- Yo creo que deberías de intentar ser feliz con Franco.- me dice mi mejor amiga obviando que él es el hermanastro de Nacho y que por mi culpa se han pelando.
- No creo que esa sea la solución Dani. – además no me sentía como para empezar ningún tipo de relación.
- Mira, debes dejar a un lado lo que sucedió con Nacho, porque si él no te creyó, lo lamento por él tú tienes que continuar y no tienes por qué no aprovechar lo que el destino te ponga delante por no herir a alguien a quien ya le has dejado de importar. –
Dani podía tener razón, el tema estaba en que yo no sé tía nada por Franco y no quería hacerlo sufrir porque al final de cuentas eso es lo que terminaría haciendo.
Él era un hombre con el que toda mujer podía soñar. Atento, amable y siempre estaba cuando una lo necesitaba. He perdido la cuenta de las veces en las que ha venido a mi casa a altas horas de la noche cuando me agarraba ataques de pánico y se quedaba hasta quedarme dormida. Más de una vez lo he encontrado observándome y acercarse a mis labios mientras dormía y todas esas veces le he dado vuelta la cara. Él me quería, yo lo sabía pero no de la forma en la que yo lo quería.
- No puedo hacerle eso. Entiéndeme.- dije intentando que entienda, inútilmente, el por qué no quería nada con Franco.
- Creo que debes dejar todo el pasado atrás. No me has escuchado cuando te dije que enredarte con Diego te traería problemas, ni mucho menos cuando te dije que Daiana no era de fiar y que mejor alejarse. -
Si, tenía razón, nunca la había escuchado pero esto que proponía se salía de toda posibilidad. A Franco lo quería como un amigo y había sido muy importante todo este último tiempo. Me dolía saber que me quería, pero yo no podía corresponder sus sentimiento y aunque no quisiera amaba a Nacho, me guste o no esos eran mis sentimientos.
Había decidido salir a tomar algo de aire, ya mi casa era un infierno porque en cada rincón había recuerdos de él.
La fría brisa golpeaba mi rostro y aunque no quisiera no podía controlar mis que tenían control sobre mi. Me senté en una banca de la plaza a mirar como las parejas se amaban y los niños jugaban, cuando de repente una pelota roda hacia mis pies y al recogerla, un niño de unos tres años aproximadamente se para frente a mí y sin decir nada, toma su chupete y se lo lleva a la boca.
- Hola amor. – digo sonriendo.
El niño era de tés morena, ojos marrones y cabello castaño oscuro con rulos. No soy partidaria que los niños usen chupete dado que considero que les deforma el paladar, pero no puedo negar lo hermosos que se ven con él.
Le acercó la pelota y él con miedo da un paso hacia atrás, cuando de pronto veo unos pies y en cámara lenta elevo mi mirada, para disculparme. Comprendo que cómo están las cosas hoy en día con al inseguridad y demás no se puede confiar en nadie.
- Lo siento, yo solo…- y me quedé sin voz al ver de quién se trataba.
- Hijo, toma la pelota que la señorita te da. – el niño estiró su mano queriendo recibir la pelota y yo solo podía mirarlo hipnotizada. – Camila. – me llama al ver que el pequeño estaba con sus manos extendidas
- Oh, lo siento. Toma mi amor. – le di la pelota y él lo alzó en sus brazos luego de que su hijo tomara el balón. - ¿es tu hijo? – pregunta estúpida.
- Lo es. – sonrió y miró a su nene. – Benjamín, te presento a Camila. – sonreí ante la sonrisa del niño. – alguien muy importante para mí. – y al oír eso solo pude levantar la mirada.
- ¿Qué? - ¿Había escuchado bien?
- Quizás no es el momento, pero por favor, quiero que hablemos. –
Estaba confundida, realmente no me esperaba verlo en la plaza y con su hijo porque habiendo tantos espacios recreativos en la ciudad, justo vinimos a coincidir en el mismo.
Me negué a querer hablar con él, pero solo me dijo que me enviaría por correo la dirección y que estaría esperándome esa misma noche.
- Debo irme. – dije rápidamente, no quería estar un segundo más cerca suyo. Mi mente era una ensalada de dudas.
- Por favor, te esperaré. – dijo para dejarme ir rápidamente del lugar. Al llegar a casa me encontré con su mensaje en mi correo electrónico.
De: González Diego
Fecha: 16 de Abril de 2021 17:39 p.m.
Para: Ayala Camila.
Asunto: Debemos vernos.
Calle Esmeralda 1733 3piso dpto B
Necesito que hablemos. Te esperaré está noche
A las 22:00 p.m. UE es cuando mi ex mujer se lleva
a mi hijo.
Por favor, ven.
No sabía que hacer. La última vez que me vi con él dejamos un encuentro s****l a medias ¿Y si eso es lo que quería? ¿Y si solo quería tener sexo y por eso me hacía ir? No lo sabía, no comprendía la razón pero francamente no estaba en condiciones anímicas como para tener que lidiar con la libido de un hombre que aparentemente no comprende que lo nuestro acabo.
- No iré, definitivamente no lo haré. – me dije a mi misma borrando su mensaje.
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¿Qué hacía parada allí si se supone que aquello que sentía por Diego se había terminado? De vez en cuando me suelen pasar este tipo de cosas, este tipo de cambios repentidos en las emociones y por consecuencia en mis actitudes, pero estar en frente de la casa de mi ex profesor era extraño, porque me había prometido a mí misma no volver a estar donde estoy y sin embargo y a sabiendas en qué puede terminar, me encuentro a punto de tocar el timbre.
