Sequence II // +18

4063 Palabras
Sehun se encuentra maravillado con el paisaje que observa desde la ventana del taxi que comparte con ZiTao y el gerente de planeación de la empresa. Hacía media hora habían llegado a Japón, estaba tan emocionado por el viaje que no había dormido mucho el día anterior y aunque ZiTao le había dicho que podía dormir en el camino hacia el hotel en el que se quedarían, Sehun no podía cerrar los ojos ni la boca ante la imponente geografía montañosa de la prefectura de Hokkaido, el clima también era maravilloso, cálido pero no tan húmedo, muy diferente al desesperante calor del verano en Seúl. Al llegar al hotel en Noboribetsu que, según el folleto que les habían dado en el aeropuerto, es una pequeña ciudad costera famosa por sus Onsen, el guía y traductor los presentó con la dueña del hotel y con otros invitados. Sehun no hablaba demasiado, el gerente de planeación, quien a sus 38 años ya había estado en diferentes reuniones de este tipo, era el que socializaba. Era una persona carismática, de buen porte, un poco más bajo que ZiTao aunque su madurez hacía que no se notara tanto. El rubio seguía el hilo de las conversaciones con versatilidad y rápidamente se ganaba la atención de los demás. Sehun sonreía disimuladamente pensando en que no importaba donde fuera, probablemente ZiTao podía desenvolverse y sobrepasar cualquier adversidad. Luego de la socialización en la recepción del hotel, que se alargó por una media hora aproximadamente, por fin lograron entrar a la espaciosa habitación preparada para ellos, muy al estilo tradicional japonés, con futones, puertas corredizas, ventanas de papel, entre otras cosas. El olor a azufre que despedían las termas se alcanzaba a sentir ligeramente en la habitación, aunque había ventiladores e incienso. — La conferencia es a las tres de la tarde, almorzaremos en el hotel una hora antes así que si quieren hacer turismo tienen 3 horas ¿de acuerdo? —el gerente Kang les informa mientras pone su equipaje en el lado derecho de la habitación, al lado de la puerta— No sé si Sehun pueda entrar al auditorio así que lo mejor sería que se quedara aquí luego del almuerzo y nos ayudara organizando las diapositivas para la exposición de mañana. — Claro, solo tienen que dejarme los archivos y una memoria USB. — Muy bien, entonces... iré a saludar a un amigo, nos vemos dentro de unas horas. * Las calles del pueblo son lo suficientemente pintorescas como para tener a ZiTao, que en un principio parecía bastante calmado, saltando de un lado a otro tomando fotos y comprando cosas, comunicándose con la gente por medio de señas y gestos. Sehun, por otra parte, se burla de él cuando en una de las tiendas no logran entenderlo y tiene que irse sin nada. De alguna forma, aunque esté en otro país, no se siente extraño ni desubicado, porque ZiTao está a su lado, actuando como siempre, haciéndolo sentir cómodo. Esa pequeña reflexión le hace pensar en el pasado de ZiTao, en cómo le hubiese gustado estar ahí para él cuando llegó a Corea por primera vez. Evidentemente, no puede volver en el tiempo para hacer sentir mejor a ZiTao pero sí que puede hacerlo feliz en el presente, aunque todavía le falta pensar en lo que debería hacer por el mayor, que normalmente siempre está haciendo un montón de cosas por él. No tiene mucho tiempo para pensar mientras está pendiente de cada cosa que señala ZiTao, de posar para cada foto que toma, de reír un poco avergonzado cuando se acerca más de la cuenta y le tiene que recordar que están en público. Además, las horas de turismo pasan muy rápido y pronto tienen que ir a encontrarse con el Gerente y ZiTao debe ir a la conferencia del primer día. A Sehun le hubiera gustado ir, de cualquier forma sería mucho mejor que quedarse en el cuarto del hotel a organizar documentos y hacer diapositivas, aunque