucha cautela, sin olvidar su lugar y cuidándose de no causar conflictos. Amanda emitió una risa ahogada ante las ocurrencias de Eulalia. Realmente no le agradaba la esposa del padre de Rodrigo. Aunque de por sí no le había caído bien ninguna de las señoras anteriores. El hecho era que esta le provocaba más antipatía que las demás. Tal como había apodado a Octavio “El Rey”, solía referirse a su mujer como “Lady Palillos”. Esto se debía a que era una muchacha extremadamente delgada y sólo tenía cierta forma en los senos y en los muslos. Y ambas partes de su cuerpo eran obra de un cirujano plástico. Rodrigo se dirigió al despacho curioso por desentrañar lo que había llevado a su padre hasta allí. Amanda ingresó entonces en la casona y ni bien se asomó al salón principal descubrió a su suegra política haciendo una grabación para sus r************* en Internet. Lorena Garrido Herrera era una estrella online. Desde hacía años había levantado un imperio en torno a la belleza. Era una de las mayores influencers en las r************* en las que había acopiado varios millones de seguidores. Todo se debía a sus consejos sobre salud, belleza y ejercicios para mantenerse en forma. También hablaba de las cirugías estéticas de moda, sirviendo de ejemplo para un par de ellas. Si bien ya había hecho una fortuna de por sí sola, siempre había dicho que una pareja digna de su compañía debía ser un hombre poderoso. Para eso siempre había estado a la caza de candidatos influyentes en las fiestas de primer nivel a las que asistía. Allí conoció a Rodrigo al que quiso conquistar de inmediato. Pero cuando este no le prestó la atención deseada, pronto extendió sus lazos hacia su padre. No le fue difícil conquistarlo ya que era la clase de mujer que siempre buscaba. Joven y muy bonita. Odiaba la vida de campo, algo que todos agradecían por ahí porque rara vez se presentaba en la hacienda, y por ende tampoco lo hacía su marido, que no despertaba simpatía alguna. En esa ocasión Octavio le pidió especialmente que lo acompañara, a lo que no se pudo negar. Se dijo que aprovecharía el viaje para hacer videos para sus r************* , hablando sobre la casona y grabando una sesión de entrenamiento en sus bonitos jardines. Ahora se había sentado en un sillón rústico de la sala y hablaba de las maravillas de una decoración vintage. Mostró los objetos antiguos, la platería y la delicada colección de copas de cristal. Todo esto lo hacía sosteniendo su teléfono móvil con un selfie stick. Afortunadamente se había ubicado lejos de la escalera y del camino hacia la cocina, por lo que Amanda se dispuso a pasar sigilosamente para no interrumpir su grabación. La mala suerte es que ya estaba terminando. —… y cómo pueden ver esta preciosa casa tiene tesoros vintage que son una verdadera maravilla. Me muero por darles a conocer más sobre esta preciosa propiedad de la familia, que se ha convertido en un grandioso legado— dijo— Mañana tendremos una sesión de cardio en nuestro hermoso jardín. ¡Háganme saber en los comentarios qué les parece la decoración antigua! ¡Besitos a todos! Y…—siempre hacía una pausa antes de cerrar con su frase latiguillo— ¡Buenas vibras para todos!— Anunció mientras saludaba a la cámara. Ni bien terminó la grabación la vio de inmediato. — ¡Amanda, querida!— repuso en voz bien alta— ¡Pero qué gusto verte!— agregó con una gran sonrisa. — ¡Es un gusto también, Lorena!