Capitulo 11 - Sara

2490 Palabras
Años atras… (octubre del 2011) Sara Ahí estaba Zedd, sentado sobre las bancas del Bowling Green Park. Su rostro, nuevamente se hallaba desconectado de la realidad. Lucia absorto en la melodía la cual parecía que escuchaba en sus auriculares. Su cabello rizado, despeinado con el ulular del viento. Aquel gesto en su rostro. Un gesto que solía poner, también en clases, cuando estaba completamente concentrado. No podía evitar mirarlo. Recordar el día anterior, en donde habíamos logrado entrelazar tipos de miradas, entablando nuestra primera conversación. El mirándome, a través de la multitud y de la vida misma sucediendo, con mi listón n***o entre sus dedos. Aquel momento daba vueltas en mi cabeza, una y otra vez.  —Creo que me gusta Zedd—interrumpió el silencio, una alarmante confesión, que para mis adentros, me hizo sobresaltarme—Tenia que decirlo—repuso Lisa, sonrojada.  —¿Qué!—exclamamos al unísono, Kim y yo.  Una extraña emoción que nunca antes había experimentado, se cimento en mi interior. ¿Qué clase de emoción es esta? Estaba experimentando una mezcla de nervios, celos, preocupación y otro sentimiento parecido a la tristeza. Pero, ¿por qué? Me costaba aceptarme a mí misma, que tal vez, estaba teniendo emociones fuertes por Zedd. Y no, no quería aceptarlo. No quería sentir lo que sentía, Pero, ¿cómo le hacia para dejar de sentir aquella atracción que me llevaba a mirar una y otra vez a Zedd? ¿Cómo podía dejar de sentir lo que sentía?  —Lo sé, chicas, sé que es inesperado—dijo Lisa, tímidamente—Pero, solo mérenlo. Es verdaderamente guapo.  Un silencio se extendió, en donde Kim, se encontraba analizando la situación. Mientras yo, me hallaba con toda una ola de sentimientos indescifrables, que me invadía, dentro y fuera de mi, y para evitar que Lisa y Kim me notaran en el rostro, lo que estaba sintiendo en ese momento, exclame:  —¿Guapo? ¿Estas ciega? Zedd es todo menos guapo.  —Supongo que tiene lo suyo—replico Kim, clavando sus ojos en Zedd, que se encontraba todavía perdido en su propio mundo—.Escucha Lisa, si te gusta y quieres ser su novia, entonces, quiero que sepas que cuentas con mi apoyo. En ese momento, me quede atónita. Quería apoyar a mi amiga. Lisa merecía ser feliz. Pero, aunque sonara muy egoísta, no quería que fuera feliz con el chico con el que compartía una extraña conexión. Quería primero descifrar lo que pasaba realmente con Zedd. Descubrir, si de alguna manera, aquella conexión entre los dos, era solo producto de mi imaginación. Tal vez, todo me lo había inventado. Y de alguna manera, aquellas miradas, aquella conexión, que nos unía, haciéndome sentir tantas emociones que nunca había sentido antes, tal vez, de alguna manera, resultaba que nada de eso existía entre los dos. Tal vez, al hablar con él, al entablar una conversación, al escuchar su voz, al mirar sus ojos verdes mas de cerca, o incluso, al tenerlo frente a mi, respirando su perfume, me daría cuenta que todo había sido solo una ilusión creada por mi cabeza. Y que Zedd no me gustaba tanto de lo que creía. Tal vez, solo habían sido las estupidas hormonas de una niña de 14 años. Así, todo seria perfecto. Pues no me importaría en lo absoluto, si a Lisa le gustaba Zedd. Pero antes, tenia que descubrir qué era lo que en verdad sentía.  —Oh, chicas, tengo que irme, prometí que pasaría a la tienda por unas cosas, antes de llegar al departamento—musite de un momento a otro, dándome la media vuelta en dirección opuesta a ellas.  —Pero entonces, ¿hoy no nos iremos juntas?—pregunto Lisa, extrañada, ya que era muy inusual cuando no nos íbamos juntas, camino al edificio, en donde vivíamos.  —No lo creo, Lisa—dije, acelerando el paso—No me gustaría retrasarte.  Camine rápidamente, lejos de donde mis dos amigas se hallaban. Claro que como todo lo que le había dicho era una mentira, no me dirigí hacia mi departamento, para no toparme con Lisa. Así que, proseguí a esconderme, al costado del mismo edificio en el que se encontraba la escuela.  Permanecí ahí por unos segundos, con la respiración agitada, sintiéndome la peor amiga del mundo, mientras esperaba a que Lisa y Kim se marcharan. A consiguiente, me asome lentamente, percatándome sí estas se habían ido. Y sí. Así lo era. Lisa y Kim ya no estaban.  En cuanto salí de donde estaba escondida, mis ojos se dirigieron como imanes, hacia Zedd, que todavía se encontraba en el mismo lugar. Un pensamiento loco me vino a la cabeza. Tenia que descubrir qué era lo que en verdad sentía por él. Descubrir si solo era una ilusión de mi cabeza, o si en verdad, aquellas miradas, aquella conexión, eran mas que eso. Así que, tome una bocanada de aire y todo el valor posible, y sintiendo que desmayaría, comencé a caminar hacia el Bowling Green Park. Comencé a caminar hacia donde estaba Zedd, sentado, frente a la fuente de agua, y las cientos de flores rojizas.  