Capítulo 30 De Ali en su juventud

1533 Palabras
Los días parecían un sueño hecho realidad, su novio Aarón se había portado realmente de maravilla. Cada día antes de ir al trabajo, pasaba por ella media hora antes y desayunaban juntos. Siempre a una cafetería diferente, era tan romántico para Ali, entraban al trabajo juntos de la mano, y para culminar, él siempre la abrazaba por sorpresa cuando ella estaba concentrada en la computadora. Había pasado un mes desde que su hermana conoció a su actual pareja y desde entonces todo iba relativamente bien. Al menos, Tatiana no volvió a sacar el tema y se la veía mucho más relajada. En los últimos días estaba teniendo unos mareos horribles, pero lo atribuía a los nervios por su nuevo ascenso, que estaba próximo a llevarse a cabo. Incluso se sentía más bonita, y al verse al espejo incluso se quitaba algunos años. Las preocupaciones no entraban en su vida en aquel mes de ensueño. Ni siquiera las malas costumbres de Leila, que seguía sin superar su noviazgo y se esforzaba por ser la persona más desagradable que jamas hubiera conocido. También se habían inscripto juntos, como pareja a un taller de pintura, algo que ambos querían hacer desde hace un tiempo. Ese era el primer día, cuando sucedió la cosa más impensada para Ali. Se encontraban frente al local del taller, charlando animosamente, cuando las náuseas subieron y la pobre Ali vomitó todo el suelo. Apenada y sobre la acera, centraba su vista en los autos que pasaban, para sobrellevar el mareo. Aarón la levantó por los hombros y la llevó hasta su auto, intentando no zamarrearla demasiado. —¿Qué sucede Ali? Te llevo al hospital. —Aarón se encontraba sumamente preocupado. —Mira si estabas sola, que te habría pasado… —Vamos, quiero ir… —dijo Ali con dificultad. —Estamos cerca. —le dijo Aarón, con el brillo del miedo en sus ojos. El teléfono comenzó a sonar dentro del bolso de la joven, ella lo tomó con esfuerzo y contestó rápidamente. Sentía mucho frio en todo su cuerpo, como si estuviese tendida sobre la nieve. —Ali, quiero preguntarte algo. Necesito saber si vuelves a la cena, yo creo que iré tarde a casa, pasaré algunas horas fuera. —Era la voz de su hermana, y en cierto modo, la tranquilizó. —Si… Estoy yendo al médico. Tuve un pequeño incidente. —¿Qué paso? ¿Te encuentras bien? —la voz de su hermana se oía entrecortada, como si estuviese en la calle. —Una pequeñez. Tranquila, voy a ir al hospital del centro. —Ali observó a su pareja, estaba como petrificado. —Bueno, paso por allí apenas me desocupe. —Tatiana dijo esto último y cortó la llamada. —¿Tu hermana va para el hospital? —preguntó Aarón con cautela. —Sí, seguramente en algunas horas. —Bueno, es que yo tengo un compromiso dentro de una hora. —dijo Aarón, con la voz severa. —Oh… Claro, no te hagas problemas. —contestó Ali, con las manos en sus rodillas, apretando con firmeza. El sanatorio estaba colmado de gente, como de costumbre. Los pisos, en algún momento quizá blancos, se veían más grises que cualquier día nublado, percudidos y sucios. La mayoría de los asientos se hallaban ocupados, por lo que la pareja aguardaba su turno de pie. Había toda clase de pacientes con distintas urgencias, pero de todos los presentes Ali era la del caso más leve, por lo cual esperaría bastante tiempo. Pasó una hora, y fueron a atenderla, pero ella se encontraba sola esperando, su pareja ya había partido. —Espera aquí mientras llevo esto al laboratorio, por favor, toma asiento. —le dijo amablemente la enfermera. Ali tomó asiento y se quedó nuevamente a solas, luego de las preguntas de rutina y los procedimientos habituales. La espera se le estaba volviendo un martirio, no por el dolor o el malestar, sino porque el sentimiento de soledad se incrementaba a cada minuto, con cada pensamiento. ¿Por qué la había dejado tan repentinamente? Los celos también comenzaban a aparecer en su corazón, la desconfianza. En su mente, fraguaba la lógica y combatía con sus inseguridades más pesadas. Ni siquiera la había besado cuando se marchó, solo se retiró con prisa, revisando su móvil cada tanto. Tampoco quería que su personalidad posesiva tomara lugar, porque aquello le había traído muchos problemas en el pasado, con su ex pareja. Andrés se había vuelto un cretino, pero ella nunca había sido muy considerada con el cuándo estaban juntos y lo comprendía. En cierta forma, entendía el origen de su resentimiento hacia ella, todo