NI bien ingresamos en la habitación, no separamos en los detalles, fuimos directo al acto. Luego de cerrar con seguro la puerta, se abalanzo hacia mí ahora besarme desaforadamente y puedo jurar que lo que ma me exitaba era el aro danzar en mi lengua. Realmente excitante.
Mis brazo rodean su cuello intensificando el beso y sus manos aprietan con fuerza mis glúteos y de vez en cuando les da una palmada, haciendo que exprese unos quejidos que rozan el límite del dolor y éste con el placer se sentía maravilloso.
Podía sentir su duro m*****o hacer presión en mi hinchado y húmeda v****a y eso provocaba que escapara de mis boca varios gemidos.
¿En qué momento me saco la blusa? Nuestros cuerpos estaban desnudos de la cintura para arriba y el podía sentir la dureza de mis pezones en su torso y eso lo ponía loco. Lo sé porque me lo dijo.
Puedo sentir el como su lengua recorre mi cuello y la sensación de esa pequeña bolita en mi cuello es tan excitante que deseo sentirla bailar sobre mi clítoris. Cuando su boca lame cada uno de mis pechos, muerden y estiran mis duros pezones se siente como viajar al infierno un millón de veces.
Nunca había sentido tanta excitación por el simple hecho de estar lamiendo me los pezones y eso no solo me gustaba sino que me encendía y lo estaba descubriendo.
De un empujó quedé tendida en la cama y él no tardó en despojarme de las prendas interiores y abrir mis piernas ante su rostro.
- Ahora vas a sentir un infierno entre tus piernas. –
Esa frase prometedora hizo que todo mi interior se contraiga y que toda mi zona íntima intentará prepararse para la batalla que se iniciaría justo allí, y dónde estaba segura que perdería. Me iría de placer en su boca, lo sabía.
Cuando paso lentamente su lengua por todo el extremo de mi v****a me hizo tiritar de placer. No mintió cuando dijo que sentiría un infierno. No había comenzado aún y ese aro me estaba haciendo temblar.
Con sus dedos me abrió, para poder jugar con mi hinchado clítoris y poder meter y sacar su lengua desde dentro mío. Yo solo podía gemir.
- Así, nena. Gime ahora mí. –
Con su punta de la lengua movía mi pedacito de carne haciendo que todo mi cuerpo, cada milímetro de él ardiera en llamas.
De un momento a otro siento como dos dedos se abren paso dentro de mi lo cual provoca que todo mi cuerpo se arqueé y el rápidamente sujete mi pecho con una de sus manos.
Con su lengua jugando con mi clítoris, sus dedos masturbándome y su mano pellizcando y apretando mi pecho me hacían sentir deseada y con muchas ganas de practicarle sexo oral. Me incorpore como pude, empujando su cabeza de entre mis piernas y ante sus ojos sorprendidos atraerlo hacia encima de mi cuerpo, para susurrarle en el cuello lo que quería hacerle.
- Quiero todo tu pene en mi boca. –
No necesitaba verle la cara para saber que sonrió, lo que le había dicho fue tane durante que su piel se encargó de demostrármelo al sentirla erizarse bajo lo cuerpo.
Él se recostó y yo me puse en cuatro patas, ratillo perrita y mientras me preparaba para degustar su duro m*****o comencé a mover mi cabello ante sus ojos negros de la excitación.
Tome su pene con ambas manos, y comencé a darle pequeños besos en el glande al mismo tiempo que él sobaba mis nalgas y luego daba una nalgada.
- Oh sí, mami. Así. –
Escucharlo hablar así, tan excitado me motivaban a seguir jugando con el y moverle la cola buscando que sus dedos comiencen a jugar conmigo de nuevo.
Comencé a lamer el tronco de arriba hacia abajo una y otra vez, al mismo tiempo que el chupaba sus dedos y lo introducía lentamente dentro del ano. Eso se sentía tan agradable, que empujaba la cola para que entrara más su dedo en él.
Mientras chupaba su duro pene masajeaba suavemente sus testículos y pude notar que le fascinaba cuando abrió más su piernas, entonces dije que era mi momento. No sabía si le iba a gustar, de hecho nunca lo había hecho pero para todo había una primer aves y quizás no se atan malo.
Dejé de lamer su m*****o para comenzar a besar sus testículo. Eso le gustaba y mucho. En tanto yo podía sentir como me abría las nalgas y escupía sobre el orificio del ano para poder lubricarlo.
Fui bajando de apoco, con cautela pro si en detenía, cuando quise darme cuenta, me encontraba lamiendocelo a él. Al contrario de creer que irá a negarse, comenzó a masturbarse en tanto yo lamía su estrecho agujero y de vez en cuando introducía mi lengua en él. Así estuvimos por un largo tiempo, hasta que él se vino en su mano.
Ahora era mi turno.
Me alzó ente sus brazos y me puso de espaldas a él, introdujo su grueso pene en mi entrada y creyendo que yo bajaría, el movió su cuerpo para arriba haciendo que la completud de su gran pene ingresara en mi interior.
Sus movimientos eran tan rápidos que podía escuchar como la base de su pene golpeaba con los costados de mi v****a. Se sentía tan excitante que no quería parar.
Sin sacar su m*****o desde dentro mío, es que me acomodó en el sillón en la posición de cuatro patas y volvió a embestirle mientras que masturbaba mi clítoris.
Todo mi cuerpo temblaba, sabía que estaba por llegar al éxtasis pero aún así no quería que se detuviera, quería que siguiera poseyendo mi cuerpo con esa brutalidad.
Podía oír como sus testículos chocaban con mi v****a. Ese ruido era tan excitante como sus dedos dentro de mi. Se movía tan fuerte que el dolor se sentía realmente excitante. Estaba en el infierno, me estaba quemando viva.
Cuando sacó su pene de mi, creí que me dejaría con las ganas pero aún lo acaba.
- Tranquila nena, todavía me falta jugar dentro de esta manzanita. – dijo apretando mis nalgas y mordiendo una de ellas.
Me sentía sucia, me sentía una puta por estar teniendo relaciones sexuales con un desconocido ¿Pero saben qué? Hasta eso me excitaba. El pensarme una prostituta que levanto de la calle para coger, eso en calentaba a cien grados.
Escupió sobre mi agujerito y volvió a meterlos dedos. La velocidad hizo que todo mi cuerpo temblará y pro primera vez en mi vida, el que estuvieran penetrándome la cola con los dedos me había hecho acabar. Pero no me dejó reponerme del orgasmo porque ya tenía la punta de su pene haciendo precien en mi pequeño orificio queriendo entrar.
Me agaché lo más que pude y eleve mis nalgas lo más alto que pude para que pueda hacerme lo que dejaba sin problemas.
El primer impacto de su m*****o ingresando por completo en hizo gritar. ¿Dolió? Si, pero fue mayor la excitación que el dolor.
Sus movimientos iban en aumento y mis piernas ya temblaban por no poder mantenerse en su posición. El placer que Gastón le regalaba a mi cuerpo era magnífico.
Cuando escuché su grito de placer al mismo tiempo que enterró su m*****o dentro del ano supe que había terminado y el ruido a sacarla y la sensación del líquido correr por mis glúteos y manchar la cama fue tan satisfactorio con el nudo en el pecho al darme cuenta que por más placer que le regalaran a mi cuerpo seguía siendo la misma. Destruida por dentro.