Zedd- Años atrás (octubre del 2011)
Jamas había hablado con Sara.
De vez en cuando, me sorprendía a mí mismo, observándola, lanzándole miradas desapercibidas, en medio de clases, en donde se encontraba concentrada en algún trabajo, poniendo atención, o simplemente perdida en sus propios pensamientos. Me gustaba la pequeña arruga que se le formaba sobre su frente, cuando se ensimismaba en algún libro o en algo que le llamara la atención. Solo era eso. De vez en cuando, simples miradas, simples pensamientos, simples percepciones, de lo que quizá era su verdadera esencia, de tras de todas esas bromas sin sentido, risas escandalosas y sonrisas falsas a las personas, mostrando la profundidad del mundo, que habitaba dentro de ella. Mostrando la profundidad de su alocada y apasionante personalidad.
Nunca me había tocado coincidir una mirada con Sara. Un día, mientras me encontraba absorto, dibujando, perdido en mis pensamientos y en la realidad que yo mismo había creado, repasando las palabras que la profesora McAdam había dicho, informándonos sobre el tonto viaje escolar a Long Blanch, al cual no quería ir, en medio de aquel normal día de clases, percibí una mirada, que se hallaba fija, sobre mi. En ese momento, nuestros ojos se encontraron por primera vez. Pude detectar cierta conexión, volatizando por el entorno. Un sentimiento, sintonizando los latidos con los suyos. Una conexión inmediata, con el simple encuentro de nuestras miradas. Me pareció extraño. Jamas me había ocurrido algo parecido, con nadie. Era como si encajáramos. Era como un imán, que me atraía hacia ella. Hacia sus oscuros ojos. Y la observe. La observe detenidamente, y pude, por unos segundos, divisar a lo lejos, aquel pequeño mundo que existía, acaeciendo, dentro de ella. Pude ver un alma libre. Un alma, que poseía un sin fin de colores. No supe cómo interpretar mis propios sentimientos en ese momento. No supe cómo actuar. Qué pensar. Solo me limite a observar a Sara, por unos segundos. Tratando de descifrar su mundo, de tras de todas las mascaras. Tratando de descifrar quién realmente era ella.
¿De dónde proviene este tipo de fuerza que existe entre los dos?, me pregunte para mis adentros, mientras desviaba mi mirada, volviendo a dibujar sobre las hojas blancas, trazando y trazando, sin estar consiente de lo que me encontraba dibujando. De algún modo, exista una especie de energía, que se sentía tan tangible, tan real, con el simple hecho de mirarnos. Sin embargo, prefería no pensar en eso. Era innecesario. Ademas, no estaba interesado en una relación, y ciertamente no sabia si en algún punto de mi vida, lograría estarlo.
Ese mismo día, una enorme pelea se suscito. Todo inicio conmigo y Daniel, lanzándonos golpes, con una ira que no se apaciguaba ni con el trancazo mismo. Todo inicio por Sara y por los recuerdos de mi oscura infancia, que se colaron en mi mente.
Me encontraba sacando unos libros de mi casillero, cuando de repente, escuche a Daniel, hablando con otros chicos, que se hallaban cerca, a unos pasos de distancia.
—Se los juro, Sara esta locamente enamorada de mi—musitaba en tono presumido—Es una lanzada, que no se da a respetar. De seguro, en Long Blanch, va a querer entregarme lo más preciado de ella—guiño el ojo, lanzando una maliciosa risa—saben a qué me refiero.
Un enojo inexplicable me invadió hasta los huesos. Una parte de mí, me decía que debía de ignorar a Daniel y sus estupidos comentarios, que no valía la pena pelearme con el, sin embargo, un frívolo recuerdo de mi oscura infancia se coló en mi mente. Los ex novios de mi madre, reprobándola con sus palabras, diciéndole que no se daba a respetar, agrediéndola, refiriéndose a ella como si no tuviera valor. Odiaba a los tipos que solo veían a las mujeres como un objeto, sintiéndose superiores. Sin importar la edad de Daniel, sin importar si decía consiente o ignorantemente aquellas ofensas hacia Sara, estaba actuando como una versión pequeña, de aquellos tipos que detestaba con todo de mi ser. Tipos del pasado, como los ex novios de mi madre, que habían dejado traumas en mi oscura infancia, que me atormentaban todos los días.