- ¿Quién llama? – dice él al otro lado del portero.
- Soy Camila. – dije luego de abrir y cerrar los ojos con fuerza porque no importa que tanto hubiera intentado no estar aquí, porque ya lo estaba y era momento de ir cerrando etapas de mi vida y ésta era una de ellas.
Cuarenta y dos segundos fueron los que transcurrieron de la puerta de su apartamento hasta la de calle donde lo esperaba y verlo llegar a mí vestido casual me hizo sonreír sin siquiera notarlo. Llevaba puesta una camisa blanca arremangada hasta los codos y entre abierta hasta el pecho, unos pantalones jeans en color n***o y unas zapatillas de vestir que le quedaba bastante juvenil. Sin mencionar el cabello desmarañado que lo hacían ver sexi…
¡esperen! ¿por qué estoy pensando que es sexi? …. De nuevo.
- Viniste. – me dijo con una sonrisa y yo no pude evitar devolvérsela.
Tenía en claro mis sentimientos por Nacho, pero Diego fue alguien importante en mi vida que me marcó, por lo que recordar como llegamos a ese punto parecía increíble.
- Sube conmigo. – me dice dándome el paso hacía el edificio. – cociné. – me contaba mientras nos dirigíamos hacía el ascensor. – no seré el mejor, pero quise que te sintieras cómoda. – concluyó una vez que ingresamos dentro del cubículo de metal y espejos. – creí que no vendrías. – me dijo suavemente acercándose a mí y por un momento dude de lo que haría, pero su cercanía era tanta ante mis labios que corrí mi rostro cuando descubrí sus intenciones.
- No vengo a coger. – dije directamente sin tomarlo por sorpresa.
- Amo que seas tan educada. – soltó una carcajada al mismo tiempo que las puertas se abrían en el décimo quinto piso.
Debía admitir que aquel comentario me hizo reír, pero hasta esas intenciones no se manifestaban. Todo el trayecto francamente evite su mirada que de hecho estaba más insistente que de costumbre y hasta en cierto punto me incomodaba.
Cuando las puertas se abrieron, me encontré con un departamento bastante acogedor, un tanto pequeño, pero para una pareja con un niño pequeño supongo que estaba bien.
Por un momento me puse a pensar si su mujer y su hijo estarían de viaje ya que el estar allí con ellos a punto de llegar al departamento no lo tendría tan . . . tan tranquilo.
Mientras observaba las fotografías colgadas en la pared y los portarretratos en cada espacio del living me hizo sentir una duda muy grande ¿por qué será que todas son de él con el niño o del niño solo? ¿será que se separaron? Esas, como otras preguntas vagaron en mi mente por un instante, hasta que sentí su mano en mi hombro, gesto que em sobresaltó.
-
Lo siento. – dijo inmediatamente al ver mi reacción. – te estaba diciendo que puedes tomar asiento en cualquiera de las butacas de por allí. – yo simplemente me quede con mis manos entrelazadas en mi pecho y lo miré frunciendo el ceño - ¿estás bien? – me preguntó y podía ver en sus ojos la preocupación, simplemente no con conteste ¿Qué demonios me estaba pasando? – Camila. – insistió acercándose más a mí.
¿por qué estaba allí? Ni yo podía comprender porque había asistido si desde un principio ya tenía la decisión tomada ¿será que un aparte de mí aun lo desea? Todo esto era demasiado complicado y yo solo quería estar en paz.
¿Por qué las cosas no podían ser como antes? ¿por qué simplemente no podía disfrutar de la situación si hace un año tan solo moría por estar en esta situación? ¿Qué carajos estaba pasando conmigo?
- Camila. – volvió a insistir y cómo no le contestaba extendió su brazo para tocarme y al hacerlo logró que ese estado de inconciencia, pero despierta, se desvaneciera.
- Lo siento. – fue lo primero que se me ocurrió decir cuando volví en mí.
- Siéntate donde quieras. Iré por algo para tomar ¿quieres algo en particular? – pero yo negué, solo quería escuchar lo que necesitaba decirme y largarme de este lugar.
- No, y decime porque me llamaste. – dije tajante y sin vueltas. Por su parte él no fue a buscar nada para beber, y me acompaño a sentarnos al sillón.
- Bien, hay algo que necesito decirte. – comenzó hablar.
Podía ver en sus ojos el nerviosismo y la ansiedad de necesitar decir algo pero que le era difícil poder hablar. Comenzó a removerse en su asiento y a no dejar de toser. Mientras jugueteaba con sus manos pude notar en ellas algo que le faltaba y casi en un susurro eso mismo se me escapo de la boca.
- Tu alianza. –
Fue al instante en el que él se observó su mano, sus dedos y sonrió, para darme la noticia.
- Me separé. – me dijo sin vueltas y yo automáticamente levanté la cabeza y me le quedé viendo a los ojos por unos segundos que parecían una eternidad.
- ¿Enserio? –
Debo admitir que aquello me tomó por sorpresa. Recuerdo que desde que nos volvimos a encontrar en el año anterior en el aula de Literatura el estar casado y amar a su esposa era algo que se esforzaba por hacerme entender y ahora. Ahora que ya no estaban juntos, según él se supone que debería estar desbordando de alegría, pero por qué eso no estaba sucediendo conmigo.
- Sí. – comenzó hablar, pero de momento a otro se detuvo. – cuando uno quiere a otra persona es inevitable estar con quien no se siente nada. – y sí francamente eso me tomó por sorpresa.