Capítulo 43 De Paloma en su adultez

1337 Palabras
Su hermana siempre había sido la de los problemas, con los malos entendidos y los conflictos, y ahora también había alcanzado su nuevo hogar. Se sentía mal por ella, mientras iba a su cita con su prometido del cual había quedado completamente flechada. Aarón era tan interesante y cautivador, que era imposible para ella dejar de pensar en él. Se preguntaba qué clase de velada tenía planeada, siempre lograba sorprenderla. La última vez la había dejado completamente empapada solo con hablarle al oído, y no veía la hora de probar algo más atrevido. En su mente fantaseaba con el momento, se humedecía solo de pensarlo y haber sentido su erecto m*****o una vez, cuando se abrazaron, la embebió de lujuria y deseo. Todo había sido un caos en casa, pero al final mal que mal las cosas se habían resuelto. Ahora caminaba a su encuentro, cuando el auto de vidrios polarizados paró en a su espera. —Hola hermosa. —Aarón le besó la mano, tal como la primera vez. Ella se sonrojó y subió rápidamente. —¿Cómo estuvo tu día? —Pregunto el, con cortesía. —De locos, la verdad, luego de que volvimos a casa todo fue un descontrol. —Paloma soltó una risita. —¿El tuyo? —Ahora que estás tú, de maravilla. —El la miró y le dirigió una sonrisa de lo más atractiva. —Bueno, entonces es un buen plan el que escogí. —continuó diciendo mientras conducía hacia la parte más lujosa del pueblo. —¿A dónde vamos? —preguntó la joven con curiosidad. —A un sitio donde te relajaras y no volverás a pensar en ningún problema. El camino era bastante corto, por lo cual llegaron de prisa al objetivo. Él le abrió la puerta al bajar, cosa que a ella le encantó. El lugar era como una cabaña muy amplia, cuya entrada estaba adornada con guirnaldas de luces blancas. —Es hermoso. —dijo ella, encantada con aquel gesto. —Espera a ver como es dentro. —le replicó el, conduciéndola hacia el interior lentamente, mientras la tomaba de la mano con suavidad. Estaba en lo correcto, dentro el sitio era aún más hermoso, poseía una piscina con agua tibia adornada con rocas como si fuese una vertiente natural. Había flores por todas partes y más guirnaldas con luces. Columnas de hierro blancas sostenían un camino de ensueño, con rosas blancas esparcidas por su totalidad. También había sillones, pequeños y del tamaño de camas, almohadones marroquíes y lámparas extremadamente artísticas. —No veo la hora de nadar. —dijo ella. —Pero no he traído mi traje de baño. —Sintió que las mejillas se le enrojecían. —Nada de eso, he planeado algo para nosotros, si me lo permites. —Claro, eres mi prometido. —contestó ella, con una sonrisa picaresca. —No quiero que me des ese permiso con palabras. —le dijo Aarón al oído, mientras ponía sus manos sobre sus hombros. Bajó su vestido con rapidez, dejándola en ropa interior, ella volaba por los aires, mientras él seguía hablándole al oído. —Quiero que me permitas hacerte mi esposa. —decía, besando su cuello suavemente, tocando su vientre con dirección hacia sus pechos, pero se detenía antes de llegar. Ella deseaba que llegara hasta ellos, con sus manos tan expertas, su cuerpo tan endurecido y varonil. Pero él llegaba hasta su vientre, luego comenzó a besar sus piernas, sin llegar a su entre pierna, haciéndola desearlo con locura. Tomó una de sus manos y lo hizo conducirse hacia su interior, que estaba completamente mojado. El obedeció y procedió a desnudarla por completo. Ella hizo lo mismo, y le quito toda su ropa. Antes de poder seguir, Paloma se arrojó a la piscina, dejándolo completamente desconcertado. —Vamos a jugar. —Le dijo la chica, guiñándole un ojo. El obedeció, sumergiéndose juntos y desnudos en el agua tibia. La chica se trepó a su cuerpo, rozando su m*****o con delicadeza, él estaba perdiendo el control y quería