En su cuarto, se preparaba para su cita siniestra. Se había cepillado el cabello hasta que le quedo lacio y brillante, para no disgustar a su extorsionador y también se había producido mucho. Llevaba un vestido corto y rojo, con brillantes en el pecho, y acrecentaba sus ahora incluso más grandes muslos. Su ropa interior era gruesa, tal como se lo había solicitado.
Tuvo la buena fortuna de que su hermana y su cuñado se fueran de paseo todo el día y se llevaran a su hijo pequeño. También visitarían a la madre de Alan, que era como una abuela para él, por lo cual estarían ocupados.
Un auto la recogió por la esquina de casa, bajo algunas miradas curiosas. Cuando abrió la puerta, se vio cara a cara con su verdugo. Unos ojos verdes la observaron de forma sagaz, invitándola a pasar.
—¿Cómo pudiste hacerme esto? —Ali estaba furiosa, pero no atinaba a hacer más que a sollozar.
—Cálmate un poco, mi amor. —Acarició su pierna derecha. Ella continuaba sollozando. —Tú has sido la culpable linda, tú fuiste quien me rompió el corazón.
—Era muy joven, lo sabes, era una imbécil. —Ali sentía una mezcla de sensaciones en su interior, donde luchaba la ira y el dolor.
—No puedo saberlo, si incluso cuando estabas abordando una relación te acostaste conmigo. —Andrés sonrió y metió su mano al sexo de Ali. —Eres una pervertida y lo sabes.
—Suéltame, por favor Andrés, déjame tranquila. —Ali volvió a sollozar.
Él no la soltó, sumergió sus dedos en su interior y jugó allí un buen rato.
—Recuerda que tenemos un trato, solo es esta vez y ya. Así que disfrútalo, tal como antes. —dijo con la voz aterciopelada, mientras bajaba abruptamente el vestido de Ali para dejar sus pechos al descubierto. Tomó uno con sus manos y lo masajeo con firmeza.
—¿Solo una última? —Ella lo enfrentó con severidad, con la fortaleza más intensa que alguna vez hubiese sentido dentro suyo.
—Tal como te lo dije, es más, a donde vamos estará el ordenador donde está todo el material y tú puedes hacer con él lo que te plazca. —le dirigió una mirada sonriente, lasciva.
Ella asintió, dispuesta a hacer lo que fuera para recuperar su ansiada libertad, aunque fuera rebajarse a tener relaciones con su ex novio. Nunca creyó que todo el asunto llegaría tan lejos, como podía el haber sido tan rencoroso y como había planeado toda su sumisión para divertirse. Lo odiaba, pero lo haría por su hijo, por su familia y su empleo. Algo en ella le advertía sobre un peligro, pero quería seguir adelante para terminar con todo aquel asunto.
—Espero cumplas, o lo pagarás. —Fue la respuesta de Ali.
Al ingresar en el lugar, tan lujoso como un castillo, Ali sintió que se le revolvían las tripas. Las paredes eran de mármol rosa, con adornos de plata que refulgían. El camino hacia la habitación parecía ser eterno, había varias personas realizando la limpieza del lugar. Ali pensó que se trataba de una especie de hotel. Atravesaron un vestíbulo inmenso hasta llegar a una habitación muy amplía con una mesa cargada de disfraces.
—¿Estás jugando? —dijo ella, furiosa, contemplando la pila de disfraces junto a ellos.
—Sí, un último juego, linda. —dijo al tiempo en que le agarraba el trasero con suavidad. —Estas más guapa.
—No te hablaré, pervertido. Solo cumple tu promesa. —replicó ella, con severidad.
—Ahí está. —Señaló un escritorio al otro lado de la habitación, donde estaba el ordenador.