había aceptado hacer el trabajo porque se sentía como un intruso aprovechándose del viaje sin hacer nada. Está convencido de que el siguiente día será mejor, podrá asistir a las presentaciones abiertas al público junto al gerente Kang y ZiTao. En realidad le gustaría ir a las termas de una vez pero prefiere esperar e ir con ZiTao... aunque... probablemente tengan que ir con el gerente y no sería del todo algo "especial". Por el momento solo se sienta en el suelo trabajando en su ordenador mientras come uno de los dulces típicos de Japón que le ofrecieron en el recibidor cuando regresó al hotel luego del almuerzo. Está aburrido. Está condenadamente aburrido. Solo le faltan dos diapositivas pero se queda mirando hacia afuera, hacia la zona en donde hay un pequeño pozo de aguas termales personalizado, según le habían dicho era mucho mejor ir a la zona pública,  había más gente pero el ambiente era más agradable. El sonido de su teléfono lo saca del ensimismamiento en el que se encontraba aunque el aburrimiento se haya convertido en pereza y procrastinación extremas se estira como puede para alcanzar el aparato. "¿Qué haces? ¿Ya terminaste las diapositivas?" lee el mensaje de su jefe en la pantalla y no puede evitar sonreír. "Ya voy a terminar, y tú... ¿no se supone que aún estas en la conferencia?" "Se supone, pero estoy aburrido" "El gerente Kang te va a regañar si te ve" "Está muy ocupado conversando con su amigo, parece que hace mucho no se veían así que están inseparables" Sehun envía un sticker de un oso riéndose y ZiTao le responde con uno que guiña graciosamente un ojo. "Oye... ¿van a llegar tarde verdad? ¿Está bien si voy a las termas primero?" "Claro, igual cuando lleguemos tendremos que escribir un informe. No tendré nada de descanso, contrario a cierta persona que ha descansado todo el día." "Ya, en realidad no he descansado del todo ¿sabes? No es divertido hacer diapositivas. Mañana tendremos luego del mediodía para descansar y podrás ir a las termas también, lo de las exposiciones no durará mucho ¿verdad?" "Eso creo." "Ok." Sehun termina con un emoticón sonriente. "Sehun-ah, hablamos cuando llegue." Sehun se despide pensando que probablemente hayan regañado a ZiTao. Sonríe guardando el celular en su bolsillo, estirando los brazos y las piernas, dejando a un lado su procrastinación para terminar definitivamente su trabajo. Ya que no le toma mucho tiempo, enseguida se quita la ropa y prepara el Yukata que, según le explicaron, era usado para descansar el cuerpo luego del baño, ya que era de un material suave y su composición lo hacía cómodo y aireado. Ya pasaban las cinco de la tarde así que el sol comenzaba su descenso por el amplio firmamento, la pequeña terma frente a su habitación está aislada de la de la habitación contigua por una gran pared al parecer de madera, así que no tiene que apenarse por salir desnudo y tomar un pequeño baño relajante a la intemperie. El agua cálida es como una terapia curativa, no solo para su cuerpo sino también para su mente. El olor a azufre incluso llega a relajarse, se siente maravillosamente bien, incluso si tiene un montón de trabajos acumulados para cuando vuelva a Corea no se arrepiente para nada de haber venido y agradece enormemente la amabilidad del jefe de su empresa y de ZiTao por dejarlo venir. Aunque... las termas no alcancen a ser suficientes para liberarlo de todas sus preocupaciones, en especial cuando se trata de ZiTao. Sehun hunde un poco más su cuerpo en el agua, suspirando por el peso que aún lleva en su corazón y una sensación extraña e incómoda lo invade cuando piensa en la posibilidad de que todo termine. De alguna forma teme no ser suficiente, teme que ZiTao no encuentre finalmente en él lo que necesita, que simplemente decida que no vale la pena, que no pueda o no quiera sacar a