Capítulo 46 De Simón en su adultez

1310 Palabras
Los días anteriores al viaje rozaban el descontrol. Entre tantos planes, Simón casi se había olvidado de avisar a sus tíos que llegaría. Su reacción ante la noticia fue bastante reservada, pero él ya se lo imaginaba con todo ese asunto de su madre. Se quedaría con ellos para pasar un poco más de tiempo, a su forma también los extrañaba mucho. No quería ni pensar en quedarse con Alana, porque su madre le parecía una mujer que no le agradaba en lo absoluto y no quería tener problemas con ella. No le había escrito a Alana desde aquel día, porque sentía en cierto modo vergüenza por lo sucedido, porque él jamás sería un buen partido a sus ojos. Para el aquellas miradas y los malos comentarios eran habituales en su lugar de origen, pero al ver trasladado todo a su lugar nuevo se sintió abiertamente fastidiado. Alana lo tenía enamorado perdidamente, tanto que se le nublaba el juicio en muchas ocasiones y de pasar a tener el temperamento de una fiera, se encontraba tranquilo agazapado en un rincón. Cuando no pensaba en ella, se acordaba de lo ocurrido en su casa y se enfadaba, al punto en el que le contaba a Gael una y otra vez la historia, como para desahogarse. Pero el día del viaje al fin llegó, tratándolos con amabilidad en una jornada soleada y agradable. —Vamos, ya es hora. —Le dijo Gael a su amigo, intentando sacarlo de su cuarto. —Lo he pensado… —Simón carraspeó. —Déjate de tonterías. Cámbiate. —Gael lo empujó hacia el armario. —¿Ya le avisaste a la chica que estamos por ir al aeropuerto? —Si… Supongo. —Simón agachó la cabeza, ignorándolo. —Adivino, no le has escrito desde aquel día. —Gael puso los ojos en blanco. Simón hizo silencio, cosa que le dio la razón a su amigo. —¿Y qué demonios piensas hacer? —No lo sé, si van mejor, pero si no van quizá también es lo mejor. Yo solo planeaba ir con ella, pero ahora vas tú, su mamá, su papá, su hermana y hasta su cuñado. —Simón lanzó un bufido, fastidiado. —Hubieras cancelado antes, no a última hora. —Gael subió la vista al techo. —Quien sabe si van a ir. —¿Pero entonces si iremos? —Supongo. —Simón se hallaba frio, serio. —Iremos y ya, ya compramos los estúpidos pasajes. —Gael comenzaba a impacientarse. De mala gana, Simón se vistió y busco su bolso con sus pertenencias. En pocos minutos estuvieron en el aeropuerto, no tenía idea de cómo había arreglado Alana sus asuntos y se sintió mal al no haberle preguntado sobre ello. Se dijo a si mismo que podría arruinarlo todo en cualquier momento, y jamas volvería a amar a nadie en toda su vida. Su temperamento continuas veces le jugaba una mala pasada y no se sorprendería si volviese a pasar. Al verla allí, con su cabello a medio atar y algunas hebras sueltas, y sus ojos claros expectantes ante todo lo que pasaba, comprendió que haría lo que fuese por ella. Vio en su mirada que su alma estaba entre sus dedos, aguardando al dueño de su corazón, temblando porque no lo quebrase en pedazos. Su familia también aguardaba y reconoció al novio de Paloma, ya que era al único al que identificaba. Simón presentó a su amigo. —Ya te conozco hijo, conozco a tus padres. —La madre de Alana le dirigió una sonrisa. —Me alegro de que estés aquí. —Así termino la oración, omitiendo saludar a su yerno. —Hola Simón, mi nombre es Aarón. —Aarón le tendió la mano, Simón la estrecho. —Un gusto de conocerte amigo. —Simón esbozó una risa un tanto forzada y luego saludo al padre y a la hermana de su novia. Cuando se dirigió a Alana y la levanto por los aires, pudo percibir alguna que otra hostilidad por parte de su nueva familia, pero no le importó nada. La elevó por los aires y le dio vueltas, para luego besarla frenéticamente, ella reía de una forma muy dulce para él, por lo cual siguió girando. Ese pequeño momento también sería atesorado por ambos eternamente. —Anda, acompáñame a un sitio antes de que partamos. —dijo Simón llevándola del brazo, con un humor totalmente distinto. Alana corrió junto a Simón hasta llegar a un pequeño local de golosinas. El lanzó una carcajada. —¿Oye qué crees que diga toda la gente? —le preguntó a su novia, mientras entraban. —Somos adultos Simón, haremos lo que nos plazca. —fue la resuelta respuesta de Alana, Simón la vio asombrado, con los ojos brillantes. En el local había cientos de dulces y golosinas, tal como muchas tiendas que quedan cerca de los aeropuertos y las estaciones de ómnibus. El entró rápidamente, ella se quedó observando algunas cosas, sumergida en algunos pensamientos. —Hola buenos días, voy a llevar estas cosas. —Simón puso en el mostrador una caja de bombones tamaño extra grande, una bolsa de papas fritas y otra de maní salado. Le tendió la caja a la chica, que se sonrojó al verla. —Es enorme. —dijo con los ojos muy abiertos. La sostuvo entre sus brazos con la risa pintada en su rostro. —También te traje estas papas. Me dijiste que te gustaban las de jamón cocido. —Simón volvió a ofrecerle su brazo a modo de caballero. —Eres tan tierno. —Alana volvió a besarlo, con fuerza y se aferró a su cuello. Creí que estabas molesto conmigo. —Lo estaba. —Simón hizo una mueca sarcástica ante la sorpresa de su novia. —Vamos, el avión ya va a llegar. Y así los enamorados partieron nuevamente hacia donde todos sus amigos aguardaban. El padre charlaba con Aarón y la madre con Gael, mientras que Paloma se había ido también a hacer algunas compras. —Menos mal que llegaron justo, Paloma aun no vuelve. —El padre observaba su reloj con impaciencia. —Iré por ella. —Aarón se adelantó, Simón lo miró un tanto extrañado, era como si le recordase a alguien, pero no podía identificar a quien. Mientas se aferraba a la mano de su novia, el mundo parecía girar a sus pies con violencia, ante tantos sucesos vividos tan rápidamente. Simón se esmeraba en no caer en la dejadez que a veces lo envolvía y se dejaba llevar por su irresponsabilidad tan cruda y fría. La mano de la joven lo mantenía aferrado a su sangre tibia, enganchado de ese hilo que los unía, a veces tan frágil, pero que seguía perdurando. Le quemaba la garganta el fastidio ante la madre de su novia y su desprecio, pero pese a ello, sus pensamientos se centraban en su madre y en todo lo descubierto en los últimos días. ¿Estaría bien, sería maltratada, o quizás ni siquiera la visitarían? Ella lo había querido alguna vez, esa sensación había vuelto a nacer en su corazón, algo que en el pasado apagó para no sufrir más, la esperanza de que su historia no solo estuviera sembrada de tristeza, demencia y violencia. Los recuerdos lo apenaban acompañados con el sentimiento de culpa que lo perseguía cual sombra, pegado a sus ojos con los cuales veía el mundo que lo vio nacer. —Mira Simón, ya llegaron. —dijo Gael mientras señalaba a Paloma y Aarón. Se hallaba ciertamente algo fastidiado, porque sentía algo de tensión entre toda esa gente. El vuelo estaba próximo a despegar y entre la multitud que subía al avión, el particular grupo se dirigía hacia su hogar natal, despidiéndose de aquella tranquilidad fresca y cautivadora de las montañas blancas, para aproximarse a una ciudad tempestuosa, donde afloran los problemas.
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