Traumas. Recuerdos. Que se colaron en mi mente, en ese preciso momento, al escuchar aquellas burradas que Daniel se encontraba diciendo de Sara.
Sara. Su mirada penetrante, en la cual había divisado, a lo lejos, ese pequeño mundo que vivía dentro de ella. La mirada de Sara se me venia a la cabeza, en forma de recuerdo, una y otra vez. Su tierna mirada, como un imán, que me atraía hacia ella.
Sin pensarlo dos veces, con el coraje, el enojo, los recuerdos y la mirada de Sara, rebalsando de mi ser, me dirigí hacia Daniel, y sin decirle nada, lo tome con fuerza de la playera, luego, le lance un fuerte puñetazo, que impacto sobre su cara pálida, provocando que las voces de nuestro alrededor, comenzarán el bullicio, en medio de gritos, comentarios y tañidos. Daniel, estupefacto, con la cara rojiza por el golpee y el enojo, me devolvió él puñetazo. Y así, comenzó la famosa pelea. En donde al final, toda la escuela terminó discutiendo, mientras se lanzaban golpes, peleándose todos contra todos. Aquello fue un completo caos.
Hasta que, minutos más tarde, mientras todo el puñado de adolescentes seguía empecinada en aquella pelea grupal, entre jaloneos, golpes y gritos, el director Wilson se apareció, deteniendo la pelea de manera inmediata.
Había valido la pena cada golpee implantado sobre el feo rostro de Daniel.
—Te gusta Sara—replico más tarde, la voz de Daniel, mientras este se paseaba a un lado de mi, bajando por las escaleras del edificio, para salir al exterior. Daniel lucía fatal, con la cara magullada y sus manos temblorosas, que sostenían un pedazo de papel que cubría la mitad de su feo rostro—¿Cierto? Por eso me golpeaste. Porque escuchaste lo que dije de ella.
—No. No digas tonterías—negué rotundamente—Me molestaron tus comentarios. Ninguna mujer merece que la ofendan de ese modo. Te merecías una paliza.
Y era verdad. Mas que nada, los comentarios de ese tipo, atrayendo los traumas de mi oscura infancia y haciéndome recordar a los ex de mi madre, en forma de horribles monstruos, habían sido los principales detonantes de mi enojo y de aquella pelea. Ninguna mujer se merecía que la llamaran y la trataran de ese modo. Sin embargo, una pequeña parte de mí, también lo había hecho por Sara. Por defenderla. Protegerla. ¿Por qué? No lo sabia.
Seguí bajando las escaleras, dejando atrás a Daniel. Hasta que en uno de los escalones, vi un listón de color n***o sobre este. Lo tomé. Era de Sara.
Minutos mas tarde, mis ojos volvieron a reencontrarse con los de Sara, fuera de las instalaciones de la escuela, en medio de las personas, del la estatua de Wall Street, en forma de toro, y del ajetreo constante en aquella acera de la 26 Broadway. Me lanzo una sonrisa. Trate de devolvérsela. O algo parecido. La observe. La escudriñe. Ahí estaba nuevamente aquella conexión emergente de la forma de nuestro mirar. Ahí estaban nuevamente aquel imán, atrayéndome hacia ella, divisando su verdadera esencia, su mundo, por los resquicios de sus ojos. Alce mi mano, mostrándole que tenia su listón n***o entre mis dedos. Sin embargo, permanecimos inmóviles, sin decir ni expresar nada, comunicándonos con la forma en la que yo solía comunicarme con las personas. A través de miradas. Un pequeño sentimiento me invadió. Miedo. ¿Qué era eso que estaba sintiendo? No quise averiguarlo. Me di la media vuelta y me marche, con el listón de Sara entre mis dedos.