El día de la gran fiesta estaba próximo. Pero Alana ya no la esperaba en lo más mínimo y había querido cancelarla tantas veces, que solo pensar que el día llegó tan abruptamente le generaba constipación. Los días anteriores fueron una pesadilla, realmente toda la gente creía que era una mujer sin dignidad, una chica con gran futuro que se abandonó para comercializar sus fotos desnuda. Sus padres hicieron todo lo posible para que las fotos se eliminasen de las r************* , pero los adolescentes se esforzaban por hacerlas circular nuevamente.
De todos los mensajes que recibió, abundaban los comentarios obscenos a su cuerpo, burlas hacia su persona e incluso fotografías de miembros masculinos. Cambió su número de teléfono para no volver a recibir más de esas cosas. No podía creer que semejante montaje hubiese tenido tanto éxito, y que nadie le creyera. Su madre le dijo que los ignorara, y le había prometido que podía faltar a la escuela unas semanas. Aquello le generó la mayor de las alegrías de su vida y un gran alivio para su corazón. Sentía que lo sucedido no era el fin del mundo, más tras enterarse del accidente de su vecino Simón, pero el hecho de poder aislarse un poco le venía de maravilla.
Para hacer feliz a su madre, decidió continuar con la fiesta en última instancia. Realizó varios cambios en cuanto a los invitados y el entretenimiento, en vista de todo lo acontecido. Redujo a casi un cuarto de toda la cantidad original de invitados, focalizando en que estén más que nada sus familiares y amigos cercanos. Cuando asistió a la escuela al día siguiente del episodio, las miradas burlonas y juzgantes de la mayoría de sus compañeros y conocidos hizo que no quisiera tenerlos el día de su cumpleaños.
Cuando se sentó al lado de su amiga Ileana, ella no tardó en regañarla.
—¿Estás loca? ¿Por qué no me contestas los mensajes? No sabes todo lo que ha pasado. —Ileana se acomodó para seguir hablando.
—Ya, suficiente tengo con mi casilla de mensajes colapsada de degenerados que creen que cobro por mis fotos.
—¿Cómo demonios pasó? —Cerró los ojos fastidiada.
—No es real tonta, como carajos no te das cuenta. Ya me tienen harta, es una foto trucada, solo que todos son estúpidos. —Alana rodó los ojos.
—Jódeme, es que de veras pareces tú. —Hizo una pausa para pensar. —¿Qué haremos al respecto?
—Pues nada, viviré con eso y el que quiera creerme que lo haga. Después de todo la reputación es así, va y viene. —dijo Alana, con seguridad.
—Estas tan decidida… Realmente pensé que estarías destrozada. ¿No viste lo que dicen todos?
—Si ya se, y créeme que si estuve mal. —trajo a su mente toda la noche en vela llorando. —Peor no puede ser, no quiero que nadie me vea llorar por eso.
—Supongo que es lo mejor, si quieres yo me encargo de difundir que no es real, solo necesitamos pruebas. —Miró hacia arriba. —Déjame pensar.
—Ya lo tengo planeado, solo tienes que acompañarme al tocador cuando suene la campana, será sencillo.
—Sí que has pensado en todo, eres un genio. —Le dirigió una sonrisa triunfal. —Bueno, ¿Tus papás te dijeron algo?
—Negativo, solo me creyeron, por obvias razones, pero ya entenderás. —Alana se acomodó el pañuelo de su cabeza. Esta vez era uno rojo, con pequeñas flores estampadas de color lila, era muy colorido. Combinaba con su falda entablillada y su camiseta suelta amarilla.
—De maravilla. —le dijo Ileana, eran totalmente distintas. Ileana iba súper arreglada, con un maquillaje impecable, una blusa ceñida al cuerpo negra y unos jeans de tiro alto.
—Bueno, ya quiero hablar de otra cosa ¿Qué le paso a tu antiguo enamorado? —preguntó Alana, con picardía. —Espero se encuentre bien.
