–Por favor, dime que hubo un beso en los labios esta vez –suplico Daniela, después de tragar su lasaña, Ana Marie contemplo con diversión la curiosidad de su amiga.
Después de salir de las clases, decidieron ir a almorzar en una cafetería cercana. En el trascurso del día, Daniela le pregunto una y otra vez como le había ido en su segunda cita con Álvaro, su amiga creía firmemente que ya se habían besado; pero Ana Marie no quiso contarle muchos detalles al respecto, solo le dijo: “Fue una noche magnifica”. Dejando la susodicha muy ansiosa o como le dice Ana Marie, en modo chismosa. Después de la primera cita y la mala forma que comenzó en un principio se transformó en una divertida llena de charlas, música y hamburguesas. Gracias a eso se dio la segunda cita. La gran noche magnifica que Ana Marie no quiere contarle a Daniela, haciendo que esta sea carcomida por la curiosidad.
–Vamos, Ana, no me dejes con la intriga –volvió a pedir.
– ¿Qué quieres que te diga? Ya te he dicho como me fue –repuso en un encogimiento de hombros, luego tomo un sorbo de su Coca-Cola –. La verdad, no sé qué más quieres oír.
– ¡Pues todos los detalles! ¿Qué más sino? Yo siempre te cuento los detalles de mis citas –reprocho en un mohín –, hasta los detalles sucios.
Ana Marie arrugo su rostro.
–Detalles que no te pedí –recalcó, intentando evitar esa imagen en su cabeza pensando en chocolate –. Por cierto, ¿cómo esta Axel?
–Oh, él está…. Oh, ya se lo que haces. Intentas cambiarme de tema, pero no te va a funcionar, Ana, no esta vez – musito señalándola con el tenedor, Ana Marie apretó los labios su estrategia no funciono esta vez –. Vamos, conociéndote, sé que no hubo acción; regresaste temprano esa noche a menos que si hubo y fue rápido.
–Aun me pregunto porque seguimos siendo amigas.
–Eso es fácil, es porque me amas –declaró.
Ana Marie negó.
–Nah, es porque pagas la mitad de la renta –rio cuando Daniela le golpeo el hombro juguetonamente.
–Es bueno tenerte de amiga, no quisiera imaginar si fueras mi enemiga –masculló apuñalando lo que quedaba de su lasaña.
Ambas siguieron comiendo entre risas y uno que otro chisme.
Al terminar de almorzar pagaron y le dejaron propina a Tony, el camarero. Ambas caminaron pese a las quejas de Daniela, quien según ella, estaba demasiado llena como para caminar.
– ¿Puedes dejar de quejarte? No vivimos muy lejos, Daniela, además no debiste comerte ese gran trozo de pastel –riño Ana Marie, caminando a paso ligero disfrutando la caminata.
–Pero hoy es mi día libre de dieta.
Su amiga rodo los ojos.
–Nunca haces dieta –Rebatió –. Debiste pedir tu porción de pastel para llevar, así como hice yo para comer con una buena taza de café.
–Te estas volviendo una cafesera –observó –, pero como culparte, el café es muy bueno. Como los hombres.
–Ay, no, no, por favor, no –Suplicó mirando el cielo pidiendo ayuda.
– ¿Qué? El hombre perfecto es como el café, bueno, fuerte y caliente –expresó con una enorme sonrisa –. Así es mi Axel, en todo el sentido de la palabra. ¿Ya te había contado como fue nuestro primer…?
– ¡mira ya llegamos! –exclamó interrumpiéndola –. ¿Lo ves? Llegamos rápido, todas tus quejas fueron en vano –ambas entraron al edificio, saludaron al botones y subieron al ascensor –. Me dijiste que hablaras en la radio local, ¿sobre qué tema exactamente?
–Sobre el abandono animal, si bien, los casos de maltrato han disminuido los casos de abandono han aumentado; los refugios no pueden darles asilo a todos esos pobres animalitos, por lo que tristemente son sacrificados –explicó Daniela claramente afectada por esto último.
Las puertas del edificio se abrieron, ambas salieron y llegaron a su apartamento.
