En la Actualidad
Alicia se sobresaltó recostada en el pequeño catre de la celda, los recuerdos de esa noche trágica pasaron por su mente, al tratar de levantarse para despejarse un poco, su cuerpo lastimado se resintió, no le había asignado un abogado, nadie le decía nada.
—Señorita Ortega, sigue reacia a hablar, ¿no está preocupada por su hijo?, díganos dónde está para poder ayudarlo, su hermana y la nana de su hijo también pueden correr peligro.
—Ya le dije, ellos se fueron de viaje, no sé dónde están.
—Por qué les confía su hijo a ellas, una fue la amante de su padre, y la otra es fruto de esa traición.
—No sé quién es usted, dígales a sus jefes que vengan y me hablen en la cara, no hablaré más hasta que llegue mi abogado.
—Por los golpes no dijo nada, por las buenas tampoco, me pregunto, aparte de su hijo, ¿cuál será su punto débil?
Alicia lo miró con furia mientras el hombre de traje y aspecto sombrío se retiraba, ya había venido varias veces a preguntar por Mateo y los oficiales que la vigilaban le obedecían, pero ella no sabía quién era, solo esperaba que su familia hubiera escapado sin mayor problema.
David estaba llegando a la ciudad, le pareció ver en el aeropuerto a alguien conocido llegar a uno de los hangares privados, ya que en este país había muy pocos, pero al acercarse más no vio a nadie.
“Debe ser el cansancio, primero me pareció ver a Camila y ahora a una persona que está a varios kilómetros de aquí estudiando”, al ver que su mente necesitaba relajarse fue al hotel, se recostó en la gran cama blanca y por unos segundos se acordó de Alicia, como se dejaron llevar por la pasión en una habitación parecida a la que se estaba quedando, sus encuentros lo habían hecho olvidarse de Lucia y hasta de Camila, “pero era solamente sexo, ¿verdad?”, no había vuelto a saber de ella ni de Mateo desde que viajaron a México, al quedarse dormido recordó la pasión que quemaban sus cuerpos, pero el rostro de Alicia cambio por el de una mujer completamente distinta, rubia, blanca y de ojos azules.
8 años atrás
David y Camila estaban entregándose a su pasión, expresaron todo el amor que sentían antes de quedar dormidos, o por lo menos David, Camila verificó que en verdad durmiera para separarse de él, ponerse algo de ropa y salir rápido de la suite.
Bajo unos pisos para poder dirigirse al gimnasio, en donde la esperaba un hombre también rubio, al cual ella abrazó por detrás.
—No me toques después de haberte revolcado con ese.
—¿Y qué querías?, necesitaba conquistarlo, sabes que mi familia prácticamente está en la quiebra y si no me caso con él, perderemos todo, solo sé paciente, apenas me case con el poder ayudar a mi familia y no me molestaran más, y así me separaré de él y tú y yo…
—Solo piensas en el dinero, en tu familia, pero en nosotros no.
—Cariño, yo te amo sin importar si tienes dinero o no, pero tengo que ayudar a mis padres y tomar mi parte para irme contigo.
—¿Acaso no confías en que te pueda dar lo que necesitas?
—Cariño, sabes que no voy a renunciar a mi vida llena de lujos, así que ten paciencia, los dos viviremos como reyes ¿sí?—Camila trataba de besarlo, aquel hombre se negaba, pero era débil, ella se estaba sacrificando por su familia y por él, porque lo amaba, así que le regaló una triste sonrisa mientras le daba un tierno beso en los labios, pero ninguno esperaba que todo terminara antes de lo que pensaban.
—¡¿Camila?!, eres…
—David, amor espera, todo tiene una explicación—Al tratar de alcanzarlo ella cayó, David salió, había escuchado como ella se vestía rápidamente y simuló seguir durmiendo para poder ir tras ella, creyendo que algo había pasado, al seguirla escucho toda la conversación, pensaba que había encontrado al amor de su vida y lo mejor es que su familia la aceptaba, pero estaba equivocado.
Fue a su habitación, tomó sus cosas rápidamente, mientras Camila le rogaba que le diera la oportunidad de explicar, pero ya todo había quedado muy claro, empujándola para que no lo siguiera tomo su auto, estaba a pocas horas de su casa, así que esperaba llegar y hablar con sus padres para romper ese compromiso.
En camino a su casa recibió varias llamadas de su madre, de Camila, hasta de una gran amiga, Amber, pero no quería hablar con nadie, su celular seguía molestando, él maldecía y no soportaba un ruido más, al intentar apagarlo el móvil cayó, su cabeza ardía de la furia con cada sonido del timbre de su celular, pero David no alcanzó a tomarlo para terminar con su tortura auditiva, ya que perdió el control de su auto y chocó contra un árbol.