esa otra persona de su vida. Duele. Le duele el pecho porque ya se ha aferrado completamente al mayor, quizás debió haberle hecho caso a Baekhyun, pero ya no puede hacer nada, es muy tarde para intentar contener la inefable magnitud de sus sentimientos o para retractarse de sus palabras, para volver a ser como antes. Porque, aunque no lo parezca o sea casi imperceptible, Sehun sabe que no podrá volver a ocultar sus emociones como antes, no podrá actuar con calma o raciocinio, porque se ha vuelto un poco incontrolable, porque quiere más. No está satisfecho y a veces su cuerpo o su voz actúan antes de que pueda detenerlos, en especial cuando está con ZiTao, sobre todo cuando su aroma, su sonrisa o sus ojos bloquean la conexión de su cerebro con el resto de su cuerpo. Sehun sabe que no va a relajarse si sigue pensando en ello así que aplaza sus pensamientos para después del término de su pequeño baño, de todas formas no puede quedarse mucho tiempo. Según leyó en alguna parte, el quedarse demasiado en las termas puede producir mareos y desmayos, por el calor intenso que producen las aguas. * Minutos más tarde ya se encuentra, con el cómodo Yukata y sus calzoncillos puestos, sentado en el suelo frente al televisor, pasando de canal en canal, básicamente porque no entiende nada, aunque de vez en cuando se queda en alguno porque los comerciales que pasan son demasiado extraños y graciosos a la vez y se pregunta qué clase de broma estúpida habría dicho ZiTao. Entonces tiene que cambiar de canal mientras sonríe, pensando que realmente está hecho un desastre porque cada cosa lo lleva hasta él, a pesar de querer apartarlo de su mente. Y eso no es lo peor. Piensa para sí mismo cuando escucha a ZiTao llamándolo desde la puerta de la habitación antes de entrar a la misma. El mayor siempre se presenta en el momento justo, pareciera que no le deja ni un segundo para pensar en otra cosa. — ¿Y el gerente Kang? —pregunta cuando no lo ve llegar detrás de ZiTao. — Ah... se quedó a beber con su amigo, dijo que nos veríamos mañana a las 9 en el auditorio, así que supongo que se quedará afuera. — Ya veo...—Sehun observa a ZiTao mientras se quita la chaqueta y la corbata de su traje y se sienta en el suelo. No sabe si es conveniente la ausencia de la otra persona o no, ha estado pensando en muchas cosas y francamente ahora que ZiTao está frente a él su corazón late con fuerza y se siente nervioso, no sabe si es demasiado impulsivo de su parte ir hacia él y besarlo porque no ha podido estar tan cerca desde que llegaron a Japón. — Ahh... quería entrar al baño público pero tengo que terminar el maldito informe, pero antes de eso —el rubio deja de sacar algunos papeles de su bolso para mirar a Sehun, que tiene que acomodarse en su puesto y tragar saliva— ¿Tienes hambre? Ya son más de las siete podríamos pedir que nos traigan algo ¿has visto el catálogo de comida del hotel? — Pues... antes lo estuve viendo un poco, creo que quiero probar el Ishikari-nabe —Sehun abre el folleto que les habían entregado en la recepción cuando llegaron y lee la parte traducida en coreano— aquí dice que son porciones de salmón con verduras, tofu y konnyaku en un caldo de algas con miso, suena delicioso. — Entonces pidamos eso. * Lo único que quiere luego de esa deliciosa cena que acaban de terminar es descansar, ha estado todo el día por fuera y está agotado, Sehun parece haber ido a las termas como le dijo antes en el mensaje, ZiTao no quiere preguntarle acerca de cómo estuvo el baño porque solo le darán ganas de dejar el trabajo para después y meterse en el agua y eso es algo que definitivamente no debe hacer si quiere dormir esa noche, así que tan pronto la empleada del hotel se lleva los platos saca sus gafas y el ordenador y se pone a escribir. Sehun solo le preguntó algunas cosas sobre el trabajo