Capítulo 26

3419 Palabras
Ahí estaban. Ambos estaban sentados en el sofá, con las frazadas a su alrededor, mientras la película de terror seguía su curso. Ana Marie tenía en sus manos un gran tazón lleno de palomitas, la cual comía compulsivamente, sus ojos oscuros no podían apartarse de la pantalla. A su lado Álvaro miraba la película con gran calma, hasta sonreía por la manera en que el grupo adolescente perdía el control y entraban en pánico, tomó otro puño de palomitas y las comió poco a poco. Afuera seguía lloviendo y parecía que iba a durar toda la noche. Un grito por parte de los protagonistas combinado con un relámpago, hizo que Ana Marie se sobresaltase y se acercase aún más a Álvaro de forma instintiva. El contrario sonrió ante el acercamiento y, de forma delicada, envolvió a Ana Marie con un brazo, atrayéndola aún más a él. Ambos tienen sentimientos el uno por el otro, pero nunca tuvieron el valor de decirlo, además; Ana Marie recién está descubriendo dichos sentimientos, al estar así, abrazada y muy cerca del cuerpo de Álvaro hace que las mariposas de su estómago empezaran a revolotear. Con las mejillas calientes, Ana Marie se acurruco en el pecho de Álvaro, tomándolo por sorpresa. El contrario la miro por un momento para luego sonreír, y dejar su barbilla descansar en la cabeza de la chica. Un gran estruendo hizo que, de alguna forma, quedaran a oscuras. Ana Marie soltó un chillido de sorpresa ante el repentino apagón. Álvaro se sobresaltó y abrazo aún más a su amiga de forma protectora. Cuando ambos se calmaron y se dieron cuenta de que la luz no volvería, al menos, por un buen rato.  –Oh, genial lo que faltaba –gruño Ana Marie, acurrucándose aún más con la frazada –. Tenía que irse la luz justo ahora que estábamos viendo una película de terror. ¡Maravilloso! Solo falta que nos salga el silbón y estamos listos. Álvaro carcajeó levemente y, pese a que no podía verle la cara, supo que Marie lo fulminaba con la mirada. –No puedo creer que creas en esas cosas –oculto su rostro en su frondoso cabello –, es solo un mito, Marie. – ¡No es solo un mito! –chilla en un susurro –. Mis tíos lo han visto, en el campo. –Quizá solo lo dijeron para asustarte a ti y a tus primos. Ana Marie no dijo nada. Con cuidado se separó un poco de Álvaro e inmediatamente sintió frio. Puso el tazón de palomitas en la mesa central de la sala, Álvaro hizo un mohín, estaba cómodo en la posición que estaba, Ana Marie empezó a buscar su celular por la mesita con cuidado de no hacer un desastre. Álvaro encarno una ceja al oír los murmullos de Ana Marie, con una sonrisa de superioridad plasmada en sus comisuras encendió la luz de su celular, Ana Marie lo miro como “ahora es que se te ocurre encenderla”, se encogió de hombros inocentemente. –Y se hizo la luz –se mofó, divertido ante la mirada de su amiga. Amaba molestarla y ver su bello rostro fruncido –. Oh; de nada, mi amor, fue un placer ayudar. –No me llames “mi amor”. Acompáñame a la cocina, quiero dejar el tazón y buscar el bombillo recargable –pidió o más bien ordeno, mientras tomaba su teléfono y encendía la linterna de este –. Con esta lluvia no quiero quedarme a oscuras, y sabrá Dios cuando vuelve la luz. Agradecía enormemente que Álvaro no viera el rubor de sus mejillas. Desde que empezó a ver a su amigo con otros ojos, sus apodos y juegos hacían que su corazón se desembocara, que las mariposas revolotearan y, al final, que su rostro terminara encendido como un tomate. –Y ¿si mejor nos quedamos aquí? –sugirió –. Hace frio y se lo mucho que odias el frio, Marie. Podemos acomodarnos y hablar sobre cualquier tema, hasta podemos hablar de ese libro que mencionaste la otra vez, ¿lo recuerdas? Por