Yo, que me jure no volver a sufrir más me veo sufriendo por un imbécil que a estas horas de la noche debe estar revolcándose con otra mujer en la cama. Que paradoja. Yo, que quise hacer un bien al devolverle su pasado termino por cometer el peor error. Según él claro. Entonces a la mierda con todo, a la mierda con sus sentimientos, a la mierda con los míos, a la mierda con todo.
- Disculpe señorita, vamos a cerrar. –
Había estado bebiendo por horas y no me había dado cuenta de la hora, por lo que cuando el mesero me vino avisar que ya cerraban yo no lo podía creer y ahora ¿qué hago? ¿a dónde voy?
Tome mi bolso y luego de pagarle la cuenta, me dirigí hacia la calle y caminé sin rumbo, en tanto mi mente me traía decenas de recuerdos con él, cuando nos conocimos, cuando me besó por primera vez, cuando tuvimos la primera relación s****l y cuando comencé a darme cuenta que él no era uno más y ahora me veo aquí, caminando por las calles de Buenos Aires, completamente ebria sin saber qué hacer ni para donde ir.
De repente las primeras gotas de la tormenta que recuerdo que se pronóstico en el noticiero de esta tarde comienzan a caer en mi cuerpo, lo que me hace detenerme y elevar mi rostro para mirar el cielo y poder sentir en mi rostro las gotas de agua.
- Hasta la noche me odia. – susurro mientras rio sin saber por qué - ¿Ahora qué hago dónde voy? – me digo a mi misma mientras saco de mi cartera el celular.
¿Qué se supone que pasaría si en medio de la noche, sola, ebria y con lluvia te pones a sacar el móvil de su lugar de aguardado? Exactamente, un ladrón que supongo yo venía observando mis movimientos me robó el celular de la amamos. Lo peor es que estaba tan embriagada que no podía ni dar dos pasos.
- Hijo de la mierda. – le grite luego de correrlo unos metros y caer al suelo. Me puse a llorar.
Me sentía tan frustrada, tan dolida, tan con bronca y decepción hacia Nacho que no sabía que hacer y mientras me preguntaba por qué Dios se ensañaba tanto conmigo sentí que alguien puso su mano en uno de mis hombros. Automáticamente me asusté pero al mirar de quién se trataba solo estire mis brazos para que me ayudara a levantarme y una vez de pie no soporté el abrazarlo con fuerza y llorar en sus brazos.
Franco en estas semanas se había vuelto tan importante que siempre que quería hablar de Nacho, por no molestar a Daniela, estaba ahí para mí, para escucharme y contenerme. Yo sabía que sentía cosas por mí, pero él sabía mis sentimientos por su hermanastro. Aún recuerdo cuando me confesó estar sintiendo cosas por mi.
Semanas atrás.
- ¿Cuánto más vas a seguir sufriendo por él? – me dice mientras me abraza y acaricia mi espalda.
- No lo sé. - ¿Qué podía decir? No tenía noticias de Nacho hace semanas, no me atendía los llamadas y sentía que mi corazón se destrozaba en mil pedazos.
- Camila, yo sé que lo amas con todo tu corazón y yo sé que él también te quiere. Pero tenés que entender que no es fácil para él todo lo que está pasando. Enterarse que Daiana fue la causante de la muerte de su ex y su bebé no es fácil. – Franco estaba al tanto de todo lo que había pasado, a excepción de que me había acostado con Daiana para saber quién era su obsesión, él solo sabía que según Nacho había jugado con sus sentimientos.
- Pero yo no tengo la culpa, yo solo intenté hacerle un bien. –
Y rompo en llanto una vez más y el me abraza fuertemente cuando de un momento a otro, sin saber por qué nuestros rostros quedan a centímetros el uno del otro y cuando menos me lo esperé el depósito un tímido beso en mis labios. De principio me tomó por sorpresa pero luego en su rostro vi el de Nacho y no me pude resistir a devolverle el beso. Segundos más tarde, cuando mi vista se aclaró y me di cuenta que no bese a Ignacio sino que bese a Franco me aleje de él rápidamente.
- Lo siento Franco, perdón por favor. – le dije mientras corría mi boca con una de mis manos
- Tranquila, no pasa nada. Después de todo siento cosas por vos. –
En ese instante me quedé paralizada ¿El hermanastro de Ignacio sintiendo cosas por mí? Esto era algo que no podía permitir, por lo que me aleje de su presencia y salí de la casa.
Lo último que quiero es confundirlo.
. . .
- ¿Estás mejor? – me dice franco luego de darme una taza de café.
