Madrid 2

1990 Palabras
Miró de nuevo el móvil, cero llamadas y cero mensajes. Había intercambiado información de contacto con Emilio, pero el rato pasaba y él seguía sin contactarla. La idea de que se había aburrido de ella comenzaba a llenarle la cabeza de tonterías, por supuesto, un hombre con una hija ¿Para qué querría entrometer a una desconocida en el medio? — Era demasiado bueno para ser verdad. — Raeliana frunció el entrecejo cuando estuvo frente al espejo, había demorado horas arreglándose pensando tontamente que Emilio la buscaría, todo resultó en vano. — No me iré de aquí sin arrancarle las pelotas por esta desgracia que me ha hecho, no se hubiera ofrecido, hombres, todos son unos mentirosos desgraciados. Le dejó de importar que durante su momento dramático el pobre hombre que le llevó el desayuno a la habitación salía de allí casi temblando luego de que ella empezara a despeinarse salvajemente, arrojando sus cosas por todos, decidida a pasar todo el día dentro de su habitación atorándose con helado y lamentándose de su mala suerte para amar. — Señorita, si desea relajarse aquí en Madrid hay unos excelentes baños árabes… — Raeliana giró la cabeza hacia la señora de la limpieza llevándose algunas toallas en el camino. — Son algo parecidas a las aguas termales, dicen que son tan buenas que cuando sales de ahí es como si te hubieras sacado diez años de encima. — Diez años de encima… — Murmuró, verse como una jovencita de nuevo podría ser su boleto de suerte para conseguir a alguien que la quisiera de verdad, rápidamente cobró ánimos. — ¡Bien, entonces eso es lo que haré hoy! Y de inmediato empezó a empacar sus cosas para vivir una aventura, recordando que ese era su principal objetivo después de todo. Quizá podría comprar regalos para su padre o para Harry, quizá también algo para sus tontos hermanos. Sin embargo la puerta de su habitación se abrió estrepitosamente, el miedo inundó a Raeliana cuando sintió que alguien se había colado y que el personal de seguridad estaba llamando afuera a gritos. Unos pasos sigilosos tras de ella la paralizaron, por instinto tomó un cenicero de cristal como su arma cuando sintió al sospechoso completamente abusando de su privacidad. Y justo cuando rompió la distancia entre ambos le cubrió la boca, callándola sin importar sus esfuerzos por soltarse. — ¡No grites, soy yo! Esa voz la reconoció de inmediato, tanto que le hizo soltar el cenicero y relajarse. — ¡¿Qué demonios te pasa, Emilio?! ¡¿Quieres matarme de un susto luego de hacerme pasar por un gran coraje?! — Se quejó en voz alta — ¡Pareces un jodido ladrón! ¿Qué haces aquí? — ¡Lo siento muchísimo, de verdad! — Se lo veía nervioso, además de lo sudado que estaba y agitado, probablemente por huir de los guardias. — Había pasado la noche entera preparando las cosas para nuestro encuentro de hoy y me he quedado dormido, cuando desperté noté que el número que me diste no estaba registrado en mi celular ni tampoco apareció el papel donde lo escribiste para mí… No sabía cómo encontrarte así que empecé a preguntar por ti en varios hoteles hasta dar aquí de casualidad, pero no me dejaron entrar y tuve que apañármelas por mi cuenta. — Eso explica por qué hay tanto disturbio afuera, y tu aspecto desaliñado. — Raeliana no pudo evitar reírse, Emilio se veía igual que un cachorro a punto de ser severamente reprendido. Se compadeció de él y le ofreció agua y un momento de descanso — Nadie nunca había hecho algo tan arriesgado por mí. Emilio sonrió de lado, avergonzado. — Naturalmente no hago este tipo de cosas, pero no quería dejarte plantada y que pensaras mal de mí. Porque de verdad he llegado a apreciarte, Raeli. Que la llamara por su apodo la incomodó ligeramente, naturalmente solo Harry la nombraba así. — ¡Alto ahí! — Los oficiales de seguridad de inmediato forzaron la puerta, pateándola mientras entraban en una