Capítulo 22 De Ali en su juventud

1518 Palabras
—Te desbordaste. —Ali soltó una risita, al ver lo que emanaba del m*****o de su amante. —Es lo que tu provocas, habla despacio, mira si nos oyen. —Aarón hablaba de a susurros, nervioso, pero aún seguía excitado. —Oye, no te vistas. —Frenó la mano de la joven, que buscaba algo para vestirse. —Ah sí ¿Y qué haremos? —preguntó ella, esta vez en voz baja. —Lo que yo quiera linda, te prometo que te hare jugar tanto como ese tipo. — Tomo las caderas de la chica con fuerza y la levantó para que se sentara sobre él. —Anda, intenta zafarte. Ali quiso moverse, pero el m*****o viril de Aarón le impedía hacer cualquier cosa. La tenía acorralada, no había forma de que se liberara, y estaba muy nerviosa, porque reconoció que era su hermana quien había entrado a la casa. Sus nervios le erizaban la piel, al mismo tiempo en el que sus piernas desnudas eran acariciadas por las fuertes manos de su hombre. El la acariciaba con suavidad, rozando despacio su sexo, no quería apresurar las cosas. Ella quiso levantarse, pero cayó sobre él por consecuencia al escuchar la voz de su hermana llamando a su perro. La penetración fue firme, al caer con todo su peso. Su suerte cambiaba conforme sus ganas de gemir subían. Si se le escapaba un sonido, todo empeoraría. No quería ni pensar que diría su estricta hermana. Claro que ella siempre estaba con su novio desde hace años en su cuarto, pero ella imaginaba que Ali no tenía ese tipo de permisos en casa. Decía que debía ser decente, porque si no la controlaban, se convertiría en una prostituta. Aarón sujetaba sus pechos y la hacía galopar, ella se sentía en los cielos, y el placer que albergaban juntos era tierno, y apasionado. La incertidumbre los excitaba más, y el miedo a ser descubiertos los hacía disfrutar enormemente cada acto. Los juegos eran fantásticos para Ali, incluso mejores que los de Andrés, ese hombre que jugó con ella y la utilizó. Aarón le ofrecía amor, y su tacto era irresistible, por lo que a su lado se sentía protegida y amada, además de deseada. —¿Qué diría tu hermana si nos ve? —dijo el, levantándola con fuerza para que vuelva a caer y así sucesivamente, él ya estaba por llegar a la cima del éxtasis. —Oh mi amor, de seguro se volvería loca. —Ella gimió por lo bajo, él le puso las manos en el cuello y masajeó con cuidado. —Ya vamos seis veces o más, ¿Quieres que explote? —Eso es lo que quiero, quiero que nunca vuelvas a extrañar a otro hombre que no sea yo. —Se dejó llevar para terminar, y así, culminados de pasión, se quedaron tendidos uno al lado del otro. —Uf, estoy agotada. — Ella suspiró cansada, estaba completamente mojada. Su hermana se encontraba en la cocina, seguramente ya se iría. —Bueno, creo que te mereces una pausa. —Aarón la rodeó con sus brazos tan musculosos y su piel tostada era iluminada por la luz que se filtraba por la ventana. —Mírame. —Posó sus ojos color miel en los de ella, cautivado. —La merecemos cariño. —Le devolvió la mirada, se perdió en la profundidad de sus ojos con facilidad. Estaba desnuda en cuerpo y alma. —Quiero ser tuya para siempre. —Ali… —Él no se sorprendió al oírla decir esas palabras, sus intenciones eran desde un principio volverla loca y conquistarla. —Lo serás, y yo seré tuyo. Si me lo permites. —¿Si? ¿Incluso en el trabajo? Eres el más codiciado de todos los solteros. —dijo ella, tomándolo por sorpresa y fundiéndose en un tierno beso. —Ya no más, será oficial. —Hizo una reverencia, para tenderle su mano. —¿Quieres estar conmigo, y ser mi novia oficial? —Claro que sí. —contestó, y se abrazaron para sellar su pacto. —Una cosa más… —Dime. —Esbozó una sonrisa. —¿Seguro que no estas molesto por lo que sucedió con Andrés? — Su voz se oía apenada. El titubeó por unos instantes, para dar sitio a la pausa más larga que Ali alguna vez hubiera sufrido. La culpa retorno a su cuerpo, sabiendo que él estaría en todo su derecho de enfadarse, de no olvidarlo jamas. Se preguntó cómo hubiera reaccionado ella si él le hubiera hecho algo similar, se dijo que no lo perdonaría. Era en extremo celosa y posesiva, y ese era el peor de sus