–Que horrible, esos animalitos no merecen eso –se lamentó Marie, amaba a los animales y en Sierra Cayena era conocida por su amor hacia estos –. Desearía poder ayudar.
–Gracias a mi tarea de radiofónica, aprovechare la oportunidad para hablar de estos temas. Además; creo que si puedes ayudar a esos animalitos, el edifico acepta, ¿recuerdas? Podríamos hablar con los vecinos que quieran tener una mascota –ideo sumamente emocionada por la posibilidad, se quitó la chaqueta y los zapatos antes de arrojarse al sofá –. Sería bueno para los animales.
Ana Marie frunció el ceño en dirección a los zapatos esparcidos por el pasillo, pero no dijo nada, solo se concentró en el tema primordial.
–Puede ser –coincidió –, pero primero debemos hablar con los vecinos. No podemos llegar con cachorros, gatos y otros animales sin previo aviso; aunque su reacción sería algo cómica de ver.
Daniela iba a replicar cuando el timbre sonó, ambas se miraron mutuamente, confundidas.
– ¿Esperabas a alguien? –Preguntaron al unísono.
Ana Marie bufo cuando el sonido del timbre se hizo insistente.
– ¡Ya voy! –avisó, mientras se dirigía a abrir.
– ¡Ya deja de tocar el timbre! –grito Daniela con el rostro contra el sofá.
Al abrir la puerta se encontró con el rostro sudoroso de Edward, y no solo estaba sudoroso; tenía el pómulo inflamado, la mejilla raspada, la ropa sucia y su ojo se volvería morado en cualquier momento. Lo habían golpeado. Al ver a Ana Marie intento sonreír, pero solo consiguió hacer una mueca, Ana Marie jadeo horrorizada con la visión ante sus ojos llevándose ambas manos hacia la boca. Daniela al escucharla se levantó para ver que sucedía, al ver el estado de Edward, a diferencia de su amiga, se movió rápidamente hacia él con una claro gesto de preocupación. Hizo que se recostará en el sofá y le ordeno a Ana Marie que trajera el hielo y el botiquín de primeros auxilios, lo cual la chica acato rápidamente.
–Sí que te madrearon –comentó al ver su estado deplorable.
Edward intento sonreír.
–Él se llevó la peor parte –manifestó en voz baja, mirando a todos lados menos a Daniela, a lo que ella supuso que estaba avergonzado.
Edward no quería que Ana Marie se enojara con él por involucrase en una pelea. A su amiga no le gustaba la violencia y creía firmemente que todo desacuerdo se podía arreglar sin la necesidad de puños. El rostro preocupado y horrorizado de su amiga lo desestabilizó, no quería preocuparla, pero acudir a este lugar fue lo primero que se ocurrió.
– ¿Podrías decirme porque te peleaste? –inquirió Daniela con sutileza –. Si no quieres no hay problema, Edward.
Edward escucho unos pasos apresurados, y supo de inmediato que se trataba de Ana Marie con el hielo y el botiquín. Se lo tendió a su amiga, luego busco su celular.
– ¿Qué haces? –cuestionó Daniela al verla con su celular.
–Llamar a Álvaro –informo con las manos temblorosas –. Hay que llevar a Edward al hospital.
–No tienes por qué llamar a tu novio, Ana Marie –masculló Edward en voz baja, siseo ante el toque del alcohol en su pómulo –. Cuidado, Daniela, eso arde.
–Pues no debiste haberte dejado golpear en primer lugar, así que no te quejes.
Edward quiso moverse o fruncir el ceño, pero su rostro le dolía lo suficiente como para tragarse sus réplicas.
–Aun no es mi novio, pero igual lo llamare y ni una palabra más, Edward –sonaba autoritaria, como una madre que regañaba a su hijo adolescente –. Deja que Daniela te limpie y cure, no querrás una infección, ¿verdad? Dios, ni de adulto aprendiste a resolver tus problemas civilizadamente –murmuró para sí misma, mientras marcaba a Álvaro.
Tres timbrazos después, Álvaro contesto.
–Sé que soy irresistible, Marie, pero no creí que me extrañarías tan rápido –contestó galantemente.
– ¡Daniela, con más delicadeza!
– ¡Quédate quieto, tonto!