supuesto que lo recordaba. Hace unos días les había platicado a sus amigos una saga nueva que estaba leyendo, un libro fantasioso con un toque oscuro de la autora A. G. Arlan; sus matices oscuros con la atmosfera mágica hacía de sus personajes y el entorno que lo compone una historia atrayente y enigmática. Pero no pudo seguir con la conversación, algunos no la entendieron o simplemente no les interesaba. Sea como sea; el hecho de Álvaro nombrara su reciente pasatiempo hacia que su corazón se calentara, conmovido. Quería decirle muchas cosas, pero solo atinó a decir: – ¿Estás seguro, Álvaro? No quisiera aburrirte con eso. –Nada de lo que digas será aburrido para mí, Marie. Para mí, todo lo que dices es interesante, más cuando hablas de algo que te gusta; tus ojos brillan, la felicidad se plasma en tu rostro y eso es una de las cosas más maravillosas de las que soy testigo a tu lado –confesó dulcemente, agradeciendo también que la chica no era capaz de ver su sonrojo. Ambos actuaban como dos adolescentes enamorados. Si bien; Álvaro es un joven de veintiuno atractivo, coqueto, relajado, arrogante y astuto. Tuvo muchos amores, pero solo una mujer lo había hecho caer de forma irremediable y esa fue Ana Marie, pese a no haberlo intentado. Ana Marie por el contrario; solo tuvo una relación a sus escasos dieciséis años, Joshua (su primer y único novio), lo conoció por tres meses y luego de eso él le pidió que fuese su novia lo cual acepto sin dudas, pero las inseguridades de Ana Marie hicieron que la relación no durase más de un mes. La chica tenía miedo de los sentimientos y del compromiso, creía que su novio sería una distracción para sus estudios y, con mucho dolor, termino la relación. Ha estado soltera desde entonces. Encerró su corazón en una coraza que no creyó que fuese derribada en un futuro cercano, que equivocada estaba, Álvaro con tan solo conocerlo hizo una fisura y de ahí se fue haciendo paso a su corazón. Haciéndola caer perdidamente enamorada. Lentamente bajo el tazo y lo coloco de nuevo en la mesa, se volvió a sentar cerca de Álvaro, ambos apagaron la luz de sus celulares y se quedaron ahí; en silencio. No necesitaban palabras. Ana Marie apoyo su cabeza en el pecho de Álvaro mientras se cubría más por el frío, la temporada de lluvia traería consigo las heladas temperaturas. Álvaro apoyo su barbilla en el cabello de Marie, oliendo su acondicionador de lavanda. En silencio se reconfortaron el uno al otro, mientras la lluvia seguía afuera junto con uno que otro centellazo. Un momento perfecto, un momento tranquilo. Hasta que Ana Marie dijo: –Creo que me gustas –susurró. –Yo también creo que me gustas –murmuró contra su cabello. ………………………………………………………….. Dos días después de la confesión. Ana Marie buenaventura caminaba de un lado al otro en la habitación de Daniela, quien la miraba caminar de un lado a otro con rostro entre feliz y burlesco. Después de todo, nunca había visto a su amiga así de nerviosa (sus nervios por los exámenes no contaban) y no era para menos, no señor; su querida amiga tenía una cita con nada más y menos que con Álvaro. Daniela estaba feliz de que el chico se haya decidió y la haya invitado. Ver a su amiga nerviosa le hacía gracia, después de todo, su amiga siempre se burlaba de ella cuando se ponía nerviosa por una cita. –Daniela, ¿puedes dejar de sonreír y ayudarme, por favor? –inquirió la muchacha con los nervios a flor de piel, estaba que se comía las uñas –. En verdad necesito tu ayuda, Dani. –Ni que fuera tu primera cita, Ana –comentó burlesca, pero al ver el rostro levemente avergonzado de su amiga le hizo fruncir el ceño –. ¿Desde hace cuánto que no tienes una cita? La chica jugo con sus