turba. — ¡Asegúrense del bienestar de la señorita y capturen al acosador! De un momento a otro todos estaban rodeándolos, el pánico reflejado en el rostro del buen Emilio era evidente, demostrando una vez más que era la primera vez en que se metía en problemas. — ¡N-no se preocupen! — Raeliana se interpuso entre Emilio y la policía — Él es… Es… ¡Mi novio! — Un poco más y se muerde la lengua diciendo aquello, cosa que sorprendió a todos los presentes. — No le había contestado las llamadas y se preocupó, por eso vino a buscarme, temía por mi seguridad. Lamento mucho el inconveniente, de verdad, no volverá a suceder. Los demás hicieron muecas de confusión y cierto desagrado, el policía que ya había sacado sus esposas apuntó con el dedo a Emilio, indicándole que se había salvado por poco. — Gracias, de verdad. —Emilio sonrió, más aliviado. — ¿Nos vamos ahora? Raeliana asintió, el lugar se trataba de un agradable parque, hasta donde sabía era uno de los preferidos por los ciudadanos. Y lo entendía perfectamente, era una belleza total, con monumentos, fuentes bellísimas y un paisaje sorprendente. — Parque del retiro, suena como un lugar perfecto para descansar pacíficamente. — Comentó Raeliana con una sonrisa, si corría con suerte lograría enganchar a Emilio. Se sintió feliz, tendrían todo un día para pasarlo juntos. O al menos eso era lo que se esperaba. — ¡Apúrate, papá! ¡Eres demasiado lento! — El grito de Emilia resonó por toda la extensión del parque al que Emilio la había ido a llevar a hacer un picnic. — Ahí vamos, Emilia, ten cuidado de no caer. — Respondió su padre, quien iba a paso más lento y falto de energías con Raeliana justo siguiéndole los pasos. — ¿No es una lindura? Es tan activa, hace que mis días sean más agitados y menos aburridos. Raeliana suspiró. — Sí, Emilio. Ya había dicho esa misma jodida oración cinco veces seguidas, cada vez que veía a su hija haciendo algo diferente. Desde un principio no se esperaba la presencia de aquella pequeña mocosa allí, aunque Emilio era un buen hombre su hija había heredado la sangre de un demonio de quién sabe qué persona. Lo supo durante el momento en que la pateó cuando su padre no estaba mirando. — Siéntate aquí, papá. — Emilia palmeó el asiento vacío a su lado, justo encima del mantel que usarían para el picnic. — Y tú puedes sentarte aquí. Señaló el asiento al otro lado, Raeliana sonrió ante el gesto inusual. Incluso llegó a pensar que no sería tan malo convertirse en la madrastra de Emilia, tal vez las dos terminarían yendo juntas al salón de belleza. Raeliana podría ser como la madre que nunca tuvo. Pero la vida tenía otros planes para ella. — ¡¿Qué estás haciendo?! ¡No puedes sentarte ahí! — Emilia comenzó a empujarla cuando tomó asiento justo a su lado, donde ella le había indicado — ¡¿Eres sorda?! ¡Tu gordo trasero está aplastando a Nano! — ¿D-disculpa? — Se sintió desubicada, sin poderse concentrar en medio de los gritos de Emilia buscó consuelo en la mirada de su padre. — L-lo siento mucho, Nano es su amigo imaginario… ¿Podrías solo…Ceder esta vez? — Miró el rostro suplicante en la cara de Emilio, solamente por eso fue que aceptó. A ella realmente no le importaba si ese tal ‘’Nano’’ moría a causa de su ‘’Gordo trasero’’. Su tiempo para comer no fue mejor que eso, toda la comida dentro de la cesta era exclusiva para niños, con formas cursis y jugo de manzana. Completamente lo opuesto a lo que se esperaba, sin embargo no dijo nada. — Come un poco, linda… Abre la boca. — Raeliana miró con suplicio la manera en que Emilio alimentaba a su hija y pasaba de ella, ellos estaba completamente sumidos en su mundo, uno donde no había espacio para Raeliana. Probablemente Emilio se percató de que la había hecho a un lado desde que llegaron, por eso dirigió su mirada hacia ella y mostró una sonrisa simpática. — ¿Hay algo que no te guste? ‘’Estar aquí’’ Habría