y dijo que no lo molestaría para que terminara pronto, ZiTao se siente un poco decepcionado porque en realidad quería que Sehun le prestara un poco de atención, aunque toda queja queda de lado cuando el menor empieza a masajearle los hombros, diciendo bajito que se ve un poco tenso. El rubio gira un poco su cabeza para observarlo con una sonrisa. — No te desconcentres —le reprende golpeándole el hombro. Definitivamente fue buena idea traer a Sehun, siempre que estaba cerca todo iba mejor; sus preocupaciones se esfuman al oírlo reír por lo bajo, intentando no hacer mucho ruido mientras juega en su celular, y las últimas páginas del informe que prepara no parecen tan tediosas y aburridas si Sehun apoya su espalda contra la propia como lo hace ahora. Aunque su presencia resulta distrayente... Le recuerda las promesas que debe cumplir, le recuerda el punzante dolor de un corazón roto, le recuerda el miedo que siente conforme se acerca el día en el que tenga que enfrentarse a las cicatrices que había tratado de ocultar todo ese tiempo, pero también le recuerda lo maravilloso que es sentir un montón de emociones inquietantes por otra persona, y sobre todo... le hace pensar que no solo tiene que dar y dar quedándose sin nada –como lo hizo una vez-. Sehun va a responderle con una sonrisa, con sus dedos entrelazándose con los suyos, con sus besos llenos de algo que hace que su corazón se estremezca. Aunque por ahora solo esté recostado contra su espalda mientras él se abstiene a sí mismo de dejar a un lado su trabajo. * De alguna forma logró terminar su trabajo sin darse la vuelta y apretar a Sehun entre sus brazos, sin embargo, luego de quitarse los lentes y dejarlos en su estuche, apenas tiene oportunidad de abrazar al menor, no duda en hacerlo. Sehun exclama al sentir el repentino apretón y ZiTao observa, con el mentón apoyado sobre el hombro del menor, el juego que esté lucha por no perder moviendo la pantalla del aparato de un lado al otro. — Sehun-ah... — ¡Espera! Ya voy a pasar el nivel —ZiTao ha estado esperando y conteniéndose desde que llegaron. No ha podido descansar y ahora que puede relajarse y recibir la atención de Sehun... prefiere un juego antes que a él, es increíble. No piensa que su necesidad de atención pueda ser dejada para después, así que planea ganársela a la fuerza, aprovechando que están solos en la habitación. Comienza besando el cuello del menor despacio, puede sentir como su cuerpo se estremece entre sus brazos y entonces le parece divertido apostar cuánto tiempo le tomará hacer que Sehun se olvide de su juego y deje a un lado su teléfono. Sus piernas rodean el cuerpo de Sehun y hace que su espalda esté prácticamente pegada a su pecho mientras lo abraza, sus labios siguen explorando el borde del cuello blanquecino y puede escuchar los quejidos que se escapan de la boca contraria. Sin embargo, el sonido de un auto de carreras esquivando obstáculos aún se escucha. ZiTao comienza a quitar la cinta del Yukata del menor –esa simple y sugestiva prenda que tanto le había costado ignorar cuando llegó a la habitación-, dejando su torso al descubierto, pasa la mano derecha sobre la piel suave mientras con la lengua recorre el borde de su oreja. Sehun deja caer el móvil al suelo cuando el rubio desliza los dedos sobre uno de sus pezones. Y es ahí cuando ZiTao se da cuenta que se había dejado llevar, que la pequeña apuesta se le estaba saliendo de las manos. No lo pensó mucho en un principio, pero ahora no puede detenerse, no después de haber escuchado a Sehun pronunciando su nombre en medio de un suspiro mientras recarga la espalda por completo sobre su pecho. Tiene que tragar saliva antes de decidir que ya no importa nada aparte de Sehun, se lame los labios sabiendo que no necesita preguntar para saber que el otro se siente de la misma manera, que