—Oh dios mío, no te imaginas. Dicen tantas cosas, la versión que más resuena es que estaba con una chica a la que intentaba robarle o algo así, su hermano apareció y le dio una paliza. —titubeó unos segundos. —Creo que está estable, porque mi mamá dice que se cruzó con su tío y eso le dijo, al menos.
—Qué suerte, pero… Siempre está metiéndose en líos, ¿Te acuerdas el año pasado?
—Sí, el chico de segundo al que golpeó en el patio…
—Y cuando lo sancionaron por fumar en el patio, luego por golpear a otro chico más grande, después por romper una mesa… Uf, vaya que cosas ha hecho. —La miró con ojos cansados. —Era obvio que sucedería algo así.
—No digas eso, que no ves la madre que tiene, quizá está un poco loco en el fondo. Pero sigue siendo lindo ¿Eh? Y es bueno con las chicas.
—Vaya, sí que tiene ventajas. —dijo Alana con ironía.
Cerrando su conversación con esta frase, ambas se compenetraron en la clase como de costumbre. Su plan era ir al tocador y que Ileana le tomara una foto de su abdomen y su cara, para que se viera la mancha de nacimiento. Destruyendo así, todas las mentiras de Santiago. En la clase escuchó varios murmullos acerca de sus pechos, sobre su cuerpo tan desarrollado, sobre que le harían si fuera su novia. Al menos la otra mitad de la clase solo hablaba de Simón Paviano, que había recibido la golpiza de su vida.
Ella se sentía mal por él, pese a que el parecía no registrarla en lo absoluto ni tener la intención de hablarle jamas. Siempre había escuchado hablar de él en su casa, porque el caso de esa familia era en extremo conocido. La desdichada Ali, que vive en mundo de fantasías y temblores, la mujer que grita sin razón y sale a la calle desnuda. Se sabe que su problema comenzó poco después de que su hijo naciera, y sus tíos debieron hacerse cargo de madre e hijo. El chico siempre había sido problemático desde que era pequeño, pero ella siempre había sentido que quizá fuera bueno en el fondo, y lo defendía cuando sus padres hablaban mal de él.
Esperaba que con su plan todo se solucionase, y pudiera tener una vida más o menos normal. Recordó aquel día en la plaza con su antiguo amigo, y para su enfado, su entrepierna se humedeció al pensar en aquella jornada. Quería desesperadamente concretar el acto con alguien bueno, que le agradase, pero siempre se encontraba pensando en las posibilidades tan excitada. Era joven y estaba ansiosa por probar un poco de ese mundo que la esperaba.
El momento de la verdad llego antes de lo esperado y las chicas corrieron al tocador. Alana le contó sus planes a su amiga y estuvieron de acuerdo rápidamente.
—Bueno ¿Cómo tomaremos la fotografía? —Ileana preguntó con cautela, mientras cerraba la puerta y la trababa para que nadie pudiese pasar a su cubículo.
—Déjame ver… —Alana miró al techo, pensando en la fotografía perfecta. —Bueno, debe verse mi abdomen y mi cara, por lo que por consecuencia se verán mis senos… Pero no tiene por qué ser tan terrible, igual tendré puesta la blusa solo que me la subiré un poco.
—Oh genial, bueno prepárate. —Ileana se movió de lugar para buscar su teléfono y buscando un buen ángulo para tomar la foto.
—¿Qué te parece así? —La joven dejo al descubierto su vientre, pero la foto no sería provocativa.
—Perfecto. Ay veras que todo saldrá bien. —Ileana rio y tomó las fotografías. Fue en ese segundo cuando la puerta se abrió y no pudo detenerla.
—Par de sucias, teniendo relaciones en el baño. —Miza, una chica de segundo año, que había oído toda la conversación malinterpretándolo todo, ya tenía preparado su celular, por lo que les tomo una foto y salió corriendo.
—¡Atrápala Alana! —gritó su amiga, también echándose a correr.
Pero ninguna de las dos amigas llego a atraparla, Miza ya estaba en su salón, que convenientemente se situaba a unos metros del tocador. Con un solo clic en su teléfono, Alana otra vez estaría en el foco de atención de todos. Su panorama se ensombrecía y todas las profecías se cumplían.