Ella obedeció y se colocó el disfraz que él le tendió, que consistía en un antifaz n***o brillante con el cual no podía ver, y un traje de bailarina que dejaba al descubierto toda su entrepierna, cubriendo solo parte de sus piernas, también sus pechos permanecían desnudos, solo su vientre se hallaba cubierto con la tela purpura de gasa y seda, y las plumas turquesas. Ahora ya no podía ver absolutamente nada. El la sujetó a la cama y le ordenó que estuviera abierta de piernas, mientras jugaba con sus pechos, poniendo su m*****o entre ellos. Las sensaciones frías colmaban de nervios todo su ser, con el corazón herido y sal en sus heridas. Estaba ciega frente al monstruo que había hecho su vida miserable por tanto tiempo y aun así no había podido enfrentarlo. Sus decisiones tambaleaban en el posible desenlace trágico para su historia. Sentía un hormigueo en los pies que terminaba en un dolor en la entrepierna, que hizo que se torciera en una mueca de dolor. El entumecimiento de su cuello por la tensión, deseando ser esa ave que podía escaparse libre, sin aquel terrible peso del destino. El hecho de que el la tuviese tan indefensa le provocaba mucha impotencia y estuvo a punto de golpearlo en la entrepierna, pero el miedo la hizo detenerse.
La puerta se abrió, y él se excusó con que se trataba de alguien de limpieza. Hizo señas para que se callara, o eso fue lo que ella creyó. Luego puso un trapo húmedo sobre su rostro.
Sintió unas manos sobre ella que no le eran familiares, pero aquello no duró mucho tiempo. Luego un grito inundo toda la sala, pero ella no podía moverse ni tampoco ver.
—¡Por Dios! —Gritó una voz insoportablemente familiar, la voz de su hermana.
—Es lo que te he dicho, querida. Mira todas las fotos que me ha enviado. —la voz de Alan también estaba allí, pero Andrés había desaparecido. —Incluso ayer llamo Aarón, contándote todo, pero tú no me creerías a menos que te brindara pruebas. —Carraspeó. —Ella me citó aquí, porque yo siempre la estoy ignorando.
—Por favor, no es cierto. —Tatiana parecía incrédula, pero al mismo tiempo deshecha.
—¿Qué fue lo que te dijo su ex novio, el que la embarazó supuestamente, según ella? Claro, que ella se acuesta con quien quiera que pase, está loca y lo sabes. Ni siquiera sabe quién es el padre del niño, nos engañó.
—Pero ella me dijo…
—¡Pero ella miente! Siempre fue un desastre, y hasta el “padre” del niño te lo dijo, confesó que ella lo engañaba constantes veces, y que era casi una ninfómana. Debo agradecerle, porque si no fuese por su testimonio nunca me hubieras creído.
Tatiana lloraba desconsoladamente, Ali intentaba hablar y defenderse, pero le habían aplicado algo que la mantenía adormecida. Como si se hubieran terminado las palabras en el mundo, y ella se esfumaba entre las hojas de un libro triste y abandonado. La desesperación era tanta, que el somnífero casi que no hacia efecto, pero nadie la oía. Su desnudez la paralizaba, la avergonzaba, la mantenía vulnerable ante los ojos de todos.
—¡Cómo pudiste hacer esto! Gracias al cielo que deje al niño con mi suegra. —La voz de Tatiana se quebraba. —¡Respóndeme!
Pero Ali solo movía sus labios sin emitir sonido, no le era posible.
—Te lo he dicho innumerables veces, pero jamas me escuchas. Ella debe irse.
—¡Cállate! —Tatiana seguía sollozando, con la furia en su voz.
—Puedes escucharme, aunque sea por una vez. ¡Que no ves que tu hermana es una ramera! Mira las fotos que me ha enviado. —Alan gritaba a tal punto que parecía que perdería su voz.
Tatiana estaba en shock, y no respondería hasta dentro de unas horas, cuando llegó a su hogar transportada por Alan, y vio a su hermana siendo medicada, con el comportamiento de un animal enjaulado, agrediendo a todo aquel que veía. Alan abrazo a Tatiana con fuerza, prometiéndole que todo estaría bien.