también ha estado esperando esto en silencio, con miedos y resignaciones que ya no tienen ningún valor contra las ganas de acabar con todo lo que pueda generarle dudas mediante un beso. Su respiración se acelera al compás del desenfreno de sus manos que tocan sin cuidado el pecho de Sehun, quien mantiene una de sus manos sobre el cabello de ZiTao, acariciando las hebras doradas mientras se muerde los labios. — Creí que ibas a pasar de nivel... — Cá...llate —la voz de Sehun se entrecorta cuando ZiTao acaricia el interior de su muslo derecho. El yukata solo le colgaba de la mitad de los brazos y lo único que llevaba puesto eran sus bóxer negros. En cierta forma se siente avergonzado y molesto. ZiTao puede verlo todo, también quiere darse la vuelta y dejarlo en las mismas condiciones –aunque no está seguro de que eso acabe con la vergüenza que siente-, pero al intentar girarse el mayor se tumba sobre él y ambos terminan en el suelo. — No es gracioso —el menor se queja, ZiTao está sobre él mirándolo con su sonrisa ladina. Sehun tiene que apartar la vista, no porque se sienta intimidado como antes sino porque la vergüenza no le permite ver la clase de expresión que pone ZiTao al ver su cuerpo— tú también... — ¿Yo también qué? — el menor está casi seguro de que el otro sabe lo que quiere decir, es solo que le encanta hacer que Sehun se avergüence hasta el punto en el que sus orejas se ponen rojas. — Quítate la ropa...—y con ese pedido el rubio sonríe triunfante, endereza su espalda mientras se quita la camisa, con un Sehun sonrojado y aparentemente molesto mirando hacia otro lado con el ceño fruncido, debajo de él. Sehun no solo está avergonzado también tiene una mezcla de sentimientos arremolinándose en su estómago, se siente un poco inseguro porque la última vez que se pasaron de la delgada línea de los besos y las caricias ZiTao se quedó a medio camino y no fue una experiencia para nada agradable, no sabe si volverá a pasar lo mismo, aunque de alguna forma toda esa situación se siente diferente. Por otra parte, está luchando consigo mismo por contenerse, por conservar la prudencia, por no hacer demasiado evidente lo mucho que desea a ZiTao, aunque probablemente él ya lo sepa porque prácticamente está sentado sobre su pelvis. El mayor se ríe de repente en cuanto se encuentra despojado por completo de su ropa, Sehun lo mira extrañado, preguntándole con los ojos la razón, pero ZiTao solo se acomoda entre sus piernas y se agacha para besarlo. Sehun muchas veces no lograba entender lo que significaban esas acciones, tampoco tenía tiempo ni coraje para preguntar. Es extraño que el ambiente aún se sienta tan ligero, tan natural, como si todo fuera un juego, después de todo las piernas de Sehun están rodeando las caderas del mayor, apretando sus cuerpos a una proximidad demasiado estimulante, las manos recorren el cuerpo ajeno con desesperación, los besos son húmedos y las respiraciones pesadas. El olor hipnótico de la colonia de ZiTao está por todas partes, se cuela entre los pensamientos de Sehun y lo obliga a apretarlo con más fuerza, a removerse con desesperación ante los besos cálidos en su pecho que de vez en cuando le hacen arquear la espalda. El mayor no deja de acariciarle el resto del cuerpo mientras le consiente con la lengua los pezones. — ¡T-Tao! —tiene que exclamar para llamar su atención, porque quiere besarlo y que deje de jugar. Con sus manos acariciando los cabellos rubios lo atrae hacia él, delinea con la lengua el labio inferior del mayor para luego deslizarse al interior de su boca, gimiendo en medio del beso húmedo, gracias a las manos traviesas de ZiTao que le dan demasiada atención a su entrepierna -ahora también desnuda-, que aprietan firmemente su erección y lo hacen suspirar. Se siente demasiado bien estando completamente rodeado de