penetrarla, pero esta vez ella lo detuvo. —Quiero estar dentro de ti hermosa. —Le dijo al oído, con su voz extremadamente sensual, mientras introducía dos dedos en su interior, provocando un gemido intenso. Ella gimió nuevamente cuando él pellizcó levemente uno de sus pezones, y cuando introdujo sus dedos otra vez, arqueó su espalda liberando un grito de placer. Él la tomó con sus brazos y se zambulló entre sus pechos, besándola en cada rincón. Paloma lo dejó hacerlo por unos instantes, luego se liberó y bajó a su m*****o, para besarlo suavemente. Esta vez él fue el que gimió con desesperación, luego la penetró con firmeza, una y otra vez. Al sentir el tamaño de su m*****o en su interior, Paloma dejó escapar otro grito de placer. Nunca había sentido a un hombre tan experto entre sus piernas y la estaba dejando hecha de seda en aquella pileta. El sostenía sus senos entre sus brazos mientras apretaba su sexo firmemente, haciendo que ella se moviese de forma irrefrenable. Cuando hubieron acabado, Aarón la guio hacia el uno de los sillones, donde la sentó en sus piernas para que sintiese su m*****o aun erecto, ella lo quería de nuevo en su interior. El placer que le proporcionaba era indescriptible y completamente nuevo para ella. Cada vez que se movía con el dentro suyo, un orgasmo estaba próximo a surgir y se estaba volviendo adicta a aquella sensación. El apretaba sus senos y besaba su cuello, y en ocasiones incluso la mordía, cosa que la hacía alcanzar el orgasmo con más rapidez. El vaivén de emociones los sumergía en las profundidades de la pasión sin límites. Cuando los innumerables actos tuvieron una pausa, el anunció que la cena estaba lista, y varios camareros entraron a preparar una elegante mesa frente a ellos. Había toda clase de platillos, la mayoría eran los favoritos de Paloma y a ella la cautivó que le hubiera prestado tanta atención, no se le había escapado ni un detalle. —Eres la mujer de mis sueños. —dijo el, viéndola a los ojos mientras se sentaban a comer. Paloma se había quedado sin palabras. Pensaba en lo que había pensado antes de conocerlo, cuando pensaba que sus padres le presentarían a alguien que no le interesaría en lo más mínimo. Ahora estaba tan sorprendida y hechizada por su caballero, que deseaba que su relación avanzase más rápido. —Tu no estas nada mal. —Paloma sonrió. —Estoy impactada, has traído todas las cosas que amo. —dijo mientras miraba todos los platillos, desde los más sencillos hasta los más complicados. —Ojalá algún día yo sea una de esas cosas. —Aarón la veía fascinado, al tiempo en que la tomaba de las manos. —Estoy segura de que así será. —Paloma lo miró con los ojos llenos de amor. —No veo la hora de que así sea. —También yo. —Paloma tenía las mejillas enrojecidas. Al tiempo en el que ambos degustaban una infinidad de platillos exquisitos y platicaban sobre sus muchos temas en común, Paloma sintió que en su corazón algo había florecido al fin, después de tanto tiempo y tantas decepciones, la suerte le había sonreído al fin. Conociendo al caballero más atento, atractivo, interesante y candente que jamas hubiera soñado, como si hubiese salido de una novela romántica. Se sentía sumamente relajada y ante todos los orgasmos que experimento, también se sentía en un estado de satisfacción constante y ardiente. Verlo también le provocaba fuego en su interior y el parecía sincero en su mirada. Pudo darse cuenta, con tan solo una velada, que aquel hombre sería el dueño de su corazón para siempre, porque había quedado flechada con su mirada, con su forma de ser y sobre todo con su forma de comportarse con ella. Paloma, reía en su asiento, platicando animosamente y en su interior decía que no habría ningún momento más feliz que ese en toda su vida.
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