Caminaba, sintiendo los pasos demasiado pesados. Sintiendo que mi corazón se saldría de mi pecho. Sintiendo la ola de emociones acrecentarse y una clase de energía que me hacia temblar. No sabia qué le iba a decir. O como seria hablar con él. ¿Y si es incomodo? ¿Y si hablo de mas? Me di miedo a mí misma. Mas, trate de no prestarle atención a todos los pensamientos que trataban de dominarme. Simplemente seguí caminando, colocando la mejor sonrisa posible en mi rostro, dirigiéndome hacia el objetivo.  —Hola—percibí salir mi voz de golpee. No me había dado cuenta en qué momento había llegado. Mas, ahí estaba. Frente a Zedd. Con él. En el bowling green Park. Alrededor del subsistir de las personas, del edificio de la escuela, de la pequeña fuente del parque y las cientos de flores rojizas, decorando el entorno. Ahí estaba. Frente a Zedd. Con él y solo con él.  —Hola, Sara—me contesto, pronunciando mi nombre. Era extraña la manera de percibir el timbre de su voz, expresándolo. Sentí un vuelvo en el corazón. Me miro fijamente a el rostro, que se encontraba cubierto por los rayos del sol. ¿Qué pensara al verme? ¿Pensara que soy bonita?  Era un misterio para mí, tratar de descubrir lo que él podía llegar a pensar sobre mi. Ni siquiera sabia, si de alguna manera le había molestado mi llegada tan repentina, hacia donde se encontraba. Los nervios trataron de dominarme, mas no lo permití. —¿Qué música escuchas?—pregunte, tratando de comenzar un tema de conversación, así evitando los silencios incomodos. Lo vi fijamente a los ojos. Eran más verdes de cerca. Tenían algo. Algo en especial. Algo que las otras miradas no solían tener. Y fue ahí, cuándo discerní aquella conexión, que ya había discernido antes, al verlo. Una conexión que acrecentaba con mayor fuerza, al momento del reencuentro de nuestras miradas. Detecte una energía electrizante envolverme, recorriendo todo mi cuerpo.  Él no contesto nada. Simplemente, se quito uno de sus auriculares, y lo extendió con su mano, como una señal que expresaba, que quería compartir sus auriculares conmigo. Sentándome a un lado de él, tome el auricular de su mano y me lo lleve a mi oreja más próxima.  La música comenzó a resonar en mis oídos, viajando dentro de ellos, yéndose hacia lo profundo de mi. La música comenzó a viajar dentro y fuera de mi cuerpo, impregnándose en mis órganos, en mi alma y cuerpo. Impregnándose en mi piel, en mis labios y la forma de mi mirar. La música comenzó a envolvernos, en medio de aquel instante. Eramos uno solo con aquella melodía que salía despedida de los auriculares. Uno solo. En medio de aquel instante. En medio de aquel intervalo de tiempo, en donde a nuestro alrededor, la gente seguía fluyendo, el ruido se hacia inaudible, el agua de la fuente caía y caía, y las hermosas flores, frente a nosotros, se tornaban de un color mas rojizo del que realmente estas eran. El olor del perfume de Zedd se implanto en mis fosas nasales, mezclándose con los olores indistinguibles que volatizaban en el aire. Su perfume, sellando aquel momento, en donde aquella melodía sonaba, sin tener un fin aparente. La melodía, su perfume y su mirar. Que dé un instante a otro, sentí clavado sobre mi perfil, el cual escudriñaba, en secreto, sin decir palabra alguna. Y yo, permaneciendo inmóvil, sin dirigir mi mirada y mi cabeza hacia Zedd, permitiendo que la acción de su mirar clavado a mi perfil, siguieran siendo un secreto para el y sus ojos verdes, que se perdían en mí y en la música que envolvía el presente.  —Wow, es una muy buena canción—repuse, al terminar la melodía, lanzándole una mirada tímida, mientras me quitaba el auricular de mi oreja—¿Cómo se llama? —Glass in the park. Acaba de salir la canción y es la primera vez que la escucho—replicó, mientras una mueca de emoción, me invadió, notandose sobre mi rostro. Me emocionaba el hecho de haber escuchado aquella magnifica canción con Zedd, siendo primera vez de los dos. Había sido como una experiencia completa. Y como algo, que sin duda, quedaría marcado para siempre, como el momento exacto, en el que escuchamos por primera vez Glass in the Park, sellando ese instante, con aquella melodía sonando en el fondo—.Es de Alex Turner, el cantante de Arctic Monkeys—volvió a decir. —Oh sí, sin duda Arctic Monkeys es una muy buena banda—replique—No sabia que tenias buenos gustos musicales. —Si, supongo que la gente aveces me subestima—dijo Zedd, lanzándole una mirada furiosa, a Daniel, todavía con el rostro golpeado, que se encontraba saliendo de las instalaciones de la escuela. Daniel caminaba, a unos pasos de distancia, solitario, sin darse cuenta que Zedd y yo lo observábamos.  —AY, Daniel es un completo fastidio, es bueno saber que no soy la única que no lo soporta—repuse, recordando la feroz pelea que se había suscitado, unos días atrás, en donde todo había iniciado con Zedd y Daniel discutiendo—Por cierto, ¿que fue lo que detono toda esa pelea entre ustedes dos? —No te incumbe—contestó Zedd, mientras me miraba, con una risa atrapada sobre su simétrico rostro. Me reí para mis adentros, sintiéndome un tanto atraída por aquella fría e inesperada respuesta.  Zedd era así. Era distante. Frio. No es que no fuera amable, sin embargo, sus respuestas siempre era un tanto secas, haciéndolo parecer una persona antipática. Tal vez, esa era la razón por la cual, Zedd no tenia muchos amigos. Él era el típico chico serio, misterioso, que se alejaba de todos, refugiándose en su música, en los dibujos que trazaba sobre su cuaderno, perdiéndose en su propia y desconocida realidad. Eso era algo, que raramente, consideraba atractivo. Eramos opuestos. Mas, el misterio que de este emanaba, me intrigaba, provocándome unas ganas de querer conocer quién realmente era él. Conocerlo a profundidad. Haciéndome parte de su mundo. De su realidad. Quería ser parte de su realidad.  —¡Qué grosero!—exclame, en tono juguetón—¡Ah! Casi se me olvidaba, mi listón. Tú lo tienes. Nunca me lo regresaste.  —No fuiste por él, supuse que no lo querías—replico Zedd, sin mirarme, caminando, fuera del bowling green.  —Pues te equivocaste. ¡Claro que lo quiero!—conteste, siguiéndolo.  —Es una lastima. Lo perdí—dijo Zedd, lanzándome una pequeña sonrisa, sin detener su paso apresurado. Deje de caminar, mirándolo seriamente, entrecerrando mis ojos, tratando de adivinar si lo que decía era verdad o no.  —Ten—dijo, deteniéndose bruscamente, mientras se giraba hacia mí, entregándome una pulsera de perlas grisáceas—.Es una de mis pulseras favoritas. Puedes quedártela y hacer lo que quieras con ella. Incluso, perderla. Para estar a mano—expreso, dibujando una sonrisa sutil sobre su rostro.  Su rostro. Sus ojos almendrados de color verdizo. Sus singulares rasgos, contorneando sus labios diminutos y su perfecta nariz respingada. Por un momento y solo por un momento, me perdí en su simétrico rostro de tersa piel trigueña.  —De acuerdo—acepte, tomando de su mano, la pulsera de perlas grisáceas. Me gusto la idea. Tener su pulsera favorita alrededor de mi muñeca. Claro que ni de chiste la perdería.  Y así fue nuestra primera interacción. La primera vez, en la que habíamos compartido palabras, al igual que melodías, miradas y risas, que flotarían por los aires para siempre, marcando el comienzo de algo, de lo que en ese momento, no tenia idea.  Zedd se alejo. Lo veía, caminando por las calles, con su chamarra de mezclilla y sus rizos castaños que bailaban con el viento, hasta que, deje de visualizarlo a él, a su chamarra de mezclilla y a sus rizos castaños, perdiéndose entre las personas de nuestro alrededor.  Permanecí quietamente, dejando que los pensamientos y las preguntas me invadieran.  —Maldicion—musite, entre dientes, viendo a la masa de gente, en donde Zedd se había integrado, perdiéndose entre ellos.  Me había dado cuenta de una cosa. Definitivamente, la conexión, las miradas y lo que creía sentir por Zedd, no eran una ilusión fabricada por mi cabeza. En verdad, sentía algo por él. Y de alguna manera, sabia que Zedd también notaba aquella conexión que había entre los dos. No eran las entupidas hormonas de una niña de 14 años. Realmente, había logrado descifrar, aquella emoción, aquella conexión, que me atraía como un imán, hacia él, en medio de la canción, la conversación, su voz, las miradas entrelazadas y el olor de su perfume, frente a mí.  Lance una mirada a la pulsera de perlas grisáceas, que Zedd me había obsequiado, la cual decoraba mi muñeca. Llevaba una pequeña parte de él alrededor de mi muñeca.   ¿Qué voy a hacer con Lisa? Soy una mala amiga, pensé, tratando de resolver, dentro de mí, que era aquello que tenia que hacer. Sin duda, sabia que tenia qué olvidarme de Zedd y de la conexión que había entre los dos. Sin embargo, ¿cómo se suponía que lograría olvidarme de alguien con quien sentía una clase de emociones, que nunca había sentido antes? ¿Cómo podías ordenarle, así sin más, a tu corazón, sobre que sentir y que no sentir? ¿Cómo lograría olvidarme de aquel momento, escuchando Glass in the Park, sentados, uno con el otro, frente a la fuente y a las flores rojizas del Bowling Green, haciendo de esa canción, nuestra canción, haciendo de ese momento, nuestro momento, mientras su mirada glauca se clavaba sobre mi perfil? ¿Cómo..?
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