En el hospital llegaba una ambulancia con una mujer muy golpeada, al atenderla el interno de turno la reconoció.
—Dios, es hermana de la señora Overstreet.
—¿La conoce John? —le preguntó el médico de guardia.
—Sí, es hermana de una paciente, ¿dónde están sus pertenencias?
—Doctor está desnuda, al parecer sufrió agresión s****l—dijo una de las enfermeras, John la miraba con ira, era una mujer muy fuerte, pero al mismo tiempo amable, la empezó a atender para poderla ayudar, era lo único que podía hacer.
—Unos amigos la trajeron, ellos llamarían a su familia, están en la sala de espera.
—John, ya sabes que hacer, pide un kit para descartar si fue agredida, llama a ginecología, también un examen toxicológico y radiografías, también llama Neuro por el golpe en la cabeza.
John asistió, él había llegado del exterior después de estudiar medicina y estaba haciendo su internado en el hospital de su familia, después de gestionar todo lo que le indicaba el médico, se acercó a Alicia para examinarla y hablarle. —Te mejorarás, eres igual de fuerte que tu hermana, todo saldrá bien—le decía con ternura.
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Alicia estaba desesperada en la celda, necesitaba un plan para salir, pero no sabía cuánto tiempo había pasado y que sabían ellos, los guardias estaban al parecer todos comprados, no veía ninguna salida.
—Señorita Ortega, por favor sígame—dijo aquel hombre mientras le abría la celda.
—Abogado.
—Exacto, vamos a hablar con su abogado.
Alicia salió prevenida, pensaba que en cualquier momento la iban a agredir, pero no fue así, aquel hombre le hizo señas de entrar a una pequeña habitación, en donde había una mesa con cuatro sillas, una de estas ocupada por un hombre mayor, con un traje de paño descuidado y arrugado, corbata mal anudada y por su expresión estaba algo apurado por terminar eso.
—¿Quién es él?
—Usted pidió un abogado y aquí está, el gobierno le está proporcionando uno, para que vea que hacemos cumplir sus derechos.
Alicia se sentó dudosa junto al hombre que estaba al parecer ansioso — Veo que su caso es muy fácil, solo acepte la culpabilidad y colabore con la justicia.
—Se supone que es mi abogado y que debemos hablar a solas con respecto a mi caso.
—Para salir rápido de aquí, dígales dónde está su hijo, ¿o prefiere que se lo quiten y lo dejen en alguna institución y en este país que él desconoce?
—Se supone que usted me ayudará.
—Y eso es lo que estoy haciendo.
—Exijo otro abogado.
—Señorita Ortega—volvió a decir aquel hombre llamado Trevor, el cual vestía trajes costosos y era más seguro y frío que el abogado que tenía junto a ella—Quería un abogado, ahí lo tiene, aquí no encontramos uno en cada esquina y menos gratis, ¿qué más quiere?
—Usted es un maldito—dijo mientras se levantaba—¿bajo qué cargos me tiene aquí encerrada?, no me los ha dicho y mi abogado solo quiere que acepte los cargos así de fácil.
—Una mujer como usted obtiene lo que merece, así que…
—Así que, O me deja salir ahora…
—O que, ¿me va a golpear? —Alicia no lo dudo y por más dolor que sentía se dirigió para propinarle un puño, el cual este esquivo y la tomó con fuerza, pero no alcanzó a golpearla cuando varios hombres entraron y uno de ellos le gritó
—Si le hace algo a mi cliente, se le irá hondo, está violando los derechos de la detenida, además no está registrado el arresto, ¿qué pretende?
—¿Y usted es?
—Su abogado.
—Y por orden de quien.
—De la acusada, acaso no escuchó que exigía otro abogado, su familia me contrató.
—¿A sí?, ¿dónde está su familia?
—No es asunto suyo—decía un hombre de aproximadamente 40 años, con un traje elegante de tres piezas, un maletín de cuero y un cabello corto y bien cuidado.
—Mire, no sé si usted…
—Si conozco las leyes, y también los derechos humanos, así que, si me permite, necesito hablar con mi cliente, a no ser que quiera una auditoría y créanme, tengo muy buenos contactos en la procuraduría.
Trevor asintió de mala gana y los dejó solos, mientras hacía una llamada—Llegó un abogado a representarla, lo he visto y es el mejor en la ciudad, gana la mayoría de los casos, en especial cuando se vulneran los derechos y va en contra de los corruptos. No sé quién lo contrató, pero no te puedo asegurar retenerla más o que me diga donde esconde a su hijo.