Actualidad (febrero del 2022)
Sara
Me despedí de Max y Brenda, que se encontraban a fuera del edificio de donde se encontraban las oficinas. Lucian muy acaramelados, contemplandose a los ojos, felices, disfrutando en su máximo esplendor la mismísima palabra de lo que significaba el amor. Les lance una sonrisa y me dispuse a seguir caminando, un poco cansada, hasta mi departamento.
Había sido un día largo. Con tantas emociones encontradas. Primero, saber de la muerte de Clara. Segundo, recordar momentos del ayer, de mi pasado, de la secundaria y de Zedd. Tercero, la visita inesperada de mi padre, recordándome a mi madre y su esquizofrenia. Tenia tanto en la cabeza. Solo quería despejarme de todo aquello por un rato. Sin embargo, de un momento a otro, una conocida melodía resonó, alterando todo de mí.
Era la melodía. La canción que me transportaba a un recuerdo en particular. La canción, que era de aquel momento en especifico. Su canción. La canción de Zedd, siendo cantada por una voz desconocida, que se escuchaba, ser entonada en las profundidades de central park, por un cantante callejero.
No pude evitar dirigirme hacia allá. Mis pies caminaban en voluntad propia, siendo dirigidos por mi corazón, que latía al compas de la melodía flotando en los aires. Cruce por el semáforo, que se encontraba a la altura del 72th Street, frente al edificio Dakota, junto a la muchedumbre, adentrándome hacia el parque frondoso, en donde se hallaba el Stawberry Fields. Seguí avanzando, unos pasos al norte del área, percibiendo como la voz y el sonido de la guitarra se intensificaban, con cada paso que daba.
Y ahí estaba. Un hombre completamente desconocido, que cantaba la canción que a Zedd le solía gustar. Las hojas de los arboles, caían lentamente, de las copas, que eran balanceadas, a causa del viento que hacia. Personas deambulaban por el sendero de aquella área. Mientras que la melodía, era a lo único en lo que me encontraba absorta. Aquella melodía era especial. Era la canción, que Zedd me había mostrado, compartiéndola conmigo, después de clases, sentados, en las bancas del Bowling Green Park. Así haciéndola, de algún modo, nuestra. Así haciendo, de aquel momento, nuestro.
La canción era: Glass in the park, de Alex Turner. La guitarra resonaba, a través de las copas de los arboles, con cada acorde que este tocaba. Su voz vibrando, siendo capaz de viajar en los aires cálidos, sin importar la imperfección que este podía mostrar. El sentimiento mismo de la melodía, emanaba de cada nota.
Aquella melodía comenzó a impregnarse en mi piel, haciendo que los recuerdos que vivían en mi memoria, se reprodujeran nuevamente. Estaba volviendo a viajar al pasado. Y con Glass in the park, reproduciéndose frente a mí, me fue imposible impedirlo.