lo que habían vivido era como el recuerdo de una pesadilla, y ambos eran cómplices el uno del otro. La vida de le otorgó una segunda oportunidad de conocer el amor con Aarón, pero ahora se sentía confundida con respecto a él. Quizá lo había estado idealizando por encima de la realidad, por causa de su enamoramiento tan pasional. El sentir los brazos anchos y endurecidos sobre ella, aferrándola con fuerza hacia su cuerpo, disipaba cualquier duda que tuviese por las noches, cuando ella desconfiaba de su amado. Él siempre había sido difícil, misterioso y complicado, pero por, sobre todo, tenía cierto desapego por el amor tradicional. Desde que trabajaban juntos, Aarón había tenido al menos seis parejas “serias”, y con todas parecía estar entregado en su momento. Algo había cambiado en él, para ella era indudable, pero temía que su cambio durase poco. Las noches eran lo mejor, cuando se fundían apasionados entre las estrellas. Pero no eran menos fantásticos los días, cuando entremedio de cualquier quehacer domestico se desenfrenaban y poseían sin vergüenza. Alisó su cabello con las yemas de sus dedos aguardando, de a ratos cerraba los ojos, luego revisaba su móvil para ver si Aarón no se había comunicado, pero nadie le escribió. Una doctora llegó luego una hora con una sonrisa en su rostro, y una mirada afectuosa. —Felicidades jovencita, estas esperando un bebé. —dijo, sonriente y entregándole los papeles. —Debes leer la cartilla que te entregaran adelante, con la información que necesitas, y nos estaremos viendo seguido. Las palabras que la mujer decía, eran como bombas de humo para Ali. No procesaba lo que oía, no lograba asimilarlo. Un niño, pensó, o una niña, crecía en su vientre. La protección que tomaba, debía de haber fallado. Agradeció a la doctora y permaneció sentada por unos momentos, aun en shock, sin saber si debía alegrarse por ello, pero con una sensación de amor latente en su corazón. Fuera de todo lo que sucedió en corto lapso de tiempo de su descompostura, el bebé sería su hijo y lo amaba, incluso a segundos de saber de su existencia. Era fruto de su relación con Aarón, para ella no había dudas, porque Andrés estaba operado desde antes de conocerla incluso. ¿Aarón le creería? No podía saberlo a menos que le contara todo, y era lo correcto. Se sentía más sola que antes incluso, en aquel lugar colmado de gente. Pensó también, que era afortunada al estar rodeada de pacientes que esperaban diagnósticos terribles, y ella había recibido el milagro de la vida. Volvió a revisar su celular, pero no había ningún mensaje. Juntó coraje y se decidió por escribirle a su novio, para comunicarle todo lo sucedido. Formuló el mensaje varias veces, borrando todo de golpe, intentando buscar las palabras más adecuadas. La angustia se apoderó de ella mientras lo enviaba, siendo consciente de que se trataba de una noticia muy importante, que podía marcar un antes y un después en su vida. Ese día se había puesto su falda verde oscura, que era la favorita de Aarón, y a ella nunca le había gustado mucho, porque decía que era muy anticuada. Al verla, se avergonzó por amarlo tanto en un tiempo tan corto. “—Ya veremos que hacer, te escribo en estos días.” Fue la respuesta de su amado, tan fría como el hielo y carente de emociones. Ali pensó que estaba viviendo una pesadilla. Las lágrimas emergieron de ella incontrolables, escondió su rostro con sus manos, y se quedó inmóvil en su asiento. —¿Ali, que sucede? —La voz de Tatiana interrumpió sus pensamientos. Su hermana estaba junto a ella, y notó las lágrimas, no podía ocultarlas por más que se estuviera esforzando. —¿Qué te dijeron? ¿Pasó algo malo? Su voz se perdía en la mente de Ali, pero se dejó caer sobre su hermana para llorar desconsoladamente, intentando explicarle todo lo sucedido. Como Tatiana no podía comprender nada más que balbuceos, resolvió llevar a su hermana a otro sitio. Fueron a la cafetería de al lado, y se sentaron en una mesa bastante alejada, para poder hablar a gusto. Allí, Tatiana pidió dos cafés, y una bandeja de sándwiches. Ali decidió contarle absolutamente todo lo que había pasado, el embarazo, lo de Andrés, lo sucedido con Aarón, incluso lo ocurrido con la grabación. En ese momento fue cuando Ali, se percató de que no había vuelto a revisar su correo, y tampoco sabía si habría llegado otro correo de su extorsionador.
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