Suplicio
Aarón esperaba la respuesta de Ali, estaba muy interesado en lo que tenía para decirle. Ella peinaba su cabello con sus dedos con fuerza, intentando atenuar su ansiedad. El café estaba delicioso, y él lo preparaba tal y como a ella le encantaba. Ali pensó que la taza que sostenía entre sus manos se despedazaría por la presión.
Respiró hondo y por fin comenzó su relato. Optó por contarle que había visto a su ex novio, que se ofreció a llevarla. La pasión la pudo, cuando tergiverso el curso de las cosas, inventando que había sido drogada, y luego filmada desnuda.
—¿Estás hablando en serio Ali? Esto que dices es terrible. —Se puso una mano sobre la cara, nervioso. La rigidez de la muchacha lo preocupaba.
—Si… Pero antes de que te aflijas… Quiero confesarte que antes solíamos hacer eso seguido. —explicaba, agotando su inventiva de blancas mentiras. —Era un juego para nosotros, sé que es asqueroso… Antes solíamos jugar toda clase de juegos peculiares, pero todo había quedado sepultado. No sé qué fue lo que paso, pero él pensó que le estaba dando permiso. Fue cuando acabo que me percaté de la persona que grababa. —aquellas últimas palabras provocaron que se desplomara en suelo, llorando desconsoladamente. La culpa volvía a tomar terreno, sus mentiras la desgastaban.
El silencio reinó por unos minutos, Aarón se quedó sin palabras, ante aquellos sucesos que lo sorprendieron de forma tan repentina. Quizá algo le decía que no las palabras de la chica no eran ciertas, pero de algún modo quería seguir con ella, lo que sea que tuvieran. Ella era diferente a todas las mujeres que había conocido, tan rebelde e independiente. Fuerte, conquistadora y atrevida, algo que lo volvía loco. No pensaba rendirse y que su relación terminase tan pronto. Su espíritu libre y confiado lo atraía, quería estar con ella un poco más de tiempo. Se resolvió a brindarle un fuerte abrazo, para fundir todos sus miedos. Ella se dejó caer y querer en aquel acto de amor. Pese a ello la culpa no se marcharía tan fácilmente.
Devolvió el abrazo entre lágrimas, consolándose en aquellos brazos tan fuertes. La sala se tornaba más cálida y hogareña. La mente de Ali se aclaraba milagrosamente, había sido rescatada de las garras de la angustia. El sabor amargo de su boca no se quitaba con el cariño que recibía, sino que se acrecentaba. El continuaba estrechándola contra su pecho, que se humedecía por el llanto de su amada. Tendría toda la paciencia del mundo, y ya explicaría en su trabajo porque ambos se ausentarían.
La besó delicadamente en la frente, y luego en los labios. Ali temía que la amargura de su garganta fuera notada por él, pero aquella sensación no estaba más que en su mente. Devolvió el beso, temerosa, y se tranquilizó al descubrir que Aarón no sentía el amargor. Las manos de ella se enfriaban y se unían con la calidez de su amante. El aroma de las glicinas de su hermana en el jardín comenzó a filtrarse y a cubrir el ambiente. La tensión se dispersaba, ella aflojaba sus piernas antes rígidas por los nervios.
Aarón la acarició lentamente, primero su cuello y luego su espalda y cintura. Quería que se sintiese protegida. Ella sintió que el peso de las cien rocas de concreto que portaba en su espalda se transformaba en hojas, flotando hacia otra parte. La incomodidad y la vergüenza se esfumaron, y la chica cerró los ojos para sumergirse en la alegría del amor que en su corazón nacía.
El tacto tan suave causaba una relajación esperada, Ali se cuestionaba como había podido pensar en otro hombre que no fuese él. Se sentía en la obligación de compensarlo, de la mejor forma y con su mejor esfuerzo. La picadura ya no le dolía para nada, su espíritu remontaba a cada minuto.
—Quiero que tengamos algo serio, linda. —dijo el, interrumpiendo los pensamientos amatorios de la joven.
—Vaya, claro que sí… Es decir…—fijó sus ojos en los de él, apenada. —¿Todo lo que te he contado? ¿No te importa?
