Capítulo 8 De Alana en su adultez

1447 Palabras
Marina parloteaba sin parar las repercusiones de su entrevista, con los aires de una súper estrella. Vestía un vestido ceñido al cuerpo azul oscuro, que dejaba al descubierto sus hombros delgados, zapatos altos, maquillaje exorbitante. Todos centraban su atención en ella, en especial la clientela, admiraban su buen gusto. El salón relucía y Alana acomodaba algunas prendas nuevas en sus correspondientes lugares. Había despertado con una alergia terrible, y para colmo no contaba con pañuelos. Recién llegadas estaban los tapados de hilo hasta las caderas, color gris plata y con ornamentos muy delicados. Luego de acomodarlos debía ir a la sección masculina, a organizar las camisas nuevas. Tenía mucha practica en la organización, y era una fanática del orden. Siempre quedaba todo muy bonito cuando ella ordenaba y tenía un gusto exquisito para la moda, lo cual encajaba a la perfección con ese lugar. Sin embargo, su forma de vestir no era como la que el local ofrecía, ella era mucho más informal. Se había sentido muy extraña en los últimos días, tenía más apetito y se reía casi todo el tiempo, no había motivo que la amargase. Justo estaba colgando una camisa oscura, cuando la alergia la invadió nuevamente con violencia y estornudo directamente sobre la prenda recién llegada. —Bueno, esa ya no la voy a querer. —dijo una voz a sus espaldas. Alana abrió los ojos lo más que pudo, e intento ocultar las manchas de la camisa con vergüenza. Él se reía, el periodista tan despreocupado que le había hecho la entrevista a Marina, no se había olvidado de él. Tenía puesta una sudadera negra y unos jeans desgastados, Alana se sorprendió porque lo hubieran dejado pasar, su estilo no era para nada el de la boutique. —Bueno, ¿Entonces qué vas a venderme? —dijo riendo, con una sonrisa sincera y tranquilizadora. —¿Cómo que andas buscando? —preguntó ella con compostura. —¿Algo para una fiesta? —No, no. —Dejó escapar otra risita. —No soy de salir mucho y menos a fiestas elegantes. —Podría ser esto, como para andar por la calle. —dijo mientras sostenía un saco bordo, y hacia ademan de verse intelectual. Alana soltó una carcajada. —No creo que te quede. Puede ser mejor este. —Alana le mostro una chaqueta de cuero, muy sobria, pero era más de su estilo. —Como que no soy muy fan del cuero, voy a llevar el saco rojo. —dijo guiñando un ojo. —¿El precio cuál es? —Súper, súper de verdad. —respondió ella con ironía. —Va conmigo, iré a la caja. Se vieron interrumpidos por Marina, que, al notar la presencia del periodista, quiso saber que pasaba. —Chico, ¿Qué buscas? Tengo tiempo para otra entrevista. Vi que todos quedaron encantados. —dijo la chica al tiempo en el que contoneaba sus caderas. —Sí, me alegro por ti y por mí en realidad también. Ahora me ascendieron. —contestó el con su despreocupación habitual. —Entonces imagino que estarás agradecido conmigo. —Lo miró con aires provocadores. —Estoy disponible para una cita para hablar más en cámara. —Aja, te llamo cualquier cosa, pero eso lo arreglan otras personas… Yo solo voy a donde ellos me piden. —Sonrió con humildad. —Alana, ¿Qué dices si te paso a buscar cuando termines tú turno, así almorzamos juntos? —Claro. —La joven se ruborizo, para el prestigio del lugar sería extraño verla salir con ese periodista tan extraño. No obstante, quería seguir conversando con él. Ella lucía su jovial ropa, perfecta y pulcra, y su cabello recogido en un peinado alto. Marina la observo con ojos de sorpresa, arqueó una ceja y lanzo una risa sarcástica. Estaba ciertamente molesta, pero no dejaría que eso opacase su compostura. Alana adivinaba un enredo de rumores de parte de su compañera, cuyo espíritu de competencia no era para nada sano. A su jefa quizás no le importaría, pero eso dependía de hasta donde llegaran los rumores. Los chismes, pueden crecer grotescamente de boca en boca, sin ni una pizca de realidad. Las heridas del pasado le atribuían cierta valentía, y su disposición a siempre cambiar de vida para mejor, la empujaban a tomar decisiones apresuradas, porque confiaba en el destino. Ya no se amargaba tanto como en