Capitulo 7

545 Palabras
Capítulo 7: El despertar de la loba La Luna Roja se alzaba como una herida en el cielo. Y bajo ella, Lyra rugía. Su cuerpo ya no era el mismo. Su piel se había cubierto de pelaje gris plateado, sus ojos brillaban con una furia salvaje, y su respiración salía en ráfagas de vapor. Tenía patas, garras, colmillos. Y poder. Poder puro. Rhydian se quedó quieto, observando. Era majestuosa. Feroz. La sangre de los antiguos alfas corría por ella. El aire alrededor parecía vibrar con su presencia. Pero no había tiempo para admiración. Los cazadores del Consejo se abalanzaron. El primero en atacar fue un lobo n***o con ojos blancos. Sin palabras. Sin advertencia. Solo dientes. Lyra lo esquivó con una agilidad que no sabía que tenía. Giró, se lanzó sobre él y lo derribó. El lobo chilló. Lyra no lo mató, pero lo dejó inconsciente de un zarpazo brutal al cuello. El segundo se lanzó a por Rhydian. Pero Rhydian era un alfa nacido del combate. Transformado ya en su forma de lobo —imponente, oscuro como la noche con una franja blanca sobre el lomo—, lo detuvo en el aire con un choque de cuerpos que hizo temblar la tierra. Se revolcaron entre gruñidos, mordidas, y sangre. Lyra sintió todo. Cada herida. Cada aullido. Cada rasguño en Rhydian era un latido de dolor en su pecho. El lazo estaba completo. Y también era su condena. Los cazadores eran cinco. Pero ahora eran dos. Los otros tres se detuvieron al ver cómo Lyra y Rhydian se cubrían la espalda mutuamente. Ya no eran presa. Eran luna y lobo. Fuego y acero. Y la ley más antigua decía que un vínculo verdadero no podía romperse sin consecuencias. —¡Basta! —rugió uno de ellos en forma humana, mostrando su rostro envejecido—. ¡Lyra no pertenece a nuestra sangre! ¡No puede ser mate de un alfa! Lyra, aún en forma de loba, se alzó frente a él. Su cuerpo temblaba por la furia contenida. Lentamente, comenzó a cambiar de nuevo, a volver a su forma humana. Dolorosa, salvaje, desnuda entre sombras… pero completa. Su voz fue clara como un trueno. —No soy solo humana. Ni solo loba. Soy ambas. Y soy suya. Rhydian también se transformó, aún sangrando por el hombro. —La luna eligió. Ustedes no son nadie para negarlo. El anciano retrocedió. —Entonces que la luna los proteja. Y con eso, se desvanecieron entre los árboles. No los perdonaban. Pero tampoco podían matarlos. No mientras la luna los marcara. Horas más tarde, en la cima del acantilado, Lyra y Rhydian estaban solos. Ella temblaba aún, envuelta en su capa, con la marca aún brillando en su piel. —¿Ahora qué? —preguntó. Rhydian la miró con ojos intensos, oscuros, salvajes. —Ahora nos pertenecemos. Lyra lo miró. —¿Para siempre? —Para siempre —dijo él—. Si me lo permites. Ella no respondió. Solo se acercó y apoyó la frente en su pecho. Y allí, bajo la Luna Roja, la unión fue consumada. Sus almas se enlazaron completamente. No con palabras. Ni con fuego. Sino con destino. Y el rugido de ambos, bajo las estrellas, selló el comienzo de una nueva era.
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