Capítulo 39 De Ali luego de ser madre

1041 Palabras
Y una mañana de ensueño, con su bebe ya de tres años, Ali dejó de recibir mensajes de su extorsionador. Había luchado tanto con la depresión, que la encontraba como a una vieja amiga con cada fotografía que enviaba, con cada prenda que se quitaba. El post parto fue incluso más terrible para ella, con la casilla de mensajes llena de extorsiones y amenazas que estuvo al borde del colapso en numerosas ocasiones. Su sensibilidad había ido en aumento y cada fotografía que le pedía, hacía que derramara tantas lagrimas que quedaba frágil como una hoja. No podía hablar mucho con nadie, ni siquiera con su hermana, por lo cual se quedaba sola mucho tiempo. Cuando nació el niño, su pequeño, todo cambió para bien, al menos en ese lapso hechizado en el cual caminaba. Al verlo con ella, como un frágil bebé, obtuvo las fuerzas para continuar en la línea de juego. La fortaleza que obtenía al ver esos ojos tan fuertes y penetrantes, era indescriptible, y al oír su llanto tan sonoro e implacable supo que sería un niño valiente y ella debía serlo para él. El camino sería duro, pero lo afrontaría para que su hijo fuera tras ella, y podría proteger sus pasos en aquel mundo tan cruel donde le había tocado nacer. Ahora, habían pasado ya tres años desde su nacimiento y sentía que la vida la estaba tratando forma ciertamente más amable. Suponía que el extorsionador se habría aburrido de ella y la estaba dejando en paz. Era un alivio indescriptible, y cada día sin haber enviado las fotografías era un sueño hermoso para ella, como si recuperase su orgullo poco a poco. Su hijo era muy tranquilo, por lo cual no se estresaba en criarlo, no era caprichoso y solía estar tranquilo la mayor parte del día. Le gustaba mucho jugar con su madre, y eran muy unidos, tanto que también cocinaban juntos. Al pequeño le encantaba la tortilla española, y era la especialidad de Ali, por lo que siempre la preparaban juntos. También era fanático de cualquier dulce, pero debía regularlo porque no tenía autocontrol, en especial cuando se trataba de galletas dulces y pasteles. En particular, siempre le había llamado la atención que raras veces preguntaba por su padre, como si no supiese que algo así existía, pero era pequeño aún. Veía en él varios aspectos de Aarón, incluso su mirada era similar, pero el niño era muy pálido y su padre llevaba la piel tostada, también el color de sus ojos era diferente. Temía el momento en el que tuviese que contarle la verdad, porque en algún momento crecería y ya no podría ocultarle nada, pero tampoco quería engañarlo para siempre. Se haría cargo de sus actos en el momento, no le mentiría nunca ni lo mantendría engañado. Su hermana y ella se llevaban mejor que nunca y Simón las había unido, ambas velaban por él. Tampoco había vuelto a discutir con su cuñado, por suerte se mantenía bastante al margen de la situación y no opinaba mucho al respecto. Tatiana amaba a su sobrino más que a su propia vida y Ali lo notaba, era indudable, lo quería como al hijo que jamás podría tener. Entendía que el niño las había salvado a las dos, y las mantenía a flote como familia. La armonía del hogar le transmitía la paz que añoraba, luego de aquella sufrida etapa cuando estuvo embarazada. Parecía que todo se habría acomodado en su sitio, ordenado al fin. El sonido de la notificación de la computadora la dejo muda, tenía un presentimiento helado, que le caló los huesos. “Vamos a continuar” Solo eso, un mensaje y su estabilidad colapso. Se abstuvo de gritar porque Simón se hallaba en la cocina merendando. Se arrancó varios cabellos de los nervios, mientras leía el mensaje una y otra vez, la inercia de querer desaparecer la tomaba entre sus brazos, desgarrando de a jirones su maltrecho corazón. “¿Ya tuviste el descanso suficiente?” El segundo mensaje llegó rápidamente, el monstruo había regresado, y temía que pediría otra vez aquellas fotografías que le drenaban la vida. “Haremos algo diferente, guapa, ahora que estas recuperada”  Sintió que perdía el control sobre sus piernas, tambaleando y cayendo con las rodillas en el suelo, padeciendo el dolor del golpe en seco. Arrancó otras hebras de cabello, escuchaba que su hijo se aproximaba. —Mamá quiero ir al parque. —Simón balbuceaba, con la boca llena de galletas. —Pídele a Tatiana cielo, estoy ocupada ahora. —Le dio un largo abrazo, como de despedida, con el rostro cubierto de lágrimas. El niño se retiró de su cuarto, y luego de un rato la casa estuvo completamente vacía. El silencio del hogar proporcionaba una soledad intensa, y el miedo la paralizaba, al punto en que no sentía dolor al arrancarse el cabello y morderse los dedos de forma desaforada. “Esta vez quiero verte en persona, te daré los detalles, no te permitiré faltar bajo ningún concepto. Será la última vez que te contacté y luego no volverás a saber de mí.” Ali, con la respiración entrecortada, leía apresurada la petición. Pensó que un rayo de esperanza había aparecido en su vida luego de la tormenta. Sería el final y el comienzo de su libertad. Los pasos que daba eran peligrosos y sumamente arriesgados, pero no tenía opción, su verdugo había hablado. En ese punto no podía permitirse ser expuesta, perdería el trabajo e incluso la policía podría quitarle a su hijo si alguien la denunciaba, todo podría culminar en el peor de los desastres si daba un paso en falso y el poseía todas las cartas para hundirla para siempre. Contaba con una gran cantidad de fotografías y el video que eran tan comprometedoras, que no tendría excusa para salvarse. No quería contarle a nadie sobre ello, tampoco a Tatiana, todos pensarían mal de ella y la juzgarían, y quizá resultara peor. Debía proceder sola, como siempre lo había hecho, resolvió proceder con coraje, hacia el ultimo desafío donde lucharía por ser libre y saldría victoriosa, estaba segura de ello. Lo haría por Simón, por su familia y por sí misma, para devolverse un poco de amor.
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