Ana Marie se encamino a la cocina para hablar con más privacidad, y así no tener que escuchar las quejas de Edward y las maldiciones de Daniela.
– ¿Paso algo? –preguntó Álvaro al escuchar las voces de los susodichos.
–Edward fue molido a golpes y Daniela lo está curando, o torturando en el peor de los casos –respondió aun algo afectada por la golpiza que recibió Edward.
– ¿Estas bien?
–Sí, no, no lo sé –se sinceró –. Me siento nerviosa y quiero llevar a Edward al hospital ¿podrías ayudarnos a llevarlo, por favor? Sé que te pido mucho y…
–Espera, espera, Marie –detuvo sus balbuceos con su voz ronca y calmada –, no me estas pidiendo mucho, además; sé que las situaciones así te ponen nerviosa. Así que no te preocupes, ya voy a bajar para ayudarte ¡digo! Ayudarlos –se corrigió rápidamente.
–Gracias, gracias, te quiero –expresó con una gran sonrisa, pese a que Álvaro no la miraba.
–Yo también, diablilla –dijo antes de colgar.
Ana Marie sonrió tontamente, pero un grito la hizo salir de la cocina a rayo veloz, y ningún escenario de ninguna película la había preparado para esto. Daniela estaba encima de Edward quien se quejaba de lo ordinaria y salvaje que es la chica en su forma de curarlo, Daniela miro a Ana Marie con ojos frustrados.
–No se quedaba quieto, así que tuve que recurrir a esta técnica –justificó, para después terminar de vendarle el ojo –. ¡Listo! Ya quedo –se bajó satisfecha con su trabajo –. Ahora ponte el hielo sobre la venda, aun pasara el frío creo.
–Compadezco a Axel, no sabe qué clase de loca tiene por novia –exclamó Edward acomodándose en el sofá poniéndose el hielo como le indico Daniela –. En serio, lo compadezco, rezaré mucho en su funeral cuando lo mates o se suicide.
–Exagerado –Daniela mascullo, luego dirigió su mirada a su amiga –. ¿Qué te dijo tu novio?
–Aun no es mi novio –repitió, sus cejas estaban elevadas y su mirada aún era confusa por la escena recién presenciada, sus amigos están locos, concluyo –. El ya…
– ¡Su transporte ha llegado! –anunció Álvaro interrumpiendo a Ana Marie, se acercó a la susodicha y la escaneo con la mirada para ver si está bien, luego se inclinó un poco para besar su mejilla a modo de saludo.
Daniela bufó.
–Si van a estar así de cariñositos mejor váyanse a tu cuarto, Ana.
La susodicha fulmino a su amiga con la mirada.
Álvaro dirigió su mirada a Edward, quien estaba vendado de como una momia y parecía más magullado de lo que describió Ana Marie.
–Wow, amigo, ¿qué te paso? –se acercó a Edward para ayudarlo a incorporarse –. ¿Te peleaste con un luchador de sumo?
Edward se apoyó en Álvaro, quien puso su brazo alrededor de su cuello y lo ayudo a levantarse.
–Ojala hubiera sido eso, hermano, pero Daniela quiso terminar de matarme –la susodicha jadeo insultada, Álvaro negó imaginándose la escena –. Ahora creo firmemente que Axel corre peligro a su lado.
Los chicos se dirigieron a la puerta principal a trompicones, Ana Marie tomo su bolso y su teléfono y miro a Daniela, quien se volvió a sentar en el sofá frunció el ceño ante eso.
– ¿Acaso no vienes?
–No, yo ya hice mi trabajo –comunicó estirando los brazos –. Me avisas cuando den el alta al tonto, ¿sí? Yo me quedare aquí.
Ana Marie suspiro.
–Bien –aceptó.
–Byeee.
Los tres bajaron por el ascensor y se encaminaron al estacionamiento del edificio. Edward seguía alegando que no necesitaba ir al hospital, pero tanto Ana Marie como Álvaro no le hicieron caso, además; Ana Marie intentaba sacarle información a Edward sobre con quien se peleó y cuál fue el motivo. Pero no obtuvo respuesta por parte del chico, quien se dedicó a quedarse callado.
Este iba a ser un día muy largo, ni siquiera son las dos de la tarde.