contestado de inmediato si la situación fuera diferente. Pero solo atinó a negar con la cabeza y seguir comiéndose un sándwich con la forma cortada de un muñeco. Hasta que algo dentro del sándwich sacó las lágrimas de sus ojos, un ardor que se expandió por su garganta la ahogó, al punto en que comenzó a toser y escupir lo que se había comido, se sujetaba la garganta en busca del oxígeno que perdió, aterrorizada. — ¡¿Q-qué sucedió?! ¡¿Raeliana?! — Emilio acudió en su ayuda de inmediato, revisando el sándwich primero. — ¿Salsa súper picante? ¡Pero yo nunca le puse esto a la comida! No hacía falta decir nada para saber de quién se trataba. — p**i, estoy cansada ¿Ya nos podemos ir? Por supuesto, asesinen a la chica y huyan sin dejar rastro. Raeliana ya había perdido la cuenta del número de plegarias que había rezado con tal de no morirse. Emilio se apresuró en sacar una botella del canasto. — ¡Bebe esto! Es leche. — Raeliana se atragantó con la leche debido al desespero con el que la bebió, las manos de Emilio temblaban en pánico conforme le daba de beber. Y solo pudo calmarse luego de un rato donde casi pierde la consciencia. Era lamentable la situación, en ese preciso momento deseaba poder estar en los baños árabes que le recomendaron en lugar de un almuerzo familiar donde un amigo imaginario tenía más relevancia que ella misma. — ¡Lo siento muchísimo! Emilia seguramente lo habrá confundido con la salsa, la había dejado ayudarme antes. — Las vías respiratorias de Anastasia seguían ardiendo, como si hubiera tragado una llamarada de fuego. — Estoy tan apenado, por favor, déjame compensarlo.   — ¡N-no! — Tosió, tratando de apartarse de él. — Me largo, esta ha sido… La peor cita que he tenido en mi vida, y eso que salí con un tacaño extremo que solo me invitó muestras gratis de helado. — P-por favor no lo hagas… ¿Quieren te parece si vamos a navegar en el bote? Podemos tomar muchas fotografías. — Dijo Emilio en un intento de salvar la situación, Raeliana ni se inmutó, solo miró a Emilia, quien le sacó la lengua. — Por favor, Raeli. Sería muy bueno si nos acompañas ¿Te parece bien? ¿Crees que puedas? No podré dormir en paz si te vas, por favor. Raeliana dudó, quería irse al hotel, había perdido un preciado día. — Bien, pero tendré que marcharme luego. — Aunque Emilio le agradeció infinitas veces ella solo quería deshacerse rápidamente de él y de su monstruosa hija. — ¡Iré a comprar los boletos, no tardaré! Y fue así como terminó quedándose sola con el enemigo. — No te hagas ilusiones. — Dijo Emilia, peinando a su muñeca. — Solo quiere mantenerte cerca porque eres igual a mamá. — Me han dicho cosas peores. — Raeliana se encogió de hombros. — No puedes espantar así las citas de tu padre. — ¡Tú no eres su cita, no serás su novia ni tampoco mi mamá! ¡Mi mamá es irremplazable! Ambas se quedaron calladas cuando Emilio regresó con los boletos para todos en el bote, una mejor manera para visitar el parque y tal vez el regalo que necesitaba.   — S-señorita Russo ¿Por qué está así de mojada y sucia? — Tiró la puerta al cerrar la habitación del hotel, donde la atendió la mucama con un notorio gesto de preocupación. — ¿Le ha sucedido algo? — Solo que una engendro del demonio me arrojó al agua de un lago cuando paseábamos en bote, me lanzó migas de pan encima para que me persiguieran una horda de patos salvajes para terminar cayendo de lleno sobre un charco de lodo ¿No son grandiosos los niños? Agendaré una cita para sacarme el útero de inmediato. — Dijo con rabia, quitándose la ropa lodosa y las ramas que tenía enredadas en el cabello. — Y lo peor es que al último momento tiene el descaro de pretender sentirse mal y hace que Emilio me envíe de regreso en un taxi ¡¿Puedes creer su descaro?! Había perdido completamente la batalla contra una niña veintiún años menor que ella.
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