Me hizo cruzar habitación tras habitación, sala tras sala, escaleras tras escaleras, oscuridad tras oscuridad... Finalmente me empujo al interior de una oscura recamará en el tercer piso de la mansión, llena de polvo y muebles cubiertos por sabanas. Me giré a verlo con un intenso miedo escrito en la cara. Sí mi vida terminaba allí, ¿nadie lo sabría? ¿Un hombre como ese atrevería a matarme? No cabía duda. —No lo pareces, pero te gusta desafiarme, ¿verdad? —siseó cerrando la puerta con fuerza tras él y encerrándonos allí. ¿Me mataría? —No, mi señor... Yo no... Peligroso, dio un paso hacia mí, yo retrocedí otro. —¿Tú qué, Elizabeth? ¿No me desobedeciste y dejaste el recibidor, para vagar por esta maldita casa? Dio otro paso más y yo retrocedí de nuevo, hasta que mis piernas chocaro

