Capítulo 23 De Ali en su juventud

1523 Palabras
La cosa estaba pintando muy mal, y el enredo tomaba cada vez mas forma. Tatiana, absorta, los veía sentados en el comedor como si allí hubiesen estado de toda la vida. —Hola hermanita, ¿Quién es el afortunado? —Con una perfecta sonrisa, Tatiana se apresuró por preparar café. —No esperaba que tuvieras el día libre. —Él es mi novio, se llama Aarón y es del trabajo. —Ali contenía su rabia, siempre quería parecer simpática a los ojos de los demás, hasta ignoraba que había encontrado la ropa de ambos en la alfombra. —Quería presentártelo. —Hola señorita, yo trabajo en la oficina de Ali hace unos años. Esperaba conocer a su familia, tienen una casa muy bonita. —dijo Aarón, con educación. —Gracias, eres muy amable. —Tatiana sonrió, mientras preparaba las tazas. —¿Tomas café n***o? —Sí, gracias. —Y dime Ali, ¿Hace cuánto que están juntos? —pregunto Tatiana, con la vista fija en la pava de agua. Llevaba una camisa negra, bastante holgada, pero el n***o la hacía ver más estricta. Su rostro escondía la sorpresa. —Más o menos un día. —contestó Ali, riendo pese a lo descabellado de su respuesta. El semblante de Tatiana cambió, se veía más intimidada y observaba esa respuesta como un desafío. En su constante papel de madre, debía hacerse respetar y su hermana rompía las reglas con una frecuencia perturbadora. —Le aclaro que yo siempre he estado enamorado de ella. —Aclaró Aarón, guiñándole un ojo a su ahora novia. Se sentía como un niño que fue pillado en un desastre. En su cabeza se preguntaba qué clase de relación tendría Ali con su hermana, y porque había querido que hicieran semejante aparición, no podía ocultar sus nervios. —Lo imagino… —dijo Tatiana, cortante, casi se podía sentir su mirada afilada. —Bueno ¿Se quedan a almorzar? —Sonrió, con un gran esfuerzo. Cambiando su semblante de un segundo al otro. —Oh no… Yo no puedo, es que ya quedé con mi madre. Los miércoles siempre almuerzo con ella. —Aarón se veía apenado, pero para Ali era un alivio que no se quedara, sería demasiado incómodo. —Yo te acompaño hasta el trabajo, es que tengo que justificar inasistencia, pero vuelvo para el almuerzo. —dijo Ali, intentando ser amable. —Genial, yo creo que podrías comprar algo en la pizzería del centro, ya que vas por allí. —los ojos de Tatiana se centraron en los de su hermana, disimulando su indignación. —Bueno, me parece un buen plan. ¿Ya nos vamos? —Ali tomó el brazo de su amado y lo guio hacia la salida. Una vez en el automóvil de Aarón, Ali se relajó y lanzó una carcajada. —Joder, que bien se siente esto. —Suspiró aliviada. —Eres una caja de sorpresas. —sonrió, tomando su mano. —Pensé que mentirías y le dirías, aunque sea que íbamos un mes. —Esas son mentiras, mi amor. —guiñó un ojo. —Además, ver a mi hermana a punto de perder la compostura sepulcral que la caracteriza no tiene precio. —Vaya… Veo que no se llevan. —Se concentró en el semáforo que tenían en frente. —En realidad si, bueno, es imposible no llevarse bien con ella. Pese a todo es muy generosa, y buena, en la mayor parte de los casos. —Blanqueó sus ojos para dejar salir el fastidio que tenía dentro. —Amo cuando haces eso, eres tan hermosa. —Aarón le besó la mano mientras seguía mirando al frente. —Es que ella es tan difícil, a veces es tan rígida como una roca, pero es tan atenta conmigo… Es como una madre para mí, y cuando la veo a los ojos no puedo enojarme con ella. Su mirada a veces se torna triste. —Ali respiró profundo, y miró por la ventanilla del auto, ya casi llegaban a la oficina e ingresarían como una pareja recién formada. Eso sería tan repentino para todos, en especial para Leila. Vinieron a su mente los momentos en los que ella se arrojaba hacia Aarón, insinuándosele con su figura perfecta. Siempre le hervía la sangre cuando la veía. —Para tu consuelo, las familias son algo complicado. —Soltó una risa, varonil y encantadora. —Al menos tu logras convivir con ella, yo no veo a mi hermano desde hace años. Veras, todas las navidades solíamos pelear y hubo una vez que fue tan grave, que no volvimos a