dedos. –Desde los diecisiete –respondió, acomodando sus lentes –, no he salido con más nadie desde entonces. – ¿Me estas tomando el pelo? ¡Por Dios, Ana! Eres hermosa, ¿cómo es posible que no hayas salido con más nadie desde hace años? –Lo sé, lo sé, mi vida íntima es más triste que una mala película –hizo un gesto de mano quitándole importancia –. Tienes que ayudarme a escoger algo apropiado para la cita, Daniela. No quiero ir y verme ridícula. Pese a que la confianza de Ana Marie se estaba fortaleciendo, aún hay un dejo de inseguridad en su interior que se negaba a abandonarla. No quería vestirse muy elegante, pero tampoco muy simple, quería estar acorde con la situación. Pero Álvaro no fue especifico al lugar en donde irían, cuando le pregunto el simplemente dijo que se vería preciosa con lo que sea que usara, algo lindo y halagador; pero no ayudaba mucho dejándola sin opciones. Por eso irrumpió en la habitación de Daniela sin tocar, y ante la mirada confundida de su amiga le explico la situación, su amiga al principio se rio de su desgracia como ella lo había hecho innumerables veces. Daniela hasta tuvo la osadía de decir: –Es solo una cita. Una frase que la propia Ana Marie uso en contadas ocasiones cuando su amiga tenía una cita, por lo que usar sus mismas palabras en su contra fue un golpe bajo; al menos, para la susodicha. Soporto las risas de Daniela, hasta que esta decisión que ya fue suficiente karma y empezó a interrogarla. Llegando al punto en donde estábamos. –No te verás ridícula, eres hermosa y casi todo te queda bien –calmo su amiga en tono conciliador –. Vamos, veamos que tienes en tu armario. Arrojo la almohada que sostenía al suelo. Ana Marie se dio cuenta del gran desastre que es su habitación. Libros desparramados en su mesa de noche, ropa tirada en el suelo y zapatos; hizo una mueca, detestaba el desorden y parecía que la habitación de su amiga fue visitada por una manada de elefantes africanos. – ¿No crees que deberías limpiar tu habitación? –Esto se trata sobre ti, no sobre mí –replicó sin darle mucha importancia, tomo a Ana Marie del brazo y la jalo hacia su habitación –. ¿A qué hora es tu cita, mi ciela? –A las 7:00pm. Daniela reviso la hora en su teléfono, chasqueo la lengua en señal de desaprobación, eran las cinco. Solo tenía dos horas para prepararla. – ¿Por qué no me pediste ayuda antes? ¡Solo nos quedan dos horas! –Exclamó casi al borde del pánico, pero recordó que debía estar clamada o sino Ana Marie seria hasta capaz de cancelar la cita por sus nervios –. Ve a bañarte, exfoliarte y afeitarte. Yo buscare tu atuendo y te lo pondrás sin replicas ni reclamos, te lo pondrás –añadió cuando su amiga iba a replicar. Ana Marie suspiro y se adentró al baño a hacer lo que la dictadora, digo su amiga Daniela le indicaba o le ordenaba. …………………………………………………………….. Faltaban cinco minutos. Daniela estaba aplicando los últimos detalles al maquillaje de Ana. Cuando termino, se alejó para admirar su obra de arte. Ana Marie estaba vestida con un enterizo largo de escote de corazón beige, su cadena adornaba su cuello como siempre, su cabello lo llevaba cuidadosamente rizado y su maquillaje consistía en base, rubor, ojos ahumados y un labial de tono cereza. Se veía preciosa y Daniela esperaba que Álvaro se quedara sin habla, porque si no, se las vería con ella. Ana Marie se sentía hermosa y poderosa, pero miraba los tacones con aprensión. No quería usarlos, pero Daniela insistió en que completaba el look. Aunque eran tacones de solo cinco centímetros a Ana Marie no le hacía gracia usarlos, ¿sabía usar tacones? Si, ¿le gustaba usarlo? Por supuesto que no. Pero le ha tocado usarlos un par de veces, hasta en sus clases de