ZiTao, el toque de sus manos se asemeja a un fuego intenso que deja ardiendo cada lugar que toca, sus besos y los roces de su nariz contra la mejilla de Sehun no hacen más que añadir leña al fuego, sus ojos afilados pueden cortar cada capa de miedo e inseguridad que rodeaba al menor, incluso la timidez que parecía tener al principio ha quedado olvidada momentáneamente detrás de sus suspiros. El solo ver a Sehun apretando los ojos y temblando ante sus caricias le hace perder el control definitivamente, no piensa en nada, mejor dicho, ha perdido la capacidad para pensar, para sentir culpa, para temer, para detenerse, porque las piernas largas y fibrosas del menor tiemblan mientras se corre en su mano por primera vez, aunque su m*****o siga endurecido. ZiTao simplemente no puede contenerse, besa el abdomen de Sehun, chupando y mordiendo la piel suave mientras con las manos le acaricia las piernas. Quizás está pidiendo demasiado, pero quiere todo de Sehun, el sentimiento de querer monopolizarlo nace de la necesidad de mantenerlo a su lado, de que nadie más lo bese como lo hace él, que nadie más lo toque como lo está haciendo ahora, aunque no piensa decirle la clase de pensamientos egoístas y opresivos que pasan fugaces por su sobrecalentada cabeza. Sin pedir permiso tantea sutilmente el rosado músculo entre las nalgas del menor que se queja mirándolo con un rubor apasionado en las mejillas y los labios rojos de tanto mordérselos. ZiTao está demasiado excitado como para detenerse y lo ponen aún más los quejidos de Sehun mientras su dedo se va adentrando en la pequeña cavidad. Entre tanto le besa el cuello para distraerlo del dolor y la incomodidad, le dice al oído que se relaje, con la voz ronca, con la respiración entrecortada porque él mismo no está relajado, no puede esperar para estar en ese interior cálido que se humedece gradualmente mientras sus dedos le abren un camino a algo más que a la unión de sus cuerpos, a lo que ello conllevaba, a los pensamientos que vendrían después junto a sus remordimientos y culpas y a sus alegrías y placeres. Cuando ZiTao considera que los gemidos de Sehun dejan de ser de dolor para convertirse en gozo, retira sus dedos  y se posiciona entre sus piernas mirándolo con fiereza. Sehun respira con dificultad y sus ojos están entrecerrados, tiene una mano sobre la frente y la otra sobre las sábanas, no dice nada en tanto espera al mayor y todo su cuerpo se tensa y se arquea cuando ZiTao entra poco a poco, entonces Sehun tiembla mientras sus brazos se aferran al cuello del otro, que no deja de besar su mejilla ni de acariciar sus costados hasta que su interior lo acepta por completo. ZiTao comienza con una lentitud deliciosa y agobiante al mismo tiempo, luego, al compás de sus respiraciones, de los latidos de sus corazones, se mueve con ímpetu, sus caderas golpean con fuerza las de Sehun mientras gime, se siente tan bien, tan cálido. Sehun lo está abrazando con todo el cuerpo y la sensación es tan abrumadoramente placentera y fascinante que quiere aferrarse a él más que siempre, quiere seguir escuchando su voz llamando su nombre tan desesperadamente como ahora, casi sin aliento, quiere sentir el ritmo descabellado de su corazón haciendo armonía con el propio, lo quiere todo y quiere darlo todo. — Te amo...te amo, Sehun. No vayas a soltarme nunca... — Jamás...—logra contestar el otro, a penas con un hilo de voz antes de que esta se vea interrumpida por ruidos más ásperos, gemidos más agudos e intentos fallidos de articular alguna otra palabra, ambos llegan al clímax abrazados con una fuerza desgastante, hasta el punto en el que al día siguiente tendrán una que otra marca rojiza que representará el roce excesivo de los dedos que insistieron en mantenerse unidos a la piel ajena.
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