Franco me había traído a su casa. Por suerte estábamos solos, con esto de la muerte de su padrastro su madre se había ido a la casa de una de sus hermanas porque estar en la casa le traía recuerdos que le dolían hasta el alma y yo la comprendía perfectamente. ¿Cómo voy a olvidarme de esta casa si hace cuatro meses estuve tendida moribunda dónde en este momento me encuentro tomando café caliente.
- ¿Estás seguro que Ignacio no va a venir? – sentía terror el que apareciera por la puerta con esa mujer y me encontrará con su hermanastro en la casa solos.
Toda mi ropa estaba empapada por lo que me había dado algunas prendas suyas para que me vista y no estar en ropa interior mientras las mías se escapan en el tender cerca de la estufa.
- Si estás cansada podés recostarte un rato. – la verdad que sí, lo necesitaba se me explotaba la cabeza y lo que deseaba era dormir.
- ¿No te molesta? – él sonríe y niega con la cabeza.
- Si querés podes quedarte en mi cuarto que yo duermo en el de mamá. –
Ese es un gesto que me pareció muy valorable. El dejarme su cuarto para que me sintiera tranquila era algo que no me lo espere. Le dije que si, por lo que ni bien terminé la bebida me acompañó a la habitación para darme la ropa de cama limpia. Hasta en eso era detallista.
- Si necesitas algo, solo tenés que decirme. Estoy en el cuarto de al lado. – me dice mientras sostiene mi mano.
- Gracias por todo lo que haces.- le digo apretando su mano.
- Sabes por qué lo hago. –
- Franco… - por más que quisiera no podía sentir más que un aprecio, un amor de amistad hacia él. No quería lastimarlo.
- Lo sé y perdón. – sonreímos los dos y cada quien se fue a la cama.
. . .
A lo lejos escucho cosas que se rompen y gritos lo cual me asustó y me sentí como hace cuatro meses atrás, aterrada por lo de Daiana. Cuando me levanté y me dirigí hacia donde provenían los gritos lo que ví me dejó inmóvil. Nacho peleando de puños con Franco.
- ¡Que haces! – fue lo primero que grite al ver a Franco con la nariz rota, literalmente en el suelo.
- ¡¿Cómo no me di cuenta que tú interés solo podía ser por una cosa ?! Está zorra. – dice con desprecio y yo, está vez, no voy a llorar. Está vez le voy a poner en su lugar.
Sin decir nada me acerqué a él y antes que pueda decirme una sola palabra, le di vuelta la cara de un cachetazo. Él se quedó inmóvil con su rostro hacia donde le propone el golpe y yo me quedé viéndolo con al frente en alto.
- No vuelvas a tratarme así. – le dije conteniendo el llanto que quería escapar.
- Te trato como lo que sos. Una ZO RRA – y vuelvo a darle un golpe en la otra mejilla y su rostro gira hacia el otro lado.
- Un día te tragara estás palabras, una a una y ese día no estaré ahí. – le di la espalda y ayude a Franco a levantarse. – Vamos Fran. –
Ni bien llegamos al cuarto le pregunté que es lo que había pasado, el por qué de su pelea y él me dijo que cuando su hermano ingresó al departamento el se encontraba sin remera en la cocina haciéndonos el desayuno y como Nacho siempre tenía la costumbre de saber sobre las mujeres con las que se acostaba creyó que este era el caso, que yo había ido a tener sexo con él.
Cuando le pregunto por esa mujer que dormía en su cama, Franco intento por todos los medios que no se acercará a “espiarme” pero fue en vano. Al llegar a la puerta y abrirla me vio en la cama, durmiendo con su ropa y creyó que nos habíamos acostado. Eso lo puso loco y sin pedir explicaciones le dio un golpe en el rostro y el resto ya lo sabía.
- Siento tanto hacerlos pelear. – le digo angustiada.
- No te preocupes, no pasa nada. – intenta consolarme.
- Yo no pienso eso de vos. – lo miro sin comprender a qué se refería.
- Ah. – hablaba del adjetivo ofensivo con el que Nacho se dirigió hacia mi. – no me importa. Estoy cansada de todo Franco si él quiere pensar eso, que lo haga. –
Y si, ya no quería sufrir más por lo menos en el día de hoy, así que solo me vestí y salí de la casa, no sin antes pasar por la cocina y verlo ahí, sentado en un taburete preparándose un cigarro que aparentemente era de marihuana. Pase d él y tome una botella de agua y salí de allí junto con Franco.
Fue la primera vez, en muchos años, que me sentí bien conmigo misma por no rebajarme ante alguien que solo busca lastimarme.