—respondió, lamentando no tener otra opción. Lo que siguió fue el saludo tradicional en los ambientes refinados. Ambas se dieron un beso en las dos mejillas simultáneamente. — ¡Qué sorpresa verte aquí! Hasta dónde tenía entendido, Rodri y tú habían terminado, lo cual me dio una enorme pena. ¿Qué es lo que te ha traído hasta aquí? — A solicitud de Rodrigo traje los papeles del divorcio para que los firmara. — ¿Y qué pasó? — Cómo el hombre de palabra que es, los firmó. Estamos divorciados. — Ahhhh, de acuerdo. Sin embargo doña Eulalia nos dijo que habían salido, que estaban juntos ¿o entendí mal?… — Entendiste perfectamente. Fuimos de campamento cerca del arroyo y pasamos todo el día de ayer ahí. — ¿Haciendo qué?— preguntó curiosa Lorena. — Cosas, tú sabes. Comer al aire libre. Mojarnos un poco en el arroyo, mirar las estrellas por la noche y hacer el amor de forma salvaje dentro de la tienda. Su suegra política abrió de repente los ojos, totalmente desorientada. — ¿Cómo? ¡No lo entiendo! — No es necesario que comprendas nada, querida. Basta con que Rodrigo y yo lo tengamos claro— respondió, tras lo cual le tocó la parte baja del mentón con el dedo índice— Cierra la boca por favor, te verás fatal tragando moscas. — Tras lo cual se dirigió a la cocina para buscar a Eulalia. Desde hace tiempo había descubierto que Lorena esgrimía una actitud carismática y encantadora solo en la superficie. En el fondo era una doble cara capaz de clavar a cualquiera el puñal por la espalda. Sabía que iba a hacer comentarios adversos sobre ella. Así que le daba igual si lo hacía a partir de lo que ella le dijera o si hacía averiguaciones a partir de alguien más. Por eso le respondió con total sinceridad. Aunque tuvo que admitir que la parte en que abría los ojos desconcertada había sido particularmente gratificante. ¡Eso sí que no se lo esperaba! En tanto Rodrigo se había reunido con su padre. Al ingresar lo vio sentado en un sillón, con ese aire de genio y figura que emanaba siempre de él. Octavio López Carranza era un hombre elegante y apuesto a sus 70 años. De joven había sido atractivo y seguro, cualidades que había heredado genéticamente a su hijo. Ahora en sus años dorados lucía un cabello platinado y se conservaba en buena forma, lo que lo convertía en un espécimen atrayente para su clase. Se acercó para saludar a su hijo con un abrazo. —Es una sorpresa, padre. No sabía que vendrías. — Tampoco lo había planeado, pero necesito que veas el siguiente plan para remodelaciones en la naviera. Sólo tienes que firmarlo. Rodrigo le dio un vistazo rápido. Eran varias hojas y realmente no tenía ánimos de ponerse a leer semejante cosa. —Bien— déjamelos y te avisaré cuando los autorice. —Pero, hijo. Quisiera que los vieras ahora, necesito comenzar cuanto antes con los preparativos. — Sucede, que no es un buen momento para mí. Estoy tras algo personal. Además viendo las fechas para solicitar los permisos de construcción, aún tenemos tiempo. Octavio hizo un gesto de desconfianza. — ¿Asuntos personales? ¿Tienen que ver con Amanda? — Por supuesto, es sobre Amanda. — ¿Qué no se estaban divorciando?— preguntó y después de una pausa dijo— No me extrañaría que esté tratando de atraparte, otra vez. Sabía que Octavio nunca aprobó su relación con ella. Desde hace tiempo se había dado cuenta de que la miraba con reprobación. Incluso podía sospechar que había tenido actitudes que habían causado malestar en su relación con Amanda. Sin embargo no estaba dispuesto a escuchar nada inapropiado. — Padre, hace cierto tiempo que hicimos un trato. ¿Lo recuerdas? — Sí, claro. — Yo no haría comentarios sobre tu vida amorosa y tú no tendrías nada que opinar sobre la mía. Así que si te preguntas qué es lo que hago con ella, ahórratelo o tendremos problemas. —Octavio no emitió ni una palabra e hizo una señal de asentimiento. — Mañana regreso a la ciudad, y en un par de días a más tardar te avisaré si están listos estos documentos.
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