Capítulo 13: El lobo sin ojos
El invierno llegó con semanas de adelanto.
La nieve caía en silencio, espesa y persistente. Los animales del bosque desaparecían, los ríos se congelaban antes de lo debido, y el aire se llenaba de un olor antiguo… como hueso viejo y ceniza.
—Esto no es natural —dijo Rhydian una noche, mirando el cielo—. La luna no se ha mostrado en días.
Lyra sostenía a Selene junto al fuego. La niña, de apenas semanas, no lloraba nunca. Solo observaba. Sus ojos grises brillaban, y a veces, al parpadear, parecía que en sus pupilas danzaban las fases de la luna.
—Ella siente algo —murmuró Lyra—. La noto inquieta cuando cae la noche.
Y entonces, comenzaron los sueños.
Selene despertaba llorando, gritando palabras en una lengua que nadie conocía.
Al tocar la piedra del altar lunar, surgían símbolos en llamas.
Los sabios no sabían qué hacer. Nunca habían visto poder así en alguien tan joven.
Fue entonces cuando la anciana Elara, la más vieja del consejo, pidió hablar con Lyra y Rhydian en secreto.
—Hace siglos, existió un lobo que renunció a la luna —dijo, con la voz quebrada—. Se llamaba Kael, el sin ojos. Quería devorar el poder de la luna, no adorarlo. Fue desterrado, pero antes de desaparecer, juró que volvería… cuando naciera una loba marcada con doble luna.
—¿Una loba como Selene? —preguntó Rhydian.
—Sí —respondió Elara—. Su marca no es solo poder… es una llave.
—¿Una llave a qué?
—A lo que Kael selló en el Reino Sombrío… cuando sacrificó su humanidad por poder.
Esa misma noche, Lyra soñó con Kael.
Era enorme. Su pelaje era n***o como la noche sin estrellas. Su rostro no tenía ojos, pero sus orejas y colmillos parecían detectar el alma misma. Caminaba sobre cadáveres de lobos. Y hablaba con voz como piedra partida.
—Tu hija me pertenece.
—Nunca —respondió Lyra, incluso dentro del sueño.
—Ella me abrirá la puerta. Y cuando lo haga… no quedará luna ni manada, solo noche eterna.
Cuando despertó, Selene flotaba sobre la cama.
Sus ojos brillaban con la marca encendida. Y todo el cuarto temblaba.
Rhydian la sujetó con cuidado. La niña cayó dormida al instante.
—El lobo sin ojos viene por ella —dijo Lyra, mirando el fuego.
A la mañana siguiente, el bosque habló.
Lobos exploradores desaparecieron. Las raíces de los árboles se ennegrecían. Las huellas de algo demasiado grande aparecieron cerca del lago helado.
Y desde la frontera este… llegó una señal imposible.
Un aullido sin luna.
Los sabios se reunieron de emergencia.
—Debemos ocultar a la niña —dijo uno.
—Debemos enviarla lejos —dijo otro.
—¡Debemos prepararla! —rugió Lyra, golpeando la mesa con fuerza—. Mi hija no es una presa. Es una luz. Y luchará… cuando sea el momento.
El consejo se quedó en silencio.
—Entonces —dijo Rhydian— debemos entrenarla. Protegerla. Y encontrar a Kael antes de que sea tarde.
Elara asintió lentamente.
—Si quieren enfrentarlo, deben cruzar el umbral de las Tierras Muertas.
Allí, donde fue exiliado.
Donde la luna no toca la tierra.
Esa noche, Lyra se quedó dormida abrazando a su hija.
Y por primera vez… Selene habló.
—Madre… él viene.
—¿Quién, mi amor?
—Kael… y no viene solo.