danza, o aprendía a usarlos o se torcía el tobillo; una decisión muy fácil a mi parecer. –Te ves divina –elogió Daniela –. Ya verás cómo Álvaro cae a tus pies, aunque ya ha caído ante ti. – ¿Tú crees? –Daniela asintió –. Hace mucho que no salía en una cita, temo estar oxidada, Daniela. Antes de que Daniela hablará, un toque en la puerta la interrumpió. Ambas se miraron y chillaron emocionadas antes de encaminarse hacia la puerta. Antes de abrir, Ana Marie respiro un par de veces antes de abrir con una sonrisa. La vista que la recibió la dejo embobada. Álvaro estaba vestido con pantalones de vestir negros, camisa azul oscuro que hacia resaltar su mirada, su cabello estaba despeinado; pero se veía perfecto y su sonrisa ladina completaba el cuadro que Ana Marie contemplaba. El chico la miro embobado por unos segundos, reacciono moviendo la cabeza ligeramente y le tendió un ramo de rosas, rosas blancas. Ana Marie jadeo, significan amor puro. –Te ves hermosa, Marie –murmuró embelesado, le tendió las rosas –. Son para ti, las escogí especialmente para ti. Ana Marie las tomo y olio su deliciosos aroma. Amaba las rosas pero, si era completamente honesta, prefería que le regalarán las flores en macetas para así sembrarlas en la azotea del edificio. –Son hermosas –musito encantada por el detalle –. Aguarda un minuto, voy a ponerlas en agua. – ¡No, yo lo hago! –se ofreció Daniela quitándole las rosas con delicadeza, hizo un gesto de manos para que se fueran –. Salgan, salgan, no pierdan más tiempo. Al, tráemela en una pieza, ¿me oíste? Una pieza –apuntó con advertencia, Ana Marie quiso palmear su rostro, Daniela miro a ambos con picardía –. No vuelvas muy temprano, y ¡usen protección! pero me la traes en una pieza. Álvaro estallo a carcajadas. –Sí, Daniela, ya entendimos. ¡Adiós! –Arrastró a su cita fuera del apartamento, quiso ahorcar a su compañera, pero no importa, pronto se las cobraría. Álvaro seguía riéndose, le dirigió su mirada más sucia –. ¡No te rías! –No… no puedo evitarlo –tomo una gran bocanada de aire, logrando calmarse un poco –. Parecía una mama gallina. Entraron al elevador. –Sí, hasta la parte de la protección –masculló con ironía –. Creí que no se burlaría más, ¡que equivocada estaba! Me hizo pagar todo lo que le hice en sus anteriores citas. –Ah, ¿sí? ¿Qué le hiciste, Marie? –inquirió con una sonrisa ladina –. ¿Actuaste como su madre o como la amiga entrometida? Ana Marie sonrió al recordar sus pequeñas travesuras. –Un poco de ambas –admitió con gracia –. Fue muy divertido, debiste ver su cara, estaba tan roja como una manzana. Hasta uno de los chicos se avergonzó tanto que balbuceo en un minuto glorioso –se cubrió la boca para no reír por el recuerdo –, Daniela me dijo que el karma le daría su revancha. ¿Quién diría que ese día seria hoy? A veces el karma es caprichosa. – ¿Quién diría que con esa cara tan angelical, se escondía una diablilla? –comentó Álvaro, entretenido por la anécdota –. Las calladas son las más peligrosas, nunca sabes lo que ocultan en su sonrisa y ojos aparentemente inocentes. La chica le golpeó el hombro juguetonamente. El ascensor se abrió y ambos salieron al estacionamiento. Álvaro le abrió la puerta del copiloto como todo un caballero, lo cual Ana Marie acepto gustosa. En el trascurso del camino, la curiosidad picaba a Marie, quien miraba por la ventana a ver si conseguía adivinar a donde la llevaría. Pero eso era ridículo, ya que en todo el tiempo que llevaba viviendo en la ciudad, nunca se preocupó por conocerla por completo. Ahora se arrepentía. –Álvaro, ¿A dónde vamos? –preguntó lo más dulcemente posible. El susodicho sonrió socarrón. – ¿Por qué la pregunta, Marie? ¿Curiosa? –la miro por el