—Por supuesto que me importa Ali. Tu eres muy importante para mí. —Hizo una pausa para estrecharla en un abrazo. —Pero tus errores no te definen, no estábamos ni siquiera en pareja, linda ¿Crees que soy un amargado irracional? —acomodó su asiento y bebió su ultimo sorbo de café. —Todos hemos hecho cosas divertidas, indebidas, Ali, eso no significa que no merezcas respeto y protección.
Diciendo esto la besó dulcemente, ella se dejó caer nuevamente en sus brazos. Como bajo la protección de un gigante, que lucharía por ella hasta el fin de sus días. Incluso percibió una corona en su cabeza, un símbolo de que volvía a brillar.
—Todos nos divertimos ¿Eh? —le susurró ella, mientras se quitaba los pantalones. Él estaba boquiabierto, no creía que ella se hubiera recuperado tan rápido. Se quitó la camiseta y el sostén, quedando casi desnuda. —Quiero que juguemos a muchas cosas.
El comenzó a besarle cada parte de su cuerpo, exceptuando su sexo, lentamente. Aún estaban en el comedor, por lo cual ella quedó sin ropa en medio de la sala donde almorzaba habitualmente con su hermana y su cuñado. Los muslos de Ali se relajaron, olvidando a su hermana y sus conflictos. Sobre la alfombra violeta y frondosa los pies desnudos de la dama bailaban ante el tacto delicado, disfrutando de aquel momento. El hombre la deseaba, en sus pensamientos lo superaban las ansias por tenerla cerca, aún sin concretar algún acto s****l. Sentía la humedad de su cavidad y se apasionaba tanto, que quería tomarla para siempre. Todo de ella lo volvía loco, incluso su personalidad tan conflictuada.
Los corazones tambaleaban en su cuerda floja, cayendo a lo profundo de un amor errante. El lazo que los unía era más profundo, era irresistible para ellos. Los nervios y las dudas se derretían, para fundirse en pasión, ternura y compresión.
Sobre la mesa del comedor, la abrió como una flor, y con sus manos fuertes sujetó sus pronunciados pechos, zambulléndose en ellos no queriendo salir nunca. Un hogar cálido para él, los gemidos de Ali lo compenetraban en su sueño de placer. Ella bajo su cabeza buscó su entrepierna, procurándole el mayor de los placeres mientras absorbía, haciéndolo perder las riendas y dejando escapar su excitación en gritos suaves.
Se introdujo en ella sin hacerse esperar, con firmeza, besando su cuello y acrecentando la magia sosteniendo y masajeando el cuello delicado de su amante. Era atrevido, ambos jugaban entre sensualidades en medio de la sala, sin temor a ser descubiertos. Querían explorarse y redescubrirse mil veces. Los juegos aparecían. Ella, en la alfombra, se sentaba sobre el rostro de su caballero, Aarón inspeccionaba con su lengua cada parte que alcanzaba. Ali se movía enérgicamente al ritmo de las sensaciones que experimentaba, mientras sonreía mirando al techo, volando de deseo.
Para su tercer acto jugaron en otro espectáculo, ella hizo que la persiguiera, ambos completamente desnudos, por toda la casa. Primero se rozaban apresuradamente antes de que ella huyese a otro sitio, él lograba alcanzarla y la penetraba tan solo unas pocas veces antes de que se largara a correr. Hasta que al fin la atrapó, en el cuarto de su hermana, acostada sobre la habitación matrimonial.
Se había puesto un vestido de encaje transparente, que era de su hermana Tatiana. Se sostuvo con las manos del barandal de la cama, y esperó por su hombre. El no titubeo, verla en aquella posición lo encandiló y su m*****o estaba más erecto que nunca, preparado para volver a introducirse. Fueron para ella incontables embestidas de pasión, con tanta fuerza que pensó que se desarmaría de gozo.
El acto casi había terminado, cuando oyeron la puerta tratando de abrirse. Así que los amantes corrieron desenfrenados hacía el cuarto contiguo, que pertenecía a Ali, olvidando que habían dejado su ropa tirada en la sala.
La puerta comenzaba a abrirse. Las cenizas de una postal que caería en un abandono precoz y largo. En los brazos de los más fuertes del mundo.