Nina Ahora estaba más decidida que nunca a lograr mi cometido. Si mi padre quería utilizarme para su beneficio, bien, pero yo también tendría que sacarle provecho a esto, aunque en el proceso salga lastimada, porque estoy segura de que así será. Llegué al hospital y, con toda la actitud de mujer altiva y decidida, caminé hacia la sala de espera. Y como lo imaginé, ahí estaba el idiota de Noah y Tamara colgada de su brazo. Definitivamente, todos los hombres son iguales. Suspiré y me acerqué a Amaya. Ella me vio, sonrió, se puso de pie y me besó la mejilla. —Nina, oh, te ves hermosa. Yo le sonreí y me acerqué a su oído para susurrarle: —Podría ver a tu padre, muero de ganas de ver cómo está. Ella asintió y tomó mi mano. Empezamos a caminar hacia las habitaciones y ella me fue platicando