rabillo del ojo fugazmente antes de volver a centrar su mirada en la carretera –. Es una sorpresa, Marie, confórmate con eso. Bufo. – ¿No me darás una pista? –intento de nuevo. –Nop –dijo haciendo énfasis en el “nop” Apretó los labios, pero poco podía hacer más que aguardar. A los pocos minutos llegaron a un restaurante italiano. Se veía elegante y Ana Marie por un momento no se sintió vestida para la ocasión, pero aparato el sentimiento lo mejor que pudo. Álvaro bajo del auto, lo rodeo rápidamente y le abrió la puerta a su dama, hizo una reverencia burlonamente y Ana Marie torció los ojos, pero sonrió ante su comportamiento extremadamente coqueto y caballeroso.   Ambos entraron al restaurante, pero tuvieron que hacer una fila. Quince minutos, ya era su turno. –Su nombre, por favor –pidió amablemente una chica. –Mesa para dos, a nombre de Álvaro Giménez –respondió cortésmente. La chica ojeo la lisa, pero fue demasiado rápido como para que la haya leído adecuadamente. –Lo siento, pero su nombre no está –informó con una sonrisa –. Siguiente. Álvaro frunció el ceño. –Debe haber algún error. Yo hice la reservación un día antes, hasta tengo la confirmación –alegó. Ana Marie noto como la chica lo miraba con falsa simpatía. –Lo siento, señor Giménez, pero no tiene reservación –repitió, como si estuviera acostumbrada a estos inconvenientes –.Ahora, le sugiero que se retire y deje de parar la fila. El susodicho apretó los dientes con fuerza, impotente. –Y yo le digo que si hice la reservación –aseveró tajante, no quería hacer una escena mucho menos en frente de Marie, por lo que se contuvo –. Revise la lista otra vez, quizá el nombre se le paso. –Sera mejor que usted y su compañía se retire del lugar –dictamino, con voz contenida y sin ningún tipo de cordialidad, los miro hostilmente –. Si no se van llamare a seguridad para que los saquen. Antes de que Álvaro reclamara para hablar con el gerente, Ana Marie lo tomo del brazo y acaricio su hombro en un intento para calmarlo. –No es necesario –hablo ella gélidamente, taladrando a la chica con la mirada –, nosotros ya nos íbamos. De todos modos, hay mejores restaurantes que este, y con mucha mejor atención a los comensales. Buenas noches. Lo arrastro hacia salida. Álvaro estaba molesto y eso se notaba en sus hombros tensos, la mandíbula apretada y la mirada oscurecida, Ana Marie lo guio de vuelta al auto, en silencio. No sabía que decirle. –Lo siento –se disculpó, cabizbajo –, se supone que esta noche debía ser perfecta para ambos. En verdad, lo siento mucho, Marie. –No, no tienes porque disculparte, Álvaro. Fue el error de ella no tuyo –le dijo conciliadoramente, pero el susodicho se negaba a verle la cara, frunció el ceño –. Álvaro, mírame –ordenó, pero se negó a alzar la mirada –. Será mejor que me mires ahora –esta vez levanto la mirada lentamente –. Mira, sé que las cosas no salieron como planeabas, pero no fue tu culpa, ¿me oíste? –Lo sé, pero quería esto funcionara y fuera perfecto. No lo soporto más y tomo su rostro suavemente con sus manos. –Oye, no me importa si es perfecto o no, ¿me oíste? –ya no quería una vida perfecta, solo quería una vida feliz –. Tú siempre has sido mi calma en los malos días, y si continuamos con esto, yo también quiero ser tu calma en los malos días –susurró con cariño. Álvaro tomo sus manos, acariciándolas suavemente. –Siempre sabes que decir –musito llevándose una de sus manos a sus labios, dándole un casto beso. –No todo. Rio un poco. – ¿Y si mejor vamos por unas hamburguesas? Ana Marie se relamió los labios. – ¿Y qué estamos esperando? Ambos arribaron el auto y tuvieron su cita sin más interrupciones. 
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