16. Te debo mi vida

1749 Palabras
Sentada en casa de Drako; Greta jugueteaba con las manos en el regazo. No dejaba de mirar el cuarto oscuro dónde se ocultaban sus compatriotas como si fueran ratas. era deprimente vivir una existencia sin ser marginado por nacionalidad, o estar en las condiciones donde justo en ese entonces se encontraban, eso le mortificaba, vivir siempre con el miedo de que en algún momento te descubran y te desechen al igual que la basura, de hecho, para los alemanes, cualquiera que no fuera perteneciente a su r**a pura, ya los consideran un desperdicio. Suspiró... esperaba a Drako con impaciencia, a la verdad, Greta estaba llena de miedo, tanto que los ojos avellanas lo demostraban con cada expresión facial. —Gracias...—dijo una adolescentes. La muchacha se quedó atónita. —¿Por qué? La muchacha de cabello corto n***o y ojos caídos le sonrió. —Escuché a Drako decir que te hiciste amiga de un alemán solo por ayudarnos. Eso es valentía. Greta se quedó inmóvil, con la mirada fija en la adolescentes. —No todos hacemos lo que tú haces por miedo a ser descubiertos, sin embargo, tú te sacrificas por todo y es algo que nunca olvidaré Leah, ojalá fuera la mitad de valiente que tú. Silencio. Greta se estremeció con el corazón acongojado. —No soy valiente—resopló en un susurro que la adolescente pudo escuchar. —Para mí, lo eres. Se mordió el labio cuando Drako entró al cuarto oscuro sin luz. Se alzó secando el sudor de las manos con el borde del vestido azul. —¡Drako!—ese nombre le salió como una súplica, una angustia. —¡Leah! ¿que pasa?—enarcó una ceja. Greta miró a la adolescente. —Podemos hablar a solas. Asintió Drako mirando a la niña. —Sigueme... Ambos caminaron por un pasillo oscuro, hasta entrar a otra habitación igual de deprimente y oscura como la anterior, solo las velas iluminaban el lugar, mostrando una tenues silueta de los dos. —¿Bien, que pasa?—se rascó la cabeza confundido al ver a la muchacha tan angustiada—. ¿Te descubrió? —Me está investigando...—soltó, respirando hondo. Drako analizó esas palabras en silencio. —Vino a verme un soldado alemán y me dijo que lo sabe todo sobre mi y que es cuestión de tiempo para que ese hombre venga a buscarme. El hombre se inquietó. —Por Dios Leah. Significa que todos estamos en peligro. Venir aquí entonces ha sido un error catastrófico. Greta se le quedó mirando indignada. —¡Me van a matar! —¡A nosotros también!... si te están investigando, lo más seguro es que ese hombre te haya puesto a alguien que te siga. ¡Estamos en peligro! Los dos se quedaron en silencio con una angustia que los envolvió. El aire se volvió tenso, la atmósfera se transformó en terror y los corazones de ambos se aceleró de una forma desesperada. Drako bufó pasándose las manos por la cara. —Él... él me dijo que me ayudaría...—susurró Greta —¿Cómo?—la voz de Drako sonó neutra, temblorosa. —Preparará una fuga para que me vaya. Solo que dice que debo volver a esa casa y... y...—"acostarse con el capitán" estuvo a punto de decir, sin embargo, cambio la palabra aunque para Greta significaba lo mismo—, calmar la marea hasta que llegue el momento. Él se acarició la barba. —¿Es un nazi? —Si. —¿Confías en él? —No lo sé. —¿Entonces? —Supongo que es parte de la resistencia Drako, no lo sé. No me lo dijo. Dijo solamente que... No voy a delatarte. En Auschwitz hay un dicho: cuando el hambre entra por la puerta, el pudor sale por la ventana. Sacudió la cabeza cuando las palabras de Ronald se pronunciaron en la mente. —Que no me delataría—suspiró—. Pero que debo regresar porque el capitán Schmidt me está buscando. Dijo que en estos momentos está complicado escapar, pero que con la ayuda de un amigo logrará que todo sea un éxito. Drako la miró compasivo. —¿Que piensas? —No tengo opción Drako. Si no me presento a esa casa cuánto antes, no solo me pondré en evidencia yo, si no a ustedes. No me perdonaría si... si...—la voz se le quebró —, si les pasara algo... ya nos ha costado sobrevivir—la respiración se le volvió densa, tan pesada que le dolió el hecho de hacerlo—. Si no puedo escapar hoy, tendré que sacrificarme. Él se acercó, le tomó la mano y a Greta se le escaparon todas las lágrimas que había contenido desde que llegó. —Sé fuerte... te debo entonces mi vida. Siguió sollozando. —Leah... Ella lo miró. —No puedes venir más aquí hasta que sepas que estamos a salvo. El corazón le dió un vuelco al escuchar esas palabras, se sintió más sola que nunca. Asintió. —Entiendo. —Rezaremos por tí y por qué todos estemos a salvo. Greta asintió en lágrimas. —El profeta Moisés tuvo que hacer muchas cosas para salvar al pueblo de las garras del enemigo, claro, con la ayuda de Yahweh. Tú también puedes ayudarnos. Más lágrimas... más dolor en el alma. Se estaba quebrando, rompiendo de todas las formas posibles. —Eres bendecida con