defectos. Bajó la vista para no tener que encontrarse con su mirada, le aterraba pensar que quizá solo la había utilizado. Su cielo comenzó a llover, y la depresión precoz era inminente. Se indagaba pensando si todo estaría bien si jamas le hubiera preguntado sobre ese asunto. Se aferró a sus rodillas con sus manos, acunándose para tranquilizarse. Pensando en una canción para distraerse. “La costumbre tan efímera, el abrazo más fuerte no hay quien pare el andar de un amante valiente” Los pies se le iban de la tierra ante una situación que trastabillaba su realidad. Ella vio con el rabillo del ojo que él se encontraba severo. Sus cejas enmarcaban un ceño fruncido, dispuesto a rechazarla. Su boca se endurecía en un gesto de desprecio, al visualizar a la mujer que amaba en juegos indecentes con otro hombre. Luego de tanto placer, la esperaban sus reprimendas. La oscuridad entró a su cuarto antes tan claro y fresco, para dar paso al ambiente pesado de antes del café. “Los pasos en falso pueden consumir a un perro viejo las horas que se nos pasan a los que perder si sabemos, préndeme en la luz más tenue, para que no se me vea el alma desnuda” La canción resonaba en su interior, provocando que las lágrimas quisieran asomar en su rostro. La tensión crítica se cortó de pronto, ante la risa masculina proveniente de su amado. —Ali, ¿Estás jugando? ¿Por qué no me importaría? —La miró, comprensivo. —Me afecta, porque han dañado tu dignidad y yo quiero protegerte. Pero no me enfada, yo también he pasado por ese tipo de aventuras. Eso la desconcertó y quedó boquiabierta, su pecho ya estaba más tranquilo, pero su mente viajaba. ¿Su cabeza había estado tergiversando incluso el rostro de Aarón? ¿Realmente había sucedido la pausa? No quería preguntar nada que la comprometiera, no quería volver a arruinarlo todo. Se percató de que una lagrima había rodado por su mejilla. El la secó con el dorso de su mano, con gentileza, en su mente el trataba de comprenderla. Ella giró la cabeza para que no la vea directamente, pero el sostuvo su cuello para verla. Se liberó de todos los pesares para apoyar su frente en su pecho, y dejar caer la corona pesada que traía desde hacía años. No había tenido el valor para marcarle a su hermana los limites cuando fallecieron sus padres, y tampoco lo logró tiempo después, cuando su cuñado la miraba lascivamente y Tatiana ignoraba sus consejos. Tampoco había dicho nada cuando los encontró a ambos tomando cosas de su cuarto sin su autorización, incluso su dinero, que cada mes le pedían más para los gastos de mantenimiento del hogar. Se callaba cuando no le dejaban ni un poco del almuerzo, porque “calculaban de menos por error”, pero esta vez sería diferente, no estaba sola en esta etapa que estaba próxima. Miró a su ahora novio, que era tan enérgico y seguro de sí mismo, que decidió ser lo que ella siempre había sido fuera de su hogar, una mujer fuerte y directa. —Te diré algo mi amor. —dijo con fervor, poniéndose de pie, erguida y disfrutando de la desnudez de Aarón. —Soy todo oídos. —Él también se puso de pie, no sin antes besar el sexo humedecido de Ali, y con un movimiento travieso, sumergir su lengua allí a modo de juego. Aquello hizo que la chica gritara de placer. —Aguárdame unos instantes, que Tatiana entró al baño y no saldrá rápido. —Colocándose su bata, se marchó rápidamente. Volvió en unos segundos, con la ropa de ambos en los brazos, y la depositó en la cama. —¿Ya me voy? —Sonrió. Haciendo a un lado la bata, jugando con sus manos en ella, su m*****o permanecía erecto. Ella estaba decidida a hacer lo que se había planeado, pero también quería seguir sintiendo ese tacto, aunque sea por un rato. El volvió a besarla en su entrepierna, con su lengua audaz que exploraba cada rincón. Ali no quiso contenerse y dejo escapar un gemido. Luego de esto, le depositó en sus piernas su ropa, haciéndole ver que debía aceptarlas. El la miró con picardía e intriga. Su cabello estaba completamente mojado por el sudor de una mañana realmente agitada. —No cariño, vístete, te presentaré con mi hermana.
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