otros días, su aprendizaje había sido muy duro, pero efectivo. Aclimatarse a su nuevo hogar no era tan trabajoso como intentar desapegarse a sus hábitos más dañinos. En aquel enredo, quedaban vestigios y actitudes que la perseguían como una sombra. Amarse a sí misma, lo más complicado de realizar para ella. Trepar hacía el sueño tan sencillo para unos, la percepción correcta de sí misma, la cúspide de cualquier felicidad. Su personalidad era dura, rígida y ordenada, para controlar un poco esos demonios que asomaban. La jefa se paseaba por la sala, tan amplia y linda como de costumbre, en un día fresco. El movimiento de gente era tranquilo, por lo cual ningún empleado estaba demasiado agotado. La boutique convocaba mucha gente en épocas festivas, por lo cual como estaban en marzo, las cosas estaban calmadas. Simón pago su compra y se retiró rápidamente, al parecer había llamado la atención de todos allí, porque se oían comentarios por varios sectores. Muchas muchachas comentaban el aspecto tan desarreglado del joven, o de que querría comprar allí, un lugar de tal reputación. Marina les explicaba que era el periodista que la había entrevistado, que siempre rondaba para ver si encontraba algo de lo cual informar. Al parecer sentía simpatía por el muchacho, pese a siempre tratarlo con superioridad. Las horas pasaban, la jornada de trabajo iba llegando hacía el descanso, y Alana tenía ciertos nervios. Aquel joven siempre había llamado su atención, pero eran de mundos diferentes y el jamás le había hablado antes. Sería todo un tema aparte como haría para entablar una conversación larga con él, pero confiaba en que todo saldría bien. Antes de salir paso al tocador a arreglar su peinado, poseía la costumbre de no querer ni una hebra suelta, por lo que su cabello usualmente se ordenaba con mucha prolijidad. Se preguntó si realmente quería salir con él, y no era solamente un capricho de su adolescencia que arrastraba. Sus miedos se silenciaron con esa pregunta, el sol pareció emerger, y las luchas internas se acallaron. Para dar pie a que Alana se dirigiera a la entrada, preparada para su cita. El la esperaba afuera con el aristocrático saco bordo que había comprado en la boutique por la mañana, lo llevaba desprendido y abajo tenía una camiseta negra con la estampa de un tren antiguo. Era ridículo en sí, pero lo lucía muy bien, y el saco realzaba sus músculos. Sus jeans desteñidos y con sutiles roturas le daban su aspecto despreocupado habitual. Para que a la chica le agradara más, aparte del saco llevaba zapatos, en un esfuerzo de verse más importante. Le dirigió una sonrisa sencilla, y su cabello castaño revuelto enfrasco una expresión de interés sano, y fresco. Ella se la devolvió intuitivamente, y lo saludo con soltura. El la saludo tomando su cintura, cosa que la hizo estremecer y sintió vergüenza por ella, pero lo olvidó rápidamente. Simón comenzó a platicarle sobre el lugar a donde irían a almorzar. —Bueno señorita, ¿Nos vamos? —Hizo una reverencia en modo de broma, y tomó el brazo de la chica. —Sabrás disculpar, por el momento no tengo carroza y el lugar para el almuerzo está a cuatro cuadras. —Soltó una risa y le dirigió una mirada amable, con sus ojos oscuros. —Puede ser, lo dejo pasar por esta vez. —Sonrió algo tímida. —¿Me dices una pista de a dónde iremos? —A ver… —Miró hacía el cielo, buscando alguna pista que no revelara el lugar. —Venden agua y otras bebidas. —Uf, que gracioso, una pista de verdad. —También venden comida. —Bueno olvídalo. —dijo ella divertida, tomada del brazo del Simón. Alana se extrañó al ver que no tomaban el camino que se introducía en la parte céntrica de la ciudad, sino que se alejaba un poco y ella ya no conocía mucho por esos lugares. Se sintió un tanto molesta por no salir nunca del centro, ni siquiera unas cuadras. Allí se veía un restaurante de comida china, muy ornamentado y con todo tipo de guirnaldas de colores. Las sillas y mesas eran blancas, realizadas en hierro con formas muy detalladas y diseños florales. Entraron en su primera cita, que sería el comienzo de algo más que un romance.
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