hablarnos. —¿Por qué se peleaban? —preguntó Ali con curiosidad. —Es que él tiene unos métodos de crianza extremos, al menos para mí. Mira, no lo deja ver televisión, ni comer dulces, ni nada divertido. —sonrió apenado. —Pues, pasa que el niño siempre me pide juguetes para navidad y yo se los compro. Por eso es que comienzan los pleitos casi siempre. —¿En serio? Sí que es estricto. —dijo Ali, que se alegraba porque su hermana no fuera tan mala después de todo. —Quizá es por el bien del niño, uno no sabe cómo será cuando sea padre. —Yo no seré así jamas, yo voy a ser el padre que siempre quise tener. —hizo una mueca graciosa, que marcó los hoyuelos de sus mejillas. —Eso crees tú, quizá te vuelvas amargado y severo. Y andarás con tu bastón, regañando a quien quiera que pase por ahí. —Ali soltó otra carcajada, él se le unió. Habían llegado, y el novio le abrió la puerta del coche a la dama, que parecía que caminaba hacia al altar y no hacia la oficina corriente de siempre. La sonrisa se dibujaba en los labios de Ali, y más tarde, incluso en sus peores momentos, atesoraría ese recuerdo en lo profundo de su corazón. Si la enfermedad estaba allí, solo podía verlo ella misma en esos momentos, porque para el afuera ella seguiría siendo una muchacha agradable y dedicada a su trabajo y estudios. La entrada fue muy romántica para ella, y las miradas de todos al verlos de la mano hicieron que se sonrojara. El sostenía su mano firmemente, y la acompañó hasta donde la secretaria los interrogó por faltar. Para su fortuna, ambos tenían la falta perdonada al ser la primera vez. Cuando todos se encontraban saliendo, Leila se aproximó hacia los enamorados, con su sonrisa color vino, con su maquillaje impecable. —Bueno esto es nuevo queridos compañeros. ¡Quién diría! —dijo, en tono altanero, rebajó a Ali con la mirada. —Que bajeza caer ante este tipo de mujer tan descuidada. —acotó por lo bajo. —Cállate, deja de decir cosas horribles. Métete en tu propia vida. —Le respondió Mario, otro compañero de la oficina. Los comentarios de Leila eran sumamente desagradables. —Ya nos vamos, de todas formas, Leila, deja de amargarte y vive tu vida. —Aarón dijo esto último y saludó a sus compañeros. Ali lo siguió y ambos se retiraron rápidamente. —Que insufrible es tu ex novia. —Le reprochó Ali. —Me odia. —Yo creo que nunca se han llevado bien, no me eches la culpa. —Él le sonrió arqueando las cejas, la situación lo divertía. —Eres más encantadora cuando arqueas la ceja en tu modo de ofendida. Ali le sonrió, antes de decirle que se bajaría y continuaría sola para comprar la comida para el almuerzo. Le deseó suerte en su jornada con su madre, y se despidieron con un beso largo y apasionado, el amor se expandía a su alrededor. A la joven le pareció que el cielo se despejaba en su cabeza a medida que caminaba hacia la pizzería, y que todas las personas a su alrededor estaban alegres. Pidió las pizzas que les gustaban a ambas hermanas desde siempre, y volvió a su casa en taxi, para que no se enfriaran. El retorno a casa fue color de rosa, ella miraba por la ventanilla del taxi con el talante alegre, y le encontraba lo bueno a las cosas cotidianas de su alrededor. Su hermana la había dejado repleta de preguntas, más que nada por su perfecta compostura ante la situación que evidentemente la horrorizaría. Al llegar a su hogar, ocurrió lo de siempre. Tatiana, charlando junto a Alan, ya habían almorzado. —Linda, demoraste demasiado. —dijo ella, sonriendo. —Son solo las doce y treinta del mediodía. —Ali bajo la vista, para no ver a su hermana a los ojos, se sentía aterrada otra vez. —A ver, ¿De cuál trajiste? —preguntó Tatiana, mirando de reojo la caja que Ali sostenía. —De mozzarella. —respondió, a secas, esperando alegría de su parte ante la pizza que siempre pedían juntas. —Uf, ya se me quitó el hambre. ¿Verdad Alan que yo odio ese tipo de queso? Alan asintió con la mirada y Ali se retiró a su cuarto con la caja entre los brazos, dispuesta a ignorar lo pesado de la situación. Otra vez habían ganado.
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