inteligencia, sabiduría, belleza. Usala a tú favor. La reina Esther lo hizo para salvar al pueblo, tú puedes hacerlo para salvarnos a nosotros. Hay niños aquí, adolescentes, jóvenes, bebés, madres que han luchado hasta lo último Leah. Silencio... otro quiebre en el corazón. —Ve con la bendición de Yahweh. Greta lo miró. No sé sentía bendecida, al contrario, se estaba desmoronando al igual que una casa cuando la tierra es sacudida con fiereza. Drako no era capaz de mirar más allá que su propia salvación, no le interesaba, solo se preocupó por salvarse al sentirse expuesto. Lo entendió, Greta lo entendió. La vida era así, al momento de salvarte tu o un amigo, haces lo que sea, hasta traicionar para preservar la vida. Esas son medidas desesperadas y vaya que todos a esas alturas ya estaban desesperados. Asintió tragando saliva, respirando hondo, caminando como pudo. Tambaleaba al igual que un ebrio, lloraba de la misma forma que un bebé que reclama el pecho de su madre, se volvió añicos del modo que una botella al estrellarse con la pared. Regresó a casa perdida, desorientada. No comió. No bebió agua. Tomó el diario que había escrito hace años y comenzó a rasgar cada página con dolor. Querido Yahweh: Cuando descubrieron nuestro noviazgo, papá se enfureció, me apartó de su lado. Me fui a vivir un tiempo con la abuela y fueron los días más tristes de mi vida. La arrancó de golpe esa hoja. Querido Yahweh: Después de tanto tiempo, me reencontré con Benjamín. El amor sigue intacto Dios, no dejaré que se extinga este amor. Otra hoja más fuera de su lugar. Querido Yahweh: Benjamín y yo nos hemos casado en secreto. ¡Soy tan feliz! Greta rompió la hoja formando un papel arrugado que lanzó al suelo. Querido Yahweh: Se ha ordenado que los judíos no entren a sitios específicos: cines, restaurantes Nos han obligado a usar la estrella de David en el brazo como identificativo. Lanzó la hoja. Querido Yahweh: Es difícil comprar comida. No nos venden. Nos gritan obscenidades, hay múltiples violaciones a mujeres judíos. Tengo miedo, temo por mi vida, y por la de mi bebé. Si, estoy embarazada. Otra hoja rota por el dolor. Querido Yahweh: Alemania se apoderó de Polonia, los judíos estamos siendo deportados a otros sitios. Estoy en esa lista, al igual que mi madre y hermano. ¿Que le pasa a las mujeres embarazadas en ese lugar donde nos llevan? Hoja rota Querido Yahweh: Escapé... mi hermano fingió y creó un alboroto para que escapara. Los ví abordar el tren y a mi hermano, ser golpeado por los guardias. Me dolió demasiado. Corri con Benjamín que también había huido. Greta lloró con ganas, rompiendo en pedazos pequeños la hoja. Querido Yahweh: Nos refugiamos en una cabaña alejada. Es difícil la estadía, la comodidad no es la misma, comer se ha vuelto casi imposible. Vivimos con miedo, y más que mi hijo ha nacido Arrancó la hoja y vió más hojas en blanco. Lloró, lloró al recordar cuando vio al capitán Schmidt pisar la cabaña con otros militares. Su rostro hermoso estaba cargado de arrogancia pura, soberbia, suficiencia. Hagan lo que tengan que hacer con ellos. Esa fue su orden y salió de la casa. El teniente Müller apunto a la cabeza del esposo, que desesperado lloró sin dejar de mirarla. Back... Cayó muerto frente a sus ojos. Otro guardia la despegó de su hijo y lo lanzó al suelo con violencia Gritó, Greta gritó cuando el teniente Müller le disparó en el estómago. Luego, otro disparo. Creyó haber muerto cuando Greta Meyer, una anciana la salvó. Curó las heridas externas aunque las internas seguían sangrando. La consoló, la ayudó a avanzar aunque Greta no quería hacerlo, sabía que nunca más seria la misma. Al morir la anciana, tomó su identidad, viviendo como Greta Meyer. Lloró y se quedó dormida llorando. Esa noche Greta soñó algo hermoso: Vió a su marido y a su hijo vestidos de blanco, despidiéndose de ella, yéndose a un lugar mejor. A un paraíso. Benjamín estaba sonriente, cargando al bebé que también reía. Le alzó la mano despidiéndose, luego, Greta lo observó marcharse al lado de su hijo a un jardín hermoso. Se despertó. No estaba sudada, ni agobiada, al contrario, tranquila. Su esposo y su hijo estaban en un lugar más feliz que la realidad a la que ella se tenía que enfrentar. Se tocó el corazón y con lágrimas en sus ojos les dió un último adiós. Quemar el diario fue un adiós a los dos amores más grande de su vida. Leah había muerto con ellos, Greta había renacido. Leah era débil. Greta es fuerte. Se levantó de la cama e hizo lo que tenía que hacer. ****** Greta tocó la puerta respirando hondo. Los copos de nieve se quedaban en el cabello, en su gabardina, en su zapatos, en su bufanda. Volvió a tocar cuando se abrió la puerta. —¡Greta! ***** Notita: Los leoo... déjenme sus comentarios por favor. besos.
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